CAMBIA, TODO CAMBIA
Agricultura siglo XXI
Siguen soplando buenos vientos para la agricultura uruguaya. Los precios están firmes y la producción, pese a la sequía, resulta satisfactoria en la zafra que culmina. Las perspectivas apuntan a un aumento de las áreas.
Este desempeño se da en el marco de fuertes cambios en la forma de producir granos en nuestro país y en la forma de comercializarlos.
Después de décadas de intervención estatal, llegó el período de adecuación al Mercosur, que implicó desmantelar, paulatinamente, aquel régimen. La producción agrícola quedó más expuesta a la competencia regional y mundial, y comenzó a tomar en forma más directa las señales del mercado internacional. Fueron tiempos de incorporación de tecnología y aumentos en los rendimientos. Pero restaba aún el fuerte cambio empresarial, que comenzó a registrarse a partir de la crisis regional de 2002.
Con la imposición de retenciones en Argentina, muchos chacareros vecinos cruzaron el charco para sembrar aquí, donde los precios eran mayores y la tierra más barata. También llegaron brasileños y europeos. Algunos lo hicieron para probar suerte; otros, como estrategia de largo plazo.
Para los locales, la señal fue clara: cambiar o desaparecer. Afectados por la crisis financiera, sin crédito y endeudados, muchos agricultores dejaron la producción, en una tendencia que se expresaba desde hacía un tiempo.
Otros cambiaron, adaptándose a las nuevas condiciones y mejorando su desempeño. Muchos medianeros se transformaron en contratistas, apuntando a ofrecer servicios a los operadores que expandían su actividad. Muchos productores se volcaron a la ganadería y arrendaron parte de su tierra. Otros se asociaron, algunos se expandieron. Nadie se quedó quieto.
Hoy, la agricultura uruguaya está irreconocible. Los granos se venden a futuro, con varios meses de anticipación. Las empresas exportadoras, los proveedores o los propios agricultores financian los cultivos. Los bancos brillan por su ausencia.
La gestión de las empresas se profesionaliza y se especializa. Transportistas, contratistas, traders, agrónomos especialistas, exportadores, cada uno tiene un rol definido en la cadena de valor. Las mayores escalas de producción permiten una mayor eficiencia productiva.
En cuanto a tecnología, además de la adopción de transgénicos (toda la soja y más de la mitad del maíz) y la siembra directa, nuevos avances en genética, rotaciones, sistemas de alerta sanitario, calidad, componen un panorama dinámico y de permanente adaptación.
En este informe repasamos las nuevas tendencias y desafíos del sector, con especial énfasis en la soja, los cultivos de invierno y el uso de los granos forrajeros en la ganadería. Del arroz nos ocupamos en las páginas 48 y 49 de esta edición. A las chacras.