El difícil descanso de Vaimaca Perú

| El 4 de marzo se incorporarán dos falanges y un molar que pertenecieron al cacique charrúa que peleó con Artigas. La polémica continúa en el Panteón Nacional.

Lleno. Gran convocatoria para recibir en el Panteón Nacional del Cementerio Central al repatriado cacique Vaimaca Perú, el 19 de julio de 2002. 802x529
Lleno. Gran convocatoria para recibir en el Panteón Nacional del Cementerio Central al repatriado cacique Vaimaca Perú, el 19 de julio de 2002.

CÉSAR BIANCHI

Vaya si ha dado que hablar el cacique Vaimaca Perú (1780-1833), en lo que va de este siglo. Desde su repatriación al Uruguay en 2002, previsto por ley en septiembre de 2000 como urgencia nacional, sus restos han levantado una polémica que continúa hasta la actualidad. Tal como lo quisieron los legisladores, descansa en el Panteón Nacional del Cementerio Central, al lado de prohombres de la vida social y política del país como José E. Rodó, Eduardo Acevedo o Juan Zorrilla de San Martín.

Pero sus restos mortales no están completos: el martes 4 a las 10.30 se le incorporarán dos falanges y un molar que pertenecieron al indígena charrúa y hoy la directora de la comisión de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), María Helena Martínez, tiene bajo llave en su biblioteca. Estuvieron a estudio de la antropóloga Mónica Sans y su equipo de colaboradores y fueron devueltos al gobierno a fines del año pasado.

Una ley de 2004, promovida por la Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa (Adench), prohibió todo tipo de estudios científicos al cacique Vaimaca, pero los análisis de ADN ya habían arrojado información científica valiosa sobre su complexión física y origen geográfico de su etnia.

Mientras se acerca la hora de que las tres piezas faltantes se sumen al resto del cadáver de Vaimaca (hay 16 piezas ausentes más que nunca fueron inventariadas), el sitio donde permanece el charrúa junto a las figuras de la cultura nacional vuelve a estar en tela de juicio.

Entre humedad y héroes

El periodista Nelson Caula, siempre dedicado a la reivindicación de la causa charrúa, llama al Panteón Nacional "el panteón de los héroes". Entre 31 artistas, ex presidentes y combatientes prolibertarios, está Vaimaca, el indio criollo que luchó junto a José Artigas.

El estado actual del sitio es motivo de controversia para los interesados en el descanso del cacique Vaimaca Perú (o Pirú, como lo llaman algunos). Enrique Auyanet, titular de Adench, entiende que es un emplazamiento que honra a los charrúas ("es un avance en derechos humanos, nos parecía importante que Vaimaca estuviera allí"). Auyanet admitió que el Panteón tiene "un poquito de humedad", pero le quitó trascendencia: "ahí estuvo Artigas durante 100 años. No es un lugar inadecuado. La urna es de granito, por lo que Vaimaca está en condición de ser humano. Es un abuelo no tan lejano, de apenas cinco generaciones atrás. Hay personas que lo ven como una base de datos, un objeto de estudio y nosotros queremos que pase con sus restos lo mismo que a cualquiera de nosotros". Para él, es una cuestión de "dignidad" dejarlo descansar y no estudiarlo más.

Su previa exhibición en el Museo del Hombre de Francia todavía le duele. "Sus restos estaban cosidos con alambre, atravesados por un hierro para que se mantuviera erguido. Con un antropólogo forense que nos asistió (Horacio Soya, quien trabajó en el caso del químico chileno Eugenio Berríos), se desarmó todo el esqueleto y se lo puso en una urna".

La otra ONG que reúne a descendientes de charrúas, Integrador Nacional de Descendientes de Indígenas Americanos (INDIA), no compartía la idea de que los restos del cacique fueran repatriados para permanecer en el Panteón Nacional.

También discrepaban con Adench en otra cuestión importante: INDIA valoraba como muy positivo que sus restos sean pasibles de estudios antropológicos. "Máxime en esta época, donde se puede averiguar muchas cosas de costumbres y origen con la ayuda de la ciencia. Pero nos hicieron denuncias por `vilipendiadores de cadáveres`, así que prefiero no hablar", se excusó Susana González Possamai, de INDIA.

Se alzaron varias voces en julio de 2002, cuando por fin los restos de Vaimaca volvieron a su tierra. El antropólogo Renzo Pí Hugarte sostuvo que estaban bien en el Museo del Hombre de París, donde permanecía en exposición con todos los huesos en su lugar. "Estaba perfectamente cuidado y conservado. Yo lo vi. No era un objeto de curiosidad para que se riera la gente", aclaró, desmintiendo la tesis de Auyanet. "¡En el propio museo del Louvre hay momias de 2.000 años!".

