CARINA NOVARESE
La calle Termópilas, en pleno Cerrito de la Victoria, fue la cancha de fútbol de la que conserva recuerdos más entrañables el actual técnico de la Selección nacional, Oscar Washington Tábarez. Nacido en un hogar de clase media-baja —papá empleado de una heladería primero y público después, y mamá ama de casa—Tabárez se crió junto a sus dos hermanos menores haciendo lo que todos en su barrio: jugar en la calle, y al fútbol.
Por aquellos años 50, recuerda el entrenador, los niños ocupaban todo su tiempo ocioso practicando ese deporte, algunos bien, otros más o menos y otros muy mal. En las familias, sin embargo —al menos en la suya— no había expectativas al respecto. Es decir, todavía no había "millonarios" vendidos al exterior en dólares y más tarde en euros. Por lo tanto, en un hogar como el suyo la prioridad era la educación. Primero fue la escuela N 87 —siete cuadras en subida por el Cerrito de la Victoria y otras siete de vuelta con viento a favor—, luego el liceo de la zona y hasta un pasaje breve por la facultad de Derecho. Como aquel tango, Paseo Colón —"adonde van los que tienen perdida la fe", tararea Tabárez—, el entonces jugador de fútbol terminó en Magisterio, haciendo la carrera que ejerció durante más de 15 años y que hasta ahora determina su nombre, cada vez que alguien lo llama por el famoso "Maestro".
Su decisión de estudiar Magisterio, sin embargo, no fue falta de fe, sino opción racional en busca de relacionamiento persona a persona, dice ahora, luego de tratar con miles de niños y cientos de adultos en diversos equipos del mundo. Ya recibido, recién casado y mudado al Cerro, Tabárez siguió jugando al fútbol profesionalmente en varios cuadros; a los 18 años, una edad con la que en esta época ya sería un "viejo" para jugar, entró a la tercera de Sudamérica.
Más de 35 años después tiene una idea clara de lo que fue como jugador: "de término medio, pero modestamente jugué en el primer equipo chico que llegó a Copa Libertadores". Con 32 años cumplidos, lesiones repetidas y la cuarta hija en camino, Tabárez le comunicó a su esposa que "fútbol, como jugador, nunca más y ni para picado con los amigos". Con evidentes problemas económicos no dudó en hacer el curso de entrenador en busca de abrir alguna otra puerta.
La puerta se abrió. Y de par en par. En poco tiempo Tabárez entrenó varios equipos nacionales y de pronto se encontró al frente de la selección uruguaya, una época que ahora no quiere recordar públicamente. El técnico se permite volver a sus años de niñez, a sus primeros tiempos como jugador, a su experiencia como maestro y hasta a sus comienzos como entrenador, pero se niega enfáticamente a "hacer revisionismo" sobre su pasaje por el equipo nacional. "De 1990 no hablo", dice categórico. Es que, apunta con inequívoca voz de molestia, "todo el mundo dijo de todo y ya nadie quiere escuchar qué es cierto y qué fue un invento".
—Cuando presentó su plan para la selección nacional usted repitió varias veces la palabra educación. En ciertos niveles sociales el fútbol es percibido como "la salvación". ¿Cómo se convence a una familia que pone todas sus esperanzas en un niño que juega bien que en realidad la prioridad es la educación?
—En mi época eso era impensable. Ni se planteaba. Lo que uno buscaba, quizás inconscientemente, era el prestigio social que primero se daba en la cuadra, luego en el barrio, en las divisiones inferiores y, tal vez, en las primeras divisiones. Pero se trataba de encarar desafíos y no de plantearse de antemano que había que llegar al fútbol de Europa para ganar un buen dinero. Pero todo cambió; ahora se buscan los talentos en cualquier lado y por ellos se pagan sumas inimaginables antes, y desde edades cada vez más tempranas. Pero no es que los niños piensen en ser millonarios por iniciativa propia, es el entorno. Son partícipes de una situación que puede ser respetable pero que no se condice con datos estadísticos. Entre los niños que juegan al fútbol en Uruguay, sólo el 0,14% llega a tener un pase a Europa. No son más de 10 los jugadores que van por año a Europa. Entonces, es muy difícil apostar al fútbol desde que el jugador es un niño. Y eso hay que hacérselo entender a los padres, con estos datos de la realidad. Hay que informar y educar, propiciando un cambio cultural. También hay que hacerles ver que el hecho de que se dedique exclusivamente al fútbol no solo no garantiza que se concrete ese sueño sino que no asegura que se juegue mejor al fútbol. Para mí un jugador se favorece como jugador si tiene que dedicar parte de su día al estudio.
