Era hora de una reforma. Eso habrán pensado los estudiantes, profesores y egresados de la Universidad de la República cuando este año vieron, por fin plasmada en papel, el proyecto de la Segunda Reforma Universitaria. Es que desde que se aprobó la Ley Orgánica, en 1958, los universitarios no han tenido ningún proyecto que acompasara su organización a los tiempos que corren.
De hecho el único antecedente directo de cambio es el Plan Maggiolo que en 1967 proponía una flexibilización de la estructura de facultades aisladas, ampliar la enseñanza e investigación a disciplinas básicas, desarrollar la enseñanza de posgrado y racionalizar los servicios reagrupándolos. El plan fue debatido dentro y fuera de la Universidad, pero nunca consiguió plasmarse. Según Mario Wschebor, profesor titular del Centro de Matemáticas de la Facultad de Ciencias, la razón principal estuvo en la historia. "El país se incendiaba", dijo.
Y, a falta de un mejor plan, la estructura de la Universidad ha sido la misma que cuando se fundó, en 1908, y tenía poco más de mil estudiantes. "La Universidad no ha tenido ninguna renovación desde entonces y en esencia su estructura es la misma", agregó Wschebor. Hoy, según el último censo universitario, hay más de 81.000 estudiantes que lidian con la necesidad de tener que trabajar mientras estudian, que muchas veces no logran recibirse y que colman los salones de las facultades dificultando el mismo proceso de enseñanza. Al menos así era hasta ahora.
Ya dejando su cargo, el ex rector Rafael Guarga, señaló en marzo de 2006 que "la Ley Orgánica debe ser cambiada". Este punto dominó la nueva elección de un rector y cuando Rodrigo Arocena asumió en 2007 la intención por lo menos estaba. Este año se conoció el proyecto, que estudiarán los diferentes órganos universitarios. Las propuestas son bastante modernas. La autonomía, cogobierno y gratuidad de la educación que ya consagraba la Ley Orgánica se mantienen. Pero se plantea una red coordinada y diversificada de instituciones autónomas con una conducción colectiva central y un marco normativo flexible con mayor descentralización y delegación de funciones. Para Arocena lo fundamental es construir un centro de estudios que sea el "ideal latinoamericano de Universidad" actualizada al siglo XXI. Aunque en los fundamentos todavía se hable de 1930.