MAGDALENA HERRERA
Jorge Pacheco Areco era entonces presidente. El ambiente político no estaba para nada calmo en el país. El 18 de mayo de 1970 una ola de nueve atentados, con bombas caseras, llovía sobre agencias bancarias y comercios de Montevideo. Para esos días, 26 uruguayos ya habían pasado por Quito, y luego por Bogotá, aclimatándose a la altura y preparándose para varias disputas que no les serían nada fácil. Menos aún, teniendo en cuenta los contratiempos y hasta "una mano negra" que los acompañó por demasiados momentos durante más de dos meses. Hacia México viajaron 22 de ellos. La elección de los cuatro que retornarían no fue fácil. Todos se encontraban en un nivel muy profesional, similar, más allá de alguna figura que descollaba como Pedro Rocha, entre otros.
El 15 de mayo, la selección celeste llegó a Puebla, dispuesta a "salir a la cancha a jugar con dientes apretados y ganar", según cuenta uno de los jugadores de entonces, Julio César Morales. Coincidentemente con la previa al Campeonato Mundial de Fútbol de México `70, también Peñarol peleaba la final de la Copa América con un equipo prácticamente de reserva, salvo excepciones. Eran tiempos en que los dos grandes se encontraban en ligas mayores. Tanto Nacional como los aurinegros, no sólo competían, sino que ganaban y ganaban en Sudamérica y Europa. La televisión color había aparecido en algunos países. En Uruguay, prácticamente nadie llegó a ver el Mundial más que en blanco y negro.
Hace unas semanas, uno de los diarios deportivos de mayor tiraje de España, Marca, publicó una encuesta sobre la selección que más se extrañaría en Alemania 2006, que comienza el 9 de junio. Uruguay fue el más votado, con un 34%. ¿Nostalgias de los `50? ¿Sigue pesando el fantasma del Maracanazo? ¿Recuerdos de esa selección del `70 que dejó todo en la cancha del Azteca y luego en Guadalajara?
Porque desde hace exactamente 36 años que la celeste no logra, ni siquiera se acerca, a ese cuarto puesto que consiguió el plantel nacional en México. Sin embargo, para aquel momento se sintió como una completa derrota. Todos, jugadores, técnicos, dirigentes y hasta el propio pueblo uruguayo debieron hacer su duelo. Por supuesto que no imaginaban que nunca más se conseguiría algo semejante. "Como delegación decidimos no ir a recibir los premios. Éramos así, si no salíamos campeones no significaba nada. Pesaba la historia y la actuación de los clubes grandes que siempre tenían buena figuración. Éramos producto de lo que vivíamos, y en ese momento no lo sentimos como que habíamos ganado algo. No hay que olvidar que tanto Nacional como Peñarol eran potencias de América", reflexiona otro de los mediocampistas de entonces, Ildo Maneiro.
Claro, después de más de 30 años, uno se da cuenta que fue una victoria, señala el defensa del `70, Luis Ubiña. "Después de eso no logramos algo así. Pero bueno, para nosotros el fútbol era algo que hacíamos porque nos apasionaba, nos divertía, y además nos pagaban. Así lo veíamos y sentíamos. Pensábamos que llegaríamos a la final. Hoy muchos tienen dólares, pero no títulos. Yo sigo viviendo en el Cerro, en una casa humilde, pero en estas paredes hay dos mundiales, varias copas de América, entre otros premios. Lo disfruté y no me arrepiento de nada, porque antes el fútbol daba alegría a los barrios. Hoy no la da."