—¿Esa educación lo ayudará a negociar mejor su futuro futbolístico?
—No solo eso. Un jugador que sale al exterior tiene que saber de la vida, desde geografía hasta la actualidad de los países, pero también saber como hablarle a un periodista y saber cuando lo utilizan y cuando no. Eso no se aprende dentro de una cancha. Hay que apostar a los cambios culturales. Y esto es lo que ahora proponemos con este largo plazo. Como nunca se hizo hay gente que se pregunta para qué sirve y que a la primera derrota dirá "tanto largo plazo y no ganamos". Es necesario paciencia y humildad para intentar hacer las cosas que se hicieron en otros medios con buenos resultados. ¿Somos el ombligo del mundo? ¿Por qué lo que sirvió afuera no puede servir acá?
—¿Se planteó la posibilidad de que en los niveles juveniles sea obligatorio el estudio como precondición para jugar?
—Sí. De hecho en ONFI (Organización Nacional de Fútbol Infantil) muchos equipos ya lo hacen —la mayoría— cumpliendo con una obligación constitucional que dice que hay que ir a la escuela. E incluso se llega a controlar el rendimiento.
—¿Todos los técnicos son tan conscientes?
—Tampoco hay que dar la idea de que todo es un desastre y de que los técnicos no exigen nada. Es una idea errónea y a veces se propicia porque acá o estamos con el blanco o estamos con el negro. Tenemos cosas por mejorar, pero tenemos mucho bueno previo a la llegada de Tabárez o de cualquier otro.
INCAPACIDAD
—¿Como se hace para que la gente, el hincha, crea en el largo plazo cuando en los últimos 16 años, desde que usted se fue, desfilaron al menos ocho técnicos por la selección?
—Para que todos toquemos la misma canción se necesitará mucho tiempo, mucho cambio cultural y una adhesión mayor de todos los uruguayos al trabajo al largo plazo, porque hasta ahora hemos demostrado bastante incapacidad para hacerlo.
—¿Alguna vez el uruguayo creyó en el largo plazo en materia de fútbol? ¿Cuando un técnico se va, es solo porque la AUF se lo pide o porque buena parte de la gente luego de una derrota culpa al técnico?
—Los trabajos a largo plazo se hacen para dejar montada una estructura duradera, una organización que pueda aceptar a Tabárez como entrenador pero también al próximo. Todos hablan de los malos resultados desde ahora. Somos fatalistas. No hay posibilidad de que yo me vaya porque me puse viejo, porque le quiero dejar el lugar a otra persona mejor, sino porque perdimos. Todo el mundo se pregunta qué va a pasar cuando perdamos. Pero nadie se pregunta qué va a pasar cuando ganemos: ¿hacemos una apuesta de que me voy a quedar 20 años si ganamos? No, eso no va a poder ser. Hay que enseñar a la gente que si en Argentina sirvió, ¿por qué no acá? El que empezó con el largo plazo fue Menotti. ¿Ahora está Menotti? No, pero podría estarlo. Sentó las bases de una organización que se hizo robusta a pesar de todos los problemas.
—¿El largo plazo es su secreto del éxito?
—No es que sea el secreto del éxito. Es lo que hay que hacer esencialmente, porque si seguimos como hasta ahora no hay que descartar que estemos peor. ¿Por qué no vamos a aceptar un mecanismo que funciona? ¿Por la vanidad que tenemos de tiempos pasados y victorias pasadas? Hay una sola forma de hacer cosas y es a través de la organización. Y saliendo de lo inmediato. ¿Queremos quedarnos en este estado de cosas, en donde los que hablan no son los qué hacen? No. Tenemos que aspirar a que esta gente que habla y escribe como parte de su profesión, reflexione y vea las cosas desde otra perspectiva. Nos tenemos que llamar al silencio y la paciencia. Siempre aspirando a ganar, porque es parte del reglamento del fútbol, pero que si no se da no nos haga caer en depresiones o rechazos absolutos.
REZONGOS
—Cuando se habla del estado lamentable del fútbol uruguayo se mencionan muchos síntomas —jugadores que se van al exterior, corrupción, dinero de empresas, Paco Casal, hasta se menciona la alimentación— pero nunca se llega a un diagnóstico. ¿Cuál es el suyo?