Su colega Sans, quien llevó adelante los estudios de ADN de algunas piezas de Vaimaca, no sólo defendió el estudio científico de los restos del charrúa, sino que aclaró que el Panteón Nacional no es un lugar donde los restos se conserven en buenas condiciones.

"Nosotros dejamos los restos en una urna sellada y según tengo entendido, se pasaron a una pequeña urna común. Vinieron de París adheridos con metal, sacamos lo más fácil evitando dañarlo y para colocarlo en esa urna pequeña debieron haber roto algún hueso", dijo.

Para Sans, en el Panteón Nacional, sin una cámara especial de conservación y con la humedad reinante, Vaimaca "se está deteriorando". Lo mismo piensa Caula: "en el Panteón están muy mal todos los restos de los héroes. Los huesos, que estaban en su lugar, ahora están todos desordenados".

El periodista fue de los que abogó para que sus restos fueran repatriados, cuando comenzó la discusión. Hoy, seis años después, reconoce que se equivocó. "En aquel momento me parecía muy simbólico que volviera a su país y quizás fueran enterrados en la Meseta de Artigas. Hoy estoy un poco arrepentido. No hemos sabido qué hacer con sus restos", agregó.

Hasta la directora de la comisión de Derechos Humanos del MEC, María Helena Martínez, dijo que estaba "convencida" que el propio Vaimaca Perú desearía estar en su país y "no como un fenómeno en París", a donde fue llevado tras años de cautiverio, entre ñandúes, encadenado, junto a su hermana Guyunusa y su fiel curandero Senaqué.

"La inmortalidad no pasa solo porque los restos estén bien conservados o no; sino que estén en el lugar al que pertenecen", afirmó Martínez.

El departamento de Necrópolis de la Intendencia de Montevideo pidió se le solicite autorización a la Comisión de Patrimonio del MEC para poder ingresar. Richard Burgos, titular de Necrópolis, dijo que el Panteón es de competencia real del Ministerio de Educación.

William Rey, presidente de la Comisión de Patrimonio del MEC, en cambio, aclaró que el mantenimiento y limpieza del sitio en pleno Cementerio Central es un asunto de la comuna.

Rey, de todos modos, opinó: "No le puedo decir cómo está el Panteón porque no tengo informes recientes. Mi última visita fue hace un año. En aquel momento lo encontré bien, con problemas de humedad, que hay que resolver... porque afecta los restos de quienes yacen allí. No tenemos ningún expediente pidiendo actuación sobre el estado del Panteón".

"Igual, no está en la peor de las situaciones, no está en el CTI. Hay edificios que le competen al patrimonio del país que están en mucho peor estado", añadió Rey.

El Panteón Nacional, un espacio subterráneo en el Cementerio Central, no está abierto al público y apenas si permite el ingreso de curiosos el Día del Patrimonio y el Día de los Difuntos.

La Comisión Nacional del Patrimonio dio su aval para la visita y luego lo hizo Necrópolis de la comuna. Finalmente, tras varios días de negociaciones, se pudo entrar al Panteón.

La humedad de la que todos hablan, campea (ver fotografías en la página 12). No hay cámaras especiales, no hay una temperatura provocada por ningún instrumento para la mejor conservación de los restos mortales. Hay urnas, con pabellones nacionales arriba, y el nombre de los ilustres hombres (más Delmira Agustini, única dama presente en la cripta). Además de la poetisa están: Eduardo Acevedo, Carlos Quijano, Juan Zorrilla de San Martín, Manuel Herrera, Pedro Figari, Francisco Soca, Juan Idiarte Borda, Lorenzo Latorre, Américo Ricaldoni, Juan Carlos Gómez, José E. Rodó, Julio Herrera y Obes, Eugenio Garzón (y su corazón exhibido aparte), Carlos Reyles, José Rondeau, Florencio Sánchez, Juan Manuel Blanes y Julio Herrera y Reissig, entre otros.

Estrella Lenzuen, encargada del lugar, dijo que cada dos días ingresa para fijarse que todo esté en orden y limpiar, si es necesario. "Hemos pedido que venga un lustrador o alguien a pintar o quitar la humedad, pero nos dicen que no hay recursos", dijo la funcionaria.

Admitió que a propósito de Vaimaca Perú (el último en llegar), la polémica sigue vigente. "Faltan partes que estuvieron a estudio. Pero no puedo decir más".

Dedos acusadores

Tras lo que divulgó el estudio de ADN de los restos extraídos (y que serán reincorporados el martes 4) del cacique Vaimaca, la asociación de descendientes Adench logró que los estudios no se perpetúen.

