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Ciudad dormitorio
Unos 300 sin techo crónicos duermen todas las noches en una vereda. Tienen una frazada, un colchón, dos buzos y un perro. La mayoría son psiquiátricos y se niegan a concurrir a un refugio.

César Bianchi

Son las 10 de la mañana y duerme a pata suelta. Es la puerta de una casa de familia pero a Walter le importa poco. Dejó su colchón de una plaza recostado contra la fachada del 1692 de la calle Requena y se durmió en un escaloncito. Alzó una pierna, cruzó los brazos y cerró los ojos. Walter, "El Perro" como le dicen, no tiene pijamas; duerme con un saco viejo, un pantalón añoso encima de un deportivo y se tapa la cara con un gorro de lana, para que no lo despierte el sol. No pasó mucho frío la noche anterior, por lo que optó por no usar su frazada de todas las noches.

"El Perro" está loco y duerme en la calle todas las noches. Sus desvaríos son los típicos de un homeless crónico, según los expertos.

-¿Por qué dormís en la calle?

-Porque fumo drogas. Marihuana.

-¿No tenés dónde vivir?

-No. Siempre estoy acá, no me voy a ningún lado tampoco. No me gusta hablar con la gente.

-¿Por qué no vas a un refugio?

-Me gusta estar acá. No me puedo ir de acá. Son chinos los que matan a mí... Tuve problemas con los chinos, por la droga. Me mataron, a mí y a mi familia. Tengo sida por los chinos.

-¿Quiénes son chinos?

-¡Son chinos! Sé que son chinos. Viven acá. Si muero, muero con el síndrome de sida, por los chinos.

-¿Trabajabas antes?

-Antes. Ahora no trabajo más. Hice varias cosas...

-¿En qué trabajaste?

-No me acuerdo, fue en siglo XX y estoy en el siglo XXI ahora.

-Hasta donde sé, fuiste camillero en el hospital de Clínicas...

-Fue hace mucho tiempo atrás, mucho atrás, mucho atrás...

-¿Tenés madre o padre?

-Los mataron a todos por la droga. Lo mataron de verdad, porque yo fumo droga.

-¿Qué tenés para dormir?

-Un colchón y una frazada. Estoy como un perro, por eso me dicen "El Perro". Yo no tengo nada por vivir, si alguien tiene un arma y me la da yo me pego un balazo. Yo me lo pego.

-¿Por qué?

-¿No entendés? Porque tengo sida, fumo droga y... ¡son chinos!

El cuidacoches da más datos. "El Perro" sí tiene familia: una madre que vive en Playa Pascual pero no le da bolilla. Creyendo que estaba sano, lo sacó del hospital Vilardebó pero lo dejó a su suerte. El vecino de Requena y Eduardo V. Haedo, de apellido Ramírez, dice que "el pobrecito" no quiere ir a ningún refugio, que pasa pidiendo y le contagió la sarna. El zarpullido en el brazo de Ramírez es elocuente.

A sus 40 años este pobre diablo está abandonado a la buena de Dios.

alcohol y locura. El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) ha estimado los sin techo crónicos en unos 300. Son personas que viven en situación de calle todo el día pero que llegada la noche no aceptan concurrir a alguno de los ocho refugios que el Mides y la Intendencia de Montevideo tienen abiertos.

Según datos oficiales, son 910 los que sí pasan la noche en los refugios en este invierno que comienza. Para ir deben cumplir ciertos requisitos: no ingresar con alcohol ni alcoholizados, bañarse y aceptar el horario del lugar (de 20 a 8). Por la noche reciben el plato de comida que proporciona el Instituto Nacional de Alimentación (INDA) y por las mañanas, una taza de leche y un trozo de pan.

Un cuarto de los indigentes no aceptan las condiciones y prefieren vivir en la calle. Esgrimen que no les gusta el ambiente, que en años anteriores fueron robados, que los obligan a asearse y que no les permiten ingresar con su perro, un amigo más que fiel en su caso. Muchas veces, su único amigo.

"Les gana la desconfianza. Tienen ideas persecutorias, de que alguien les va a hacer algo, de que los quieren robar", explicó Gonzalo Urreta, psicólogo y responsable del equipo de psiquiatras del Programa de Asistencia a los Sin Techo (PAST) del Mides.

Yamandú Ferrás, coordinador del programa asistencial, dijo que a partir de esta semana se creará una brigada de calle con ocho personas patrullando Montevideo en procura de convencer a esos 300 sin techo crónicos para que asistan voluntariamente a un refugio. Ellos se sumarán a un grupo de otros seis que ya trabajan cuando hay denuncias de vecinos u ONG.

Ferrés también trazó un perfil de los homeless que se niegan a la ayuda ministerial y comunal. "Es gente que ha quedado sola, que han perdido el contacto con su familia. El alcoholismo y los problemas psiquiátricos es común en todos los que viven en situación de calle pero se intensifican en el caso de los crónicos", dijo.

