En una experiencia que no parecía posible, la Edad Media ingresó en YouTube y pudo ser transmitida por internet, mediante el video casero del ahorcamiento de Saddam Hussein.
Sin duda se trató de una extraordinaria paradoja: se juzgó a un hombre por asesinato, se lo condenó por asesinar a cerca de 150 personas, para luego a su vez, asesinarlo.
Así, junto con la democracia que está experimentando Irak -producto de exportación del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que parece haber llegado con algún defecto, dado que se percibe como una guerra civil-, también se ha contagiado indirectamente una práctica común de sitios como Texas, donde la pena de muerte todavía aniquila, de manera bárbara, a cientos de condenados.
Pero las últimas horas de esta persona a su vez sanguinaria fueron dedicadas a la poesía. Saddam escribió, en los últimos días antes de ser ahorcado, un poema llamado Libera tu alma.
Aunque el poema supone a su vez una condena del lenguaje poético a la horca ("nuestro partido Baath florece como una rama que verdea", por ejemplo), muestra el misterio de cómo, dentro de una misma persona, pueden coexistir modalidades totalmente diferentes, registros del espíritu completamente antagónicos, la sangre y el rocío. ("Si yo fuera esa casa, tu serías el rocío", escribe quien usaba armas químicas contra sus enemigos).
Era el caso de los nazis escuchando música clásica al costado de los campos de exterminio. No cabe duda de que apreciaban a Mozart. ¿Cómo podían estar simultáneamente exterminando a pocos metros a miles de personas?
Así, la pregunta es: ¿puede un mismo espíritu genuinamente apreciar lo más alto y practicar lo más bajo? Lo más fácil sería atribuir esto a una esquizofrenia, a compartimentos estancos que no se tocan entre sí. Pero la hipótesis más misteriosa es la de la total ambivalencia de lo humano, aquello que permite la coexistencia de cosas que parecen alejadas entre sí, extrañeza que no es otra cosa que la singularidad de la poesía misma.
Finalmente, lejos de procurar hacer una exégesis del poema de Saddam, la frase más enigmática dice: "la sangre es barata en los momentos difíciles". ¿Acaso los momentos difíciles anestesian la sensibilidad ante su derramamiento? En todo caso, la línea revela un espíritu para el cual la sangre tuvo siempre un precio fluctuante, no sólo según la dificultad, sino según fuera propia o ajena.