EL PAÍS DE MADRID, THE NEW YORK TIMES, EFE
Nadie debería haber sobrevivido al martilleo de aviones estadounidenses cerca de Khost, en Afganistán, el 27 de julio de 2002. El edificio en el que se habían atrincherado los yihadistas quedó reducido a escombros.
Sin embargo, cuando soldados estadounidenses iban a ocupar la posición, una granada mató a un sargento de 28 años. Entre las ruinas capturaron a Omar Khadr, de 15 años, herido de gravedad. Tras pasarse la adolescencia y parte de la juventud encerrado en Guantánamo, Omar está acusado del asesinato del sargento Christopher J. Speer, y comparecerá el lunes ante un tribunal militar, ahora que cumplió 21 años.
Los letrados que se ocupan de los procesos de Guantánamo decidieron "internacionalizar" la defensa de Omar. Uno de ellos fue a París en diciembre para pedir apoyo a Robert Badinter, un jurista prestigioso: ministro de Justicia con Francois Mitterrand, presidente del Constitucional y hoy senador. Y el impulsor en 1981 de la ley que abolió la pena de muerte en Francia,
"Les dije: `de acuerdo`", cuenta Badinter. "Se trataba de preparar un escrito sobre un punto preciso, el derecho internacional de los menores. Comprendí que Omar Khadr, que tiene nacionalidad canadiense, es un niño soldado de Al Qaeda. Y en tanto que tal, haberle internado en Guantánamo, despojarle de cualquier derecho y juzgarle como si fuera un "enemigo combatiente voluntario" es incompatible con las garantías mínimas reconocidas por las naciones civilizadas".
Pero no tuvo suerte. Esta semana, Francia, a través de su cancillería, lamentó que Estados Unidos haya rechazado que Badinter acuda a Guantánamo a la audiencia de Khadr.
Se ha visto a otros muchos niños enrolados por grupos armados: en la Camboya de los Jemeres rojos, en ciertas guerras africanas. Pero todas las acciones penales lo son contra los responsables de hacerles participar en los conflictos armados, "y no contra los niños soldado en sí mismos", sostiene Badinter. "Jamás una jurisdicción penal internacional ha exigido la responsabilidad de un niño soldado. Omar Khadr no es un combatiente voluntario; es una víctima".
El escrito de la defensa aparece firmado por otros 17 juristas. Afirma que los menores deben ser juzgados por jurisdicciones "integradas por jueces cualificados y según un procedimiento adaptado", exigencia "reconocida y respetada por los Estados Unidos". Y recuerda que la convención sobre los derechos del niño enuncia: "Ni la pena capital, ni la cadena perpetua sin posibilidad de liberación deben ser pronunciadas para las infracciones cometidas por personas menores de 18 años".
Éste es el caso de Omar. Con tales argumentos, los abogados piden la anulación del proceso de Guantánamo. Arguyen que si el tribunal militar confirma su autoridad sobre Omar Khadr, será el primero que juzga a un niño por crímenes de guerra. Ni siquiera discuten la vinculación del chico a la red de Bin Laden, que comenzó cuando tenía 11 años.
Los fiscales militares creen que los argumentos de la defensa son "bien intencionados y valiosos" pero son irrelevantes para las comisiones militares en Guantánamo.
"La ley internacional", dijo el Departamento de Justicia a mediados de diciembre, "no prohibe que un menor de 18 años sea juzgado por crímenes de guerra". Igual, dijeron los fiscales, si ganan el caso, buscarían una pena más leve que la prisión perpetua, en consideración de la edad de Khadr, quien ahora tiene 21 años.
Khadr es el detenido más joven en Guantánamo. Está casi ciego de un ojo debido a las heridas que recibió durante el combate de julio de 2002 en la que fue herido mortalmente el sargento Speer, quien tenía 28 años. En diciembre Khadr dijo que quería despedir a sus abogados estadounidenses y algunos de ellos dijeron entender su desconfianza a los estadounidenses después de cinco años en Guantánamo.
¿Quién forzó a Omar a combatir? ¿Cómo un pre-adolescente canadiense entró en Al Qaeda? Responder a estas preguntas exige bucear en la historia familiar. Sobre todo en la de su padre, Ahmed Saïd Khadr, casado con una palestina, que se instaló en Canadá en la década de 1970 y organizó colectas para una asociación musulmana, oficialmente dedicada a ayudar a los refugiados y huérfanos afganos provocados por la represión soviética. En 1988 se marchó con su familia a Peshawar (Pakistán). Omar tenía dos años.
En Canadá se la conocía como "la primera familia terrorista". El padre fue detenido en 1995, sospechoso de haber financiado un atentado en Pakistán, en el que murieron 17 personas. Al salir de la cárcel, se llevó a la familia a Afganistán. Los talibanes estaban apoderándose del país. "La familia Khadr vivió con frecuencia en el campo de base de Osama Bin Laden y los hijos fueron enviados a campos militares de Al Qaeda", se lee en el escrito jurídico.
Fue así como Omar participó en las luchas contra las fuerzas de Estados Unidos, que ocuparon Afganistán en respuesta a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Uno de sus hermanos fue detenido en Kabul por la Alianza del Norte . Los dos fueron a parar a Guantánamo. Pero mientras el hermano de Omar quedó en libertad a finales de 2003, él sigue allí. Su padre murió en un tiroteo con fuerzas paquistaníes en 2003 y uno de sus hermanos está en una silla de ruedas tras ser alcanzado en combate también en Pakistán.
Después del 11-S, Khadr dio todos los pasos para sumarse a Al Qaeda y eventualmente matar al sargento Speer, dijo el Coronel Morris D. Davis, fiscal militar en Guantánamo. "Hay una diferencia entre un muchacho de 15 años que apresuradamente toma la decisión incorrecta y aquel que lo meditó durante mucho tiempo".
