Viernes | 21.07.2006
Montevideo, Uruguay | 06:15
 La Semana En El País
Expertos denuncian una colección de arte con auspicio oficial
Arqueología de la sospecha
Un museo de lujo. Un misterioso mecenas argentino. Sospechas de tráfico ilegal. Piezas antiguas que pueden ser falsas. O valer millones y cambiar la prehistoria.

XIMENA AGUIAR

El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) realizó hasta ahora dos exposiciones y ha recibido dos acusaciones graves. Que hubiera piezas traficadas de Argentina, nunca pudo ser demostrado. Que las piezas uruguayas exhibidas allí puedan ser falsas es la sospecha actual de varios arqueólogos.

No es una acusación menor. Son testimonios tan excepcionales que podrían transformar la concepción de la prehistoria nacional. Pero el paso del tiempo corre a favor de la aceptación de las piezas que se exponen con el aval de la Intendencia de Montevideo.

El 17 de setiembre de 2004, Día del Patrimonio, se inauguró con gran entusiasmo la primera exposición del MAPI. El nuevo museo surgía de un acuerdo entre la Intendencia de Montevideo y Matteo Goretti, un empresario y politólogo argentino que prefiere no salir fotografiado en los diarios por miedo a los secuestros. La comuna aportó el edificio y sus colecciones arqueológicas y Goretti su colección en préstamo por 20 años. Dos personas designadas por cada parte conforman la Comisión Administradora del museo, de la que Goretti es presidente.

No era la primera vez que Goretti intentaba abrir un museo. La Fundación CEPPA en Argentina, de la que también es presidente, propuso desde 2002 la apertura de un museo precolombino en convenio con el Estado, que no prosperó. En declaraciones a La Nación, Goretti dijo que el secretario de Cultura de Argentina, Torcuato Di Tella, lo rechazó despectivamente y el funcionario reveló que las colecciones no habían sido aceptadas por "problemas con los papeles de las piezas".

En Montevideo, en cambio, su propuesta tuvo éxito. La Intendencia le otorgó un edificio construido a fines del siglo XIX por Emilio Reus, declarado Monumento Histórico Nacional en 1986. El local había sido concedido en uso al gobierno de Canarias por 30 años en febrero de 2003, a cambio de su reciclaje y acondicionamiento. El coordinador de las obras por parte de la Intendencia, Nelson Inda, recordó que pronto Islas Canarias dejó de aportar el dinero para la reconstrucción. El proyecto había sido tasado en unos 700.000 euros.

En setiembre de 2003, las obras estuvieron a punto de detenerse, cuando Inda entró en contacto con Goretti y conoció su intención de instalarse fuera de Argentina. El entonces intendente Mariano Arana encomendó a Gustavo Ferrari, director del Museo de Historia del Arte del municipio (MUHAR) y hoy curador del MAPI, que viera la colección de Goretti. A principios de 2004 se estableció el acuerdo para abrir el museo. El convenio con Canarias quedó sin efecto en julio de 2004, reasumiendo la Intendencia los costos.

El documento original estableció que Goretti otorgaba el préstamo de uso de una colección, que se detallaba en un anexo. Para el curador Gustavo Ferrari ese anexo aún no se concretó efectivamente con un listado. "Pero está pendiente", aclaró. Según Goretti, el anexo se ha ido completando con posteriores préstamos de uso.

Esplendor empañado

Goretti dijo que las piezas que motivaron el acuerdo fueron los líticos uruguayos que adquirió, en su mayoría en el año 1997. Se trata de un antropolito (talla de piedra con figura humana) y varios zoolitos (con figura de animales), junto con otras piezas como una placa grabada, dos tokis(caciques), boleadoras, rompecabezas y puntas de flecha. No quiso especificar su número, pero resaltó que su valor cualitativo es importante.

Estas piezas están entre las 38 mencionadas en las resoluciones de la Intendencia que aprueban oficialmente contratos de préstamo. En el acervo del MAPI hay actualmente otras 1.010 piezas pertenecientes a la colección Goretti que esperan esa resolución efectiva. La mayoría fue comprada en 2005: dos grupos de 386 piezas cada uno, compradas a un coleccionista en julio, entre las que hay puntas de flecha, boleadoras y otras piezas líticas de la Laguna Negra; 161 piezas de cerámica ecuatoriana compradas en noviembre a un diplomático, y otras 77 piezas adquiridas también en 2005.

