Cuando mañana vaya a votar, puede que le toque hacerlo en una de las mesas donde se puede firmar el consentimiento para donar sus órganos.
La idea, impulsada por el Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Células Tejidos y Órganos (Indt) y la Asociación de Transplantados del Uruguay no deja de ser un modesto emprendimiento. Apenas 10 mesas de un total de más de 2.500 en Montevideo ofrecerán esta posibilidad. Y una proporción similar se dará en el interior.
"En la primera vuelta recogimos unas 2.200 expresiones de voluntad", dice Juan Andrés Piazza, encargado de prensa del Indt. "Pero la idea es que el tema se publicite y que forme parte de la agenda, no tenemos una meta cuantitiva". Piazza agrega que otro cometido importante de la iniciativa es sacar el tema de la donación y los transplantes de órganos del ámbito médico.
Una de las explicaciones de la modestia de la apuesta puede ser el recurrente argumento sobre la escasez de medios financieros. El Indt maneja un presupuesto anual que supera por muy poco el millón de dólares. Pero también es probable que una razón sea que el país ha ido afinando un sistema de donación y transplante de órganos que lo ubica en el primer lugar de América Latina, con un promedio de 19,8 donantes por millón de habitantes, más del triple del promedio continental, de seis donantes por millón de habitantes.
El Indt, cuya sede en el cuarto piso del Hospital de Clínicas, es dirigido desde hace casi una década por la nefróloga Inés Álvarez y emplea a cien personas. Según Álvarez, las razones del funcionamiento satisfactorio del Indt se debe a que Uruguay fue pionero en legislar sobre este tema. "La ley de transplantes, impulsada por Adela Reta y Fernando Bayardo Bengoa, es de 1971", dice la jerarca. "Fuimos los primeros en América Latina. Incluso antes de haberse aprobado esa ley, ya se había hecho en este país un transplante renal cadavérico, en 1968. Y hemos ido afinando un sistema de gestión que ayuda a obtener buenos resultados".
Según Álvarez, hay en el país unas 900 personas esperando por un transplante. Más de la mitad, 500, esperan por un riñón. El promedio de tiempo de espera por un riñón es dos años y todo el sistema prioriza a niños y jóvenes cuando se decide una intervención. Pero avances en la medicina -se calcula actualmente un promedio de sobrevida de 12 años para el receptor de un corazón y 16 para el receptor de un riñón- y los cambios demográficos en la sociedad uruguaya determinan que haya también un porcentaje significativo de personas mayores que reciben transplantes. "Antes no se realizaba un transplante de corazón si el receptor era mayor a 50 años. Hoy sí", explica Álvarez.
En el caso del corazón hay 12 uruguayos que esperan por un transplante cardíaco. Piazza es un ejemplo de transplantado de corazón: "Dos veces fui transplantado. Para mí fue un cambio muy importante. A los 12 años me enfermé, a los 14 tuve mi primer trasplante y hace cinco años el segundo. Pasé de casi no poder respirar a poder participar en natación de Juegos Olímpicos para transplantados".
La lista de espera es única y nacional. Es posible para el receptor, dice Álvarez, hacer un seguimiento detallado sobre las probabilidades de recibir un órgano. Todo debe manejarse anónimamente. "El caso de Sandro, en el que se dijo que se le dio preferencia, no podría darse acá. Pero también debo decir que conozco cómo trabaja nuestra contraparte argentina, de una manera muy similar a la nuestra, y puedo afirmar que él no tuvo una preferencia por ser famoso. Hacía años que él estaba esperando por un transplante y ahora lo obtuvo".
La financiación del Indt corre mayoritariamente por cuenta del Estado, con un pequeño aporte de los seguros civiles (0,3%), y hay una coordinación entre el sistema de salud pública y el mutualismo para llevar a cabo los transplantes.
Álvarez también dice estar segura de que no existe en el país un mercado negro de comercialización de órganos: "Desde que existe este instituto sólo se registró un caso que llegó a la Justicia y en el cual fueron procesados con prisión donante, receptor e intermediario. Más allá de eso, nada". La doctora también es enfática sobre el acceso igualitario a los órganos. "Eso puedo afirmarlo con total confianza. Acá tiene tanta posibilidad de recibir un órgano un linyera que vive en la calle como un señor con buena posición social que vive en Carrasco. No hay ningún tipo de discriminación", dice con tono casi vehemente.
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