Porteños por un rato

El director de Cultura quiere un impuesto para la televisión chatarra argentina. Lo porteño contamina la tradicional pacatería nacional, desde la cual empiezan a surgir figuras que engrosan la ruidosa farándula del otro lado del río.

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El País

Estilos propios de pantalla

El avance de la televisión argentina en la pantalla uruguaya puede parecer arrollador, pero como se puede apreciar en el recuadro que indica el porcentaje de programación originada en ese país (pág. 8), la participación porteña en la televisión abierta uruguaya no es impactante. Pero la influencia no solo se mide por cantidad de horas de emisión. Esteban Perroni, del Observatorio de Medios del Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh), señala que otro factor a tener en cuenta es cómo influyen los programas argentinos en la TV nacional: "En la ficción, no se ve la influencia, no se nota. Lo que hacemos es muy diferente, tenemos todavía una manera de expresarnos que sigue anclada en nuestra tradición teatral, nunca hemos salido de eso". Otro género de la pantalla chica, el entretenimiento, sirve como ejemplo de una tradición que se resiste a tomar como referencia a los argentinos: "Un experimento que puede hacer alguien más veterano, es quitarle el color del televisor y dejar la pantalla en blanco y negro cuando se emite algún programa de entretenimiento uruguayo. Es como volver a la década de 1970. Tampoco ahí nos dejamos influenciar por los argentinos. Creo que si uno le pregunta a los televidentes, más de uno estaría dispuesto a gravar a los programas de entretenimiento uruguayos. No a los argentinos".

Fabián Muro

Qué les está pasando a ustedes los uruguayos? Tan tranquilos y cultos que eran... ¡Se están argenti- nizando!" dijo hace poco Jorge Rial en Intrusos en el espectáculo, el programa que conduce y que tiene el doble de rating en Uruguay que en Argentina. Si es que la televisión construye la realidad, como dice el intelectual y periodista español Ignacio Ramonet, Rial tendría razón.

En el paisaje cultural nacional, Marcelo Tinelli dispone de más audiencia, y más a menudo, que el presidente de la República. Y hay quienes suponen que Tinelli tiene más influencia sobre nuestras pautas culturales que las políticas elaboradas por el gobierno, desde cuyas filas, funcionarios de segunda categoría han demostrado su preocupación por la influencia del conductor argentino.

A Tinelli lo miran cerca de 180.000 personas todas las noches en horario central. Y más allá: el impacto de Bailando por un sueño no se limita al horario en el cual se emite. De lo que ocurre en la pista de baile del estudio de la productora Ideas del Sur se alimenta una pequeña división de programas parasitarios como Intrusos, Los Profesionales de siempre, TVR, Resumen de medios, Este es el show y Duro de domar, todos ellos con un buen lugar en la grilla. También se habla del concurso de baile en programas uruguayos como Bendita TV y Cafe Versátil. Y el tema está en buena parte de las conversaciones del día siguiente.

Pero los uruguayos no solo participamos pasivamente del espectáculo coreográfico abundante en nalgas, senos rebeldes y sainetes bochornosos frente y fuera de cámara. Cuando hay algún compatriota en peligro, mandamos salvavidas en masa: hasta más de 50.000 mensajes de texto se han enviado a la empresa argentina Movieclips, que trabaja con Ideas del Sur, para votar por Eunice Castro, por ejemplo. El dato es corroborado por Roberto Faciello, de Cálculo, compañía asociada a Teledoce, canal que repite en directo las instancias de Bailando por un sueño, además de algunos de sus programa parásitos.

Además, hay otros datos, fuera de la pantalla chica, que avalan el creciente dominio de la cultura porteña de este lado del Río de la Plata. El colega de Rial en Intrusos, Luis Ventura, tiene una columna semanal en la revista de Espectáculos de El País, Sábado Show. Los quioscos montevideanos rebosan de publicaciones con fotos de pulpa y silicona argentina, todas importadas desde Buenos Aires y con cada vez menos partes femeninas tapadas en sus portadas. Hace un año, además, apareció por primera vez la edición vernácula de un emblema de la farándula porteña: Caras Uruguay.

