Milagro Brasileño

Brasil se va para arriba. La estabilidad económica impulsó un boom de consumo y atrajo inversiones, el hallazgo de un yacimiento petrolero lo convertirá en un jugador de las grandes ligas y se suman voces para que integre los órganos de decisión mundiales.

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El País

La nación Argentina/GDA, Newsweek, The New York Times, The Economist

Mientras Argentina arregla sus diferencias, por enésima vez, en una plaza y Uruguay la observa desde la tertulia barata que tiene reservada de este lado del río, Brasil, el otro vecino y nuestro principal socio comercial, pasa por un momento de estabilidad política y prosperidad económica como hacía tiempo no conocía. Mientras que la categoría de "Argentina Potencia" que los argentinos aún esperan que les llegue del cielo es una ilusión postergada por, digamos, la rencilla peronista, Brasil pelea por un lugar en las ligas mayores del poder y cada vez más países empiezan a entender que se lo merece. El hallazgo de un yacimiento de petróleo en su mar territorial le suma nuevas simpatías a causas nada descabelladas como conseguir una banca permanente en el Consejo de Seguridad o que el Grupo de los ocho países más ricos le deje lugar a Brasil (en realidad a los "BRIC", el grupo selecto de potencias emergentes que integra junto a mastodontes de la talla de India, China y Rusia) y pase a ser conocido como G-12.

El propio presidente, Luis Inacio Lula Da Silva, definió el momento que vive su país como un "milagro".

Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, un grupo con sede en Washington tiene una visión menos mística. "De repente Brasil está emergiendo como una potencia energética. Todo lo que han desarrollado, desde la soja al azúcar y el petróleo, todo le está funcionando. Tienen una suerte bárbara", le dijo a The New York Times.

Uruguay tiene acá pegado y con una frontera porosa, a esa tremenda potencia pero le encanta mirar, al menos culturalmente, para el otro lado. Hasta dejamos de ver las telenovelas brasileñas, escuchar a sus cantantes o, aunque sea, seguir de cerca lo que está pasando políticamente o qué camino toman en materia económica. Por eso este crecimiento toma a muchos por sorpresa. Es el socio más fuerte del Mercosur que cada vez precisa menos esa sociedad. Sin embargo, el presidente Lula Da Silva, el primer obrero en gobernar el destino de los 180 millones de brasileños, insiste con reforzar el bloque y sacar adelante una unidad regional que incluya una estrategia de defensa común, y un autofinanciamiento con la creación de un banco sudamericano. El gobierno uruguayo ha aceptado con cierta renuencia participar de cualquiera de esos dos proyectos.

Símbolos de prosperidad. A mediados de mayo, Brasil consiguió un incremento de su investment grade (el grado de inversión) por parte de la calificadora de riesgo crediticio Standard & Poor`s (S&P), que seguramente será imitada por sus competidoras. Esto significa que el gobierno y las empresas accederán a financiamiento más barato, porque sus acreedores temen menos prestarle que a otros países.

Milena Zaniboni, analista de S&P Brasil, explicó a La Nación que el país subió de nota por "la perspectiva de un crecimiento más fuerte, estabilidad macroeconómica y monetaria, junto con un incremento muy dinámico de la demanda interna gracias al crédito bancario".

Marcelo Carvalho, director ejecutivo de la filial brasileña de Morgan Stanley le aseguró a The New York Times que "antes, cuando Estados Unidos estornudaba, Brasil se resfriaba. Hoy ya no es más así".

Las cifras oficiales ratifican este diagnóstico y le permiten al país mantenerse equidistante de la crisis financiera global, a diferencia de lo que ocurría en el pasado: entre 2004 y 2007, el PBI creció a una tasa del 4,5% anual, frente a un promedio del 2,8% entre 1984 y 1993, y del 2,5%, entre 1994 y 2003. La inversión extranjera se duplicó hasta llegar a 34.600 millones de dólares en 2007. Y la moneda está más fuerte que nunca. La inflación cerró el año pasado a 4,5% y está bajo control. Como resume The New York Times: los brasileños tienen más plata.

