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Temen protestas de varios frentes y habrá despliegue de seguridad
Una sociedad puesta en escena
Los Juegos Olímpicos Beijing 2008 son vistos por China como una oportunidad de mostrarle al mundo su capacidad organizativa, pero no todos están tan contentos.

AP

A un año de los juegos olímpicos, Beijing luce lista para organizar la justa más imponente de la historia, que reflejaría las sublimes ambiciones del país: una combinación de competencias deportivas, política y teatro, en un escenario montado por el gobierno comunista de China.

A éste se le ha denominado "El Siglo de China" y el torneo que arrancará el 8 de agosto de 2008 es la vitrina para ello.

"Este no es mero evento deportivo", dice Tu Mingde, vicepresidente del Comité Olímpico de China. "Su significado sobrepasa la importancia del deporte mismo``.

Nada lo demuestra más que el espectacular Estadio Nacional, con capacidad para 91.000 espectadores. Se trata de la obra majestuosa que se ha erigido en la milenaria capital. Se le conoce como "El Nido`` por su peculiar forma. Se trata de un diseño radical con vigas retorcidas de acero que se trenzan sobre la multitud y el césped, creando una especie de esfera.

China ha anhelado el momento de ser el centro de la atención pública y no escatima en ningún gasto. La capital ha invertido 40.000 millones de dólares para remozar su red de trenes subterráneos, caminos e imagen. Las instalaciones olímpicas son un pequeño botón.

Y todo el mundo clama por ser parte. El ejército de voluntarios alcanza los 550.000, es decir uno por cada visitante extranjero que se espera venga, y se anticipa una teleaudiencia global de 4.000 millones.

Hasta el mismo recorrido de la antorcha es colosal, con 22.000 portadores que recorrerán 85.000 millas a lo largo de cinco continentes, incluyendo la cima del Monte Everest.

Aunque falta todavía un año, ya salió un veredicto. "Estoy seguro de que la olimpiada de Beijing será la mejor en la historia olímpica``, declaró el ex presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, en una reciente visita.

Pero las expectativas inmensas conllevan riesgos tremendos.

El historiador Xu Guoqi, nacido en China, dice que los juegos plantean un "weiji" al gobierno chino. Esa palabra significa "crisis`` y consiste de dos caracteres chinos : "wei`` por peligro y "ji`` por oportunidad.

"Al gobierno se le presentan varios peligros ocultos``, dice Xu, profesor en el Kalamazoo College en Michigan. "Está lo que la prensa extranjera, con su libertad de movimiento en China durante los juegos, pueda revelar al mundo: los muchos aspectos ocultos de China``.

"Cuando tanto el honor nacional como la legitimidad del gobierno están de por medio, es obvio que Beijing hará todo para asegurar que los Juegos sean impecables``, añade.

Nada parece estar fuera del control del gobierno, ni siquiera el clima. El mes pasado, meteorólogos empezaron unas pruebas -que consistieron en lanzar cohetes para dispersar nubes con lluvia- para asegurar que el sol brillará durante las competencias. También lanzaron cohetes con el fin de provocar lluvia que limpie el aire sucio.

Varias de las nuevas 12 instalaciones ya fueron completadas y, salvo el Nacional, estarán listas a fin de año. Ya lo hubiesen estado hace un año, pero el COI le pidió a los organizadores que no se apresurasen tanto.

Cientos de miles de trabajadores migrantes, que reciben salarios mensuales de 130 dólares, han renovado Beijing, con una mano de obra de 50.000 dedicada solo a la construcción del nuevo aeropuerto.

China ha esperado casi 100 años por estos Juegos, y los dirigentes apuestan que los visitantes y los casi 22.000 periodistas, que podrán trabajar sin restricciones, hablarán maravillas sobre la hospitalidad, eficiencia y el rostro fresco de Beijing, ciudad que cambia con tanta prisa que los mapas se hacen obsoletos en unos cuantos meses.

También se ha tratado de corregir viejos hábitos. Se han promovido campañas sobre buenos modales con el fin de evitar que la gente se cuele al hacer fila, escupa en público, tire basura o conduzca de manera imprudente. El día 11 de cada mes sirve para insistir en que la gente sea educada. A quien se le sorprenda ensuciando o escupiendo puede recibir una multa de seis dólares

Se le está exigiendo a los taxistas que aprendan algo de inglés, que no se duerman en sus autos y que no consuman ajo, ingrediente imprescindible en la cocina china. También se está tratando de erradicar la práctica del "Chinglish", un inglés incomprensible que se puede apreciar en carteles, menús y los rótulos de las tiendas. Los garrafales errores de gramática pueden divertir a muchos, pero no a los organizadores.

"Todos deben cultivar buenos hábitos de ahora en adelante``, dijo Liu Qi, presidente del comité organizador y máximo dirigente del Partido Comunista en Beijing. "Todos deben cumplir y salvaguardar el orden público, sin importar que uno vaya conduciendo un carro o caminando por la calle. Buenas palabras y aire limpio``. Lograr eso último podría ser bien complicado.

