"El Holocausto no se explica sin Hitler"

El historiador que publicó la biografía fundamental de Adolf Hitler habla, entre otras cosas, sobre las lecciones de un perídodo tan oscuro de la historia.

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El País

JUANA LIBEDINSKY, LA NACIÓN, ARGENTINA/GDA

Ian Kershaw nunca soñó con Adolf Hitler. Su única pesadilla es cuando pierde el Manchester United, "aunque con Tévez y un poco de suerte vamos a ganar el campeonato", explica este fanático del equipo de fútbol más famoso del norte de Inglaterra, región donde siempre vivió.

Pero Kershaw es, ante todo, uno de los más conocidos y respetados biógrafos de Hitler de la actualidad. Esto no sólo incluye al mundo académico sino al público general, acostumbrado a verlo en cuanto programa de televisión haya sobre el Tercer Reich y a leer sus notas en los diarios de toda Europa.

Este año, naturalmente, Kershaw está en mayor demanda que nunca. Después de todo, en febrero se cumplieron 75 años de la llegada de Hitler al poder en Alemania, el 13 de marzo se cumplieron 75 años de la designación de Goebbels como ministro de Propaganda del Tercer Reich y el 23 de marzo se cumplieron tres cuartos de siglo desde el otorgamiento de los plenos poderes para Hitler.

¿Puede algo así volver a pasar? "Con el mundo en una situación de alta inestabilidad como ahora, es inevitable preguntárselo", admite Kershaw, y señala la necesidad imperiosa de una mayor cooperación internacional "para restringir a los potenciales perros rabiosos de la política mundial antes de que sean lo suficientemente peligrosos como para morder".

Pero asegura que, si bien "están apareciendo distintas formas de gobiernos autoritarios, el caso de Hitler fue único, y las organizaciones e instituciones internacionales que existen ahora y que no existían en Europa durante los años de entreguerra constituyen algún tipo de barrera para una calamidad semejante".

Kershaw, quien se convirtió en Sir en 2002, nació en 1943, en el condado de Lancashire. Educado en las universidades de Machester, Liverpool y Oxford, está casado y tiene dos hijos. En sus comienzos fue un medievalista, pero desde la década de 1970 se dedica a estudiar a quien fue uno de los mayores monstruos de la historia, lo cual no le ha hecho perder su característico buen humor.

"Supongo que tiene que ver con que no tengo ningún pariente cercano que haya muerto en la guerra, o sea alemán, o judío, con lo cual puedo abordar el tema sin el nivel de emoción profunda que con justa razón acompaña a la memoria de tanta gente. Por supuesto que uno no puede sentirse ajeno a lo que ocurrió, pero creo que logro compartimentar mi vida de tal manera que Hitler se mantiene en la parte profesional. No sueño con él: me resulta una figura crucial para el entendimiento de la historia de la humanidad, pero, por suerte, no invade mi vida privada".

-¿Cómo empezó su carrera como biógrafo de Hitler?

-No fue nada planeado. Mi entorno católico me había creado un interés por la historia de la Iglesia, y comencé mi carrera enseñando historia medieval. Salvo francés, yo no hablaba ninguna otra lengua moderna, y cuando el Instituto Goethe abrió una sucursal en Manchester, me puse a estudiar alemán. De a poco me fui interesando por la historia del país, pero recién en 1972, cuando viajé por primera vez a Alemania para un cursillo intensivo del idioma, tuvo lugar un encuentro que cambió todo. Yo estaba en un pueblito precioso en las afueras de Munich cuando un viejo nazi se me acercó y me dijo dos cosas que no olvidaré jamás. Primero: "Ustedes los ingleses son tan estúpidos. Deberían haberse unido a nosotros en la guerra, hubiéramos derrotado a los bolcheviques y luego nos hubiéramos dividido el mundo". Y luego dijo: "El judío es vil y despreciable". Yo no podía creerlo. ¿Qué pudo haber pasado en un lugar tan pequeño, de ensueño, para que hubiese gente que pensara así? Quedé fascinado por el tema porque, hasta entonces, no se había investigado mucho sobre la sociedad, los individuos corrientes, durante la época nazi. Por suerte, me invitaron a participar en un proyecto de investigación gigantesco, basado en Munich, sobre los documentos de la policía de entonces, y más adelante empecé a evaluar la personalidad de Hitler frente a las estructuras de la sociedad para intentar entender lo que pasó.