Las donaciones al MAPI fueron prácticamente inmediatas después de la adquisición. Como las resoluciones municipales demoran un poco más, las piezas son exhibidas antes de la aprobación del trámite.

En el verano de 2004, una mesa de arqueólogos de la Facultad de Humanidades convocada por Leonel Cabrera expresó en su mayoría una opinión negativa acerca de la conveniencia de mezclar los intereses de un coleccionista con los de un museo. La posición fue comunicada al representante municipal Ferrari, pero el proyecto cultural siguió adelante.

En Uruguay se alabó la muestra inicial, que tenía unas 70 piezas. Según detalló Gustavo Ferrari, había 14 piezas pertenecientes a Goretti, unas 40 de la colección del MUHAR y 18 de la colección Matto, que está en manos de la Intendencia desde 1998, esperando el acondicionamiento del edificio original para ser expuesta al público.

Jorge de Arteaga, en ese momento presidente de la Comisión de Patrimonio, declaró al diario La Nación: "lo que trajo Goretti al Uruguay es una maravilla. Yo me quedé helado cuando vi las piezas. Y no lo digo sólo por la cantidad, que es importante, sino por la calidad.".

Ferrari felicitó la "gran visión de nuestro intendente, porque si no la colección ya estaría en Estados Unidos".

Al mismo tiempo, La Nación publicó notas lamentando "el museo que no pudo ser", donde se afirmaba que la colección Goretti había sido expulsada del país por las malas políticas culturales.

Una semana después de la inauguración cambió el tono de las declaraciones. La Secretaría de Cultura de Argentina solicitó a Interpol una investigación de la colección Goretti. Las piezas arqueológicas argentinas pertenecen al Estado y no pueden ser sacadas del país sin permiso. En el caso de que las piezas que Goretti ofrecía aquí fueran de origen argentino, estaría cometiendo un delito de tráfico.

El mecenas se defendió argumentando que se trataba de dos colecciones distintas: una argentina, que no había salido de ese país y otra, la que se exhibiría en el MAPI, que nunca había estado en Buenos Aires. La prensa porteña precisó que en Uruguay había unas 1.500 piezas. Goretti niega hoy haber mencionado esa cifra en alguna ocasión.

Aunque la investigación de Interpol no está todavía cerrada, Goretti adelantó que "la justicia no ha podido demostrar la acusación".

Hermosos pero enigmáticos

Un tiempo después empezó a extenderse entre arqueólogos uruguayos una sospecha silenciosa. Algunas de las piezas más extraordinarias exhibidas en el MAPI podían no serlo tanto.

Los antropolitos y zoolitos son piezas que implican un trabajo estético, una construcción simbólica, una organización social elaborada.

El arqueólogo Andrés Florines explicó que estas figuras son atribuidas a la cultura sambaquí, que habitó la costa de Brasil desde Rio de Janeiro hasta Río Grande del Sur, y cuyas manifestaciones pueden encontrarse, en menor medida, en la costa uruguaya.

Para Florines, sólo cinco de estas figuras han sido encontradas en Uruguay en toda la historia de la arqueología: un antropolito -el de Mercedes- y cuatro zoolitos. Sólo hay restos de tres antropolitos en toda la zona que abarcaba esta cultura: el de Mercedes, el de Río de Janeiro, y fragmentos de un tercero, también en Brasil.

Todas las piezas uruguayas fueron halladas antes de la década del 30. Pese a que la arqueología profesional y amateur revisó exhaustivamente la zona costera y realizó pesquisas entre los pobladores, no se encontró ninguna referencia respecto de la existencia de otras piezas de este tipo.