—Todos esos son datos de la realidad. A lo que se suma que el medio interno ha perdido significación, porque aparte de todos los problemas organizativos y económicos se da el caso de que vienen jugadores de lugares que no tienen tradición futbolística, como Centro América, a ocupar lugares que no se pueden cubrir con jugadores uruguayos. Pero dentro de todos esos hechos negativos que usted me nombró, ¿no hay nada solucionable? Las dos opciones son: seguir como hasta ahora, rezongando y sin hacer nada, o ver qué cosas podemos ir solucionando. Yo creo que apostando a los niños, desde los ocho o 10 años se puede solucionar mucho. Y en eso es muy importante el apoyo estatal.
—¿Apoyo de qué tipo?
—De todo tipo. Se necesitan inversiones pero también una política estatal con metas. Por ejemplo, definir qué tipo de competencia queremos para los niños, la que está ahora o una en la que se diviertan más y el fútbol sea algo que puedan evocar con felicidad en otros momentos de la vida.
—¿Cuándo llegó a la conclusión de que esta propuesta de largo plazo es la solución que se necesita?
—Uno siempre piensa en estas cosas. Pero cuando volví a mi país, después de la última experiencia con Boca, observé la realidad de nuestro fútbol y saqué mis conclusiones. Lo que hacen los argentinos para mi está muy cerca del ideal de lo que se debe hacer, sobre todo en la atención de las divisiones juveniles. Pienso que acá se necesita una idea única, y no porque yo me crea nada especial. Necesitamos ideas rectoras que abarquen a todo el fútbol uruguayo. Lograr esta estructura nos pone a salvo de esos fatalismos que a veces nos planteamos; no es tan importante la persona que está al frente de este proyecto, sino el respeto por el tipo de trabajo que se debe hacer. Aún en el caso de que nos fuera increíblemente bien, y fuéramos campeones del mundo sub 17, sub 20 y fuéramos al Mundial, hay edad para todos y hay una edad para mí. Yo creo en la fuerza de la juventud y en la de los entrenadores que vayan apareciendo, pero ellos podrán actuar mejor con una estructura firme atrás.
DE UN LADO Y DEL OTRO
—¿Qué lleva a un entrenador que podría considerarse consagrado, a encargarse nuevamente de un comprobado dolor de cabeza como lo es la selección uruguaya que, aunque usted no quiera hablar de "fatalismos", en 30 años fue a tres mundiales?
—No fue fácil estar tres años en Boca: la presión es grande y la hinchada es exigente. Pero cuando me preguntan dónde sentí mayor presión, digo que sin dudas fue en la selección de Uruguay, porque ahí además de entrenador soy hincha. Yo siento el fútbol igual que tantos uruguayos: como un drama. Lo siento a veces como el propio jugador, que antes del partido piensa si habrá festejo por 18 de Julio como en otras épocas o una gran decepción. Esa es una carga que en otras partes del mundo no se tiene. Acá estamos imbuídos en un clima emocional más que racional. Acá no se discute con elementos racionales, sino con la camiseta puesta y poniéndose en determinadas posiciones pero no para resolver el problema, sino para marcar protagonismo al estilo "yo estoy de un lado y usted del otro". Y no sólo en el fútbol. Cualquier similitud con la realidad de estos días, es pura coincidencia.....como en las películas. Incluso me he enterado que a los periodistas se los puede catalogar con o contra Tenfield. A mí no me cabe, como ser pensante, que todo lo de un lado esté bien y todo lo de otro lado esté mal. No puede ser.
—¿No todo lo malo que le pasa a Uruguay es culpa de una empresa?
—No. Pero no quiero entrar en esa cuestión. Era simplemente un ejemplo. En nuestro país muchas veces no se perdona el éxito.
—¿Lo dice por experiencia?
—Sí, pero hay mil ejemplos. ¿Por qué en Argentina hay muchos más ídolos futbolísticos que en Uruguay? ¿Por qué Bochini es el ídolo histórico de Independiente, pese a que hace mucho tiempo que no juega, pese a que en su vida pueda tener altas y bajas como cualquier persona? ¿Por qué acá cuando hablamos de la historia de alguien no hay unanimidades sino un "si, era muy bueno...pero"?
—¿Cuál fue el último gran ídolo del fútbol uruguayo?
—Dígamelo usted, yo no lo sé.
—Con todos estos datos, incluyendo esa presión tan grande, ¿por qué acepta a la selección?
—Porque estoy preparado. Cuando uno está enfermo de una enfermedad grave capaz que genera anticuerpos. Tanto en el aspecto personal, familiar como profesional, no digo que esté totalmente vacunado pero tengo anticuerpos. Estoy preparado para mirar de acá para adelante. Todo lo que sea revisionismo creo que es una pérdida de tiempo que no me conviene ni a mí ni a este proceso.
—Mencionó más de una vez la palabra revisionismo. ¿Le molesta que le pregunten sobre el 90?
