La esquina cultural

La dirección de Cultura de la Intendencia de Montevideo cumplió solo un cuarto de sus iniciativas, mientras gestores culturales y la oposición discuten sus lineamientos.

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PAULA BARQUET

El programa "Esquinas de la Cultura" es el más emblemático de la dirección del departamento de Cultura en la intendencia de Montevideo. Y también el más controvertido. Tanto los criterios como los gastos del programa son objetados por gestores culturales y políticos de la oposición.

Mauricio Rosencof, director municipal de cultura, describía el programa de esta manera, cuando lanzó públicamente "Esquinas de la Cultura", hace poco más de tres años: "En cada barrio, en los lugares donde ya hay un movimiento cultural, una murga, un grupo musical o gente de un grupo filodramático, se le facilita el arrendamiento de una casa o de un club. Desarrollarán las actividades que los vecinos quieran, porque es un intercambio de cultura, no es que estemos llevando cultura a un barrio, sino que cada barrio tiene la suya".

Hoy, el balance indica que hay 500 esquinas culturales, pero solo 48 fueron construidas especialmente por ese programa. Y apenas se concretaron una cuarta parte de las 100 iniciativas de la dirección de Cultura.

Rosencof, como tantos otros jerarcas, recurrió al argumento del freno "burocrático" para explicar el relativo alcance de los programas impulsados por su dirección: el 28 de julio, le dijo a Últimas Noticias que el presupuesto para el departamento de Cultura era una "porquería" ya que más de la mitad iba para sueldos.

Al día siguiente, en otra entrevista le dijo a Brecha que el presupuesto no era "ni tanto ni tan poco", y agregó que si tuviera más, haría más. De las declaraciones del director surgían grandes listados de actividades y proyectos que su gestión ha promovido, aunque dejaban cierto grado de incertidumbre acerca de su cumplimiento y realización.

Qué Pasa intentó sin éxito obtener declaraciones de varios de los integrantes de la dirección de Cultura para este informe. En ocasiones, los funcionarios temen divulgar datos, o desconocen si pueden comunicar a la prensa números que deberían ser de público acceso. Algunas autoridades señalaron que los encargados deberían ser otros compañeros, pero esos negaron su idoneidad atribuyéndosela, a su vez, a otro funcionario. En medio de este vacío de responsabilidad y de pasarse la pelota, uno de los funcionarios de la Junta Departamental dijo: "todos en la Intendencia conocen el presupuesto". Por lo visto, no quieren compartirlo.

Cuando lanzaba el programa, Rosencof sostenía que "es tan importante la carpa donde van obras de teatro o va una murga como el Solís, dónde va La Bohême o el ballet del Teatro Colón".

Sin embargo, una fuente calificada, que pidió reservar su identidad, señaló que los gastos están dirigidos fundamentalmente hacia la alta cultura, a pesar de que, en apariencia, se orientan hacia la cultura popular. "En las esquinas se gasta mínimamente. El Sodre, cuando se termine, rondará los 60 millones de dólares (de los cuales, una parte importante proviene de un préstamo del BID); a El Galpón se le destinaron dos millones de dólares. Con esos dos gastos se opaca la administración de izquierda hacia lo popular", dijo la fuente.

Por otra parte, la edila colorada Cristina Ferro opinó que la gestión del departamento de Cultura no ha sido buena y que se ha malgastado el presupuesto. "Es uno de los departamentos que demuestra en mayor medida el uso de recursos para fines que no son de devolución al ciudadano por sus contribuciones, sino que se trata de fines estrictamente políticos", dijo.

BARRIOS. El programa "Esquinas de la Cultura" ha tenido su mayor desarrollo en barrios como Malvín Norte, Bella Italia, Jacinto Vera, Santa Catalina y Cerrito de la Victoria.

Se trata de casas barriales en las que se desarrollan distintas actividades culturales, como coros, juegos didácticos para niños, teatro, manualidades, talleres literarios y cursos varios. La mayoría de ellas ya existían, y, dicen los opositores, se las englobó en este programa como parte de una estrategia de marketing del municipio. Las autoridades del departamento de Cultura reconocen que las esquinas nuevas, propiamente dichas, son 48. "Lo que se intenta hacer con las esquinas que ya estaban es fortalecerlas para que al cabo de nuestra gestión lleguen a ser centros culturales", explicaron fuentes de la unidad.

Desde el sector privado, Luciano Álvarez, docente de la Universidad Católica y miembro de la Fundación Itaú, considera que la gestión de Rosencof es coherente, pero que el concepto de cultura popular que maneja no es el adecuado. "El problema es qué definís como cultura popular. ¿Es murga y candombe? Entonces estamos mal. Hay poco criterio en general. Hace mucho que lo que define la izquierda como cultura es lo que se considera cultura, y la mayoría de los artistas son frenteamplistas".