Sí, el cuarto puesto fue sentido como un fracaso. No estábamos satisfechos, agrega Julio César Morales. "Trabajábamos para ser los mejores. Todos adorábamos el fútbol. Cuando perdíamos en nuestros respectivos cuadros nos daba vergüenza salir a la calle. Lo hacíamos por el país pero también por nosotros mismos. No nos hacíamos los distraídos. Hablan de tal o cual jugador como los mejores. Pero si no tiene títulos, no se es el mejor. En la cancha no se juega con 1, 2 o 3 futbolistas, sino con 11, y un gran equipo con 22. En México del `70 teníamos más de 22. Si se trabaja duro, se llega a lugares importantes. Salimos cuartos porque teníamos una gran cantidad de jugadores de nivel, con los que no contamos hoy. Era un equipo competitivo, y en algún momento hizo temblar a más de uno. "
Todavía existía la mística charrúa. Los 22 jugadores estaban para la misma: llegar a la final. "Fue una selección estupenda -señala otro de los defensas, Juan Mujica- teníamos una amistad, más allá de algún problema en los clásicos. El lunes en la mutual nos pedíamos disculpas, y punto y aparte. Nuestro objetivo como plantel era el profesionalismo y el grupo. Quizás no sentimos el cuarto puesto como un gran logro, pero estábamos conformes dado las dificultades que se nos habían presentado. Se perdió esa mística que existía entonces, como quedaron en la historia tantas otras cosas. En aquella época existía un gran respeto entre todos los jugadores".
EN LAS ALTURAS. Por más de un mes, además de las notas sobre el entrenamiento de la selección en Cochabamba Quito y luego Bogotá, en plena aclimatación a la altura, el enviado de El País, Marcelino Pérez, escribió crónicas imperdibles sobre lo que era el toque de queda y la ley seca en la capital colombiana. Narró que a puertas cerradas la sociedad utilizaba esos ratos para los eventos sociales, contó cómo pese al peligro, muchas personas viajaban a otros lugares a divertirse y contrariar la temida regla de no beber, y relató sobre lo que sucedía cuando se capturaba a alguien que no seguía las reglas establecidas.
El estado de sitio en Colombia, por veintipico de días, no sería el primer ni el último contratiempo para el seleccionado. "Igual fue muy fuerte -recuerda Maneiro- vivías hasta las seis de la tarde. Sin embargo, existía convencimiento hacia donde íbamos, y compromiso profesional brutal. Ese grupo fue capaz de convivir mucho tiempo y prepararse para un objetivo, teniendo a su mejor jugador, Pedro Rocha, con problemas de aductores. Lo veíamos sufrir por querer llegar. Fuimos con la incertidumbre de si jugaría la estrella ofensiva ".
Ya en México, el plantel siguió su entrenamiento desde Puebla, con varios amistosos pactados. En los diarios uruguayos, se mezclaban las noticias desde el Mesón de los Ángeles, donde concentraba el seleccionado, con los momentos tensos que se vivían en Montevideo. "IAVA ¿casa de estudio o qué? Aplicarán medidas preventivas"; "sediciosos pretendieron copar el Cine Plaza"; "un nuevo atentado contra secundaria", "presidente reunido con alto mando", "saquean un cuartel y se llevan 500 armas"; "un sedicioso muerto en tiroteo con la policía, dos heridos", fueron algunos de los titulares entre el 23 y el 30 de mayo. Al otro día comenzaba la Copa .
MALA PRENSA. Los diarios mexicanos se hicieron el día con dos incidentes del plantel celeste, que no contribuyeron a su buena fama antes del comienzo del Mundial. Un cruce de manos entre Montero Castillo y Fontes en un entrenamiento llevó a que se titulara "Uruguayo a las bofetadas". En tono más jocoso, se cubrió la ida de los futbolistas a una plaza de toros, donde debieron correr cuando los animales salieron a la arena. "No contábamos con buena prensa allá. Nos llamaban los matones y, quiera o no, pesaba en el campo. Los jueces nos estaban esperando. En ese sentido nos hicieron la vida algo imposible", señala Morales.
Se fabricó una idea equivocada, dice Maneiro. "El favorito de México era Brasil, al extremo que se modificó el lugar de la semifinal. Pero el equipo uruguayo todavía hacía fútbol, teníamos calidad y no éramos agresivos. Claro, jugábamos de contra, en zona, y había gente un poco más fuerte como Montero Castillo, Mujica, Ubiña, pero no existía la patada de matones".
"Se utilizaban técnicas para explotar al máximo al plantel", recuerda Morales. "Se logró precisión y automatismo: futbolistas sólidos que pasaban la pelota al compañero y éste, también devolvía una pelota y no una piedra. Eso lleva años de esfuerzo y trabajo".