A partir del año 2000, Florines y el director del Museo Arqueológico de Canelones, Jorge Femenías, detectaron piezas falsas en anticuarios y ferias. Boleadoras, rompecabezas, zoolitos y antropolitos fueron hallados en el mercado, a veces como declaradas imitaciones, y otras como supuestas piezas auténticas. Muchas pudieron ser examinadas y clasificadas como fraudes. Coleccionistas y museos del interior fueron contactados por particulares que ofrecían objetos supuestamente arqueológicos y valiosos, pero sin ninguna referencia que los avalara.

El surgimiento repentino de dos antropolitos y seis zoolitos en la colección de Goretti, proclamados auténticos pero desconocidos hasta el momento, alertó a los investigadores.

El temor de que piezas falsas pudieran ser adquiridas imprudentemente por coleccionistas o museos motivó a Femenías y Florines a publicar un artículo en La República en agosto de 2005. Aunque éste no hacía referencia directa a ningún museo, incluía la foto de una piedra con forma de búho (o ñacurutú). Florines dijo que recomendó al curador Ferrari tener cuidado con esa pieza que hoy está expuesta en el MAPI.

Ferrari dijo no recordar el encuentro con Florines. Sí admitió haber consultado a Femenías acerca de otras piezas, que finalmente fueron descartadas. Entre ellas había un antropolito y un ornitolito con defectos, que fnunca fueron exhibidos.

Otros elementos completaban la irregularidad de la situación. De los cinco zoolitos uruguayos encontrados antes de 1930 se conoce el lugar de donde salieron, quién los encontró, cada uno tiene una historia verosímil y existen testigos. "Todos estos que aparecieron ahora salieron del baúl del abuelito, ninguno tiene contexto", ironizó Florines.

Estas dudas son compartidas por otros especialistas. Un arqueólogo de Facultad de Humanidades, que prefirió no dar su nombre, sostuvo: "alguien no puede tener piezas tan valiosas y que no se pueda ahondar en cómo las obtuvo, cuál es el origen. No es posible que esa cantidad enorme de materiales, muy valiosos, no tengan procedencia, no se pueda rastrear quién y dónde los encontró. No digo que sean falsos sino que hay elementos suficientes para dudar de esa autenticidad".

Acerca de la información de contexto que tienen el antropolito y los zoolitos, Gustavo Ferrari dijo que el ñacurutú fue encontrado en la zona del Chuy, y que se está intentando rastrear el lugar exacto. En caso de poder definirlo, sería la primera de estas piezas en tener una procedencia. De las otras piezas cuestionadas existe documentación referente a la compra al poseedor anterior, pero no al lugar y condiciones del hallazgo. Sólo una referencia no específica de zona: el entorno de Laguna Merín.

Arturo Toscano, director del Museo Nacional de Historia Natural y Antropología (MNHNA), prefirió ante estos elementos no participar de la exposición del MAPI. "El año pasado, cuando se programaba la exposición, Ferrari me solicitó personalmente el antropolito de Mercedes y otras piezas del Museo de Antropología. Me sentí en la honda responsabilidad de declinar dicha invitación", señaló el experto.

Poner a disposición el acervo del Museo Nacional supone en cierto modo legitimar las piezas del MAPI. "Si bien no tenía los elementos para decir categóricamente que eran falsas, tenía una profunda reserva acerca de la legitimidad de las piezas", reveló Toscano.

Para solucionar esta situación incómoda, le ofreció a Ferrari realizar un peritaje, oferta que éste declinó. La exposición se inauguró el 24 de setiembre de 2005, con un antropolito y cinco zoolitos de Goretti a la vista, junto con aportes de otros museos de Uruguay, que sí aceptaron poner sus piezas más valiosas a disposición.

El arqueólogo autodidacta Ugo Meneghin, poseedor de algunas piezas importantes de la arqueología uruguaya, declinó también incluirlas en la exhibición.

Tiene sus razones para pensar así. Dijo haber visto dos antropolitos falsos en el mercado, uno en venta a 8.500 dólares en un anticuario del Este, y otro perteneciente a la colección de un particular. Por las características morfológicas del antropolito y zoolitos que se exhiben en el MAPI tiende a pensar lo peor. "Posiblemente serían también fraude, aunque pueden haber sido adquiridos con total buena voluntad", aseguró.