Las revistas de teatro porteñas, como El champán las pone mimosas, hacen más funciones de las previstas cuando llegan a Montevideo, por demanda popular. El aumento de senos de Abigail Pereira fue considerado razón suficiente para una importante cobertura periodística en este diario.

Las hinchadas de los equipos de fútbol uruguayo desde hace años reelaboran melodías de grupos de rock argentinos para sus cánticos, como el paradigmático caso de Los Auténticos Decadentes, cuya canción Cómo me voy a olvidar, es coreada desde las gradas.

Tal vez fue la acumulación de expresiones culturales porteñas lo que agotó la paciencia de Luis Mardones. El director de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) -que ya en marzo de 2005 había advertido que Uruguay estaba en un estado de "emergencia cultural"- volvió a la carga. A principios de este mes, el jerarca le dijo a Últimas Noticias que la "televisión chatarra debería tener una mayor carga impositiva". Luego, repitió sus reflexiones y temores ante la pérdida de la identidad cultural nacional en El País y El Observador.

Mardones no se indignó solo. En Maldonado, el director de Turismo de la intendencia protestó por la decisión de la Liga de Fomento de Punta del Este, que eligió a Rial, el actual "Rey del Chimento" (corona que le robó a un uruguayo, Lucho Avilés), para entregarle las llaves del balneario. La comuna decidió tomar medidas y anunció que la división jurídica había comenzado a estudiar cómo llenar el "vacío legal", para que sea la intendencia la que elija a quién distinguir como promotor de Punta del Este. Y seguramente no elija a gente de la "calaña" de Rial.

El año pasado, en tanto, el por entonces director de la Comedia Nacional, Jorge Denevi, había expresado temores similares y había abogado por la censura lisa y llana de algunos programas argentinos. "Hay cosas que no deberían admitirse", dijo.

CONTIENDA. El diagnóstico, para los encargados de dirigir los destinos culturales del Estado, es contundente: los uruguayos estamos bajo un ataque cultural. Y en esa contienda, Uruguay parece acumular una derrota tras otra. Estamos en franca retirada de nuestras tradicionales posiciones, nuestros valores se desintegran por las ondas expansivas de los bombardeos mediáticos que parten desde Buenos Aires y se amplifican gracias a los canales uruguayos. Y en la vanguardia de esa invasión, Marcelo Tinelli, el más popular de los conductores porteños.

El sociólogo Esteban Perroni, quien dirige el Observatorio de Medios del Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh) especializado en el análisis de la los medios masivos de comunicación considera que la idea de que el Estado intervenga en la televisión no es mala. "Los Estados laicos neutrales son los que generan las altas tasas de suicidios. ¡Hay que tener un compromiso!", subraya, pero agrega que el diagnóstico oficial es insuficiente y erróneo.

Según Perroni, hay una coyuntura única en la cultura popular uruguaya en este momento. "Puede que me equivoque, pero va a costar que el momento cultural que vivimos actualmente se repita. En este momento, hay cuatro personas en la luz pública que están dispuestas a estar ahí aparentemente sin que nada le importe lo que digan de su vida privada. Y eso, desde el punto de vista de nuestra idiosincrasia, significa que están dispuestas a pagar el precio que sea. Son Claudia Fernández, Mónica Farro, Abigail Pereira y, últimamente, Eunice Castro. Esta situación amplía la influencia de la `tv chatarra` en nuestras pautas y comportamiento culturales".

Perroni remarca lo de único y excepcional en esa coyuntura en el momento cultural y mediático nacional. Para él, ésta puede tomar distintas direcciones o desvanecerse, tal como se desvaneció el furor de los reality-shows, que hace apenas algunos años eran el chivo expiatorio para buena parte de la intelectualidad uruguaya y su claque. "Por esa experiencia, resalto que se trata de una excepción. No es que ahora tengamos una `fábrica` de modelos que podamos exportar a Buenos Aires así como así".

Tal vez aún no dispongamos de dicha fábrica, pero se están dando los primeros pasos para construir una planta que manufacture figuras para consumo de audiencias tanto en Montevideo como en Buenos Aires: "A los famosos se los construye", dice convencido el director de Caras Uruguay, Martín Rodríguez Gambaro.