Fue la última época en que los jugadores nacían, crecían y se desarrollaban en el fútbol profesional nacional. "Era un deporte que reunía fácilmente 60 mil personas todos los fines de semana. Los dos grandes equipos se reforzaban con los mejores jugadores del medio. Eran como dos selecciones. Fue la consecuencia de una estructura deportiva muy buena. Se quemaban todas las etapas, y no se experimentaba", indica Maneiro.
El plantel estaba compuesto por campeones regionales y nacionales, y algunos que tenían dos o más mundiales. "Con experiencia -aclara Ubiña- los seleccionados estaban integrados por 8 o 9 de Nacional y otro tanto de Peñarol. Ahora hay que traerlos de Europa. No se puede lograr un buen plantel con jugadores que llegan de diferentes lugares, climas, cambios de horarios. El fútbol no es tan fácil".
OTRO JUEGO. Justamente porque no le gusta lastimar al fútbol, es que Julio César Morales hace mucho tiempo que no da una entrevista. "Es una profesión espectacular que respeto, y de la que no me gusta hablar mal, más allá que entiendo que un equipo, para ser tal, debe amalgamarse y complementarse durante los 90 minutos. Y hoy, es un desastre. Lo fundamental es la técnica, ¿y sabe cuándo se adquiere? Entre los 8 y 10 años. Luego es trabajo, sólo así se logra precisión. Actualmente es muy difícil armar un equipo competitivo, no creo que se pueda aunque me encantaría. Eso lleva entre 8 y 10 años de trabajo, y se debe empezar con niños. Paso todos los días por 8 de Octubre y hay dos chiquititos de no más de 10 años durmiendo en la calle. Esos niños tienen facultad. Saben dónde encontrar comida y robar. Tienen la picardía; pues démosle una pelota, comida y dónde dormir. Es fácil pero no se hace. Todo el mundo está para la de uno ".
Ha cambiado todo, coinciden los ex-jugadores. "Estuve más de 6 años en Nacional -explica Mujica- y todos mis compañeros también habían pasado de clubes chicos a grandes, lo que significaba un filtro. Ya estábamos maduros. Ahora eso no existe: tienen 16, 17 años, o 35 y 36. De Bella Vista podés llegar a ir al Atlético de Madrid. Falta una franja de jugadores, entre los 20 y 30, cuando es el mejor momento de la carrera de un futbolista. Llevarse a los chiquilines al exterior es un gran error: el jugador no madura ".
DEBUT Y DESGARRO. Para cuando Uruguay se preparaba para jugar su primer partido en México, contra Israel, los ingleses acaparaban titulares pero no por su fútbol. El capitán del equipo, Bobby Moore, había sido detenido y acusado de robar en Bogotá. Los futbolistas salieron en su defensa, además de la selección británica completa. "Moore gana 240 dólares semanales por jugar, y 60 mil anuales por extras del fútbol", aclaraban los delegados ingleses. "¿Les parece que un jugador de su categoría se comprometería a tal punto de robar en una joyería?"
El 1º de junio comenzó la Copa con la disputa entre México y Rusia, sin goles. Al día siguiente, El País titulaba "Uruguay va por otra conquista histórica". Esa tarde disputó su primer partido, ganándole a Israel por dos goles, uno de Mujica y otro de Maneiro.
Pero ese partido le costó el delantero estrella al equipo celeste. A los 30 minutos, Pedro Rocha salió lesionado, con desgarro de aductor, y ya no pudo actuar en el Mundial. "No me olvido más cuando a las tres de la mañana me despertó Hohberg para decirme: "Peta, se me lastimó Rocha y no podrá jugar". Teníamos muchos valores, pero igual era un gran pérdida", recuerda Ubiña.
La lesión de Rocha fue un traspié importante para el equipo, también en lo anímico. "No teníamos centrodelantero del nivel que necesitábamos -dice Mujica- Pedrito tenía un montón de jugadas preparadas. Pienso que quizás con él hubiéramos llegado a la final. Indudablemente era nuestra arma de triunfo. Fue un jugador estupendo, un gran cabeceador, y el técnico Hohberg durante casi dos meses y medio había entrenado mucho con él. Lo habíamos adaptado y ayudado todos, y jugaba de memoria con nosotros".
