FEDERICO CASTILLO
Que lo que Holywood dejó, no se lo lleve el viento. Esa parece ser la consigna para muchos de los vecinos y comerciantes de la Ciudad Vieja que vieron cómo la fisonomía de algunos puntos críticos del barrio mutó y dio paso a una zona elegante en cuestión de días.
El cine y su tan mentada magia lo lograron otra vez: darle vida a una zona muerta de la calle Colón, la que se ubica entre las calles Cerrito y Piedras, que fue utilizada como telón de fondo para una nueva superproducción de la industria cinematográfica más difunfida del mundo. En esta oportunidad, por casi una semana sirvió para el rodaje de la película Blindness, basada en la novela Ensayo sobre la Ceguera de José Saramago.
Las grises fachadas de edificios ruinosos y desgastados de Colón tomaron el color y aspecto de un centro comercial de primer mundo. Marquesinas, plantas y prolijos decks de madera adornaban las calles. El asfalto lucía impecable y limpio de pozos. Las veredas al fin vieron escobas. Dos cuadras se embellecieron ante la mirada incrédula de sus vecinos, que vienen reclamando algo así desde hace años. Pero lo que la Intendencia no puede hacer, Hollywood lo resuelve en un mes.
Pese a que muchos de ellos pretenden que todo quede como está, el sueño duró hasta que se apagaron las cámaras. La intervención escenográfica que se realizó en el lugar será desmontada y la siempre cinematográfica calle Colón volverá a su estado habitual hasta que otro director fije sus ojos en ella. No va a pasar mucho tiempo. En los últimos dos años ya se rodaron dos superproducciones de Hollywood en ese sitio. En la película Miami Vice, la zona simuló las calles de La Habana, y en la que se terminó de rodar se transformó en un coqueto centro comercial de una ciudad importante. Además, este año se utilizó la locación para una película canadiense y para la uruguaya Matar a todos.
Martín Papich, director del Instituto Nacional Audiovisual y coordinador de la Oficina de Locaciones de la Intendencia de Montevideo, anunció que antes de fin de año una "producción de peso" también desembarcará en las calles de Ciudad Vieja.
Hasta que eso pase, los vecinos tendrán que resignarse a que una nueva película terminó y las cuadras del primer mundo vuelven a ser una pálida zona comercial que decayó con el tiempo. Aún cuando algunos esbozaron la idea de que a partir de las películas que se han filmado allí, la zona sea explotada como un atractivo turístico. Que el set no se desmonte, es lo que desean algunos. En el Centro Comunal Zonal 1 estaban al tanto de los pedidos de los vecinos, pero no recibieron propuestas concretas. "Si nos plantean algo del estilo, lo estudiaremos", dijo Miguel Mariño, secretario de la Junta Local del CCZ 1.
Carlos, dueño de una rotisería ubicada en la calle Colón, a metros de donde se desarrollaba la acción del rodaje, es uno de los que apoya la iniciativa.
"Quedó hermoso esto, se tiene que mantener así. Reciclaron todo. Me hace acordar al barrio Reus, con esos colores fuertes. Era un desastre la zona y ahora está con más vida", dijo apostando por mantener el lugar en condiciones similares. "Ahora cuando empiece la temporada de cruceros esto se puede mover mucho", agregó.
El popular periodista deportivo, Julio Toyos, que se define como "habitante de la Plaza Zabala y fanático de la Ciudad Vieja", consideró que el lugar debe mantenerse como un atractivo turístico. "Aunque va en contra de la fisonomía habitual del barrio, ese pedazo de la ciudad puede quedar como un lugar en el que se hizo un film", señaló y recordó cuando viajó a las Islas Vírgenes y se sorprendió con un muelle que había sido construido para una película y se mantenía tal cual. Toyos entiende que esa zona de la Ciudad Vieja está muy empobrecida, llena de tugurios, y le ha costado muchísimo levantarse. "Sufre groseramente de vandalismo", afirmó. Muchos de los vecinos ven en esta "remodelación" de la calle Colón una oportunidad para que la zona vuelva a revivir, más allá de las cámaras.
Intervención
Cuatro semanas demoró el Departamento de Arte de la película en cambiarle la cara a dos cuadras de la calle Colón. Mariana Duarte, directora de arte de Camino Films- la productora uruguaya que participó en la película-recalcó que lo que se hizo en el lugar fue una intervención escenográfica, una especie de maquillaje urbano. Para eso usaron materiales perecederos, específicos de cine. "Todo lo que hicimos, salvo intervenciones en muy pocas fachadas de pintura real, es escenográfico. A la mayoría de las fachadas las cubrimos por encima con madera, acrílicos, espuma. Lo mismo ocurrió en interiores. Utilizamos técnicas tradicionales de escenografía".
Y precisó que todo lo que allí se colocó para darle un toque distinto al barrio, en un mes va a ser basura. "Hicimos un deck de madera que cualquiera que lo vea puede pensar que queda muy lindo y es para siempre, pero lo hicimos sobre arena y es totalmente removible". Todas las intervenciones que se hicieron están pensadas para ser desmontadas. Las productoras hacen acopio de los materiales y después se las llevan para utilizarlos en otros rodajes. Pensando con esa lógica fue que se hizo todo.