A Meneghin le preocupa que con el paso del tiempo la lectura de la prehistoria pueda distorsionarse por la aceptación de estas piezas. En defensa de su planteo, editó una publicación acerca del antropolito de Mercedes. Así como el Museo Histórico Nacional y el Museo de Historia Natural y Antropología le facilitaron el acceso al material, también le solicitó al MAPI observar el antropolito para incluirlo en su investigación. El pedido fue denegado.

El arqueólogo Mario Consens tampoco pudo expedirse sobre la falsedad o autenticidad de las piezas. "Debería ver las piezas y pedir la documentación de referencia que se usó para aceptarlas", explicó.

Consens fue invitado por la fundación MAPI a hacer la curadoría de la muestra, pero a la semana renunció pese a la amplitud de las condiciones económicas, "Eran extraordinarias para nuestro medio" , comentó.

Para él hay una pregunta pertinente: "¿qué hacemos para evitar, controlar que haya piezas falsas o no documentadas? ¿Qué procedimientos, capacitación, directivas tienen los museos?"

La adquisición de material histórico o arqueológico sin la debida documentación es un problema común a varios museos de Uruguay, dijo Consens.

Los problemas de competencia son claros para Manuel Esmoris, presidente de la Comisión de Patrimonio.

"Somos la autoridad, porque está establecido que los acervos de los museos son patrimonio. Pero no hay procedimiento ni legislación, no está especificada la capacidad de intervención en los museos", señaló Esmoris y se lamentó: "más bien somos una autoridad moral".

Pero si se estableciera que el control sobre la adquisición de piezas es competencia de Patrimonio, la comisión no tiene hoy capacidad de intervención, herramientas legales, ni recursos humanos para cubrir esta responsabilidad, según el jerarca.

Verdad consecuencia

El director de Artes y Ciencias del Departamento de Cultura de la Intendencia, Mario Delgado Aparaín, está al tanto de las sospechas. Un arqueólogo informó personalmente del asunto a Mauricio Rosencof, titular de la dirección de Cultura. "Apenas fue formulada la denuncia se ordenó una pericia. Hubo una excelente disposición de parte del señor Goretti, que estuvo dispuesto a recibir un peritaje internacional para despejar toda duda", comentó Delgado Aparaín.

Ante esta situación, Goretti le preguntó a Ferrari si había recibido dudas de arqueólogos o no arqueólogos sobre la falsedad de algunas o de todas las piezas. Según Goretti, éste le contestó que nunca había escuchado semejante presunción.

La Intendencia informó a Goretti que el denunciante había sido Jorge Femenías. La respuesta del coleccionista fue que el director del museo de Canelones nunca tuvo en mano propia las piezas que se exhiben en el MAPI.

El abogado de la comisión administradora del MAPI envió un telegrama a Femenías en el que le solicitó una retractación en un plazo de 72 horas, sin la cual se considerarían habilitados para llevar a cabo acciones civiles y penales. Femenías no contestó. Este telegrama es la causa de que algunos de los arqueólogos entrevistados hayan preferido no dar su nombre.

Para Gustavo Ferrari, el pedido de análisis de la Intendencia de Montevideo se complementaba con las ideas que estaba manejando el museo. "Es un pedido más, la necesidad estaba. Un conjunto de piezas de este valor, de esta importancia, y que estaba levantando esta polvareda, naturalmente requería el peritaje."

El estudio fue realizado por el arqueólogo uruguayo Roberto Bracco -integrante de la curadoría de la muestra del MAPI-, el argentino Juan Schobinger -miembro de la fundación CEPPA- y André Prous, un reconocido especialista franco-brasileño, a quien los denunciantes le otorgan la mayor credibilidad.

En el preinforme de Bracco, se señala que Goretti, Ferrari y el autor convinieron en llamar a estos técnicos.

Pero la antropóloga Elianne Martínez, designada para el caso por la Comisión de Patrimonio, entiende que se trata de un peritaje del propio MAPI para sí, y no un estudio solicitado a un tribunal exterior.

