Cosas de hombres

Ernest Hemingway por Arotxa. 400x550
Ernest Hemingway por Arotxa.

Fue el alcohólico menos anónimo del siglo XX, una distinción que convive con la de mejor escritor estadounidense de su generación y ser un personaje público imbatible al que el mundo le quedaba chico.

Ernest Hemingway resumió con su vida y su obra, todo un tiempo en el que los hombres eran hombres, las guerras, guerras, los whiskies se tomaban puros, y las cosas se escribían como se tenían que escribir: simple y directo. Hoy cumpliría 108 años, hazaña imposible aun para él, que parecía ser más grande que la vida. Apresuró su muerte en otro julio, de 1961, tomando un atajo hacia vaya uno a saber dónde, pero para el que parecía predestinado.

Ganó su Premio Nobel de Literatura en 1954, cuando ya había conseguido una soltura literaria que le debía tanto a su experiencia periodística como a su trato con la gente. Sabía contar su historia y, cuando mejor le salía, se la decía al lector con la confianza de un amigo que no precisa vueltas para decir dos o tres verdades. Su mundo era el de la aventura y sus personajes salían a pelearla. Sus relatos breves todavía son modelo de cuentistas y aún debería ser un referente para periodistas.

Y está su barba blanca, sus mojitos en La Habana, su donjuanismo beodo, sus safaris en África, sus corridas de toros, todo parte del retrato siempre incompleto de una figura que supo ser tan fascinante.

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