Es cierto. En dos mañanas distintas, Qué Pasa se encontró con gente en situación de calle alcoholizada, con evidentes trastornos psiquiátricos y muy sola.

En Uruguay y Tristán Narvaja dos mujeres acamparon en la vereda. Una morena toma mate en un taza con un diseño infantil, agua que calentó prendiéndole fuego en una ollita a unos papeles que encontró en la basura.

Improvisó un asiento con un cajón de madera roto y un pedazo de colchón viejo. Frente a ella tiene una bolsa de azúcar abierta y una botella de agua mineral por la mitad. Se cree que está en el living de su casa, pero por al lado de ella camina gente de un lado para otro. Ya lo había advertido Urreta: "dicen que están en su casa, se la creen de verdad, que la esquina o una plaza es su casa".

La mujer no quiere decir su nombre y se molesta por la consulta; se pone agresiva. "¡Váyanse de acá porque llamo a la Junta Electoral!", amenaza. "Me sacaron la cédula, me sacaron todo, a mi hija también. La culpa es de Rossi, del gobierno, de todos... ¿Ustedes quiénes son?¡ Váyanse de acá porque llamo a la Junta Electoral!", insistió, sin contestar nunca por qué dormía en la calle y no aceptaba concurrir a un refugio.

Martha, una vecina que esperaba el ómnibus en la avenida Uruguay frente a la "casa" de la mujer sin techo, dijo que "esto es siempre así. Es una mujer peligrosa. Acá hay gente que viene a esperar el ómnibus y ella se les acerca y comienza a golpear con un palo los caños de la garita. La gente se asusta y se va a esperar el colectivo a la parada siguiente".

Una joven que vive en frente no piensa lo mismo. Dice que ella la saluda todas las mañanas y si nadie la molesta, ella no se mete con nadie. "Lo que pasa es que ustedes la descompensaron", dijo la muchacha. En algo coincidieron ambas: esa señora tiene trastornos psiquiátricos y una soledad mayúscula.

Urreta, psicólogo coordinador del Programa de Atención a los Sin Techo, dijo que su unidad está tramitando con las autoridades del Vilardebó para que absorba a parte de los 300 sin techo que tienen esquizofrenia o trastornos de personalidad, según diagnosticaron los expertos.

Él y uno los integrantes de su grupo de trabajadores sociales, Jorge Diz, aclaran que los que sufren trastornos psiquiátricos "no son todos". El porcentaje de los sin techo crónicos que se resisten a concurrir a un refugio y padecen estas patologías es el mismo de los que sí los utilizan: entre un 40 y un 45%.

El 75% de los que eligen vivir en la calle como opción de vida son hombres y de ellos, el 40% son adultos mayores. El restante 25% está constituido por mujeres solas, o con niños.

También están los que terminaron en la calle por haber sido víctimas colaterales de la crisis de 2001 y 2002.

El psiquiatra Esteban Acosta, dependiente de ASSE (Administración de Servicios de Salud del Estado) para el Programa de Atención a los Sin Techo dijo que la cantidad de psicóticos no ha variado en los últimos años, ni entre la sociedad uruguaya y la de cualquier otro país. Pero convino en que la crisis económica incrementó la exclusión.

La socióloga Fiorella Ciapessoni lo dijo en en el libro Cercanías y distancias en el Uruguay actual: Problemáticas vinculadas a la fragmentación social. Ciapessoni escribió que, desde la crisis económico-financiera, "ya no se habla únicamente del alcoholismo o adicciones a las drogas, enfermedades mentales; sino que el problema es particularmente relacionado con la degradación del mercado de trabajo (desocupación, bajos ingresos, trabajo informal) y la paulatina ruptura de soportes cercanos".

Un ejemplo de esto es Ruben, un hombre de 49 años y rostro tan envejecido como colorado por la ingesta de caña y vino, "pa` entibiar", como canta La Vela Puerca. Ruben se gana un jornal de 150 pesos por día cuidando autos en Eduardo Acevedo y Gonzalo Ramírez, la esquina en la que, además, vive junto a su gata Michu.

Tenía un empleo formal en una fábrica de plásticos, pero se fundió en 2001 y el hombre, sin familia ni ocupación, ya no pudo pagar el alquiler del apartamento en General Flores. Sin escalas fue a parar a la calle. Sólo se llevó un colchón, algunas mudas de ropa, una caldera, un bols y poco más.

Hace siete años que para en esa esquina. Se baña una sola vez por semana, en la playa, directamente. Ruben se compra un chorizo al pan en algún carrito cercano cuando las propinas alcanzan, o si no se las ingenia mendigando.

El año pasado concurrió a un refugio, pero la experiencia le sirvió para no volver, dijo. "Entré a bañarme, porque me lo exigieron, y cuando salía ya no tenía mis cosas. Alguien me las había robado. No me gusta, no vuelvo".

A unos metros de su espacio en la vereda, hay otras "carpas" armadas con sofás desvencijados, náilon y frazadas. Ahí vive una pareja con un bebé de no más de 18 meses. Dice Mariela Felice, la cuidacoches de Jackson y Gonzalo Ramírez, que esa familia está ahí "porque quiere", porque varias veces han venido a buscarlos para llevarlos a un refugio, pero se niegan porque consumen pasta base.

