Paula Barquet, en Rocha
Lluvia en la ciudad de Rocha. Apenas algún transeúnte en las calles ya inundadas por el agua reciente. Es jueves, 16 horas. Sentados en el porche de sus casas, los vecinos, solos, observan el agua caer. Igual, la tranquilidad es cosa de todos los días. Parece no pasar nada en la capital del balneario turístico.
Cuando oscurece, esa tranquilidad se convierte en miedo. Los rochenses se meten en sus casas y no vuelven a salir hasta el día siguiente. Prefieren no arriesgarse. "Rocha ya no es lo de antes", es una expresión recurrente entre los ciudadanos. El principal cambio, dicen, es la llegada de la inseguridad.
En enero se divulgaron al menos dos copamientos a ancianos y dos robos de sumas importantes en la capital. Pero la Policía habla de "niveles normales" y de delitos "poco importantes".
La realidad, según los rochenses, dista de lo que dicen los medios o lo que ve la Policía. Se habla de un promedio de siete copamientos por mes. Esa palabra -copamiento- que refiere a la intromisión de ajenos con los propietarios dentro, es común hace cosa de dos años. "Con los primeros casos todo el mundo se asombraba", recuerda Julio, un vecino. "Ahora es común. Te dicen que coparon tal lado y bueno, qué le vas a hacer". Julio rememora lo que ha sucedido este último tiempo. Las anécdotas fluyen con rabia, impotencia y lujo de detalles.
Preocupa la nueva "moda" de los delincuentes de atacar a los más indefensos. Los copamientos a personas mayores, generalmente humildes, se dan en todos los barrios aunque últimamente se repiten en las zonas más marginales. Acceder a sus propiedades es muy sencillo: dejan las puertas abiertas, viven solos, y cuando cobran la jubilación, son fáciles de abordar. Los paralizan con unos golpes, los atan de manos y pies con cables o cuerdas, da igual. Y nadie va preso. Así lo ven muchos vecinos, y ese fue el caso de Carlos Gutiérrez (ver recuadro).
Unos meses atrás, fue copado otro anciano solo. Entraron en su vivienda en el barrio Hipódromo, lejos del centro de la ciudad. Lo violentaron al punto de perforarle un pulmón. Hoy está en una casa de salud. Un vecino contó, angustiado, que ese caso demuestra que las alarmas no sirven. "Él sólo tenía algún peso junto, no era un adinerado", señala. Los delincuentes se llevaron 20.000 pesos y no encontraron siete mil dólares .
"Lo que más duele es cuando le pegan a un viejo. Si entran y le pegan a un joven, se aguanta callado. Pero a un viejo no. Ya hizo todo lo que tenía que hacer en la vida", opina Julio, indignado. Más indigna cuando se conoce a los culpables, y nadie hace nada. "Qué voy a decir yo, por qué me voy a trancar. Si la Policía no puede con ellos".
Todos alegan saber quiénes delinquen en la ciudad, aunque solamente uno de ellos se anima a dar nombres y a contar algo más de los posibles culpables. Este vecino, cuyo nombre pidió mantener reservado, asegura que tres familias centralizan la delincuencia en la capital del departamento.
"Hay dos o tres detenidos y cuatro o cinco sueltos. Andan con autos cero kilómetros, tienen campo. Viven todos en la misma cuadra y entre ellos se llevan muy bien". El informante pidió que en caso de entrevistar al jefe de Policía, Alcides Caballero, le pregunte qué tiene para decir al respecto de esa realidad.
"No sé quiénes son", respondió Caballero.
-¿Pero sabe si eso ocurre?
-Yo no conozco; si conociera, intervendría. Es muy sencillo.
El jefe de Policía opina que no se debería utilizar el término inseguridad, sino su opuesto. "Usted debería hablar de los niveles de seguridad", enfatiza. "Y para mí han sido buenos. No hemos tenido hechos de importancia y aquellos hechos que ocurrieron, se aclararon".
-El de Carlos Gutiérrez, ¿se aclaró?
-Se está investigando.
-Hace unos meses hubo otro caso en el barrio Hipódromo, de otro vecino que también terminó muy lesionado, con un pulmón perforado.
-Yo no estaba, estoy desde octubre.
HACEN LO QUE PUEDEN. La Policía en Rocha es de confiar y es "buena gente", según dicen algunos de sus habitantes. Hablan de una buena relación con los efectivos y aseguran que se preocupan por la seguridad de los rochenses. Sin embargo, todos los que reconocieron haber sido asaltados, también explicaron que no hicieron la denuncia porque es inútil.