Álvarez señala que el programa fomenta la cultura no profesional. "Está bien que la gente se exprese. Pero el programa no está compensado con el fomento a artistas profesionales. Para mí, tiene que abrirse la cancha. La gente no está sólo en las esquinas", declaró.

Otros gestores culturales acotaron que toda gestión debe analizarse desde tres puntos de vista. El primero consiste en la orientación que se le otorga al gasto. Básicamente, si es hacia la alta cultura o hacia la popular, y si se distribuye por el territorio o se concentra en una zona céntrica. El segundo ítem apunta a la eficacia de la gestión: logros obtenidos en relación a las promesas. Y el tercero reside en la importancia de la cuantificación de la gestión, es decir, de la construcción de indicadores que permitan analizar, evaluar y mejorar lo que se ha hecho.

Respecto a la orientación del gasto, Álvarez afirma que Rosencof hizo las dos cosas: mantuvo el Solís -orientación hacia la alta cultura- a la vez que invirtió en las esquinas, o sea cultura popular. "Ambas cosas son compatibles", reconoció.

En cuanto a la distribución territorial, el programa intenta fomentar el desarrollo cultural de cada barrio. Sin embargo, algunos gestores culturales opinaron que el centralismo permanece, porque las modificaciones no han sido sustanciales. Esta característica no se reduce solamente a la gestión del departamento de Cultura, sino que atañe a todo el municipio. Además, constituye un rasgo que el intendente Ricardo Ehrlich heredó de anteriores administraciones.

Manuel Esmoris, gestor cultural egresado de la Universidad de Barcelona y ex presidente de la Comisión de Patrimonio del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), escribió en La diaria en agosto del año pasado que "en Uruguay, la mayor parte de la oferta de bienes culturales se concentra en un pedacito del territorio: los barrios montevideanos Ciudad Vieja, Centro, Pocitos y Punta Carretas. Para acceder a cultura el solo traslado es un costo a remontar (dinero y tiempo) para la mayor parte de la población que reside a partir de un extrarradio de seis kilómetros desde plaza Cagancha (con excepción de los residentes al sureste de avenida Rivera, que suelen disponer de tiempo de ocio y poder adquisitivo)".

Los criterios cuantitativos suelen complementarse con análisis cualitativos, para construir una evaluación más afinada de la gestión. Un ejemplo puede ser el número de participantes -dato cuantitativo- y su grado de satisfacción o recuerdo de la actividad que se trate, que es un dato cualitativo. En el caso de "Esquinas culturales", el gobierno municipal no ha elaborado ninguno de los dos, y ese es uno de los aspectos por los que más se le critica la gestión. "La IMM ha entendido la cultura según criterios políticos, no según criterios de a quién dirige las políticas", considera Álvarez.

Sin embargo, en el documento Montevideo rinde cuentas 2007 -disponible en internet- se puede apreciar un mayor esfuerzo por cuantificar entradas vendidas y funciones realizadas, como en los casos de espectáculos o el cine, o participación, para otro tipo de programas culturales.

Esmoris también destacaba en su artículo la necesidad de aplicar conceptos de marketing cultural para alcanzar una gestión eficiente: "Producto (bien cultural), precio, promoción, distribución, así como garantizar una experiencia positiva cuando las personas se enfrentan al uso y consumo de los bienes (a fin de no defraudarlas y de esa forma ahuyentarlas)".

Según Esmoris, también es importante "prefigurar las características, las afinidades culturales, el número y la localización geográfica del público que se desea captar o atender, y luego de realizada la experiencia contrastar lo prefigurado con los usuarios reales".

Rosencof ha dicho que por más que la cultura no sea vista como un objetivo central de la gestión municipal, ellos (el departamento de Cultura) están "muy bien vistos". Al respecto, argumentó que los vecinos no han tenido quejas contra dicho departamento.

Luciano Álvarez opinó que hay un componente populista en los criterios de la dirección de Cultura. "Hay una afectación casi excesiva de mostrar ciertas gentes y cosas. Se busca ver qué es bueno para la memoria y hace el Museo de la Memoria. Pero sería más interesante una gestión que trabajara sobre todas las tradiciones culturales uruguayas, y no solamente sobre una".

Para él, la ciudad está desaprovechada desde el punto de vista cultural. "Montevideo está lleno de lugares no explotados. Ni que hablar de la política de museos. La ciudad ha desperdiciado la capacidad por zonas, barrios. No es una política inteligente, es más bien rutinaria. Cada uno (de los directores de Cultura de la IMM) le agrega su propia moña, como Rosencof lo de las esquinas, pero la cosa no cambia. A ninguno le importa, porque lo que todos quieren es la foto individual", dijo.