Rocha era la esperanza para el gol, para la genialidad, la pegada bárbara, porque era un jugador extraordinario, confiesa Maneiro. "Tenía mucha categoría y nos hubiera dado más jerarquía en la ofensiva. Lo perdimos y la actuación del plantel se transformó en algo más grupal, un trabajo de hormiga. Quizás eso valora más la labor que se hizo para llegar a la cuarta posición".
Las malas noticias no sólo llegaban de Puebla. "Cobarde agresión a policías: sediciosos balean a los agentes en las puertas de Canal 4", se señalaba en algunos diarios. "Generales retirados advierten y se inquietan por la subversión actual: sediciosos pasan a la justicia militar". En Argentina, el ambiente político también sufría convulsiones. El ex presidente Aramburu había sido secuestrado por los montoneros y condenado a morir por un tribunal vaya a saber formado por quién. Pocos días después renunció el presidente Onganía, tras ser rodeada la Casa Rosada, y asumió una junta militar. A la semana, el general Levingston era presidente.
"Con dientes apretados, igual salíamos a ganar", reitera Julio César Morales al referirse a la pérdida de Rocha. El sábado 6 de junio, Uruguay debía jugar contra Italia, "fue más, pero no pudo penetrar", dicen las crónicas de uno de los seis enviados de El País. Resultado: cero a cero, y Ubiña y Montero levemente lesionados.
MANO NEGRA. Cuatro días después del empate contra el plantel italiano, los celestes se enfrentaban a los suecos, con árbitro brasileño. A último momento, una carta enviada por el presidente de la FIFA Stanley Rous modifica las reglas establecidas y el juez del partido pasa a ser un estadounidense. Corren rumores infundados de soborno. La Asociación Uruguaya de Fútbol eleva una carta de protesta. "La mano negra nos perjudica", señala el presidente de la delegación, Alfredo Fernández . Suecia ganó uno a cero.
Para entonces, Brasil era favorito, con la genialidad de Pelé. El futbolista batió récord: llevaba 20 mil autógrafos firmados en lo que iba del Mundial.
"Uruguay, un pueblo vivando su nombre", trasmitía El País en su primera plana, el 14 de junio, previo al encuentro frente a la URSS. Al otro día, la victoria traducida en palabras en otro titular: "Uruguay siempre Uruguay, entre los cuatro mejores del mundo". Un gol de Espárrago dejó a los rusos afuera.
OBSTÁCULO. Los jugadores uruguayos festejaban el triunfo frente a la URSS, sin saber aún que habría un nuevo contratiempo en el camino, esa misma mano negra a la que se refería el Cr. Fernández. Lo convenido anteriormente por FIFA era que si los uruguayos ganaban, la semifinal contra Brasil sería en el Azteca. Sin embargo, con muy poco tiempo de antelación, se anunció que el partido se jugaría en Guadalajara donde se encontraba la delegación brasileña y había 38 grados de calor como en Río de Janeiro. Los brasileros estaban en casa, y los uruguayos debían recorrer 725 kilómetros para disputar el partido. Corrieron rumores que el presidente Pacheco Areco convidó a la delegación celeste a retirarse del Mundial, pero fueron desmentido por la AUF.
"Parecía que estaban en su país porque todos los apoyaban. Y nosotros debimos ir desde la altura al calor. Igual, no es justificativo porque Brasil tenía un gran equipo", señala Mujica.
Fue una improvisación muy mal resuelta y por más que Uruguay iba con entereza a jugar contra el monstruo de las siete cabezas, según palabras de Maneiro, la preparación no fue la mejor. "Veníamos con un partido con alargue, nos despertaron a las cinco de la mañana, luego de dos meses y medio de gira teníamos que tener todas nuestras cosas preparadas para el regreso Y luego viajamos primero a Ciudad de México, y hacia Guadalajara. No fue un viajecito cualquiera. Eran muchos contratiempos, que sumados, restaron en el rendimiento del equipo. Brasil históricamente tenía un gran poderío y se modificó algo que hoy, trasmisión televisiva mediante, sería imposible. Pero bueno, perdimos contra un equipo que hizo historia. Brasil del 70 fue uno de los seleccionados más capacitados en desarrollar el fútbol más práctico, artístico y creativo del planeta".