Auyanet trabajó mucho para lograr que "los restos del `abuelo` lleven el mismo proceso que cualquiera, cuando sus huesitos se desintegren en un ciclo normal". Lo hizo trabajando en el seno de la comisión Contra la Discriminación y el Racismo del MEC y en conjunto con la comisión de Derechos Humanos de esa secretaría de Estado.

Martínez, directora de esta última comisión, sin embargo, no ocultó que hubiera preferido que los análisis continuaran "para poder saber más". Dijo tener en su poder dos falanges y un molar, devueltos tardíamente, a su juicio, por la antropóloga Sans del departamento de Antropología Biológica de la Facultad de Ciencias.

El ex ministro de Educación y Cultura de la época, Antonio Mercader, promovió fervientemente los estudios científicos. Consultado para esta nota (ver columna), dijo que la ley que prohibió mayores investigaciones le parece "absurda" y "retrasada".

Auyanet, quien en 2002 se encadenó protestando por el interés de estudio científico por Vaimaca, volvió a sembrar la duda sobre el trabajo de la antropóloga que trabajó junto al Ministerio de Educación que conducía Mercader. "En un documento que apareció en agosto de 2002 se decía que estaban autorizados a tomar una falange y dos muelas. Pero ahora devolverán dos muelas y dos calcáneos. ¿Qué pasó con la falange y por qué tomaron los calcáneos si no estaban autorizados?", se preguntó Auyanet, rubio de ojos claros, pero descendiente de charrúas.

Sans dijo haber devuelto al MEC "dos molares y dos huesos del pie" (calcáneos). "Se dijo que faltaba restos, pero esos restos faltaban de antes. Yo devolví todo lo que tuve, no sé si alguien se llevó algo o no. En el listado de piezas que faltan hay muelas que nunca tuvo, ¡porque si uno no tiene tercer molar, no tiene! La arqueóloga que venía de Francia con los restos me dijo que le faltaban cosas pequeñas desde antes: algún diente, una falange, quizás una rótula, después vimos que le faltaba la primera vértebra...".

Sans se lamentó por no poder ampliar los estudios antropológicos divulgados a fines de 2004 (ver recuadro). Hoy existe -dijo- una nueva técnica para relacionar morfológicamente los huesos por fotografías. Pero la ley 17.767 del 19 de mayo de ese año le prohíbe avanzar en ese sentido. El proyecto científico, financiado por la Universidad de la República, siguió la línea materna a nivel molecular (estudiaron la mutación del ADN mitocondrial).

"Yo nunca dije que esos restos debieron haberse quedado en París, pero a uno le da pena saber que en unos años esto no va a existir más. Si dentro de 30 años un antropólogo quiere utilizar una nueva técnica que apareciera y nos revelara algo fantástico, ya no existirán los restos", añadió.

Eso es, precisamente, lo que desea Auyanet.

Piezas más, piezas menos, los restos del cacique que fuera soldado del prócer Artigas parecen no tener un descanso en paz, como tanto pide Auyanet.

ADN revelador

Todos quedamos muy impresionados" dijo el ex rector de la Universidad, Rafael Guarga, reflejando el impacto de las conclusiones arrojadas por el estudio del ADN del cacique charrúa Vaimaca Perú, divulgado en diciembre de 2004.

El trabajo, un acuerdo entre la Universidad y su Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y el Ministerio de Educación, fue coordinado por la antropóloga Mónica Sans y aportó datos precisos del jefe charrúa. Sans reveló el perfil de quién terminó convirtiéndose en un personaje casi mítico: "Murió a los 50 años. Tenía 1,62 metros, una estatura similar a la de los europeos del siglo XIX. Llegó de Francia con un número identificatorio en el cráneo el 6565. Había rastros de traumatismos en varios huesos, en el radio (brazo izquierdo) y en la décima costilla izquierda, en la tibia derecha y probablemente en la región nasal. La lesión del brazo izquierdo es típica de quien se defiende de un sablazo".

"Tenía una capacidad craneana igual o superior a los hombres actuales. Era robusto, no tiene secuelas de desnutrición. No tenía caries ni problemas periodentales, seguramente por una dieta carnívora y pobre en alimentos elaborados. Tenía las vértebras como de alguien joven. Según el parte de defunción, murió de tuberculosis, probablemente por una baja de las defensas debido a los dos años de cautiverio que pasó al irse. Quedó claro que no tuvo sífilis. Tambien se descartó que tuviera un balín alojado en el cráneo, como se había afirmado", afirmó la antropóloga Sans, al anunciar las conclusiones de su investigación.

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