La familia no está ("habrán salido a consumir por ahí", dice Felice). Ruben prefiere creer que salieron a "requechar" en algún contenedor.

Otros que salen a "volketear" son quienes viven debajo del puente de Bulevar Artigas y Sarmiento. Un lunes a las 10 horas está Washington, un chico de 19 años con el ojo morado por una pelea callejera. "Me tuve que hacer respetar", explicó. Eso dice; también puede que tenga el ojo inflamado por consumir alcohol azul...

El joven cuenta que se fue de su casa porque en el barrio no podía zafar de la pasta base: "en la misma manzana había tres bocas". Con un amigo prefirió dormir debajo del puente con otras personas que allí conoció. En el momento de la charla, otro joven dormía en un colchón a su lado. Washington no sabe ni cómo se llama.

Dice que hace poco fue a un refugio del Mides, pero no le gustó. El horario era muy extendido: debía ingresar a las 20 y no se podía ir hasta las 8, y así no tenía tiempo para pedir en la calle o revisar bolsas de basura. Lo de robar lo dejó hace un par de años, asegura.

El psiquiatra Esteban Acosta pone el ejemplo de los que viven debajo de ese puente para ilustrar lo que ellos sienten cuando otros pasan por ahí. Cree que ni siquiera dan lástima o sensibilizan como los que se suben al ómnibus: están un escalón por debajo. "La gente va caminando y al llegar a Sarmiento se va tirando hacia el cantero del medio. Eso generan ellos: miedo y rechazo. Lo mismo sienten ellos hacia los demás. La ciudad se ha vuelto excluyente. Si ya casi no duermen en la puerta de las iglesias es porque ahora están valladas, para que no pasen a dormir..."

Nace la brigada de las calles

Cuando la caída del Plan Invierno en 2005 por decisión política, el Mides se hizo cargo del Programa de Atención a los Sin Techo (PAST) todo el año, luego de constatar el riesgo que padecen los homeless no sólo en la estación más fría del año, sino también en verano. "Un niño en situación de calle puede sufrir insolaciones o quemaduras de tercer grado en enero", ejemplificó Gonzalo Urreta, psicólogo. Otros seis concurren a lugares donde hay sin techo cuando hay denuncias de vecinos, y esta semana estará operativa una brigada de calle con ocho educadores sociales que patrullarán todo el día las zonas más preocupantes de la ciudad. La idea es convencerlos de concurrir a los refugios. Además de los ocho refugios en la capital, la novedad del PAST son los que abiertos en el interior: Maldonado, San José, Paysandú y dos en Canelones (Las Piedras y Pando). Se estudia abrir centros en Rocha y Flores. Las intendencias colaboran.

La nueva marginalidad urbana

Desde fines de los años 80 y principios de la década de los 90 el fenómeno homelessness (de los sujetos homeless, sin casa) se convirtió en uno de los problemas sociales más visibles en varias ciudades europeas y de Estados Unidos, según afirmó la socióloga Fiorella Ciapessoni en su artículo académico De refugios y calle: la construcción de identidad en hombres sin domicilio. Ciapessoni sostiene que Uruguay no escapa a la realidad de otros países: hay una prevalencia de hombres adultos solos en la calle. "El proceso de desafiliación social que se plantea, comienza para los ex jefes de familia con la pérdida del empleo que luego se extiende a una desocupación prolongada, y finaliza con el alejamiento de los hombres de su propio hogar", dijo. La llamada "nueva marginalidad urbana" responde, dice, a que los hombres entre 20 y 60 años "perciben resquebrajada su estructura de oportunidades".

En la calle

Duelo etáreo

Al igual que acontece en las cárceles (ver Qué Pasa 7/6/08), entre los sin techo también existe un enfrentamiento invisible entre los adultos mayores y los jóvenes. Según explicó el psicólogo Gonzalo Urreta, coordinador del Programa de Atención a los Sin Techo del Mides, los más veteranos (crónicos, por su cantidad de años en situación de calle) han denunciado una "pérdida de códigos" de parte de los más jóvenes, quienes por su adicción a la pasta base suelen robarles. Los mayores, en cambio, suelen ser muy dependientes del alcohol, y tienen la fiel compañía de alguna mascota.

El sistema puede

Tanto el psicólogo Urreta como el psiquiatra Esteban Acosta (ASSE) -ambos del Programa de Atención a los Sin Techo (PAST) que dirige el Ministerio de Desarrollo Social-, creen que el sistema no ha colapsado y todavía muchos enfermos psiquiátricos en situación de calle pueden ser recuperados. Muchos de ellos, dijeron, reciben tratamiento ambulatorio del hospital Vilardebó. El PAST hoy cuenta con dos psiquiatras entre sus profesionales: uno de ellos visita los refugios montevideanos y el otro integrará la brigada callejera.

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