Los últimos golpes de un peleador

| Novelista consagrado, periodista innovador y pensador siempre polémico, Norman Mailer tiene un lugar relevante en la historia del siglo XX; murió la semana pasada.

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En El gran vacío (Emecé), su último libro editado en español, Norman Mailer deja bastante claro su ideario personal en una serie de conversaciones con su hijo John Buffalo Mailer. La variedad de temas siempre son excusas para disparar sus dardos contra el sistema político estadounidense, del que era obstinado némesis. Aquí dos fragmentos de ese libro.

¿Qué nos llevó a Irak?

John Buffalo Mailer: Sé que has contestado esto en muchos sentidos, pero no puede preguntarse lo suficiente. ¿Por qué estamos en Irak? No puedo creer que Bush y Compañía sean una pandilla de tontos, para nada. Son la administración de calculadora con la que me crucé en mi vida.

Norman Mailer: Me gusta eso. La administración más calculadora. Sí. Montones de know-how y ninguna ética honorable.

JBM: Dada su inteligencia, ¿cómo pudo esta administración no haber previsto el camino largo y difícil de esta guerra? A esta altura, han cambiado los motivos de la invasión tantas veces, que los estadounidenses están captando el hecho de que, como mínimo, Saddam Hussein no planteaba ninguna amenaza significativa para nuestra seguridad nacional. Esta guerra se está desarrollando hacia un costo político extraordinario para la administración. ¿Por qué valió la pena para ellos? No puede tratarse sólo del petróleo. Los precios del petróleo subieron. Cómo puede esta administración supuestamente cristiana justificar las hordas de gente inocente que murió…

NM: Los líderes de este gobierno son muy, muy inteligentes en lo que son inteligentes, pero más estúpidos que las gallinas en lo que son estúpidos. Diría que esto caracteriza a casi todos los regímenes políticos. Por abierta y brillante y rápida que fuera la administración Kennedy, fíjate en cómo se equivocaron con la Bahía de Cochinos. ¿Por qué? Porque no sabían mucho sobre Cuba cuando asumieron, así que le prestaron atención a Allen Dulles y la CIA. Fue una lección muy dolorosa, pero aprendieron que la CIA no siempre tenía razón.

Está bien, a lo que estoy llegando es que los Bush en vísperas de las elecciones de 2000 tenían una gran cantidad de problemas para los cuales la guerra podía ser una solución transitoria. El novelista que hay en mí incluso aseguraría que a los cínicos entre los líderes de Bush les encantaba la idea de venderle al país la idea de llevar la democracia a Irak. Incluso pueden haber sabido que no iban a tener éxito en ningún nivel real. Pero por cierto tenían una gran fe en la estupidez del pueblo estadounidense. Así que supusieron que podían salirse con la suya de un modo u otro. Con nuestros poderes militares, ¿cómo podían no encontrar algo que pudieran pintar como positivo?

JBM: Yo tenía 24 años en esa época, era un escritor/actor en Los Ángeles, y vi lo que iba a pasar si invadíamos. ¿Cómo podían no verlo ellos? Es difícil creer que no supieran que Irak se iba a transformar en un pantano.

NM: Escucha, estos son hombres que han tenido éxito en la vida. Han pasado por muchas crisis. Lo que sienten es: "Sí, va a haber problemas. Un montón de basura va a llegar al ventilador, es probable que una buena proporción salga mal. Pero lo manejaremos". No Bush, sino Rove, Cheney, Rumsfeld. Un tipo como Cheney, por ejemplo. Toda su actitud es: "Puede hacerse. Lo haremos". Yo diría que su sensación como líder es algo así: "Aceptaremos la mierda que se nos cruce en el camino, pero será mucho mejor que perseguir a Bin Laden por todo Afganistán y Pakistán. Eso no sirve. Los demócratas pronto estarán dispuestos a criticar todo lo que está mal en los Estados Unidos. Así que pasemos la guerra a Irak. Este país es tan patriótico. El 11 de septiembre nos devolvió a la velocidad de crucero y ahora podemos contar con ese patriotismo". Tienes que comprender la profundidad y la extensión del cínico optimismo que tienen estos tipos. Son capaces de vivir con muy malos olores, hedores espirituales que la mayoría de nosotros no podría soportar. Su vigor reside en su capacidad de evitar la mala conciencia. Inmoral no es ni siquiera una palabra para aplicarles a estos tipos. Amoral no es mejor. Tienen una capacidad brindada por Dios o diabólicamente impulsada de vivir con su mala conciencia. Realmente no les importa un rábano. "Eh", dice su credo, "soy duro. Así que puedo vivir con esto. Otros no pudieron, pero yo puedo aceptarlo. Lo aguantaré. E incluso si no funciona, funcionará de todos modos, porque siempre seremos capaces de encontrar un montón de voceros, hasta gente inteligente, que sostendrá que la democracia está empezando a funcionar en Irak. Todo esos neoconservadores. Siguen diciendo que Medio Oriente está listo para la democracia. Bueno, creo por mi parte que son una pandilla de sirvientes de Israel, de hijos de puta interesados, pero si tienen razón, entonces conseguimos el petróleo, y si se equivocan, aún podremos culparlos por las consecuencias". Entonces sí, John, para hablar otra vez por mí, los tomo en serio. Como lo vieron en 2001, el país estaba muy mal y necesitaban una herramienta de primera línea para arreglarlo, en especial cuando estaban muy decididos a enviar todo ese dinero de impuestos para arriba, hasta los ricos.