Caras Uruguay comenzó a editarse hace un año y su éxito superó las expectativas iniciales. "Más allá de que creíamos en el producto, nunca imaginamos que nos iba a ir tan bien. Hoy estamos tirando aproximadamente 10.000 ejemplares. A veces más, a veces menos, dependiendo del mes. Pero siempre vendemos bastante más de la cantidad que tiramos", afirma Rodríguez Gambaro y agrega que tiene sustento para su júbilo.

Para el director de Caras Uruguay, los uruguayos necesitábamos una publicación así. "Es que si uno va a un quiosco, lo único que ve son revistas de espectáculos de otros países. ¿Por qué Uruguay no puede tener una revista con figuras propias?", y agrega que Caras, como marca, existe en Argentina, Brasil, Portugal, Angola y, desde hace un año, Uruguay.

INFLUENCIA. Las intenciones de los representantes oficiales de proteger espacios para lo auténticamente nacional de la invasión porteña podrían plasmarse, según Mardones, a través del largo brazo de la DGI. Ya no se habla de cuotas-pantalla, una idea que planteaba la obligatoriedad de un porcentaje de programación de factura uruguaya en la televisión. Los impuestos específicos serían la más reciente solución encontrada por las autoridades. El modelo en el cual se inspira esta idea es el que aplican varios países europeos, como Inglaterra, cuya BBC es financiada, en gran parte, por impuestos de los contribuyentes.

"A mí me parece curioso que sea justamente con programas de la BBC que el canal público uruguayo se embandera. ¿No sería más representativo embanderarse con una producción televisiva nacional, ya que se trata de un canal estatal y público?", se pregunta Fernando Laureiro, uno de los socios de la productora Contenidos, responsable de ciclos de programas uruguayos como Vidas y Cámara Testigo.

Gravar programas de acuerdo a su nivel de calidad -cuanto más "chatarra", más impuestos- plantea serias dificultades a quien le toque definir qué se considera "malo, bueno o más o menos". Una fuente de un canal de televisión abierta, que no quiso ser identificada, lo expresa de esta manera: "A mí me gusta mucho Omar Gutiérrez, pero me gusta él, como comunicador. Ahora, su programa... ¿Es de calidad? El desfile de grupos de cumbia, muchos de los cuales son o fueron argentinos, ¿no es chatarra eso?" Otra fuente, cercana a una productora independiente, que tampoco quiso dar su nombre para no herir a pasados o futuros posibles colegas de canal, se pregunta qué se haría con un programa como el de Luis Alberto Carballo, que también tiene abundantes curvas femeninas y chistes subidos de tono.

El historiador José Rilla reflexionó sobre el alcance de la influencia cultural bonaerense en nuestro comportamiento: "La farándula y la política son hermanas en el vecino país, ambas son bastante infantiles. Pero son un espectáculo fascinante del que los uruguayos no queremos participar más que desde la contemplación vergonzante". Para él, la amenaza no es tal, más allá de que, como dice, "la influencia de la TV argentina es (…) enorme, aunque menos que la norteamericana".

Rilla detecta un menosprecio subyacente en la intelectualidad nacional hacia el gusto masivo. "La cultura popular es más sabia y discriminante de lo que las elites de la clase media ilustrada solemos creer. No está formada por sujetos pasivos, ignorantes, atrasados mentales; esos sujetos miran la tele, conversan sobre ella, reelaboran, distinguen, desechan, interpretan. Y conocen bien los límites entre la realidad y la ficción. El que quiera proteger a la cultura popular sin entender esto, creo que esconde un desprecio por ella, aún desde las más loables intenciones salvadoras".

Por otro parte, se podría pensar en que es de esa gran audiencia-la que no tiene pruritos a la hora de consumir chatarra catódica- que la actual alianza de gobierno sacó buena parte de su sustento electoral. Por qué la masa estaría en condiciones intelectuales de elegir lo correcto frente a la urna, y lo incorrecto cuando prende el televisor, no ha merecido, hasta ahora, el análisis del director de Cultura.