-Usted popularizó el concepto de la "indiferencia moral" de la población alemana en cuanto a su responsabilidad en el Holocausto.

-Uno de mis primeros trabajos fue sobre las actitudes de la población alemana sobre la persecución y el eventual exterminio de los judíos. Mi conclusión fue que, para la gente común, la prioridad eran temas como la falta de vivienda, pobreza, la preocupación ante la posibilidad de otra guerra. A veces el tema de los judíos se volvía incendiario, y no sólo había antisemitismo de base sino que la mayor parte de los alemanes pensaba que el país estaría mejor sin judíos y había amplios sectores que apoyaban las medidas violentas. Sin embargo, fue sobre todo una indiferencia moral por parte de la población lo que permitió las atrocidades. Aunque no tuviera el odio a los judíos estructurado de la manera ideologizada del partido, la sociedad fue responsable de darle así vía libre a la dinámica de los nazis.

-¿Y cuán importante es el papel de Hitler en comparación con la responsabilidad de la población?

-La sociedad alemana empujó hacia la discriminación e incluso persecución y violencia contra los judíos, pero que una sociedad moderna haya, en ocho años, puesto como prioridad mayor la exterminación de los judíos no puede entenderse sin la figura de Hitler en el centro, como catalizador de la posición más radicalizada. Su paranoia personal respecto a los judíos sirvió de guía dinámica para un régimen que ya se estaba moviendo en una dirección genocida.

-¿Cómo es posible que Hitler fuera un producto de la democracia?

-Hitler fue el producto de un momento histórico muy excepcional. No es que la democracia haya producido un monstruo. Fueron las condiciones que da la democracia las que permitieron a Hitler florecer, y tuvo éxito, en parte, al saber explotar las condiciones de la democracia. Pero ni él era un producto de la democracia ni su visión tiene nada que ver con la democracia, obviamente.

-¿Y está seguro de que algo así no puede volver a pasar?

-Haría falta nuevamente un momento histórico excepcional, como el de Europa al final de la Primera Guerra Mundial y no veo, en el presente, nada remotamente cercano. Por supuesto que los tiranos vienen y van, pero no se pueden establecer comparaciones válidas aunque haya políticos que sigan usando los procesos democráticos para sus propios objetivos. Claro que también hay casos como el de Pakistán, donde parecía que la democracia le estaba abriendo la puerta al autoritarismo, y ahora parece que vuelve algo más de democracia. Vivimos en un mundo peligroso, y hay políticos que saben explotar esos peligros y las condiciones de sus propios países, como Ahmadinejad en Irán, por ejemplo, pero las comparaciones que se pueden hacer de él con Hitler son restringidas.

-¿Se pueden extraer lecciones para las democracias de hoy del ascenso de Hitler en Alemania?

-Creo que es muy fácil mirar al pasado y tratar de sacar lecciones simples, pero lo que pasó en Alemania fue un episodio extraordinario de la historia universal. Pueden pasar otras cosas, pero es difícil que se repita exactamente eso, salvo que las condiciones del mundo cambien drásticamente con otra guerra y el colapso absoluto de las instituciones financieras. Hay un punto obvio que es el de la necesidad de que la comunidad internacional controle a los perros rabiosos antes de que muerdan. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la Liga de las Naciones estaba dividida incluso entre Inglaterra y Francia, así que no había una esperanza real de que pudiera contener a Hitler. Si miramos la actualidad, deberíamos hacer todo lo posible por contener a las áreas de problemas potenciales, como Irán. Pero aunque la realidad es que hoy, como entonces, hay pocas posibilidades de que se tome una acción conjunta, ahora existen algunos obstáculos nuevos para prevenir una situación así, como la ONU, la Unión Europea, el Banco Mundial, el FMI. Me resulta imposible ver condiciones similares con ningún dictador que amenace al mundo, ni siquiera en el caso de un Irán con armas nucleares.

