Sábado | 18.11.2006
Montevideo, Uruguay | 10:04
 Que Pasa
Acuerdos comerciales trajeron una ola migratoria al gigante asiático
Los africanos van a hacerse la China
El crecimiento exponencial de los tigres asiáticos torció la ruta migratoria de los africanos. Muchos están sin papeles. Van por trabajo y terminan en negocios sucios.

ALAS DIEZ Y MEDIA de la noche, mientras las luces de neón rompen la oscuridad, camellos y prostitutas han comenzado a ocupar la avenida Huanshi, una de las principales de Guangzhou, Cantón. No lejos de los pasos elevados -algunos de cuatro niveles- y de la sede de la televisión de esta ciudad del sur de China, discotecas y tugurios con nombres como Cave, Magic o Gipsy, empiezan a llenarse.

"¿Necesitas algo, hermano?, ¿droga?", dice en inglés Okonkwo (nombre ficticio), un africano que se refugia en las sombras, cerca de un seto. "La vida aquí no es fácil. O haces negocios con los chinos para exportar productos a África o no hay otra cosa". Pero ellos quieren quedarse. Y, sin trabajo, qué quieres que hagan, caen en esto".

Okonkwo entró en China con un pasaporte en regla, ya que Pekín concede visados a la mayoría de los ciudadanos de los países africanos, como parte de su política de incrementar las relaciones con el continente. Algunos son estudiantes. Otros, jóvenes empresarios que llegan para importar todo tipo de productos como textiles, ropa, electrónica de consumo o maquinaria y que han contribuido a que los intercambios entre China y África se hayan multiplicado por diez en la última década. Este año prevén 50.000 millones de dólares.

Para responder a esta ferviente actividad, muchos africanos deciden instalarse en Guangzhou -12,6 millones de habitantes-, capital de la provincia de Guangdong, donde miles de fábricas producen todo el abanico de productos que han comenzado a inundar los mercados de sus países. Montan empresas en busca de fortuna. Pero lograr que funcionen es duro, según aseguran. Quienes fracasan regresan a su tierra o se quedan y al expirarles el visado se convierten en indocumentados, trabajando en pequeños negocios, la hostelería o al margen de la ley en la venta de drogas y la prostitución.

Un total de 10.000 extranjeros viven irregularmente en Guangdong, según estadísticas oficiales, la mayoría de los cuales ha entrado legalmente. Proceden de Oriente Próximo, el sureste asiático y África. El año pasado visitaron Guangzhou tres millones de extranjeros, y 20.000 pidieron extensiones de visado. En China, los sin papeles originarios de África u Oriente Próximo se concentran especialmente en ciudades como Guangzhou y Shenzhen, mientras que los procedentes de Vietnam o Laos viven en zonas rurales pobres de provincias como Henan y Shanxi.

En lo que respecta a los africanos, la situación se ha producido como consecuencia del auge que han experimentado las relaciones con China en los últimos años, después de que, en 2000, el continente pusiera en marcha el Foro de Cooperación, cuya cumbre -con la asistencia de 41 jefes de Estado y de Gobierno africanos- fue celebrada el pasado fin de semana en Pekín.

La presencia africana en China (como la de chinos en África) va a continuar aumentando.

El presidente Hu Jintao anunció durante la cumbre que Pekín concederá 3.000 millones de dólares en préstamos preferenciales y otros 2.000 millones en créditos a la exportación en los próximos tres años e incrementará el número de becas para estudiantes africanos de las 2.000 actuales a 4.000. Pero la luna de miel chino-africana ha venido acompañada del aumento de indocumentados y de un fenómeno extraño en las calles del país asiático hace sólo tres o cuatro años: la venta de droga callejera por parte de extranjeros, muchos nigerianos. Algo que las autoridades parecen tolerar mientras se trate de pequeño mercadeo, pero que preocupa a la comunidad diplomática y empresarial africana, por el daño que infringe a la imagen de sus países. Los traficantes suelen vender hachís.

"El gobierno no da la bienvenida a estas personas, pero no va a restringir la concesión de visados porque está relacionada con su política exterior con países amigos del tercer mundo.