Agustín Courtoisie, director de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura entre 2002 y 2005, y también gestor cultural de la Fundación Itaú, coincide con Rosencof en que la burocracia es un freno para cualquier gestión. "La actual administración municipal de Montevideo, y también el gobierno, han comprendido que la burocracia no es la herramienta para generar el cambio. La burocracia, algunos de sus gremios, y algunos de sus mandos medios, configuran una especie de `partido`. Pero ese partido no es de derecha ni de izquierda, más allá del lenguaje con que disfrace sus demandas, sino un devorador de los aportes del contribuyente."

Por su parte, Esmoris señala que "la política cultural actual de la IMM me parece buena y muy superior a otras en sus orientaciones principales. Pero, como todas las demás políticas públicas en cultura, carece de método, es decir, de diagnóstico; no hay una planificación estratégica con indicadores que permita medir y evaluar resultados, tal como sucede en la educación, la salud y el resto de las políticas sociales donde, por ejemplo, se cuantifica la cobertura, la tasa de deserción, etcétera". Más allá de los aciertos o los errores, la definición de un concepto de cultura le daría mayor sustento a los gastos millonarios.

Carpas y vecinos

No solo de esquinas vive la cultura municipal. La dirección de cultura también gestiona seis carpas que durante el año pasado recibieron a más de 20.000 espectadores para actividades como circo, danza tradicional y espectáculos musicales.

24

de 100 son las promesas que en estos tres años y medio de gestión el departamento de Cultura cumplió.

48

son las esquinas culturales que se inauguraron en esta gestión. Las otras 452 ya estaban hechas.

30

mil dólares es la inversión que se espera para 2009 por parte del departamento de Cultura de la comuna.

105

millones de pesos más de los asignados gastó el departamento de Cultura, según una edil opositora.

Presupuesto cultural en discusión

La próxima semana la Junta Departamental de Montevideo discutirá la modificación del presupuesto de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) para 2009. Según el documento, el año que viene la comuna prevé que el departamento de Cultura tendrá una inversión de 30 mil dólares. Sin embargo la edila Cristina Ferro, del Foro Batllista, aportó otros datos. Según Ferro el departamento de Cultura tenía asignados 23 millones de pesos y gastó en 2007 128 millones. Para compararlo, la división de Limpieza tenía asignados 29 millones de pesos y gastó 6.000.000. Y la división de Saneamiento tenía asignados 457 millones de pesos y gastó 196 millones.

Demasiadas opciones

Entre las críticas que ha recibido la dirección de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo, una de las pocas obras que se salva ha sido el Teatro Solís. Fuentes municipales explicaron que la autonomía con la que se ha desempeñado la directiva del teatro ha sido la principal causa de la buena impresión que la institución tiene entre los gestores culturales. "Una ciudad debe tener un centro de espectáculos importante", opinó Luciano Álvarez, gestor vinculado al ámbito privado.

Pero algunas voces disienten. Para Manuel Esmoris el Teatro Solís y el nuevo auditorio del Sodre tienen tres cosas en común: están dirigidos a la clase alta, se financian con recursos públicos y están físicamente cerca. Para él no existe en Uruguay un mercado potencial que amerite ambas apuestas y señala que la reconstrucción del Sodre es un error. "Es un monstruo que nadie sabe cómo va a terminar. Podría haber soluciones intermedias, pero lo que hay ahora es mucho voluntarismo, ignorancia, orgullo e inercia", escribió en un artículo publicado hace cuatro años en Brecha.

Números paralelos

Según una investigadora de la Universidad de la República, que prefirió mantenerse en el anonimato, la dificultad para acceder a los presupuestos del departamento de Cultura no es un mal de este gobierno, sino de muchos otros. Según la fuente la división en lo que más gasta es en los museos y salas de exposiciones donde anualmente destina dos millones de dólares por año. En números el gasto que sigue es para la Filarmónica de Montevideo a la que anualmente destina 1.700.000 dólares. El menor gasto es en las subvenciones al cine, y ronda los 200.000 dólares.

Otros 1.500.000 dólares se fueron tanto en la Comedia Nacional como en el proyecto Esquinas. La Banda Sinfónica gasta 1.100.000 dólares anuales. Un poco menos se llevan las bibliotecas municipales, con un presupuesto de un millón de dólares anuales. La Sala Zitarrosa se lleva 300.000 dólares por año.

La fuente señaló que a estos gastos hay que sumarle otros por funcionamiento (comunicaciones, locomoción, impresiones) y los de los programas más recientes de la división.

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