Hay cifras bien concretas sobre ese boom. El mercado consumidor consiguió 20 millones más de brasileños, según estimaciones de la gremial de instituciones financieras. Las ventas de electrodomésticos creció un 17%, hay 21% más de celulares y se triplicó la venta de notebooks y televisores de plasma. Los más refinados restaurantes de San Pablo, repletos de gente inclusive en los días laborables, pero también las cadenas de venta de productos masivos, que no se cansan de facturar, hablan claramente de ese crecimiento.

En términos alfabéticos, los especialistas definen la incorporación de esos 20 millones de pobres en los últimos dos años al segmento medio del país como el pase "de las clases E y D a la C". Esta clase C, que representa el 40% de los brasileños, exhibió progresos de consumo que impresionan a los apasionados del marketing: uno de cada tres tiene cuenta bancaria, uno de cada cuatro tiene tarjeta de crédito y uno de cada cinco tiene computadora. Ahora, además, viajan por placer.

Además de basarse en las políticas de apoyo estatal, la movilidad social se vincula con el impresionante crecimiento en el crédito bancario para los sectores más humildes, que antes estaban completamente fuera del sistema de consumo.

El "crédito consignado", por el que un trabajador accede a una suma a cambio de un descuento en su haber, ya disparó más de 15.000 millones de reales para la compra del primer auto de millones de brasileños, que también comenzaron a adquirir viviendas. Según datos recopilados por The New York Times, el número de casas compradas a través de créditos hipotecarios aumentó 72% el año pasado, un récord histórico, y el dinero prestado para comprar vehículos creció 45%; eso son 2, 46 millones de autos aportando más caos a las calles brasileñas.

"Hay dos milagros básicos: primero aumentarle el ingreso a la gente y segundo aumentarle el número de pagos mensuales que una persona debe hacer para comprarse un auto", dijo Lula Da Silva.

Economistas y empresarios se complacen porque en lugar de reforma agraria o de revolución, como en el pasado, las consignas de hoy son más y mejor capitalismo. Más y mejores cuotas.

Lula goza de un amplio apoyo en esta franja de la pirámide social, a diferencia de lo que ocurre con los estratos más altos, que lo toleran poco porque lo juzgan casi tan "populista" como otros mandatarios latinoamericanos pese a que, con gran pragmatismo, el ex líder sindical abdicó del histórico programa de izquierda radical del Partido de los Trabajadores (PT) y que los sectores más ricos no dejaron de ganar dinero bajo su hasta ahora exitosa gestión.

Apareció petróleo. El hallazgo de un yacimiento petrolero en la costa sureste es esa clase de noticias que un presidente adora. Allí abajo, de acuerdo al anuncio de noviembre, hay entre cinco y ocho mil millones de barriles de petróleo y gas natural, lo que lo convierte en el descubrimiento más grande desde uno que se hizo en Kazajistán en 2000. Para hacerse de esa riqueza, los ingenieros deberán taladrar cuatro kilómetros por debajo de un fondo del mar que está a tres kilómetros de la superficie.

Con las cantidades de crudo que descansan allí abajo es posible que en cinco años, Brasil desplace a México y Canadá por su total de reservas de petróleo; sólo Venezuela y Estados Unidos lo superarían en América. Igual, Brasil estará lejos de los niveles de producción venezolanos: Hugo Chávez dispone de 80 mil millones de barriles en reserva y con el nuevo hallazgo Brasil llegará recién a los 17 mil millones.

La aparición de petróleo brasileño podría impactar, eso sí, en un mapa geopolítico alterado por la generosidad, precisamente petrolera, de Chávez. El propio Lula reconoció durante una cumbre de líderes regionales en Santiago de Chile, realizada luego del hallazgo, que se había sentido tratado con una "cierta deferencia". Chávez sabe de eso y ya habló con Lula para un emprendimiento conjunto. Brasil no anda precisando un socio bolivariano.