Beijing es una ciudad con severos problemas de contaminación y un tráfico que es una verdadera maraña. Pero se proponen prohibir el tráfico para al menos un tercio de los 3,3 millones de vehículos durante los 17 días de competencias, además de cerrar fábricas. Varios miles de millones se han gastado en el traslado de industrias fuera de la urbe.

Pero también se requiere de un proceso de aclimatación, especialmente para los atletas.

"Se necesita de cierto tiempo en condiciones de mucho calor y humedad para aclimatarse", dice Lynne Coleman, encargada de la comisión médica del Comité Olímpico de Nueva Zelanda. "Pero uno no se puede aclimatar para la contaminación, y creo que esa es la máxima inquietud de los atletas con vistas a Beijing".

Casos positivos de dopaje también podrían salpicar a los Juegos, sobre todo si los atletas son chinos.

Una serie de escándalos en la pasada década mancharon la imagen de China, y aún persisten sospechas. China apenas ganó dos medallas, que no fueron de oro, en el mundial de natación de este año. Esto hizo que algunos conjeturasen que se están escondiendo a las principales figuras, sospecha que fue tildada de "ridícula" por Zhao Jian, jefe de la comisión antidopaje del Comité Olímpico Chino.

"Lo que queremos el próximo año son unos juegos limpios, en los que todos los atletas del mundo sientan que compiten en forma justa", añadió Zhao. "No titubearemos en castigar a los tramposos entre los deportistas chinos``.

Hay quienes pronostican que China podría desplazar a Estados Unidos como el país con más medallas de oro, lo cual dejaría otra marca indeleble.

"Creo que va a ser muy difícil emularles", asegura Steve Roush, el encargado de rendimiento deportivo del Comité Olímpico de Estados Unidos.

Auspiciantes y manifestantes

Beijing cuenta con 60 patrocinadores y socios, casi un 50% más que en Atenas 2004. Hay tres cervezas "oficiales", no una, y Adidas supuestamente pagó 100 millones de dólares por su patrocinio.

El noruego Gerhard Heiberg, director de la comisión de mercadeo del COI, indicó que más de 1.000 millones de dólares se han pagado dentro de China por los derechos de mostrar el emblema con los cinco anillos.

La seguridad está en el tapete como en cualquier otra olimpiada, aunque con otra característica.

La mayoría gira en torno a evitar que manifestantes aprovechen las circunstancias para protestar contra el gobierno. Los preparativos de seguridad se llevan a cabo con mutismo, pero la prensa oficial dice que Beijing ha destinado 300 millones de dólares para la seguridad, apenas el 20% de lo que se gastó en Atenas. En las últimas semanas, el gobierno ha divulgado detalles sobre simulacros de entrenamiento de la policía sobre captura de rehenes y atentados terroristas.

Para contrarrestar toda protesta, las agencias de espionaje y grupos de estudio del gobierno están recopilando listas de organizaciones extranjeras potencialmente problemáticas, más allá de los grupos defensores de los derechos humanos críticos de China, dijeron expertos de seguridad.

Los alborotadores potenciales incluyen cristianos evangélicos ansiosos por poner fin a las restricciones religiosas chinas, activistas que desean que China use su poder de compra petrolera frente a Sudán para poner fin a la tragedia de Darfur, y activistas ambientales indignados por el calentamiento global.

Es una de las mayores movilizaciones de recopilación de inteligencia que China ha lanzado contra grupos de activistas extranjeros.

Varios motivos de protesta

China enfrenta una miríada de grupos internos descontentos: los tibetanos ávidos de deshacerse del gobierno chino, los agricultores disgustados por confiscaciones de tierras, los adeptos del Falung Gong, un movimiento espiritual que fue muy popular y que el gobierno reprimió por considerarlo un culto.

Un instituto de investigación involucrado en la planificación de crisis durante las olimpíadas ha examinado la posibilidad de protestas de desempleados, dijeron analistas de la organización.

Además, al igual que otros organizadores de eventos internacionales desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, los servicios de seguridad chinos están preocupados por el terrorismo. Los posibles ataques de grupos militantes islámicos, algunos de ellos nacionales, encabezan la lista de eventualidades para las cuales se preparan la policía y los militares, dijeron expertos chinos.

Esas preocupaciones aumentaron en los últimos meses a medida que un número creciente de grupos extranjeros montaron campañas públicas para promover causas variadas como los derechos de los trabajadores o la protección del tiburón.

Aunque los líderes chinos consideran improbable un boicot, las protestas exitosas de grupos extranjeros no solamente empañarían los Juegos sino también envalentonarían a los críticos dentro del país, dijeron expertos chinos y activistas.

Después de que cuatro estadounidenses desplegaron en abril un cartelón que reclamaba la independencia del Tíbet sobre la ladera del Everest controlada por China, Beijing restringió el acceso al Tíbet de los extranjeros, especialmente estadounidenses.

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Presentes.Un anuncio de las olimpiadas de China 2008 en las calles de Beijing.
Foto: AP. 
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