Hachís y otros quioscos

"En muchos aspectos, necesitamos su apoyo", dice Zhang Guotu, profesor en el Instituto de Estudios de la Población en la Universidad de Xiamen, en el semanario Fenghua. El 30% de las importaciones de petróleo chinas proceden de África. "Yo vine a hacer negocios. Pero es complicado si no tienes capital. Los chinos sólo quieren tu dinero, y que les compremos productos para dar trabajo a sus fábricas. Pero no te dan trabajo a ti", dice Jeff, un nigeriano de 26 años, que lleva cinco meses en Guangzhou. "Sólo intento conseguir algo de dinero para renovar mi visado", añade mientras ofrece hachís. A pocos metros, varios guardias de seguridad del bar miran a los clientes, gran parte de ellos africanos. "Lo que yo hago es pequeña venta. Mientras no te metas en asuntos gordos, la policía te deja tranquilo", añade Jeff.

La comunidad africana en la capital sureña se congrega en el centro comercial de Tian Xiu, situado en las primeras plantas de una torre revestida de azulejos rosas, ocupada por oficinas con nombres como Africa`s Business Freight o Bagdad Cargo. Allí gestionan decenas de tiendas de venta al por mayor de ropa, electrónica, zapatos o bisutería.

En una de ellas, repleta de pantalones vaqueros, Kofi Agyemang, de 25 años, cuenta cómo llegó a China en 2004. "Yo era delineante de arquitectura en mi país, Ghana, pero ganaba menos de 100 dólares al mes. Así que me saqué un billete a Hong Kong en busca de oportunidades. Pero la vida allí es muy cara. Estuve sólo tres semanas, y pasé a China con un visado de turista. Al final conseguí uno de trabajo, y ahora tengo mi empresa y pago mis impuestos", cuenta orgulloso.

Pero, como otros comerciantes, Agyemang asegura que trabajar en China es difícil: "Si eres extranjero, tienes que traer tu propio capital. Vivir fuera de tu tierra es duro. Es como vivir en una prisión. Cuando estás en tu país, tus expectativas sobre China son muy altas. Luego el sueño se rompe. Pero en África poca gente vive bien. Por eso todo el mundo intenta irse fuera".

4.000 millones en préstamos

La cumbre chino-africana que el pasado fin de semana reunió en Pekín a los líderes de 48 de los 53 países de África -entre ellos, a 35 jefes de Estado y seis jefes de Gobierno- supone un paso de gigante en la profundización de los intereses económicos y políticos de Pekín en el continente.

Al compromiso chino de duplicar la ayuda para 2009 y de otorgar créditos por valor de 5.000 millones de dólares (de ellos 3.000 millones en préstamos preferenciales y otros 2.000 en créditos a la exportación), hecho público por el presidente Hu Jintao, se sumó el anuncio de la firma de 14 acuerdos por parte de empresas chinas con diferentes países por un total de 1.900 millones de dólares y la rúbrica de una declaración conjunta estableciendo una nueva relación estratégica. Entre los acuerdos sellados están la construcción de una planta de producción de aluminio en Egipto por 938 millones de dólares, la renovación de una autopista en Nigeria por 300 millones, y una red de telefonía rural en Ghana.

En paralelo, la compañía China Civil Engineering Construction dijo que el pasado 30 de octubre firmó un contrato por 8.300 millones de dólares con Nigeria, el primer país productor de petróleo de África, para tender una línea ferroviaria de 1.300 kilómetros. Se trata de la mayor obra de ingeniería en cuanto a inversión realizada por China en el extranjero hasta la fecha.

Muchos inmigrantes que llegan al país están mejor preparados que la media

España, de explotado a explotador

LOS ESTEREOTIPOS MARCAN LAS relaciones con los inmigrantes. Un análisis profundo de los argumentos que a menudo se utilizan para criticar el fenómeno de la inmigración pone de manifiesto que son insostenibles. Los extranjeros que viven en la región no son demasiados, pues hace falta todavía medio millón de personas para copar el mercado laboral. Tampoco se quedan con el trabajo, pues realizan los empleos que los españoles no quieren. No sólo no tienen un bajo nivel cultural, sino que la media es más alta que la media de la población española... Lo único que existe es un profundo desconocimiento y un choque cultural. Hasta el punto de que los extranjeros también tienen sus tópicos sobre los españoles.

