Viernes | 12.05.2006
Montevideo, Uruguay | 10:59
 La Semana En El País
PELIGRO | La primera escala en la guerra al terrorismo podría sufrir un fuerte retroceso en un clima de gran inestabilidad
El Talibán recupera simpatías y ya controla zonas en Afganistán
El grupo islámico ya rodea ciudades en el sur del país; a tres años de su caída es una presencia inquietante

KABUL | THE NEW YORK TIMES

Con una campaña invernal de atentados suicidas y asesinatos y la convicción de que las tropas estadounidenses se están yendo, el Talibán parece estar trasladando su insurgencia hacia una nueva fase, inundando las áreas rurales del sur de Afganistán de armas y hombres.

Ayer para complicar aún más las cosas, un caudillo afgano buscado por Estados Unidos juró lealtad a Osama Bin Laden en una cinta emitida por Al-Jazeera.

Y aunque cada vez que llega la primavera empieza la temporada de enfrentamientos, datos como esos, hacen temer que la primera de las batallas de la guerra al terrorismo podría estar sufriendo un fuerte retroceso.

"El Talibán y Al Qaeda están en todos lados", le dice Haji Saifullah, un tendero, al comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, el Teniente General Karl Einkenberry, mientras camina por el bazar de Kabul y habla con la gente. "En la ciudad está todo bien, pero si sale de la ciudad, están en todas partes, y la gente los apoya. No tienen opción".

El hecho de que las tropas estadounidenses estarán saliendo de Afganistán en los próximos meses, dejando a las fuerzas de paz de la OTAN, quien ya adelantaron que no lucharán contra terroristas, dio un impulso a los terroristas, y aumentó los temores de los afganos.

La llegada de grandes cantidades de talibán a las aldeas, cargados con dinero y armas, generó una ola de desconfianza pública en el gobierno afgano, ya de por sí dañado por la falta de progresos tangibles y frustración por líderes corruptos e ineficaces.

Uruzgán, la provincia donde el presidente Hamid Karzai fue a buscar apoyo contra el Talibán en los meses que siguieron a los atentados del 11 de setiembre, está ahora dominada, otra vez, por los militantes islámicos y la capital provincial está cada vez más rodeada por áreas bajo control talibán, reconocen autoridades locales y estadounidenses. Un reciente informe de la misión de la ONU revelaba similares temores.

El nuevo gobernador provincial, Maulavi Abdul Hakim Munib, de 35 años, que asumió hace un mes, controla sólo una "burbuja" alrededor de Tirin Kot, la capital, reconoció un oficial estadounidense. El resto de la provincia está repleta de insurgentes, a tal punto que los mapas militares de la base estadounidense están teñidos del rojo que señala peligro. Aunque Uzurgán siempre ha sido problemática, al menos el año pasado había un distrito de color verde.

"La situación no es buena", le cuenta el gobernador Munib al general Eikenberry, en una reunión con ancianos líderes tribales. "El número de talibán y el enemigo es mucho mayor que el de la Policía y el Ejército Nacional afgano en esta zona".

Uruzgán no es la única provincia que empieza a estar fuera de control. Helmand y Kandahar en el sur, han sido inundadas por extremistas, al mismo tiempo que grandes grupos de talibán atraviesan las zonas rurales, intimidando a los lugareños, emboscando vehículos, y buscando una pelea con las fuerzas afganas o de la coalición.

Los insurgentes también manejan partes de las provincias de Zabul, Ghazni y Paktika al sureste y han aumentado las emboscadas en la carretera principal que une Kabul y Kandahar.

La Casa Blanca está alarmada, de acuerdo a un oficial de Inteligencia cercano al gobierno estadounidense. Aseguró que aunque algunos miembros importantes de la administración consideran la situación en Irak no es tan mala como refleja la prensa, en Afganistán la situación es peor de lo que se muestra.

En una de las acciones más serias, unos 200 talibán ingresaron al distrito de Panjawi, a sólo 20 minutos de la capital del sur, Kandahar, el lugar donde nació Karzai. La Policía y las fuerzas de la coalición los enfrentaron hace dos semanas, pero los Talibán volvieron, y están caminando abiertamente por las ciudades con sus armas y sentándose bajo los árboles a comer moras, según un residente local.

El lugareño, que pidió no ser identificado por temor a represalias, dijo que los talibán demandan comida, alojamiento y el diezmo musulmán, el zakat. Su desparpajo y la imposibilidad de las fuerzas de la coalición para detenerlos, empieza a hacer que la opinión pública dude de la eficacia del gobierno.

Por primera vez el gobierno afgano envió 500 hombres de la última promoción del Ejército Nacional afgano a la provincia. La fuerza policial de Uruzgán es de 347 efectivos, con 45 hombres distribuidos en cada uno de los distritos, pero muy pocos se presentaron a trabajar. Estados Unidos estima que los talibán armados en la provincia son entre 300 y 1.000. El gobernador estima que hay 300 insurgentes armados en cada distrito.

El Talibán está advirtiendo que habrá más ataques, le cuenta Saifullah, el tendero, al general Eikenberry. "Durante el día la gente, la Policía y el Ejército están con el gobierno, pero de noche, la gente, la Policía y el Ejército están todos con el Talibán y Al Qaeda".

Ayer, cuatro agentes de una compañía de vigilancia que escoltaba un convoy con provisiones para el Ejército estadounidense en el sur de Afganistán fueron muertos durante un ataque atribuido a los talibán.

Esa clase de noticias son un recordatorio de que aún queda por hacer en Afganistán, cuatro años después de que cayó el Talibán.

Obediencia a Osama Bin Laden

El "señor de la guerra" afgano Gulbudin Hekmatyar mostró ayer su disposición a luchar, a las órdenes de Osama Bin Laden, en contra de la ocupación extranjera de su país y de otras naciones islámicas.

Hekmatyar, fundador del partido Hizb-Islami, culpó, en un video emitido por la cadena Al Jazeera, a los países occidentales por haber rechazado la oferta de tregua hecha hace unos meses por Bin Laden.

"Agradecemos al jeque Osama Bin Laden, al doctor (Ayman) al Zawahiri (número dos de Al Qaeda) y a otros por la ayuda que nos han ofrecido en la lucha contra la ocupación soviética (de Afganistán) y por los valiosos sacrificios que nos ofrecieron", dijo el líder afgano.

Hekmatyar añadió que "espera compartir la lucha bajo su mando (el de Bin Laden) para mostrar nuestro agradecimiento por los sacrificios que ellos hicieron por nosotros".

El dirigente afgano, en su primera aparición desde que fue expulsado de Irán en 2002, acusó a las potencias occidentales de tratar de imponer su hegemonía en los países islámicos a través de su ocupación militar.

El "señor de la guerra" afgano, que fue primer ministro de su país antes de la llegada al poder del régimen talibán en 1996, dijo que "hay una determinación de los países extranjeros de dominar los países islámicos bien directa o a través de sus agentes para robar sus recursos".

"También están decididos (los países occidentales) a no permitir la creación de gobiernos islámicos. Además, piensan continuar las guerras en Afganistán e Irak para lograr sus metas", explicó.

Hekmatiar es uno de los señores de la guerra más odiados por la población de Kabul, que le acusa de haber sido responsable de su bombardeo durante la guerra civil que siguió a la salida de las tropas soviéticas. Fue acusado repetidamente de ser un traficante de heroína. EFE

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