—Ahora me han preguntado a cada rato "¿qué errores que ha cometido en el pasado no cometería de nuevo"? Si me pongo a hablar caigo en temas que pueden dar espacio a que se empiece a especular con cosas que pertenecen al pasado; quien quiera traerlo a colación está en todo su derecho, pero yo no quiero que se utilice este presente para llevarme ahí de nuevo. No lo voy a hacer porque no me conviene.
INTERMEDIARIOS
—Para llevar adelante este proyecto de largo plazo no sólo se necesita de su voluntad sino también de la de quienes manejan el fútbol uruguayo. ¿Existe?
—Yo no soy el único que ha pensando en estas cosas. Ahora me veo en la situación de luchar para imponer este proyecto y llevarlo adelante con acción directa. Pero estoy segurísimo que muchos presidentes de clubes, dirigentes, entrenadores, profesores de educación física, tienen estas ideas, y que muchos las están llevando adelante desde sus ámbitos de trabajo.
—En Uruguay se dice que el dinero corrompió al fútbol. En otros países, en los que usted trabajó, hay mucho más dinero en el fútbol profesional y sin embargo es un gran espectáculo. ¿Por qué el dinero sirve en otro lados y acá destroza al fútbol?
—Hay problemas en todos lados. La globalización ha hecho que las brechas económicas sean cada vez mayores y que los países del primer mundo vengan a buscar gente acá, a veces incluso niños.
—En Argentina también pasa, y sin embargo tiene un fútbol exitoso.
—Pero no tiene la realidad demográfica que a Uruguay le hace tanto daño. Si usted en vez de tener cientos de jugadores tiene millones, la cosa es distinta, menos perjudicial. Y a eso se agrega el mercado interno del fútbol uruguayo, donde los "clientes" que van a la cancha o que pueden pagar el abono para acceder a la televisación de los partidos, son pocos. Pese a que somos chicos, seguimos siendo uno de los países en los que el fútbol es importante para la vida de la gente. Eso es lo que hace que se siga jugando al fútbol y que sigan saliendo buenos jugadores. Pero a esos buenos jugadores hay que formarlos mejor, a través de una estructura organizada y programada.
—Pero los jugadores buenos seguirán yéndose, es un dato imparable de la realidad.
—Pero se puede igual. Aunque hay gente que pide cosas imposibles. La crítica de que haya intermediarios puede estar bien. Pero la ilusión de que tienen que desaparecer para que el fútbol cambie es una utopía. La intermediación se ha institucionalizado en todos los ámbitos; en el fútbol hay gente que se dedica a esto por un interés económico y no creo que quieran dedicarse a otra cosa, aunque quizás puedan captar que es conveniente para ellos y para su función —que pueden llevar adelante siempre y cuando no exageren, siempre y cuando no violen normas y siempre y cuando se sometan a determinadas reglamentaciones que es responsabilidad de la gente que está al frente de las organizaciones hacerlas cumplir— que los futbolistas estén mejor preparados y mejor formados deportivamente, como queremos hacerlo con este proyecto. Que van a haber familias pobres, lamentablemente las habrá por mucho tiempo. Que van a aspirar a que sus hijos sean vendidos —no para salvarse ellos mismos sino por el bien de los hijos—, es así. Entonces, hasta que las cosas cambien, lo que tenemos que hacer es prepararlos mejor para que tengan independencia a la hora de tomar decisiones importantes en su futuro.
—¿Los uruguayos están en contra de los intermediarios en general, como usted dice, o de Paco Casal en particular?
—Casal no es el único intermediario que actúa. Las cosas pasan y yo se que pasan hasta en el baby fútbol, con arreglos con los padres que pueden ser abusivos. Necesitamos un ámbito en el que se ataquen esos problemas, no con un afán fiscalizador solamente sino para cambiarlos.
"MI LUGAR EN EL MUNDO"
Cinco voces femeninas —cuatro hijas y esposa— pueden resultar complicadas a la hora de dar opinión sobre la decisión de volver a hacerse cargo de la selección uruguaya. Esta vez la familia no lo incentivó explícitamente pero tampoco lo frenó a la hora de aceptar el cargo, dice Oscar Tabárez. Con el paso de los días, sin embargo, comenzaron a transmitirle los comentarios y buenos deseos de allegados y familiares.
"En un primer momento las críticas, que son normales y que no pretendo que no las haya con respecto al entrenador, le hacen pasar un mal momento a la familia. A veces se ven expuestos a que públicamente se les presente una imagen del padre o del esposo que no es la que ellos tienen en la intimidad. Eso hace sufrir. Pero son los riesgos de esta profesión. Ahora, como yo estoy vacunado, lo están ellas", dice el técnico.