"La Policía no tiene autoridad porque debe estar cohibida ante los hechos. Los jueces ponen en libertad a los delincuentes. Además hay pocos policías y tienen pocos medios, poca locomoción", señala un vecino del barrio Hipódromo. Es una opinión recurrente entre los rochenses. Muchos piensan que hay que cambiar las leyes, y que no puede ser que los delincuentes salgan libres de los juzgados.
"No aparece nunca nadie. Los valores tampoco. Ha habido copamientos, gente que roba 4 casas, saca una cantidad de dinero; la Policía los agarra a los 40 minutos y ya no está la plata. Los bandidos están todos en la calle. Todos los conocemos", dice un vecino.
El 23 de enero, un empresario que descuidó un minuto su maletín mientras sacaba sus pertenencias del auto, fue rápidamente arrebatado. Se llevaron 369.000 pesos, 800 dólares y 700 pesos argentinos. Apenas unos días atrás, el robo fue a pocos metros de la Jefatura de Policía. En esa oportunidad robaron 100.000 dólares a un empresario que estaba en su casa en La Paloma.
Ahora la Policía anunció que anda tras una banda de maleantes montevideanos que, aparentemente, serían los culpables.
Hay 12 seccionales en todo el departamento y alrededor de 600 efectivos trabajando. Caballero opina que la cantidad "está bien, dentro de los niveles de trabajo del departamento".
"Es distinto a Montevideo, que es mucho más agresivo. Ahora hay movimiento por el turismo, pero si no… esto es una tranquilidad total, no hay nadie", dice el jefe de Policía.
-¿Qué balneario ha resultado más inseguro?
-Ninguno ha resultado inseguro.
-Y dentro de la ciudad, ¿hay algún barrio identificado por ser más inseguro?
-No existe eso acá. No existe en todo el departamento de Rocha. Los departamentos del interior son distintos. Vea la cantidad de bicicletas sueltas y puertas abiertas que hay.
-Pero también noté que la mayoría de las casas y comercios tienen la propiedad protegida con alarma.
-Sí, es normal eso.
-A mí me llamó la atención… ¿Tan normal es?
-¿Cómo no? Porque existe una cosa que se llama globalización, que genera una situación general que apunta a que los que tienen comercio, entrometan ese tipo de medidas.
En el centro de la ciudad prácticamente no queda vivienda o comercio sin alarma. Hay al menos cinco empresas en el mercado de la protección ciudadana.
Pedro -quien prefirió no dar su apellido- es dueño de una de ellas. "La seguridad en Rocha es un negocio, pero no para nosotros, sino para los chorros. Nosotros la vamos llevando", afirma. Reconoce que la inseguridad aumenta cada día y que la venta de alarmas se mantiene constante desde 2007.
"El 90% de los que ponen alarma es porque le robaron", asegura. Pedro cree que no hay conciencia entre los habitantes de Rocha y que los clientes que ponen alarma muchas veces dejan las ventanas y puertas abiertas. "Hay inseguridad, pero también hay mucho descuido".
En otra empresa, dos vendedoras se hacen eco de todas las historias que han escuchado. Hablan de un boom en setiembre-octubre de 2008, en el que las ventas subieron tras una oleada de delincuencia en la ciudad. Igual, reconocen que el problema viene de hace tiempo y que las alarmas se venden bien desde hace cuatro, cinco años. Dicen que lo más llamativo es la cantidad de información que poseen los delincuentes. Que, por ejemplo, saben cuando hay un cumpleaños y van, así roban a toda la familia. "Creo que ya nadie se siente seguro acá en Rocha", opinan.
La rejas, también recurrentes, no son tan comunes. Es que los rochenses no se quieren acostumbrar a vivir "como en una cárcel".
Tampoco quieren vivir encerrados. En el barrio Hipódromo, Ángel Sassano mira por la ventana con la puerta abierta. Acepta amablemente conversar y enseguida se despacha, confiando en que sus palabras logren aliviar una situación que considera grave: "Hace 40 años que vivo acá, y esto está bravísimo. La inseguridad aumentó y aumenta cada día. Hace cuatro o cinco años que se puso duro".
Quisieron entrar a su casa, 15 días atrás, pero un perro cimarrón al que "se le escapó" el delincuente, evitó el siniestro. Cuenta que llegó a verlo y era un "tipo joven". Él es uno de los que confía en la Policía, dice, aunque no hizo la denuncia porque "para qué molestarlos, si igual no lo van a agarrar".
Algunos ciudadanos confiesan tener un arma en su poder. Otros evalúan adquirirla. Un viejito que anda en bicicleta frena en la esquina para cruzar. Dice que la inseguridad es la misma de siempre y comenta, al pasar, que tiene un arma.
