Joseph Contreras, Newsweek
Considerado uno de los principales novelistas del
mundo, el peruano Mario Vargas Llosa es también un
autoproclamado "liberal radical" que defiende las
virtudes del libre mercado. Sus puntos de vista han
caído en desgracia en la mayor parte de América
Latina pero el laureado escritor peruano sigue
insistiendo en que la libertad económica y la política
deben ir de la mano.
Vargas Llosa, de 67 años, está viviendo
temporalmente en Washington, donde pasará un
semestre como escritor residente de la universidad de
Georgetown. Su último libro es El paraíso en la otra
esquina, sobre las vidas del pintor Paul Gaugin y su
abuela, la feminista Flora Tristán.
—América Latina está experimentando una fuerte
reacción contra las políticas económicas neoliberales.
¿Por qué usted las sigue apoyando?
—Esas políticas funcionan muy bien cuando son
correctamente implementadas. Chile es un caso típico:
un país que crece y crea oportunidades. Pero eso no
ha ocurrido en el resto de América Latina. No se
pueden describir como liberales las políticas que (el ex
presidente peruano Alberto) Fujimori adoptó, o las de
(Carlos) Menem en Argentina. Ellos privatizaron
empresas para entregarlas a sus amigos y forrarse
los bolsillos.
—Pero El Salvador abrazó el modelo de libre mercado
hace 15 años y todavía muchos salvadoreños siguen
yendo a Estados Unidos en busca de empleos.
—Las reformas no siempre producen beneficios tan
rápido como a uno le gustaría. No son una varita
mágica.
—Usted respaldó la candidatura de Alejandro Toledo
en Perú, pero desde que éste asumió la presidencia
hace dos años, su popularidad viene cayendo en
picada. ¿Todavía lo apoya?
—Sí, soy su amigo y apoyo su gobierno, pese a que lo
he criticado por algunas cosas. Nosotros los peruanos
deberíamos estarle agradecidos a Toledo porque jugó
un rol fundamental en el derribamiento del régimen de
Fujimori. Ha sido ferozmente atacado desde el
comienzo de un modo en que pocos presidentes de
Perú lo han sido. Hay peruanos que simplemente no
aceptan la idea de tener un indígena como presidente,
y eso me parece una gran injusticia.
—Su aclamada novela La fiesta del chivo se sitúa en la
dictadura del dominicano Leónidas Trujillo. ¿Alguna
vez pensó escribir una novela sobre la era Fujimori en
Perú?
—Realmente, no. He escrito mucho acerca de
dictaduras, siempre es la misma cloaca con diferentes
nombres y lugares.
—Usted fue muy criticado por romper públicamente
hace años con Fidel Castro, pero últimamente muchos
intelectuales latinoamericanos han condenado la
ofensiva del régimen cubano contra sus disidentes.
¿Se siente reivindicado?
—Es alentador ver que gente que se ponía de lado del
régimen de Castro contra viento y marea finalmente
está empezando a criticarlo. Es muy difícil seguir
defendiendo un régimen que ejecuta gente y comete
esos terribles abusos a menos que uno sea un
sectario dogmático y ciego.
—Usted también ha expresado su preocupación por
las libertades civiles y el clima político en Estados
Unidos tras los atentados del 11 de Setiembre.
—Se han impuesto algunas restricciones a las
libertades civiles para combatir el terrorismo. Pero
Estados Unidos no debe tragarse la falacia de que
restringir la libertad da más seguridad. Al contrario:
ese es un error muy serio que en América Latina
hemos pagado caro con incontables dictaduras. Nada
defiende la libertad mejor que el ejercicio de la libertad.
—¿A quién considera más responsable de esas
medidas dentro del gobierno estadounidense?
—Me refiero sobre todo al fiscal general (John)
Ashcroft, que parece más un líder religioso que alguien
que tiene la responsabilidad de hacer cumplir las
leyes terrenales. Hay un elemento religioso en él, y
cuando lo oigo hablar tengo la impresión de estar
escuchando a un imán de Bagdad.
—Usted prometió no volver a postularse a la
presidencia tras ser derrotado por Fujimori en las
elecciones de 1990. ¿No le tienta volver a la política?
—De ninguna manera. Estoy involucrado en la política
como escritor: escribo sobre hechos de actualidad y
tomo parte en el debate político más amplio. Pero
¿como político profesional? No señor.
—¿Lo dice a pesar del sombrío panorama político en
Perú y la región en general?
—No es tan sombrío. Tenemos una democracia,
hemos salido de una de las dictaduras más corruptas
de nuestra historia. La situación económica es mala
debido a condiciones internacionales desfavorables y
a la terrible corrupción. Pero a pesar de todo la
democracia ha sido preservada, y nunca antes
habíamos tenido tan pocas dictaduras. No hay que ser
tan pesimista con respecto a América Latina.