Antes del juego Pelé había proclamado en la prensa: "Este es mi último mundial y quiero ganarlo". Uruguay cayó 3 a 1, dejando a los brasileños como finalistas frente a los italianos, y luego vencedores de la Copa del 70. ¿Pesó que estuviera Pelé en el campo? "No, al contrario", dice Morales. "Y eso que ese jugador sí que tenía automatismo, técnica, magia, magia en serio. La agarraba, la pisaba, corría con la pelota. La única manera de sacársela era con una chilena en la cara".
"La espectacular ofensiva celeste", catalogada así por la prensa, no consiguió vencer a los alemanes en el uno a cero, y llegar al tercer puesto. "Nos hicieron un gol más bien de contraataque, y nosotros nos jugábamos la vida o la muerte. Se metieron todos atrás y no pudimos hacer el gol. Pero fue un gran partido", indica Mujica, a lo que Maneiro agrega: "Uruguay jugó mejor".
Tres días después, el titular de El País los recibía: "Bienvenidos, supieron cumplir". En lo político seguían las convulsiones y se clausuraban diarios. Llegaron épocas negras para el Uruguay, pero hubo 22 hombres que marcaron historia en el fútbol nacional: Atilio Ancheta, Juan Mujica, Luis Ubiña, Roberto Matosas, Ildo Maneiro, Julio Montero Castillo, Pedro Virgilio Rocha, Víctor Espárrago, Luis Cubilla, Julio César Cortés, Julio César Morales, Dagoberto Fontes, Ladislao Mazurkiewicz, Julio Losada, Alberto Gómez, Francisco Cámera, Omar Caetano, Walter Corbo, Oscar Zubía, Rúben Bareño, Héctor Santos y Rodolfo Sandoval.
Otra mirada
"Fue la última selección sustentada en valores tradicionales del fútbol. Tenía solidez y garra. Hohberg y Langlade maximizaron las posibilidades. Si no hubiera sido por la lesión de Rocha, Uruguay pudo haber peleado el título. El fantasma de Maracaná rondaba en el ambiente". Jorge Da Silveira.
"Fue la última que jugó al más puro estilo uruguayo, el cual era y es el mejor. México marca un punto de inflexión en la confusión generalizada posterior en la que entramos y aún vivimos los estamentos del fútbol nacional". Jorge Savia.
"Con el tiempo nos damos cuenta el gran logro. Se aclimató a la altura, tuvo ausencias importantes, y soportó la maniobra de Brasil, que junto al comité organizador, cambiaron el estadio para la semifinal." Lalo Fernández.
"En primera instancia, se consideró un fracaso. A la distancia, vemos con nostalgia que ese cuarto puesto fue espectacular. ¡Qué gran equipo era ese!". Julio Sánchez Padilla.
Un equipo técnico de excelencia
En un amistoso contra Atlante, Pedro Rocha resultó lesionado por un compatriota, Gisleno Medina, quien jugaba en el equipo contrario. Más allá que no hubo intencionalidad, Medina no soportó la tensión, se quitó la camiseta y se retiró del campo. "Honda preocupación, escribían los enviados, por el delantero (catalogado por la prensa mexicana como el "Pelé de Uruguay"). El D.T. Juan Eduardo Hohberg, el preparador Alberto Langlade, el asesor Juan López y el Dr. Roberto Maslíah, no disimulaban su inquietud.
"Una de las cosas más lindas que me tocó vivir fue después del partido contra URSS, cuando una personalidad como don Juan López, quien asesoraba a Hohberg, me señala mientras caminábamos por el terreno: "no hay pasto de la cancha que no hayas pisado hoy". Imaginate la cosa enorme que me dijo, lo recuerdo y me emociono. Era paternalista, siempre tenía tiempo para interesarse por la familia", señala Ildo Maneiro.
Si hay algo que todos los ex jugadores concuerdan es en la excelencia del equipo técnico. "Hohberg: oro en polvo", dice Ubiña. "Teníamos un cuerpo espectacular", concuerda Morales. "Hohberg era una persona de bien y además había sido un excelente jugador. Conocía de mañas, tácticas, estrategias, y tener bien motivados a los jugadores"
A cual mejor de los tres, señala Mujica. "Tuve enorme respeto y cariño por Langlade". Maneiro agrega: "Hohberg fue un revolucionario, tenía una imagen física y de convencimiento, esencial en la convivencia de tantos días del plantel".