En todo caso, Estados Unidos podría desembarazarse de su dependencia al petróleo venezolano, al menos, con esta coyuntura beligerante. Para ir marcando la cancha, una semana después de hallar petróleo, Petrobras se retiró de un emprendimiento conjunto de gas natural y Lula avisó que "Brasil obviamente participará de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo)" y se permitió sugerir que la organización petrolera debería bajar los precios.

La pujanza del Brasil de Lula se refleja sin duda en San Pablo, a cuyas calles se vuelcan cada día 600 autos nuevos. Pero también se ve en los pobres estados nordestinos, donde Lula tiene su principal base de apoyo político.

En las grandes ciudades del centro del país, muchos miraban con recelo al presidente Lula por su origen marcadamente sindical pero su popularidad, cuando transcurre la mitad del segundo mandato, alcanza un bastante interesante 70%, de los más altos de la región).

El factor más relevante para entender este cambio en Brasil es, justamente, la falta de cambios radicales: aunque los equipos de los presidentes Fernando Henrique Cardoso y Lula se peleen entre sí para ver quién hizo el mayor aporte, para el resto de los brasileños lo que hubo es una muy acertada continuidad entre ambas gestiones.

El optimismo por la salud económica del país -en el mundo de las finanzas también se habla del "milagro brasileño"- se refleja en esos casi 35.000 millones de dólares de inversión extranjera en 2007.

"Siempre se decía que el futuro en Brasil llegaría alguna vez, pero ahora parece que está llegando", dijo a La Nación el empresario Ricardo Steinbruch, presidente de Vicunha, una textil con más de nueve mil empleados.

Algunas amenazas. Por otro lado, Brasil pasó de ser deudor externo, a acreedor; el superávit fiscal ronda el 4%, y la tasa de inversión crece 2,5 veces más rápido que el PBI. Esta fortaleza permite que la tormenta que trajo la crisis de las hipotecas subprime (de alto riesgo) en los Estados Unidos ni siquiera se vea como una llovizna en los bancos de la poderosa city paulista.

Hay amenazas, pero bastante manejables: la inflación superaría el 5% este año, por encima de la pauta que maneja el Banco Central, dirigido por el muy respetado Henrique Meirelles, a quien Lula preserva de las críticas del oficialista PT. El gobierno atribuye esta inflación a la suba internacional en el valor de la energía y de los alimentos, que a su vez contribuye a acelerar el crecimiento económico, como en otros países emergentes; la oposición y los analistas agregan que los precios suben porque el gasto público viene trepando al 9% anual con Lula.

"Los que no quieren trabajar sólo deben esperar a que el gobierno les dé un subsidio", se queja un taxista, en una frase que perfectamente podría escucharse en cualquier ciudad de América Latina.

Para compensar el aumento del gasto público y su correlato en la inflación, el Banco Central mantiene altas las tasas de interés. Pero esas tasas encienden otra luz amarilla: está subiendo el valor del real frente al dólar, lo que a priori debería perjudicar sus exportaciones.

Por ahora, nadie parece muy preocupado por el rumbo de la moneda nacional: muchos empresarios dicen que quieren ver cómo implementa el gobierno el nuevo paquete de apoyo a la industria, mientras tanto se animan a invertir dentro y fuera del país, con salarios que crecieron en términos reales. De todos modos, Sergio Amaral, un ex ministro de Desarrollo e Industria del gobierno de Cardoso, advirtió que si se mantuviera esta escala ascendente del real, que se cotiza cerca de 1,65 por dólar -en 2002 la relación era casi de 4 a 1-, "en dos o tres años podría haber problemas de competitividad para la industria brasileña".

Más optimista, es la jefa de economistas del banco ABN-Amro, Zeina Latif, quien le dijo a La Nación que hacia delante "no hay signos de una crisis política relevante y si aparece ese factor, no parece probable que vaya a contaminar la marcha de la economía, como quedó demostrado cuando Lula casi va a juicio político en 2005".