El análisis abarcó seis piezas de la colección Goretti donada al MAPI: un antropolito, cuatro ornitolitos (paloma, albatros, ñacurutú, cabeza ladeada) y un ictiolito (con forma de pez). Se aprovechó la instancia para juzgar también un antropolito y dos zoolitos, de reciente aparición y similares carencias de información adquiridos por otro coleccionista y que fueron exhibidos en el MAPI. El emblemático antropolito de Mercedes y los cuatro zoolitos (tres están en acervos públicos, el otro pertenece a una colección privada) se estudiaron a modo de comparación.

Este primer peritaje se realizó entre los días 16 y 20 de diciembre. Más adelante se consultó a un primer geólogo, y luego a un segundo. Ferrari dijo que se está a la espera del informe del segundo geólogo.

Los documentos para el informe están siendo procesados por el coordinador de los arqueólogos, Roberto Bracco. El experto se negó a hacer comentarios.En abril, Bracco entregó al MAPI un preinforme en el cual se niega que alguna de las piezas estudiadas sea falsa en términos absolutos. Sin embargo, los niveles de certeza de autenticidad varían.

El antropolito, el ñacurutú y dos ornitolitos, aunque con peculiaridades, presentan atributos que autorizan a aceptar su autenticidad. Pero el ictiolito (figura de pez) y uno de los ornitolitos (el de cabeza ladeada) no exhiben signos claros de antigüedad y presentan particularidades disonantes, lo que deja un margen de duda, sin dictaminar falsedad. Estas dos piezas se retiraron recientemente de la exhibición.

Goretti dijo que los peritajes fueron tres: primero un informe de Bracco en base al estudio de André Prous y Juan Shobinger, luego un estudio de Daniel Schávelzon -director del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires-, y un tercero proporcionado por Ferrari en tanto curador de la muestra. Tanto Ferrari, como Delgado Aparaín y la Comisión de Patrimonio sólo mencionaron el primer peritaje.

Schávelzon interpretó al antropolito y cuatro ornitolitos como "pieza seguramente original", y al ornitolito de cabeza ladeada como "pieza seguramente antigua". Aunque encuentra evidencias de manufactura mecánica o marcas de objetos metálicos en los ornitolitos, las considera posteriores al pulido original, como intentos de "mejorar" la pieza. Basándose en los informes disponibles, Goretti afirmó: "son tajantes, la conclusión es que no son falsos".

Cuatro meses después de su inicio, el peritaje de Prous, Shobinger y Bracco todavía no ha llegado a la Comisión de Patrimonio de la Nación.

CORTAN DE LA PIEDRA EL ARTE RUPESTRE, PERO EL ATAQUE NO ES CONSIDERADO DELITO

Petroglifos saqueados en Salto

En Salto, hace aproximadamente un año, desaparecieron decenas de grabados rupestres. Alguien cortó la piedra en la que habían sido realizados originariamente y se los llevó.

El director del Museo de Antropología de Salto, Mario Trindade, dijo que estos grabados, o petroglifos "fueron encontrados en 1996, en un terreno de unas 100.000 hectáreas pertenecientes a distintos propietarios". En su momento, el hallazgo de más de 200 grabados en esta zona fue considerado un descubrimiento trascendental, pero la escasez de recursos dificultó las tareas de exploración e investigación. Dos de los sitios en los que se hallaron grabados fueron declarados Monumento Histórico Nacional en diciembre de 2005.

Trindade contó que "hace un año, o un poco más, fueron cortados, sacados del lugar" un número que estima en "varias decenas" de grabados. El problema, según dijo, es que, pese a ser evidentemente objetos de valor patrimonial, sólo uno de los grabados desaparecidos, el más grande encontrado hasta el momento, había sido efectivamente declarado patrimonio nacional. Los otros pertenecen a sitios que todavía no tienen ese status, porque el proceso para hacerlo es largo. "Se extiende mientras se realizan las excavaciones, se acreditan, etcétera. hasta que se hace el decreto correspondiente", explicó el director.