Al menos otros tres menores, quizás tan jóvenes como de 12 años, estuvieron detenidos en Guantánamo durante un tiempo, pero fueron liberados en enero de 2004, según Morris. Pero su conocimiento de campos de Al Qaeda y el hecho de ser hijo de un personaje de la organización pudo convertir a Khadr en objeto de interés para los servicios de Inteligencia. No tuvo posibilidad de un abogado hasta dos años después de ser arrestado, período en el que ha descrito palizas, sofocamientos, amenazas de violación o encadenamientos "como se amarra a un jabalí", explica el documento.
Diferencias legales
Ambos bandos en el caso de Khadr interpretan de manera opuesta algunos documentos internacionales. Uno de los temas en los que difieren es un tratado, del que Estados Unidos es parte, de 2002 de las Naciones Unidas sobre los niños combatientes.
La defensa apunta que el acuerdo exige que los países desmovilicen a los niños soldados capturados y les de asistencia para su recuperación física y psicológica y "su reinserción social". Los defensores dicen que eso significa devolverlos a sus hogares. Eso sería inconsistente con la potencial condena a cadena perpetua que le espera a Khadr por homicidio, intento de homicidio, espionaje, conspiración, y apoyo material al terrorismo.
Pero los abogados del gobierno consideran que el tratado sobre los niños soldados no descarta los procesos por crímenes de guerra a menores. Otra provisión internacional, que es central en el caso contra Khadr, es una ley aprobada por Naciones Unidas para los juicios por crímenes de guerra después de la guerra en Sierra Leona en la década de 1990. Específicamente allí se afirma que "personas de 15 años" o mayores pueden ser acusados de crímenes de guerra.
El coronel Davis dice que eso es un precedente importante. "Si las Naciones Unidas acordó que personas de 15 años pueden ser llevados a juicios por crímenes de guerra, la noción de que estamos abriendo nuevos territorios con Khadr es una presunción falsa", dice el militar.
Pero el antiguo jefe de fiscales para los crímenes de guerra en Sierra Leona, David M. Crane, dijo en una entrevista que después de ser convocado por el secretario general de las Naciones Unidas en 2002, le anunció que no se iba a enjuiciar a nadie menor de 18 años.
Crane, un ex alto funcionario del Pentágono, dijo que la guerra civil en Sierra Leona incluyó un catálogo fe actos atroces realizados por adolescentes y niños. Pero que concluyó que los guerreros menores de 18, no tenían la madurez intelectual y emocional para ser juzgados por crímenes de guerra. "Yo los veo como víctimas al igual de aquellos a los que violaron o mutilaron", dice.
Layne Morris de Salt Lake City piensa distinto. Morris es un ex sargento de las Fuerzas Especiales, que, como Khadr, está parcialmente ciego tras el combate en Khost.
Morris recuerda los disparos de AK-47 desde una casa que habían rodeado con su patrulla. Recuerda las granadas de mano volando sobre un muro y lo que sintió cuando la metralla le alcanzó en los ojos.
La batalla fue larga y cuando rodearon el lugar los soldados esperaron. Alguna mujeres salieron y se les permitió irse, dice Morris. Un niño soldado también podría haberse ido pero hubo más disparos y más espera mientras los estadounidenses pedían apoyo aéreo. Todos los que estaba ahí adentro tuvieron la posibilidad de pelear o rendirse, dice, incluyendo Khadr.
"No hay manera de que se diga que es un muchacho confundido con el cerebro lavado", dice Morris. "Es un muchacho que tomó por sí mismo un montón de decisiones".
Matar y morir antes de los 18
No hay cifras exactas, pero las más destacadas organizaciones en defensa de los derechos humanos y de los niños (Amnistía, Human Rights Watch, Unicef) estiman que la cantidad de solados infantiles oscila entre 200.000 y 300.000. De acuerdo a Human Rights Watch, soldados infantiles son usados en más de 20 conflictos bélicos en distintas partes del mundo actualmente, como Colombia, Uganda, Sri Lanka, Sudán y Nepal. La peor parte la llevan los niños africanos: de acuerdo a la Coalición para Acabar con la Utilización de Niños y Niñas Soldados, hay 100.000 niños soldados en ese continente. Unicef entiende por "niño soldado" a todo menor de 18 años que forme parte de cualquier fuerza o grupo armado, regular o irregular, con independencia de las labores que desempeñe.Las razones por las cuales niños integran grupos armados son múltiples, pero en la mayoría de los casos tienen que ver con la pobreza y la ausencia de los padres. A veces, son secuestrados y otras son manipulados para empuñar un arma, oficiar de espía o, en el caso de las niñas, servir como esclavas sexuales.También pueden ser usados como mercancía: Human Rights Watch informó en noviembre que niños y niños fueron reclutados a la fuerza para las fuerzas militares de Myanmar (el país antes conocido como Burma) y también vendidos y comprados como esclavos. El desarrollo tecnológico del armamento facilita en parte la participación de niños soldados. Con armas cada vez más pequeñas y livianas, se posibilita en mayor medida que antes la participación de militares infantiles.Hace ocho años, la Asamblea General de la ONU elaboró un Protocolo Facultativo relativo a la participación de niños en conflictos armados, que entró en vigor hace seis años. El documento, ratificado hasta el momento por 119 países, fija en 18 años la edad mínima permitida para tomar parte en hostilidades bélicas, para el reclutamiento por parte de los grupos armados y para el reclutamiento obligatorio por parte de los gobiernos. Aún así, los estados pueden aceptar voluntarios desde la edad de 16 años.