MARCELA MORETTI
El último informe de Unicef titulado La violencia contra niños, niñas y adolescentes afirma que en América Latina "la falta de orientación de las políticas públicas de apoyo familiar han propiciado la proliferación de servicios de acogida residencial" para menores. Entre otras cosas, el estudio habla de "falta de programas de rehabilitación y reintegración en el caso de los niños en conflicto con la ley", un tema que preocupa especialmente al director del Interj.
-¿Cómo es la participación de los menores en delitos?
-Los datos que tenemos en el Interj son de los jóvenes que nos deriva la Justicia por infracción, que no necesariamente representan las cifras de infracciones reales.
-¿Y qué dicen los datos?
-A grueso modo, hubo un pico muy grande de actividad del sistema penal entre 2000-2001 y 2003-2004. El invierno de 2003 fue el pico más alto, con unos 200 muchachos con medidas no privativas de libertad y otros 420 privados de libertad.
-¿Por qué el pico en invierno?
-Siempre hay un ciclo estacional que no se explica muy bien por qué. Un pico en invierno y otro en verano. En 2004 ese pico no volvió a crecer, hubo una baja y siguió bajando. Y se estacionó cerca de los niveles de hoy.
-¿Y cuáles son?
-Hay unos 200 y poco de jóvenes privados de libertad y alrededor de unos 80 o 90 con medidas sustitutivas. Son cifras de agosto.
-¿Le preocupa que los mayores usen a los niños para robar?
-No creo que sea una práctica muy extendida. La gran mayoría de los gurises actúan en grupo. Ese es el patrón que llega al sistema penal juvenil. Rara vez actúan solos.
-¿Existen factores comunes entre los menores infractores?
-El sistema penal juvenil es selectivo. Apunta a determinada criminalidad, básicamente contra la propiedad. El grueso es hurto y después rapiña. Obviamente, el sistema va a detectar a aquellos jóvenes que tienen cierto entrenamiento vital que los condiciona a cometer esos delitos. Le preocupan esos delitos, no otros.
-¿Por qué le preocupan esos?
-Porque opera así. El hurto y la rapiña molestan a un sector de la población y el sistema penal se orienta un poco en función de ese imaginario.
-¿Hay otros delitos más relevantes entre los jóvenes?
-Puede haber tráfico de drogas y el sistema no llega. Aunque lo que se detecta en menores es poco. Puede haber episodios de violencia a los que el sistema no llega porque no trascienden. Un universo de delitos más o menos graves. El aborto por ejemplo. El aborto al sistema no le interesa.
-¿Cuáles son los factores comunes entre estos menores?
-Características familiares asociadas a la pobreza, contacto con el sistema penal muy temprano y situación de calle. Eso los expone mucho a ciertas conductas y a ser visualizados por el sistema. Cuando ves a los que arrancaron chiquitos, te das cuenta de que la intervención reprodujo la conducta. Cuanto más temprano entran, más difícil es salir. Este dato contradice el discurso dominante.
-¿Y qué hay que hacer?
-El Código de la Niñez y la Adolescencia asume que es así y dice que hay que evitar la institucionalización temprana y ayudar a la familia. La institucionalización genera un efecto perverso. La reincidencia es muy alta.
-Algo como que las cárceles son escuelas del crimen…
-Ese saber popular es la verdad. Hay que tratar que el sistema sea lo menos perverso posible.
-¿Reinciden mucho?
-Hay un grupo que sí. Que circula. Eso siempre fue así. Se trata de que ingresen y regresen lo menos posible. Pero no depende sólo de lo que hagamos nosotros sino también de lo que ocurra afuera. Hay que pensar que todo lo que se hace ahora va a repercutir dentro de un tiempo.