-¿Qué opina de John Irving, el historiador británico que fue encarcelado en Austria por sus puntos de vista pro nazis?

-Irving es un gran recolector de información y tiene un acceso a descendientes y simpatizantes de nazis que otros investigadores pueden haber tenido vedado. Pero su trabajo debe ser consultado con gran cuidado y circunspección a raíz de la interpretación que él le da al material recolectado. En este país no hay límite a la libertad de expresión, así que nada impide a Irving decir cosas como las que dice, aunque, obviamente, eso no lo hace bienvenido más que en círculos bastante marginales.

-Hace poco en Francia se dio un debate sobre si se deben enseñar los efectos del nazismo sólo con libros o si hay otras vías válidas, a raíz de un intento de Sarkozy de que cada niño francés en la escuela se identificara con un niño muerto en el Holocausto. ¿Usted qué opina?

-Hemos avanzado mucho en cuanto a la investigación sobre el nazismo, tan sólo 25 años atrás había temas de los que definitivamente no se hablaba. Es fundamental que las nuevas generaciones sepan y entiendan que pasó y, por supuesto, es importantísimo que se enseñe en clase y, en lo posible, que se visiten los museos y los lugares de los hechos, hay muchos ejercicios válidos, no tiene por qué el estudio limitarse a los libros. Eso sí, de más está decir que todo depende de una buena guía en los adultos a cargo. La ignorancia es la base del prejuicio, así que la educación sigue siendo lo fundamental para combartirla.

Perfil

Ian Kershaw, de 64 años

Catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield y una de las máximas autoridades del mundo en Adolfo Hitler, aunque en un principio se especializó en Edad Media. Se le otorgó la condecoración alemana de la Cruz Federal del Mérito 1994 y fue nombrado caballero en 2002, entre otras distinciones. Fue asesor de dos series de la BBC, la premiada The Nazis: A Warning from History y War of the Century. Además de Hitler, en español se editaron El mito de Hitler: Imagen y realidad en el Tercer Reich; La dictadura nazi: problemas y perspectivas de interpretación y Un amigo de Hitler: Inglaterra y Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial.

La biografía fundamental

No se imaginan lo feliz que me puse cuando por fin el tipo se pegó el balazo en la cabeza", dijo aliviado Ian Kershaw cuando dejó atrás una década de estudiar la figura de Adolf Hitler. El producto de esos años quedaron plasmados en las casi 1.800 páginas repartidas en dos tomos de Hitler (que a 10 años de su publicación acabo de reeditar Ediciones Península, que en Uruguay distribuye Océano), la biografía fundamental del personaje que definió el siglo XX. Los dos tomos dividen la vida del Führer desde su nacimiento a la remililitarización de Renania y desde ahí hasta el final de la guerra y su suicidio. El trabajo, que es exhaustivo, intenta explicar en base a documentos hasta entonces inéditos y cientos de testimonios las razones por las que los alemanes se dejaron llevar por los delirios de un austríaco con problemas de relacionamiento social que proclamaba la superioridad de la raza aria y la necesidad de hacer algo con los judíos. Esa fidelidad ciega terminó en la muerte de seis millones de personas en los campos de concentración. "El ataque nazi a las raíces de la civilización ha sido un rasgo definitorio del siglo XX. Hitler fue el epicentro de ese ataque. Pero fue su principal exponente, no su causa primordial", dice Kershaw en la introducción. Su libro es esclarecedor, también, porque responde preguntas terribles.

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