En 2011, si no se reforma la constitución para permitir una nueva reelección, Lula dejará el poder y, según las encuestas, podría ser sucedido por el gobernador socialdemócrata del estado de San Pablo, José Serra. Con un discurso más académico, aunque sin tanto carisma, si a Serra (del partido de Cardoso) le toca recibir en sus manos las riendas que dejará Lula seguramente avanzará en algunas de las reformas que pide el mercado financiero (seguridad social, apertura de la economía, control del gasto), pero nadie espera que vaya a torcer demasiado el rumbo del país.

En la última década, Brasil ha ganado una gran oportunidad en un contexto de crecimiento mundial. Si bien todavía tiene muchas batallas por dar, en la que libra por estos días, las cuentas le dan muy bien.

Pero el país sigue abrumado por la desigualdad social y la pobreza, como se ve a una cuadra de una lujosa boutique carioca, donde un hombre busca algo para comer en un tacho de basura mientras otros cariocas disfrutan en la atestada playa de Ipanema

El coeficiente Gini, que refleja el grado de desigualdad de una sociedad, está en 0,56 (el nivel 0 marca la mayor equidad y el 1 lo contrario), por encima del 0,45 de Uruguay y de otros países de la región y claramente lejos del 0,29 de Dinamarca. Estas cifras pueden ser constatadas en vivo y en directo por los turistas, que, si se aburren de las playas, pueden hacer un "Favela Tour" por 29 dólares, tal como promociona una empresa de viajes en estos días, para visitar durante unas tres horas un asentamiento.

Alguien podría decir que esta postal ya es vieja para un país que abolió la esclavitud recién a fines del siglo XIX y en el que la población negra todavía gana un 50% menos que sus pares blancos.

Pero el paso del tiempo no vuelve menos violenta la amplia brecha social: a mediados de mayo, el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada, perteneciente al gobierno, indicó que el 10% más rico concentraba el 75,4% de los ingresos del país, un abismo que se observa claramente desde San Pablo hacia el norte del país y que el promocionado plan Hambre Cero de Lula no logró reducir.

Sin embargo, tanto el gobierno como los economistas y los empresarios afirman que el crecimiento en estos últimos años ha sido inclusivo. El gobierno destaca que desde la llegada de Lula al poder la política económica combinó el crecimiento con una redistribución del ingreso clave, ya que se crearon 10 millones de empleos nuevos, se duplicó el ingreso de los trabajadores y se implementó un conjunto de políticas sociales, como el programa Bolsa de Familia (subsidio) para 40 millones de personas, con acceso a la electricidad y la educación.

El influyente asesor presidencial Marco Aurelio García se negó a convalidar el consenso generalizado de que el gobierno de Lula mantuvo los mismos ejes de política económica que su predecesor Fernando Henrique Cardoso. "Estuvo ocho años en el gobierno y no hizo nada, simplemente porque pensaba que había una parte de la población que no podía ser incluida, mientras que nosotros reinstalamos la idea de movilidad social", comentó en tono de queja.

Edmar Bacha, uno de los padres del Plan Real, que permitió la estabilización económica desde 1993, retrucó con una sonrisa que no hubo tal quiebre, pero admite que el ingreso de los pobres mejoró desde 2003, "aunque sigue siendo terrible". "Hay más empleo, se generalizaron una serie de programas que empezaron en el gobierno pasado para formalizar a las pymes y dar subsidio a la gente más pobre, y aumentó el salario real", afirmó Bacha, ahora en su cargo de asesor senior del poderoso banco Itaú.

La otra lucha que Brasil todavía tiene pendiente es por el liderazgo político en una América Latina que aún no se ha decidido entre las dos formas de hacer política: la brasileña o la venezolana. "Venezuela apuesta a la fragmentación: quién no está conmigo, es mi enemigo. Del otro lado está Brasil. No respalda la intervención abierta en los asuntos internos de otros estados. Y no mira el tema del conflicto como si fuera una expresión armada. Así como para Venezuela Estados Unidos es el enemigo, para Brasil es el adversario que compite en mercados", opinó el ex canciller Sergio Abreu. La lucha cobra importancia en momentos en que ambos países forman parte del Mercosur, un bloque que todavía es de interés para Brasil.