Por otra parte, la vuelta al país —que se produjo a fines de 2002, luego de su segunda etapa en Boca— le permitió reencontrarse con lo que extrañaba. Vivir tantos años en el exterior, reconoce, no fue sencillo. A pesar de los dolores de cabeza que seguramente vendrán, el "maestro" se regocija pensando que ahora, después del trabajo, volverá a su casa. "Mi lugar es éste, soy de esta geografía y de esos paisajes y a mi edad —59 años— soy aún más prisionero de eso. Los que nos estamos acercando a ser adultos mayores recordamos con mayor nitidez cosas que nos han pasado hace 40 años que cosas que nos pasaron hace 10, porque están vinculadas con la niñez. Por eso éste es mi lugar en el mundo".
LA POLÍTICA Y EL FÚTBOL: "NUNCA MEZCLLOS TANTOS"
—¿Cómo vivió el cambio político en Uruguay?
—También he escuchado interpretaciones políticas sobre mi llegada y se ha dicho que el presidente de la AUF eligió a una persona que desde siempre estuvo vinculada al partido del actual gobierno. Claro que al manejar esa interpretación se olvidan de todo: parecería que futbolísticamente no hubiese existido, que no hubiese nacido en este país, que no hubiese sido jugador, entrenador y técnico de la selección y de varios cuadros de otros países. Todo eso no se tuvo en cuenta para nombrarme ahora; sólo que soy del Frente Amplio y que me utilizaron para resolver un problema político. Siempre se supo que yo era del Frente y no es algo que diga ahora para congraciarme con nadie. Tampoco me gusta que me cataloguen como "de izquierda", porque eso no agrega nada y la denominación es tan amplia que a veces uno de izquierda puede tener más cercanías con uno de derecha que con otro de izquierda. Yo nunca mezclé los tantos y ahora tampoco lo hago. El único contacto que tuve con el ministro Lescano, previo a todo esto, fue cuando me propuso entrar a ONFI (Organización Nacional de Fútbol Infantil) para una asesoría.
En política pienso igual que en el fútbol: no todo puede haber estado mal ni todo puede haber estado bien, pero hay que mirar hacia adelante para aportar cosas mejores. Y ese es el cambio: mejor pero sin pensar que todo lo anterior fue malo. Tenemos que luchar políticamente pero con un sentido de nación, no de descalificar al otro. Para el fútbol pretendo lo mismo. Puede ser un poco utópico, pero voy a seguir sosteniéndolo porque estoy convencidísimo. No es que de un día para el otro me vino a hablar Figueredo y me quedé toda la noche despierto pensando en este proyecto. Son cosas en las que creo y que son producto de un proceso racional. Aunque la vanidad nunca es buena consejera, uno de los pequeños orgullos que tengo es que no moví un dedo para que esto sucediera.
VIOLENCIA Y DECISIONES
—¿Que sintió el sábado, cuando se enteró que un hincha de fútbol había sido asesinado por hinchas de otro cuadro y otro joven apuñalado?
—Una gran bronca, porque es una tragedia injusta. Lo que uno quiere es que al fútbol vaya gente como este señor, con su familia. Es muy buena esta sensibilidad que se generó, pero yo aspiro a que dentro de tres semanas, en un ámbito más racional y más alejado de la tragedia —aunque sigamos conmovidos— empecemos a ponernos de acuerdo en las soluciones concretas a las que deben llegarse para garantizar la seguridad de las personas en los espectáculos, y no sólo deportivos.
Lo dijo
"Uno de los pequeños orgullos que tengo es que no moví un dedo para que esto sucediera".
"Un jugador que sale al exterior tiene que saber de la vida, desde geografía hasta la actualidad de los países, pero también saber como hablarle a un periodista y saber cuando lo utilizan y cuando no".
"Para que todos toquemos la misma canción se necesitará mucho tiempo, mucho cambio cultural y una adhesión mayor de todos los uruguayos al trabajo a largo plazo, porque hasta ahora hemos demostrado bastante incapacidad para hacerlo".
"Somos fatalistas. No hay posibilidad de que yo me vaya porque me puse viejo o porque le quiero dejar el lugar a otra persona mejor, sino porque perdimos".
"Cuando me preguntan dónde sentí mayor presión, digo que sin dudas fue en la selección de Uruguay, porque ahí además de entrenador soy hincha".
"La crítica de que haya intermediarios puede estar bien. Pero la ilusión de que tienen que desaparecer para que el fútbol cambie es una utopía".