"Ahora me siento bien, gracias a Dios. Me robaron dos veces en la estancia, acá no. Me siento seguro, sí. Yo veo que en mi casa entran algunos. Son criaturas, se llevan fruta nomás. Salgo nomás y les doy algún tiro en la pierna. Alarma no, arma sí. Todo bajo llave. Teléfono tampoco. Algún tiro a los gurises sí, pero no he tenido más necesidad", alega como si lo que dijera fuera completamente normal.
Los menores son cómplices de la delincuencia. Piden monedas en el entorno de la plaza y de vez en cuando se ponen agresivos.
Mariana tiene un quiosco en el centro. "Los menores son impunes", sentencia. "Piden plata a los que esperan en la terminal de ómnibus y contestan cualquier cosa. Parecen locos o tienen algún problema mental". Los tiene ubicados. Quizá hoy no estén por la lluvia. "Andan con los hermanos más grandes, los padres no se hacen cargo".
Muchos vecinos dicen reconocer a los "gurises faloperos" que rondan a los delincuentes profesionales. Los han visto en el banco, vigilando. "Miran cuánto tienen y avisan a los más grandes". Aunque alguna vez se equivoquen, como con Gutiérrez.
Los maleantes también están al tanto de los lugares donde los habitantes guardan el dinero. Ana recuerda un robo que ocurrió en campaña, pocos meses atrás. El dueño de casa había guardado una suma importante en el techo, debajo del cielorraso. "Cómo sabían, no lo sé", confiesa atemorizada. "Parece que supieran todo".
"La ciudad está complicada. Pero también están robando a los viejos en campaña", cuenta otro vecino, Raúl. "Nunca se había dado eso. Venden unas vacas en la feria y de noche les entran. Han matado viejos a palos. Cerca de Velázquez y de Castillos ya ha habido tres o cuatro casos de viejos. Entran al hospital y mueren a los 15 días".
"Tienen todo bajo control", dice una de las vendedoras de alarmas. Otro rochense es más contundente aún: "Yo sé que los locos están tranquilos, que te roban tranquilos. Y están protegidos. Acá la seguridad es muy light".
CAMBIAR LOS HÁBITOS. La ciudad de las puertas abiertas, las bicicletas sueltas y los vecinos conocidos, cambió. O está cambiando. Rocha parece estar en esa transición, en la que algunos habitantes se adaptan pero una gran cantidad no termina de acostumbrarse. A los que les cuesta más es a los más viejitos, que vivieron toda su vida tranquilos de que nadie abusaría de su confianza y hoy se encuentran en una situación completamente nueva.
La población rochense, según afirman sus propios habitantes y se nota a simple vista por la calle, es una población envejecida.
Magela Altier trabaja en la Intendencia Municipal de Rocha (IMR). Es delegada en una comisión intersectorial sobre convivencia y seguridad ciudadana, en la que también participa el Inau, la jefatura y varias organizaciones sociales. Depende del Ministerio del Interior y funciona hace aproximadamente dos años.
Altier cuenta que hace poco se hizo un relevamiento para saber dónde están ubicadas las personas mayores en la ciudad. "Lo tomó bajo su cuenta la jefatura de Policía", dice. "No sé si se culminó pero seguramente es un tema pendiente que surgió a fin de año para tener una especie de red de cooperación".
"Hay mucha gente anciana en Rocha, y muchos viviendo solos, tanto en el centro como en los demás barrios." Desde la comisión se hizo una campaña de prevención en invierno de 2007 y 2008 para que los ancianos tengan cuidado cuando andan en la calle, cuando van a cobrar, cuando contratan a alguien que les haga un trabajo en la casa; para que los vecinos sepan cómo está, que tenga una lista de teléfonos.
"Y, tuvimos relativo éxito, porque es difícil cambiar los hábitos. Las personas mayores en general están muy necesitadas de afecto y de conversar y eso es aprovechado por gente sin escrúpulos. Es muy fácil sacarle información a un anciano", asegura la funcionaria municipal.
Cuenta una anécdota para demostrar lo confiada que es la población rochense.
"Una viejita, hace unos meses, me dice `mija, dónde queda el cambio, porque ando con unos dólares`. Le dije: `señora, usted no haga esto`. Claro, dio conmigo. Me dijo: `es que tú tienes una cara…` Sí, pero la cara no asegura nada. La llevé al cambio y le dije que nunca diga que tiene dinero y que no converse con extraños; que se haga acompañar por un nieto, un vecino".
En el centro las viejitas y los viejitos andan a pie o en bicicleta. Algunos van acompañados, pero la mayoría andan solos. Me acerco a una que vuelve de hacer los mandados y le pregunto si cree que cambió la ciudad en estos años.
