La teoría de la conspiración siempre es más atractiva. Los grupos ecologistas sospechan de los nuevos filántropos. Un ejemplo: célebre empresario abandona su éxito social y se vuelve un activista medioambiental. Pero además compra grandes extensiones de tierra y funda allí reservas ecológicas. Y después, sorpresivamente, las dona al gobierno de turno.
Muchos se preguntan qué es lo que esconde el magnate estadounidense Douglas Tompkins. La respuesta -según el grupo radical Indymedia- se llama canje de territorio por deudas y fue diseñado para Argentina. Incluye los codiciados Parques Nacionales, a los que Tompkins no para de donarles cada vez más hectáreas.
Los lazos del magnate con las más altas esferas del poder económico se hacen visibles en el flujo de fondos de dos de las asociaciones ecologistas más grandes del mundo: la International Forum on Globalization (IFOG), y el Funders Network on Trade and Globalization (FNTG).
Desde sus inicios, en 1997, el IFOG aglutina a organizaciones ecologistas de distintos puntos del planeta. Su presidente es Jerry Mander, mano derecha de Tompkins y a su vez director de programas de la organización The Foundation for Deep Ecology.
Si bien el mismo Tompkins es el principal proveedor de fondos, con más de 850.000 dólares invertidos al año 2000, entre los apoyos financieros de IFOG figuran tres instituciones de renombre: el Rockefellers Brothers Fund, la Turner Foundation y la Ford Foundation, instituciones vinculadas al banco internacional JP Morgan Chase.
En la década de 1960, David Rockefeller financió una investigación patrocinada por Henry Kissinger, la que culminó en el llamado Iron Mountain Plan (IMP).
El IMP exponía la imperiosa necesidad que tiene Washington de buscar una forma silenciosa de ganar presencia en las zonas geográficas que sean de interés estratégico para Estados Unidos, en pos de mantener su posición hegemónica a nivel global.
Entre muchas de las alternativas propuestas para tales fines sobresale la utilización de la "causa ecologista", ya que la misma "cuenta con aceptación social suficiente como para no generar demasiadas sospechas entre la población", según afirmó Indymedia.
No se puede ir contra los mitos. Mucho menos, contra esos que parecen estar enquistados en el colectivo imaginario de una sociedad. Esta fue la primera conclusión que sacó el periodista Gonzalo Sánchez una vez que terminó de escribir su libro La Patagonia vendida, que trata sobre el lugar donde millonarios del tercer milenio encontraron su lugar en el mundo.
Ese lugar es el Sur de Argentina y, fundamentalmente, reservas naturales deshabitadas y nunca antes valoradas por los criollos.
Para ese colectivo imaginario argentino, Ted Turner (dueño de la cadena de noticias CNN, uno de los imperios mediáticos más por importantes del mundo), la familia Benetton (¿es necesario mencionar que este apellido es sinónimo de una de las marcas de ropa más importantes del mundo?), Joseph Lewis (dueño de la sexta fortuna de Gran Bretaña) y Douglas Tompkins, son gringos que se apropiaron de sus tierras más ricas y que harán lo propio con las reservas de agua dulce que, según los gurúes de la información se convertirá en el petróleo del siglo XXI.
Seducido por esa premisa, Sánchez, amante del sur argentino pese a vivir toda su vida en el conurbano bonaerense, decidió desmenuzar ese mito anti-gringo que pulula en la sociedad y, para su sorpresa, descubrió que cada pedazo de tierra a nombre de estos magnates fueron pagos, peso por peso, a sus antiguos propietarios.
"Esa es la verdad", admite Sánchez, tras dos años y medio de investigación, que incluyeron 15 viajes a la Patagonia argentina con el objetivo de relevar datos
Tierras S.A.
La curiosidad por la apropiación de tierras en el sur de su país condujo a Sánchez hacia el orígen del problema en cuestión: "los gringos".
Dura tarea, pensó. Sin embargo, para su sorpresa, se encontró con el sí fácil de varios de ellos, como Tompkins, que redobló su apuesta y lo invitó a que conociera su misión en la tierra: comprar tierras para preservar el medio ambiente y después donarlas a la sociedad civil sin pedir nada a cambio.
Después de la investigación, Sánchez no encontró fundamentos sólidos para justificar a Luis D`Elía, piquetero y ex funcionario del presidente Néstor Kirchner, que viajó el 10 de agosto de 2006 a Esteros del Iberá (provincia de Corrientes) con una tenaza para ingresar a la propiedad privada de Tompkins.
Consciente de la repercusión que tenía esa acción, D`Elía convocó gente de su riñón (militantes de su movimiento piquetero) y atrajo a medios de comunicación argentinos para que apreciaran su modo de "defender la soberanía" argentina.
Ese día, D´Elía esperó que se encendiera "hasta la última cámara presente" (según relata Sánchez) y dijo con su voz particular: "!A mi nadie me va a cerrar el paso, carajo! ¡Y mucho menos un gringo de la CIA!"
Así, sin anestesia, D`Elía acuso a Tompkins de formar parte de la agencia estadounidense de espionaje y, posteriormente, agregó: "Hay que expropiar a este imperialista y quitarle toda la tierra porque si no se nos va a llevar el agua".
"En Argentina hay 15 millones de hectáreas en disputa, las cuales podrían ser objeto de expropiación por parte del Estado". Así lo dice un documento de la Subsecretaría de Tierra y Hábitat Social, que conducía Luis D`Elía. Para tener una idea de dimensión, esa superficie representa del 5,3 % del territorio nacional.
El informe identifica por lo menos tres grandes áreas en las que se concentran estas tierras:
a) La comarca andina patagónica: desde Chos Malal/Aluminé (Neuquén) hasta Los Antiguos en Santa Cruz.
b) Tres provincias del Noreste: Formosa, Misiones y Corrientes.
c) El "Chaco Seco": Santiago del Estero, Chaco, Norte de Santa Fe.
Además de las tierras de Tompkins en Corrientes, el informe menciona otros casos, todos concentrados en el Sur: el multimillonario ecologista posee otras 100 mil hectáreas en Santa Cruz; el italiano Luciano Benetton, con alrededor de 1,8 millones de hectáreas en la Patagonia; y Ted Turner con cerca de 50 mil hectáreas
"En las provincias de Santiago del Estero y del Chaco (Norte), la hectárea vale el precio de una hamburguesa", denuncian los periodistas Andrés Klipphan y Daniel Enz, autores de Tierras S.A., una investigación a fondo desarrollada durante tres años a partir de un relevamiento en todo el territorio argentino.
Ellos destacan que hay 30 proyectos para regular esas ventas, en el Congreso nacional o en las legislaturas provinciales, pero todas ellas están engavetadas.
Alrededor de 300.000 kilómetros cuadrados (10% del territorio argentino) de tierra están en manos de extranjeros, según la Federación Agraria Argentina. Esta cifra puede parecer pequeña en relación con la superficie argentina (2.780.000 kilómetros cuadrados), pero equivale a más de la mitad de Francia.