JBM: Así que, en cambio, enviaron a la gente pobre a morir en Irak.

NM: ¿No crees que ése es uno de los temas de la historia, que se repite una y otra vez?

JBM: Mi pregunta es, ¿por qué esa cadena nunca se rompe?

NM: El motivo puede ser que hay tanta gente fuerte y habilidosa que se pasa la vida trabajando por mantener la cadena intacta. Trabajan en eso con reverencia. Así que logran mantener a la mayoría estúpida, aun cuando en una democracia es sólo el cincuenta por ciento del pueblo que vota. Saben tan bien que la estupidez es su mayor activo, su talismán político. Trabajan, sistemáticamente, para aumentarla. Se enorgullecen de generar cada vez más estupidez, así como los publicitarios se enorgullecen de vender basura. Después de todo, cualquiera puede comercializar un Rolls Royce. Pero trata de encajar basura a gran escala. ¡Demonios, sí! "Tráiganlos aquí".

Marihuana

JBM: ¿Por qué la administración Bush está tan obsesionada con una droga como la marihuana, yendo tan lejos como anular los derechos de once estados respecto, incluso, al uso medicinal de la planta, cuando el verdadero problema real de drogas en Estados Unidos son las meta anfetaminas? ¿Anular derechos? Eso no es conservador y por cierto no es lo que yo entiendo que se supone que representa el Partido Republicano.

NM: Por empezar, hay una gran discusión en Estados Unidos entre los propios conservadores acerca de si los Bush son conservadores. Hay una revista relativamente nueva llamada The American Conservative, que en mi opinión es una de las publicaciones periódicas más interesantes de Estados Unidos. Eso se debe a que publica muchos puntos de vista distintos de la derecha: todo, desde los conservadores estrictos de la línea ortodoxa hasta críticos inquisitivos de la guerra en Irak. La mayoría de quienes escriben en The American Conservative se oponen claramente a Bush. Lo consideran una distorsión de sus valores.

Así que uno no puede usar republicanos y conservadores, como si fueran una sola palabra, más de lo que se puede hablar de demócratas como una especie general cuando el ala de izquierda y el ala corporativa del Partido Demócrata se detestan entre sí.

Pero tú preguntas: ¿por qué el gobierno mismo siempre se ha opuesto a la marihuana? No sólo los republicanos: también los demócratas. En los últimos 40 años, no puedo pensar en una sola administración, republicana o demócrata, que se acerque siquiera a ser pro marihuana. Creo que es un motivo muy simple: la marihuana impresiona a los altos funcionarios como intrínsecamente peligrosa precisamente porque no es lo bastante perjudicial en el aspecto físico. Más bien, es un poco espeluznante. Es probable que fumes más marihuana en tu vida de lo que bebas alcohol. El alcohol destruye a la gente mucho más rápido.

Ahora bien, yo fumé marihuana por unos cinco años. Me encantó, la fumé intensamente. Por último abandoné. Como cualquier vicio, hay un precio a pagar por lo que consigues. En mi caso, sentí que si quería ser un escritor serio, no podía seguir porque… ¿cómo expresarlo?, la marihuana estaba ejecutando el futuro, anticipando el futuro, agotando mi futuro antes de que ocurriera. Pasaba el equivalente de dos días enteros de mis mejores percepciones a estar colgado por dos horas. En los dos días siguientes quedaba en blanco. Así que me di cuenta de que si quería ser un escritor, no podía seguir con la marihuana. Me estaba comiendo mis novelas antes de poder escribirlas. Por el puro goce mental de experimentarlas todas al mismo tiempo.

Pero tuve perspectivas extraordinarias mientras fumaba marihuana, pasé tiempos maravillosos. Es un rito de pasaje, si quieres. Nunca le diría a un joven o una joven: "No fumes marihuana en ninguna circunstancia". Algo interesante es que si estás dispuesto y no lo quieres, fumarla no tendrá mucho efecto sobre ti. La fumé durante un año, de vez en cuando, tal vez tres, cuatro, cinco veces en ese primer año, y no pasó nada. No tenía ninguna reacción en absoluto. Sólo me sentía un poco pesado. Una especie de chatura. Todo en mi sistema psíquico la rechazaba (porque sabía que me cambiaría la vida). Después, en una noche dada, cuando estaban pasando muchas cosas a mi alrededor, hubo un gran salto. De pronto tuve un sentido mucho más amplio del universo, lo llamaría. Es una droga espiritual. Cambia el modo en que percibes la existencia. Y es por eso que el cuerpo político, como tal, le tiene miedo. El país podría inclinarse. Saca para afuera los contenidos reprimidos de la gente, violencia en algunos, y paz y amor en otros. Una sociedad dominante no puede disfrutar de permitirse que semejante metamorfosis tengan lugar al azar y en general. Ni siquiera desean que la gente se ponga demasiado amorosa. Quieren mantenernos en lo recto y estrecho.