"Lo que pusimos se tiene que sacar, porque además está por fuera de lo que la Ciudad Vieja pretende como proyecto urbanístico", explicó Duarte.
Para esta película, el guión exigía que Colón se transformara en una calle comercial como la de cualquier ciudad primermundista, "como París, Nueva York o Berlín", señaló la directora de arte. El ambiente de esa parte de la Ciudad Vieja tiene una arquitectura que coincide con la de esas ciudades, consideró. "Se rescató una estructura existente que ahora está en desuso. Lo que nosotros convertimos en lugares comerciales, ya lo fueron en su momento. Revalorizamos con un lenguaje de hoy en día una estructura existente". Para eso, el propio asfalto fue intervenido con pintura para que tuviese un "lenguaje" de ciudad más cuidada. Pero, claro, la intervención escenográfica está proyectada para vivir un tiempo corto: la semana que tiene durar. "La vamos a dejar como las encontramos, algunas partes van a quedar mejor porque quedarán en condiciones de limpieza que antes no tenían".
Clink caja
Lejos de preocuparse por cuestiones estéticas, algunos vecinos ven en cada rodaje la oportunidad de hacerse con dinero fácil. María de la Paz trabaja en uno de los comercios que vende artesanías en la calle Piedras; la fachada y el interior de su local fueron utilizados para la película. Si bien no quiso dar cifras precisas de lo que percibió por dejar filmar su comercio, contó que la producción pagaba 200 dólares si usaban la fachada y hasta 1.500 si ingresaban al local y tenían que mover algunas cosas de lugar. La mitad de ese dinero fue costeado antes de comenzar el rodaje y el resto se pagó al terminarlo. Cifras similares le pagaron al dueño de un local de venta de maquinarias que para la película se convirtió en una librería. Otros vecinos se ofrecieron como extras de "categoría C" y recibieron 50 dólares por día de rodaje.
La otra cara de la moneda la ofrecen algunos comercios que vieron afectado su funcionamiento debido a cortes de calle. Uno de ellos fue el estacionamiento de Piedras y Solís que arregló con la producción el pago de 5.000 pesos por los días de lucro cesante.
Papich, el coordinador de la Oficina de Locaciones, considera positivo que los vecinos comiencen a acostumbrarse a este tipo de proyectos. "Hoy ver un rodaje en la Ciudad Vieja ya es parte del paisaje", señaló. Y aunque para muchas personas el movimiento alrededor de una película también significa molestias por las calles cortadas y zonas clausuradas, Papich considera que se trata de ser práctico y poner en la balanza dos cuestiones. Lo que genera en el sector, logrando una gimnasia de filmación y empleando a una cantidad de gente; y por otro el impacto negativo para el entorno. El resultado, dice, se inclina más para los beneficios que las dificultades. "No solamente para el sector directamente involucrado, sino para dueños de boliches y locales de la zona, que se preguntan por qué no hacer esto como un espacio permanente para este tipo de actividad".
Claro que las quejas siempre van a abundar y se pueden escuchar en cada esquina. Harto de buscar caminos alternativos entre tantas calles cortadas, un cadete caminaba a pasos veloces, y entre resoplidos, soltó uno de esos comentarios que evidencian la uruguayez nuestra de cada día: "Tantos lugares para hacer una película y me tienen que joder justo a mi".
Un rodaje cada dos días
EN LA OFICINA DE LOCACIONES de la Intendencia de Montevideo se realizan 1800 gestiones de rodajes por año, lo que en promedio quiere decir que hay un rodaje cada dos días en la capital del país. Papich aseguró que el volumen de trabajo en la oficina está en constante crecimiento. "A un ritmo del 25 % anual", precisó. Se estima que en 2006 ingresaron a Uruguay entre 20 y 25 millones de dólares por producciones audiovisuales internacionales generando empleo para unas 3.000 personas de modo directo. La Ciudad Vieja es uno de los lugares más solicitados para utilizar como locación, tanto como para proyectos de largometraje como para publicidad. "Desde el punto de vista arquitectónico el lugar es impresionante, tenés concentrado una serie de edificaciones y espacios públicos abiertos que en cámara dan lugares de todo el mundo. En la Ciudad Vieja fácilmente encontrás a tres o cuatro ciudades europeas", explicó. Además, los costos que se ahorran en producción (puede ser hasta un 50 o 70% más barato que filmar en Estados Unidos), la movilidad de un rodaje en pocos metros cuadrados, son sólo algunos de los factores que contribuyen para que Uruguay esté en la ruta de Holywood. Papich explicó que por la conformación edilicia y de sus calles, Montevideo ofrece alternativas para que el tránsito se canalice sin crear demasiadas dificultades para el normal funcionamiento de la ciudad. "Anular la distancia entre lo planificado y lo real, esa es la idea. Hay puntos en la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, en donde directamente no se puede filmar".