Los comentarios de Mardones surgieron a raíz de una obligada convalecencia. "Estuve enfermo, en cama y con fiebre. Habitualmente, no puedo ver televisión abierta a la tarde, y durante esa semana, pasando de un canal a otro, no tenía opción de elegir. Lo único que había era programas de chimentos", le dijo a El Observador.

El director realizó sus declaraciones basándose en una impresión personal, avalada por el éxito masivo de Bailando por un sueño, ineludible para cualquiera que viva más o menos al tanto de lo que transcurre en la pantalla chica uruguaya.

Otros, como el escritor e investigador académico Hugo Achugar, diagnosticaron el consumo televisivo -específicamente el de las capas sociales menos favorecidas- sobre algo más que el botón del control remoto.

A fines de 2006, Achugar, al frente del Observatorio Universitario de Políticas Culturas del Uruguay, presentó el informe Consumo e Imaginarios Culturales, basado en la metodología de la encuesta.

El estudio arrojó que cerca del 100% de los que viven en asentamientos montevideanos miran televisión, y buena parte de ellos más de tres horas por día. También se detectó que cerca del 90% de los encuestados opinó que "se deberían pasar menos programas argentinos". Dada la sostenida popularidad de Tinelli -su presencia en la pantalla rioplatense está por cumplir dos décadas y casi siempre acompañado por el éxito- y las ficciones argentinas, se pueden sacar dos conclusiones: o los encuestados mienten sobre sus preferencias para "quedar bien" o los programas argentinos son más aceptados cuanto más alto se asciende en la escala social.

Perroni dice al respecto que una cosa es lo que la gente mira y otra lo que prefiere. Un trabajo del Observatorio de Medios, titulado Estudio General de Televisión y realizado en mayo, le preguntó a los encuestados qué programas preferirían mirar si pudieran confeccionar la grilla televisiva nacional. De lunes a viernes, las preferencias de los televidentes son bastante peculiares: 33,9% eligió Telemundo Central y 32,9% Subrayado Central. Recién en el tercer puesto, con 16,8%, se ubicó Showmatch.

Los fines de semana sí hay una preferencia por el entretenimiento, y argentino: los sábados y domingos los televidentes uruguayos colocarían en primer lugar a TVR como programa favorito, con un 5,1%.

"Así como el argentino tiene alma de chusma, el uruguayo tiene alma de ciudadano. Por lo tanto, el uruguayo se interesa por los informativos. Consecuentemente, en Uruguay se hacen buenos informativos. Estos podrán tener todo tipo de limitaciones, pero han cambiado mucho en los últimos años, y para bien", concluye Esteban Perroni.

El rasgo "chusma" es uno divisorio en el comportamiento cultural de argentinos y uruguayos. La separación entre público y privado es una línea que, hasta ahora, pocos se atreven a violar de este lado. Desde la dirección de Caras Uruguay, se hace hincapié en el respeto hacia algunos recovecos de la vida privada: "No tenemos la misma línea editorial que Caras Argentina. Lo nuestro es un poco más light. Tenemos en cuenta las condiciones locales para el tratamiento de la información".

intercambios. Rilla, en su análisis, también se refiere al momento político que viven ambos países. Con un litigio a dirimirse en La Haya por Botnia y los cortes de ruta, y los desencuentros de Tabaré Vázquez con Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández después, el historiador ve en ese reducido espacio plano, de unas pocas decenas de pulgadas, un lugar de temporal conciliación: "Bailando es una producción cultural y comercial que en su género alcanza el primer nivel; nunca podríamos hacer algo así desde el Uruguay y no solo por cuestiones económicas. Difícilmente encontremos otro programa de TV mirado por más de seis millones de personas en el que los uruguayos, aún con piquetes y cortes de puentes, sean más valorados y hasta queridos".