Por ahora, al menos para los países más lejanos, la lucha la viene ganando el país norteño. A principios de mes el diario estadounidense Financial Times y la revista The Economist solicitaron la expansión del G-8 (el grupo donde están las ocho potencias más importantes del mundo) a un G-12 que, entre otros, incluya a Brasil. Incluso la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, destacó el uso que el gobierno de Lula ha dado a la democracia y el mercado para atender a la inequidad social en un reciente artículo publicado por Foreign Affairs. "Tenemos un interés vital en el éxito y prosperidad de estos proyectos", finalizó.

Siendo los uruguayos tan afectos a que las cosas nos lleguen de rebote, y al ser Brasil nuestro principal socio comercial, muchos esperan que algo de esa prosperidad económica y ese protagonismo mundial nos alcance. u

Crudo. El hallazgo de petróleo es esa clase de noticias que un presidente adora. Lula la recibió.

CIFRAS

23,2%

De las exportaciones uruguayas fueron a Brasil durante 2007, lo que lo coloca como el primer socio comercial.

786,3

Millones de dólares exportó Uruguay a Brasil en 2007. El rubro más lucrativo fue el de cereales: US$ 167,6 millones

1.284

Millones de dólares se importaron desde Brasil en 2007. Los derivados del petróleo alcanzaron los 222 millones.

27,2%

Creció el intercambio comercial con Brasil el año pasado. Todas las cifras son oficiales del gobierno brasileño.

También potencia militar

La propuesta brasileña por crear una Unión Nacional Sudamericana que una las fuerzas militares de la región, fue para algunos una señal de alerta del tipo de Mercosur que pretende el país. "Brasil tiene una visión sudamericana y tiene una especial preocupación por separar Sudamérica del resto de América Latina", opinó el ex ministro de Relaciones Exteriores, Sergio Abreu. Para otros la relevancia que Brasil le ha dado al Mercosur se debe, exclusivamente, a la presencia argentina. "Brasil ha tenido una tendencia a querer ciertas cosas para el Mercosur, pero ha cedido a la orientación que quiere llevar adelante Argentina, que básicamente es interpretar al Mercosur como una relación bilateral Argentina-Brasil", opinó Marcel Dahian, profesor grado 5 del departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales.

Artigas

Cambios de conducta

La apreciación del real frente al peso que ya lleva varios años, determinó un cambio en la conducta comercial en la frontera. Por años los artiguenses masivamente compraban artículos brasileños, desde la canasta básica hasta electrodomésticos. Pero en los últimos años eso se modificó: son los brasileños quienes vienen a comprar a Artigas. La instalación de los free shops (llenos siempre de quaraienses) también ayudó. Tiendas como Ta-ta y Montevideo abrieron sucursales. En tanto, cerraron los tradicionales comercios de Quaraí. Del otro lado sólo queda un supermercado.

Rivera

El poder adquisitivo

Hace seis años, cuando asumió Lula, eran necesarios 4,70 reales para comprar un dólar. Hoy la cotización es de 1,65. Por lo tanto, los ciudadanos brasileños, en dólares, prácticamente triplicaron su poder adquisitivo. Cada brasileño puede ingresar a su país mercaderías por hasta 300 dólares sin problemas. Quienes excedan ese monto, deben concurrir a la oficina de la Receita Federal en el centro de control integrado (Terminal Turística) para abonar un impuesto equivalente al 50%. Pocos cumplen con ese requisito.

Cerro largo

Deseos de vender

Cuando la moneda brasileña mostraba alarmante devaluación, los uruguayos compraban todo en Brasil. Diariamente se iban millones de pesos, perjudicando al comercio local. Ahora, en Rio Branco, donde habían cerrado decenas de comercios, los brasileños no vacilan viajar cientos de kilómetros para entregarse a la tentaciòn de los free shops. En Aceguá ya están prontos los locales que esperan por la habilitación de un depósito fiscal para empezar a funcionar como negocios. La población, mirando a Rio Branco, anhela una pronta resolución.

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