JBM: Nunca vi la violencia de alguien sacada afuera por la marihuana. Ni oí de un tipo que se colgara y golpeara a la mujer.

NM: Nunca oíste, pero yo sí.

JBM: Pasé un año en las trincheras de la comunidad marihuanera cuando trabajaba en High Times. Un año salvaje, chiflado, te lo aseguro. Pero llegué a conocer esa cultura desde adentro y desde afuera, lo bueno y lo malo, y yo no diría que la violencia es el problema con la droga.

NM: Sí, pero no creo que debiera apoyarse sobre esa base, que saca afuera el amor en la gente. Fíjate en la basura que ocu rrió con el LSD.

JBM: El ácido y la marihuana son distintos por completo.

NM: Por supuesto. Pero estaba todo aquel asunto con Timothy Leary. ¿Cómo era? Conéctate…

JBM: … sintonízate, apártate.

NM: Sí, lleno de la basura más autoindulgente.

JBM: Pero eso no es la marihuana. El ácido es un producto químico que te hace un agujero en el cerebro. La marihuana crece en la tierra.

NM: No podría estar más de acuerdo. Pero no finjamos que la marihuana es sólo un placer simple. Puedes sacar afuera el amor en la gente. También puede sacar afuera el odio. Lo descubres por ti mismo. Yo lo descubrí por mí mismo. Descubrí furias y enojos en mí que nunca había conocido. Uno de los motivos por los que nunca me psicoanalicé es que tuve esos años con la marihuana.

JBM: No estoy tratando de decir que es totalmente buena. No hay nada que sea totalmente bueno.

NM: Demonios, no, no hay nada que sea totalmente bueno o el mundo pasaría el dato. Y entonces todos correríamos a la misma farmacia.

JBM: Aunque puede haber sacado afuera la rabia que había en ti, creo que en la mayoría de la gente le saca afuera su pereza. Sus sentimientos apáticos. Pero no es una droga que induzca a la rabia y a los motines en una escala masiva.

NM: Saca… saca a la superficie lo que está en ti. Y si hay desorientación debajo de la tapa, estarás desorientado. Si la pereza profunda está en ti, si realmente no quieres ir a trabajar o esforzarte, sacará eso afuera. Si la pasividad está en ti, la traerá a primer plano. Y, te lo estoy diciendo, por mi propia experiencia y la experiencia de muchos que conozco, si la violencia está en ti, sacará afuera eso también. Vamos a no pretender que es una droga de un solo sentido. Es tan variada como la bebida, por el amor de Dios.

JBM: La bebida puede provocar violencia en una persona no violenta. O agitar la violencia que ha estado reprimida e intensificarla.

NM: Exacto. El punto es que la bebida es manejable mientras los poderes gobernantes se encarguen. Tienen reglas para eso: no manejar mientras estás ebrio, sienten que pueden controlar la bebida, y, desde luego, las corporaciones que se encargan de hacerla pueden sacar ganancias, que es gran parte del asunto. Perdón, pero no soy fanático de la legalización de la marihuana. Siento que en cuanto se vuelva legal, las corporaciones se harán cargo y nunca volveremos a ver la simple marihuana. Nos ofrecerán todo tipo de variedades trucadas: grandes avisos de marihuana que alivia la garganta, vitaminas en la hierba, Alto: porro viagrizado… (Risas).

JBM: Lo harían. No hay manera de evitarlo. Al mismo tiempo, no es difícil de cultivar. Puedes plantar semillas en la mayoría de los lugares y crecerá. Creo que ése es uno de los factores que mantiene afuera al mercado corporativo. Tendrías demasiados contrabandistas.

NM: Te apuesto cualquier cosa que si alguna vez la legalizan, la harán mucho más difícil de cultivar. Empezarán a hacer circular historias sobre cómo el terreno que rodea tu casa podría afectar tu marihuana casera con efectos laterales nocivos: ya verás.

Perfil

Con la muerte de Norman Mailer no sólo se va un escritor y periodista importante con una obra que abarca más de 50 años y algunas obras maestras. También se pierde una voz disidente, de esas que se suelen echar de menos, aun cuando no siempre se coincida. Al igual que Kurt Vonnegut, que también murió este año, Mailer era un escritor que dedicaba parte de su obra a la exposición pública de sus opiniones que solían ser durísimas hacia el sistema político en Estados Unidos. Actuaba como un viejo sabio. Era, claro, un encarnizado crítico de George W. Bush y la guerra de Irak. Los perezosos obituarios locales que siguieron a su muerte, obviaron que una de sus novelas importantes, El fantasma de Harlot, un análisis de cómo actúa la CIA, transcurría en parte en Uruguay. Otros libros inevitables: Los ejércitos de la noche, La canción del verdugo y los ensayos de, por ejemplo, Temas actuales. Sus aportes al periodismo literario han sido más citados que tenidos en cuenta. Una vez intentó ser alcalde de Nueva York con una plataforma de hacer de la ciudad, el estado 51 de Estados Unidos. No tuvo suerte.

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