"¿Cómo no va a haber cambiado? Si podrá haber cambiado… Todo ha cambiado. Ha cambiado muchísimo. El turismo no, siempre ha sido el mismo. Cambió la sociedad. La juventud se va de acá, no hay mucho trabajo".
Dice que no ha escuchado de copamientos, pero le muestro la foto de Carlos Gutiérrez que publicó El País el 23 de enero y le cambia el tono de voz. Reconoce al anciano. "Sí, es verdad, está bravo. Es espantoso. Da miedo, sí. Cómo no va a dar miedo. No, no tengo rejas, no me gusta. Tampoco tengo alarma. Pero quiero poner, sí. Porque vivo sola. Tengo más miedo de noche, escucho un ruidito y me levanto. Porque si uno se duerme lo matan igual. Vivo en el barrio Monterroso, un barrio muy movido".
Otra anciana se muestra mucho más despreocupada. Considera que la Policía está más activa que antes y que el periodismo ayuda a que uno tome conciencia.
"Yo, como persona mayor que soy, me siento tranquila. Me robaron hace un tiempo, pero nunca me violentaron. Una aprende a cuidarse: es un aprendizaje. Vivo sola, en un barrio alejado. Aparte acá nos conocemos, nos apreciamos. No conozco ningún caso de cerca pero sí, se oye en el ambiente. Y hay que tratar de escuchar".
El intendente frenteamplista Artigas Barrios, asegura estar preocupado por la inseguridad, pero opina que no hay una ola de inseguridad e incluso percibe que la situación está "estable" de dos años a esta parte.
"Yo creo que no está aumentando la inseguridad. De pronto hay un empuje este último período, pero después hay un tiempo que baja. Cada vez que hay un empuje, la gente se pone nerviosa, naturalmente".
De todas formas, admite que la inseguridad no es una mera percepción de los rochenses. "Si hay este tipo de agresiones, copamientos, no va en que tú te sientas, sino que realmente estás inseguro", opina.
Mientras la Policía hace caso omiso de la situación, los rochenses manejan datos precisos de los delincuentes y observan cómo permanecen impunes.
"Me llama la atención cómo han durado tanto", dice Julio en relación a los maleantes rochenses. Me parece que en cualquier momento el pueblo va a tomar una represalia. Esto va a terminar mal. Eso de agarrarte con la gente vieja está mal, muy mal".
Aquella ciudad aldeana, hoy en transición
El departamento de Rocha tiene 70.000 habitantes, según el último censo, ocupando el 13° lugar entre los 19 departamentos.
Unas 43.000 personas tienen de 15 a 65 años, 18.000 entre 0 y 14, y más de 9.000 tienen más de 65 años de edad. El 58% de los rochenses que trabajan se desempeña en el área de servicios. La villa de Nuestra Señora de los Remedios de Rocha, capital del departamento, se fundó en 1793 y el 31 de diciembre de 1893 adquirió categoría de ciudad. Por ser una de las más antiguas, pasó a ser la capital. Hoy alberga más de 28.000 personas. Entre Rocha y La Paloma se concentra más del 50% de la población del departamento. Rocha está ubicada en el kilómetro 210 de la ruta 9. Es una ciudad de construcciones bajas y calles angostas, que apenas llueve, se inundan.
Magela Altier, funcionaria municipal del departamento de Promoción Social, opina que Rocha está en una transición hacia el progreso. "En la medida que cada vez viene más gente, evidentemente algún problema iba a surgir. Algunos quieren que Rocha permanezca intocada. Y otros queremos que venga cada vez más gente, que haya trabajo todo el año, que nuestros jóvenes no se vayan, que se queden acá. Pero todo cambio tiene un precio. Es el precio del progreso". El intendente Artigas Barrios, consultado acerca de cómo cree que el resto de los uruguayos ve a los rochenses, respondió: "tradicionales, conservadores", y después agregó que él no cree que sean así. "La gente de acá se va a adaptando poco a poco". Puso como ejemplo el turismo, y aseguró que el servicio mejora año a año.
Clásicos robos de la temporada
Los delincuentes suelen robar de una determinada forma hasta que los agarran. Así piensan policías y vecinos consultados. Los robos a cajas fuertes fueron "furor" hasta hace poco tiempo. Los vecinos llegan a contar al menos cuatro casos en la ciudad de Rocha y uno en La Paloma, al supermercado Los Jardines, de donde huyeron con una caja fuerte de 300 kilos en una carretilla. Los copamientos a personas mayores son "última moda", tanto en la ciudad como en campaña. También recientemente hubo una seguidilla de asaltos en paraderos, restaurantes y supermercados sobre la ruta 9. En esos casos los delincuentes entraron de madrugada y evitaron los sensores de la alarma. Llevaron efectivo, tarjetas de teléfono y tiques de alimentación.