Alguien podría preguntarse, con total justicia, de qué sirve el psicoanálisis. Cómo no sospechar si hasta el propio Sigmund Freud dejaba lugar a las dudas a pesar de sus tantas certezas. Mañana se cumplen 68 años de la muerte del inventor del inconsciente.
Como sea, a Freud, ese señor calvo y de gafas que cambió para siempre la percepción que tenemos de nosotros mismos, se le deben cosas tan comunes, y a la vez tan desconocidas y trivializadas como el complejo de Edipo, los actos fallidos y la interpretación de los sueños, entre otros aportes. Sus detractores que son muchos le critican algunos flancos débiles, lo que no impide que millones busquen en sus enseñanzas el manual para entender su cabeza.
A algunas de esos reparos contestaba Freud en la conferencia que terminaron como las palabras preliminares de su Introducción al psicoanálisis. A continuación fragmentos de ese texto tomado de la versión en español que Alianza empezó a publicar en 1967 y que reproduce conferencias entre 1915 y 1917.
"Les ruego que no tomen a mal el que al principio de mis lecciones observe con ustedes esta misma norma de conducta, tratándolos como el médico trata al enfermo neurótico que acude a su consulta. Mis primeras palabras han de equivaler al consejo de que no vengan a oírme por segunda vez, pues en ellas les señalaré la inevitable imperfección de una enseñanza del psicoanálisis y la dificultades que se oponen a la formación de un juicio personal en estas materias. Les mostraré también cómo la orientación de su cultura personal y todos sus hábitos de pensamiento les han de inclinar en contra del psicoanálisis, y cuántas cosas deben vencer en ustedes mismos para dominar tal hostilidad. Naturalmente, no puedo precisar lo que estas conferencias les harán avanzar en la comprensión del psicoanálisis; pero sí puedo, en cambio, asegurarles que su asistencia a las mismas no han de capacitarlos para emprender una investigación o un tratamiento psicoanalítico. Por otro lado, si entre ustedes hubiera alguien que no se considerase satisfecho con adquirir un superficial conocimiento del psicoanálisis y quisiera y deseara entrar en contacto permanente con él, trataría yo de disuadirle de tal propósito, advirtiéndole de los sinsabores que la realización del mismo habría de acarrearle. En las actuales circunstancias, la elección de esta rama científica supone la renuncia de toda posibilidad de éxito universitario, y aquel que a ella se dedique, prácticamente se hallará en medio de una sociedad que no comprenderá sus aspiraciones y que, considerándole con desconfianza y hostilidad, desencadenará contra él todos los malos espíritus que alberga en su seno. Del número de esos malos espíritus podrán formarse una idea sólo con observar los hechos que ha dado lugar la guerra que hoy devasta a Europa.
(...) Me preguntarán ahora -y muy justificadamente por cierto- cómo no existiendo criterio objetivo para juzgar el grado de veracidad ni posibilidad alguna de demostración, puede hacerse el aprendizaje de nuestra disciplina y llegar a la convicción de la verdad de sus afirmaciones. Este aprendizaje no es, en efecto, fácil, y son muy pocos los que han podido realizarlo de una manera sistemática; pero naturalmente existen un camino y un método posibles".