En el debate suscitado a raíz de las declaraciones del director de Cultura se ha omitido hasta ahora que los trasiegos culturales también han ido en la dirección opuesta. Yendo más allá de Natalia Oreiro, posiblemente la máxima estrella de telenovelas argentinas de los últimos 10 años (y a la que nadie confunde como argentina), dos de las agrupaciones más populares de algo tan masivo y aceptado como el rock en Argentina, son uruguayas: La Vela Puerca y No Te Va Gustar. A pocos le puede caber la duda que esas bandas, en plena actividad, servirán como modelo para algunos de los artistas solistas o bandas que hoy se preparan para dar sus primeros pasos en el circuito comercial y artístico de la música rock en Argentina, algunos de los cuales probablemente lleguen a ser tan populares como lo son hoy estos dos grupos.

Los que buscan infelices coincidencias, además, seguramente se percataron de que más o menos en los mismos días que un jerarca ministerial despotricaba contra la "televisión chatarra", el presidente uruguayo obviaba enviar un reconocimiento público al primer ciudadano ilustre del Mercosur, el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Fue el único mandatario de los que integran el bloque económico común que se olvidó de ese pequeño detalle. Todo un síntoma y un símbolo de un país en el cual buena parte de la intelectualidad se horroriza ante el avance de lo porteño pero no critica con la misma pasión el gesto de indiferencia del Poder Ejecutivo hacia uno de sus literatos más famosos y reconocidos internacionalmente.

Por más que algunos quieran aferrarse a la imagen de un Uruguay que valoraba la palabra y despreciaba la frivolidad, la falta de pudor y pretensiones -"Soy grasa y a mucha honra", dice, palabras más, palabras menos la vedette Mónica Farro- hoy, buena parte de la producción de los mitos y símbolos que le dan sentido de pertenencia e identidad se guionan, filman y editan en el marco de esa pantalla cada vez más presente en la vida individual y social.

El ejemplo más contundente son las estrellas de fútbol: con lenguaje limitado pero abundante carisma y dinero, los Carlos Bueno y "Chengue" Morales generan historias épicas al mismo vertiginoso ritmo que las cámaras cambian de planos para potenciar el show televisivo.

Para gente como Mardones o Denevi, esto es razón de lamentos y quejas. Otros, como Perroni y Rilla, se resisten a subestimar la capacidad de la audiencia para discernir el intento de vender gatos por liebres, por más que éstos vengan producidos y diseñados para el consumo más masivo.

El espectáculo televisivo, patético a veces, revulsivo otras y fascinante casi siempre, dice Rilla, no lo lleva a desconocer el oportunismo comercial de empresarios del espectáculo. "Pero si miro a Gargano y a los Kirchner termino pensando, con resignación tal vez, ¡qué suerte que existe Tinelli!"

El rating de los argentinos

El único canal uruguayo que hoy no posee programas argentinos en su grilla es el estatal canal 5. El que tiene más es Canal 4. Con propuestas bastante dispares, allí se encuentran Zapping, Casi Ángeles, Susana Giménez y CQC, entre otros. Zapping tiene seis puntos de rating (más de 71 mil personas). Teledoce tiene ocho programas argentinos, entre ellos Los profesionales de siempre, TVR, la telenovela Por amor a vos y el más exitoso, Showmatch. Tinelli marca un rating de 14,3 (170 mil personas). En canal 10 sólo hay tres programas. Intrusos en el espectáculo, es uno y marca 8,8 puntos (casi 105.000 personas). Entre los programas uruguayos, el más visto es Bendita TV con 11,8 puntos (141 mil personas). Todo según la empresa Ibope.

Las cifras

1.500 dólares cuesta pautar publicitariamente en una tanda de un programa central líder, como lo es Showmatch.

300 dólares le cuesta a un canal uruguayo cada episodio de una ficción argentina que no sea en horario central.

6.000 dólares es lo máximo que le puede llegar a costar a un canal un episodio de una propuesta no-ficción uruguaya.

20.000 dólares es lo que le puede costar al mismo canal comprar un episodio de un programa de ficción uruguaya.

56,5 es el porcentaje de producción nacional en la televisión uruguaya al 2006. Creció de 34% en relación con 1985.

15,5 es el porcentaje de producción de origen argentino en la televisión nacional en 2006. Es un 10% más que en 1985.

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