"¿Y para qué vienen? Para conseguir todo el dinero que puedan y mandarlo fuera del país. No les interesa otra cosa... Nos quitan los puestos de trabajo, nos quitan nuestras viviendas... Se apoderan de calles enteras y viven 20 en una casa. Dicen que les explotamos, pero el casero suele ser compatriota suyo".

No hay duda. Son inmigrantes. Pero no subsaharianos, marroquíes o latinoamericanos, sino españoles. Así era la imagen que tenían en el centro de Europa en los años 70 y que recoge el escritor británico John Berger en su libro Un séptimo hombre.

Los mismos prejuicios se vuelven a escuchar, esta vez en el país que hasta hace poco mandaba trabajadores a otros países. Según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la inmigración es ya la principal preocupación de los españoles. Uno de cada cuatro inmigrantes vive en Madrid.

Esta semana el diario Clarín de Buenos Aires divulgó que 1% de la población catalana es de origen argentino. Aunque la mayor ola migratoria en ese país está conformada por colombianos y ecuatorianos con 250.000 inmigrantes cada uno.

"Sin embargo, cuando el CIS pregunta a la gente por los problemas que le afectan directamente, la inmigración desciende varios puestos. Por debajo de la vivienda y del paro. Los medios de comunicación y hechos como la llegada de cayucos o la quema de coches en París influyen en la percepción negativa de la inmigración. Hace más ruido un árbol que cae que uno que crece", comentó la consejera de Inmigración, Lucía Figar.

Detrás de esa percepción existe una valla de imágenes e ideas borrosas: los prejuicios. El poeta y contable ecuatoriano, Neftalí Vásquez, de 42 años, se estrelló contra ellos cuando su primer jefe en Madrid le preguntó si comía hojas y utilizaba taparrabos. Trabajaba como empleado del hogar para un militar jubilado.

"Tomaba el teléfono y me preguntaba si sabía cómo utilizarlo. Vine a España por cuestiones económicas y porque quería conocer mis raíces. Fue un choque cultural", recuerda Vásquez.

En Ecuador se dedicaba al comercio exterior y participaba en concursos de poesía. Quizás por ello comparaba la mente de su empleador con una roca maciza. A veces, harto de los comentarios, le respondía en inglés porque sabía que no le iba a entender. Él también había fabricado un estereotipo del madrileño.

"Los prejuicios no son patrimonio de los nativos. Lo que reflejan es desconocimiento y temor. Todos podemos ser racistas", señaló el portavoz de la ONG SOS Racismo, Javier Ramírez.

Durante la elaboración del estudio Las dos caras de la inmigración, que recoge los resultados de unas 20.000 entrevistas, el catedrático de Sociología de la Universidad Complutense Juan Díez Nicolás, llegó a la conclusión de que España, junto con Suecia, es uno de los países menos xenófobos de la Unión Europea. Y dentro de las comunidades autónomas, Madrid es una de las más tolerantes.

"No obstante, desde 1998 se detecta un incremento lento pero continuado de la xenofobia. La tendencia comienza con el aumento de inmigrantes y con el debate entre el PSOE y el PP sobre la Ley de Extranjería", explica el experto.

Un factor determinante ha sido la percepción del fenómeno que tiene la sociedad española. Las imágenes y titulares que salen en los medios de comunicación suelen tomarse como el principal referente.

Un dato revelador de la investigación es que la mayoría de madrileños nunca ha mantenido una conversación con un inmigrante. Algo que no ayuda a acabar con los estereotipos.

En el caso del poeta ecuatoriano y el ex militar, el primero decidió romper el hielo.

"Me di cuenta de que me escuchaba", comenta Vásquez. Después de tres años de arduas discusiones y pacientes explicaciones sobre la geografía de su país, un día su jefe le dijo: "Usted no me golpea con los puños, sino con las palabras". Al fin, el muro de los prejuicios había sido derribado. Juntos emprendieron un viaje a Ecuador. Ahora el jubilado vive en el país andino. Vásquez, por su parte, sigue en Madrid. Trabaja pintando casas.

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