ÁLVARO DE CÓZAR, EL PAIS DE MADRID
Google, el mayor buscador de Internet y una de las compañías que mueve más dinero en el mundo, ha decidido despojarse del estigma que le describe desde hace años como el "gran hermano del siglo XXI"; un ojo que todo lo ve y que almacena aquello que nos define, desde nuestras perversiones más ocultas hasta la búsqueda de tiques para el concierto del próximo fin de semana.
El método que sigue el buscador estadounidense para quitarse esa pegajosa etiqueta es enviar de gira a su asesor de política de privacidad de datos, Peter Fleischer. En los últimos meses, Fleischer visitó varios países de la Unión Europea explicando que los datos personales que almacena Google sólo se guardan por un período que no va más allá de dos años y que nunca podrían ser usados para fines oscuros.
Fleischer insistió sobre ese punto: "Lo que hacemos es `anonimizar` los datos de las búsquedas pasados los 18 meses, de la misma forma que un banco tacha los últimos números de una tarjeta de crédito. Eso permite que las búsquedas no se asocien a un ordenador determinado". El compromiso de Google pasa también por borrar las cookies, archivos de información que se almacenan en su ordenador cada vez que usted visita una página web a petición del servidor y que éste recupera en posteriores visitas. Es decir, una especie de nota que permite al servidor reconocerle y saber si a usted le gustan los Beatles o la pesca submarina. Esas cookies , según Google, se borrarán cada dos años.
Las explicaciones de la compañía no terminan de convencer a muchos. La ONG Privacy Internacional considera que Google es la empresa con peor nota en lo que se refiere a políticas de privacidad de datos. La Asociación de Internautas Españoles no ve con buenos ojos el monopolio en el que el buscador se ha convertido con la compra de otras empresas que ayudan a dibujar con más precisión el perfil de un usuario. Aún más con el anuncio hace unos meses de la creación de i-Google. Este último Google es un poco más listo que el que usa la mayoría. El usuario puede acceder con él a una base de datos aún más personalizada que les permitirá preguntar cosas como "¿qué debería hacer mañana?" o "¿qué trabajo debería elegir?".
"Tienen empresas de todo tipo, de venta de banners (anuncios de Internet) hasta correo electrónico (gmail) pasando por los vídeos que cuelga la gente (Youtube). Una sola empresa lo tiene todo sobre ti", declara Miguel Pérez. Fleischer se defiende asegurando que son muy pocos los trabajadores de Google que tienen acceso a esas bases de datos. "El riesgo de que se haga un uso indebido de esa información es mínimo. Todo lo que hacen nuestros ingenieros queda grabado", asegura.
Los datos de Google se han convertido además en una estupenda fuente para la investigación y a veces son los gobiernos los que solicitan hacer uso de ella. "Nuestra respuesta a esas peticiones es: `Depende`. Hace dos años las autoridades estadounidenses nos pidieron que revelásemos los datos de ordenadores desde los que se podían haber cometido delitos de pornografía. Nuestra respuesta fue un rotundo no. De hecho, fuimos el único buscador que se resistió a esas peticiones y llevamos el tema a los tribunales. Hemos ganado el caso y ha sentado jurisprudencia. Si alguna vez la petición es válida y legal, en ese caso accedemos", relata el asesor. En cualquier caso, Fleischer señala la complejidad de trazar los límites de algo que está en continua expansión.
La compañía fundada por Larry Page y Sergey Brim acepta autocensurarse en China. El buscador con 200 millones de visitas al día suprime las referencias a asuntos considerados sensibles por las autoridades chinas, como los enfrentamientos con Taiwan y Tíbet. Además, la versión china de Google prohíbe la búsqueda de más de mil términos y expresiones.
China es uno de los países que más contenidos censura en la red, sin embargo, lo hacen, según organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, en connivencia con las empresas. Hace unos días, otro buscador de Internet, Yahoo!, fue procesado en Estados Unidos por colaborar con las autoridades chinas y entregarles las direcciones IP -algo así como la matrícula del ordenador- de dos ciberdisidentes políticos chinos. La información proporcionada por esta compañía permitió la localización y la detención de estos dos disidentes, que cumplen ahora diez años de cárcel.
"A pesar de la censura, es mejor estar presentes en China que dejar el país aislado", asegura el asesor de política de privacidad de Google. "En China, los usuarios conocen que hay esta censura. Además, nuestro buscador allí informa de esto y ofrece la posibilidad de visitar la versión generalista del buscador", dice Fleischer.
El correo electrónico, los salones de chat y los servicios de blogs no están disponibles en China, para "evitar", según Google, que el gobierno chino pueda exigirles revelar información personal de sus usuarios.
El debate que el asesor se ha encargado de introducir en sus visitas a gobiernos y medios de comunicación europeos es paralelo al que se vive con el terrorismo. "Hay que encontrar un equilibrio entre seguridad y privacidad. Las amenazas en la red son muchas. Un hacker (pirata informático), deja un rastro de datos de la misma forma que otra persona. Su almacenaje permite a veces evitarlos", asegura.