Formalmente, hasta que no sea declarada patrimonio, la roca que contiene los grabados es propiedad del dueño del terreno, por lo cual no sería delito cortarla o retirarla, si éste no se opone. La costumbre de usar las rocas para la construcción, la ignorancia de su valor o el conocimiento del rédito económico que puede ofrecer la comercialización de las piezas son motivos para que el propietario acceda.

Sí se estableció la denuncia por el grabado que ya había sido declarado patrimonio. "Este petroglifo necesitó ocho o diez personas para cortarlo, un traslado a un lugar alejado, ahí se va a buscar con la autorización de Patrimonio y cuando se llega fue nuevamente trasladado".

Increíblemente, Trindade fue avisado y estuvo presente en el momento en que algunos de estos grabados estaban siendo cortados. Como no había ninguna disposición legal que impidiera lo que estaba sucediendo, sólo pudo sacar fotos del episodio.

Desprotección total. El hecho de que haya piezas arqueológicas, ya sean verdaderas o falsas, circulando en anticuarios y ferias, implica dos cosas: que alguien las consigue (o las produce), y que alguien las compra. La existencia de compradores estimula este mercado de bienes culturales, lo que puede generar situaciones de pérdida de patrimonio. Un ejemplo grave puede ser este de Salto.

Elianne Martínez, antropóloga del departamento de arqueología de la Comisión de Patrimonio dijo al respecto que "un coleccionista que paga mucho por una pieza provoca que alguien vaya a buscar en los sitios arqueológicos, o también, puede ser, que se ofrezca una falsificación. Son cosas que sabemos que suceden".

Otra repercusión negativa de la existencia de un mercado de piezas arqueológicas, además de la pérdida de objetos, es la pérdida de conocimiento. Los arqueólogos sostienen que las piezas arqueológicas tienen valor en la medida en que van acompañadas de información que, no sólo las legitima como tales, sino que ayuda a comprender y construir conocimiento acerca del pasado. En la circulación de estas piezas simplemente como objetos estéticos se tiende a perder gran parte de esta información relevante para la ciencia y la cultura.

Según Martínez, una nueva ley de patrimonio, -la actual es del año 1971- tendría como concepto rector respecto al área arqueológica que "el material arqueológico es un bien público, parte de nuestro patrimonio nacional, histórico, que debe ser estudiado por quienes están preparados para ello, que son los arqueólogos. Lo que se busca es generar conocimiento a partir de esos materiales." Para protegerlos se establecerían leyes similares a las que rigen en Argentina o en Chile: la declaración de que, por definición, los bienes arqueológicos pertenecen a la Nación, el registro obligatorio de la tenencia piezas, y la prohibición de seguir coleccionando, porque "si sigue coleccionando está depredando, en el sentido de sacar materiales de los sitios arqueológicos."

Martínez dijo que otra de las carencias de la actual ley de Patrimonio, que incidió en el caso de Salto, es que "la única figura que reconoce nuestra ley es la figura de monumento histórico nacional; después de la declaratoria entran las medidas de protección. El resto de los materiales son patrimonio pero no están especificadas en la ley su protección o las medidas que pueden ejercerse, punitivas o de otro tipo."

Según la antropóloga Martínez, paralelo a la nueva ley es indispensable dotar a la Comisión de Patrimonio Histórico de medios para su efectiva implementación. Hoy, aunque "hay que pedir autorización para hacer una excavación, o hay que avisar si aparece material arqueológico, lo que pasa es que no te enterás".

"Además de los cambios a nivel legislativo, la socialización, la difusión, la educación también son importantes", concluyó la asesora.

 Utilidades
Imprimir
Enviar
Títulos
Ranking
Tamaño
 ASISTENCIA AL USUARIO | 903 1986  ..........................................................................................
 CLASIFICADOS | 400 2141 - 131  SHOPPING EL PAIS | 903 1986
 REDACCION IMPRESA | 902 0115  REDACCION DIGITAL | 902 0115 int 440
 PUBLICIDAD IMPRESA | 902 3061  PUBLICIDAD DIGITAL | 900 2338
Zelmar Michelini 1287, piso 4, CP. 11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2006
Miembro de GDA, Grupo de Diarios de América
Powered by ANTELDATA
Medición de Tráfico
Certifica.com