Viernes 24 de febrero de 2006 | Año 88 - Nº 30367
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TRABAJO | Los niveles de ocupación a nivel del país urbano en el último año se asemejan a los imperantes en el 2001
El mercado laboral se recupera lentamente
La tasa de empleo, la distribución del ingreso y la formalización laboral evolucionaron de manera más favorable en el Interior que en Montevideo en 2005

La economía uruguaya recuperó en el último año los niveles de actividad previos a la crisis que comenzó a afectarla a fines de 1998. Sin embargo, desde el punto de vista del empleo, recién se han alcanzado los niveles de 2001. En el último año la tasa de empleo, que mide la cantidad de personas ocupadas, registró un aumento promedio de 1,1% en relación a 2004. Eso representa aproximadamente unos 14 mil nuevos puestos de trabajo.

En cuanto a la disposición a trabajar, la tasa de actividad no se ha recuperado. Como consecuencia de ello la tasa de desempleo cayó casi un punto porcentual en el último año, ubicándose en el 12,2% de la población dispuesta de trabajar.

La tasa de empleo comenzó a recuperarse a partir del último trimestre de 2003 (ver gráfica N 1). Desde entonces se incrementó 6,4%, cifra inferior al aumento registrado por el PIB en dicho periodo.

El incremento del empleo estuvo liderado por el Interior, donde se constató un aumento del 8,6%, mientras que en el área metropolitana (Montevideo y alrededores) el aumento fue menor (4,8%). Incluso en el último año, el Interior siguió siendo el mayor demandante de trabajo, al caer la ocupación en el gran Montevideo un 0,2%.

ACTIVIDAD. Como se desprende de las cifras anteriores, el empleo no responde automáticamente al nivel de actividad, y es lógico que así sea. Dados los costos de contratación (aprendizaje, etc.) y de despido, la decisión de contratar un nuevo trabajador se toma cuando realmente se entiende que hay una demanda sostenida por los productos que provee una empresa. Es por ello que se observa un cierto rezago entre la recuperación del nivel de actividad y el empleo.

Asimismo, no se observa una elasticidad unitaria, esto es, el incremento porcentual del empleo es menor al del PIB. Esta es una característica de los países donde el mercado laboral esta muy regulado y determina que lo que se pague por la mano de obra sea superior a la productividad de la misma, lo que lleva a los empresarios a demandar más empleo cuando entienden que las condiciones favorables son permanentes. En las etapas iniciales de la recuperación lo más común es observar un aumento de las horas trabajadas por empleado (horas extras), en detrimento de un mayor número de empleados.

Por otra parte, y dependiendo de los precios relativos y las distintas tecnologías empleadas, más allá del nivel de actividad imperante, los empresarios optan entre diferentes modalidades de producción, las que pueden ser más o menos intensivas en el factor trabajo. Si los sectores de actividad o empresas de mayor dinamismo son más intensivos en capital, la ocupación crece más lentamente.

En el Uruguay actual hay indicios de que se están utilizando tecnologías ahorradoras de mano de obra. Ello se desprende de las cifras de comercio exterior, donde se constata un estancamiento de las importaciones de bienes intermedios excluido el petróleo, pero dentro de éstos se observa un cambio en su composición, aumentan los semielaborados y disminuyen los básicos.

Corroboraría lo anterior la evolución de la tasa de empleo a lo largo de 2005, que se mantuvo prácticamente incambiada (ver gráfica Nº 1), lo que no contradice el crecimiento promedio registrado respecto a 2004, dada la tendencia creciente de la tasa de empleo en ese año.

De todas formas en el último bimestre de 2005 se observó un aumento, que estaría marcando una recuperación de esta variable, aunque justo es reconocer que, estacionalmente, en esta época del año siempre aumenta el empleo. La novedad es que la recuperación del empleo observada en el último bimestre es liderada por Montevideo.

La recuperación del empleo en los dos últimos años no fue uniforme en todos los sectores. En algunos tales como la industria manufacturera (incluye a las empresas públicas), el comercio, los restaurantes y hoteles y las actividades de intermediación financiera, inmobiliarias, empresariales y de alquiler, la ocupación aumentó 11,6%.

En las restantes actividades, que representan poco más del 50% de la ocupación total, el empleo aumentó promedialmente un 2%. Dentro de estas últimas actividades se destaca la construcción, que en tanto demandante de mano de obra no se mostró muy dinámica hasta el último trimestre de 2005, siendo junto a las actividades financieras y de alquiler las que más incrementaron el empleo desde entonces.

CALIDAD. Si asociamos la formalización del empleo con la calidad del mismo, ciertamente se observa una mejora en el último año. De acuerdo a la ultima Encuesta Continua de Hogares (ECH), con datos a diciembre de 2005, el empleo registrado aumentó 3,3%, considerando tanto a aquellos que cuentan con un trabajo sin restricciones, como a los subempleados, o sea aquellos que trabajan menos de 40 horas y están dispuestos a hacerlo por más tiempo (ver gráfica Nº 2).

Es muy claro que el aumento del empleo formal sin restricciones comenzó a aumentar a partir del segundo semestre del pasado año, precisamente cuando comenzaron a operar los Consejos de Salarios. No se puede negar la incidencia que esa instancia de negociación ha tenido y tiene en la formalización del empleo. De hecho, esa es una de las ventajas que más se resaltan sobre su accionar. Pero esa es una parte de la explicación, correspondiéndole también a la recuperación de la economía su cuota parte.

De todas formas, los niveles de formalización son inferiores a los imperantes antes de que se desatara la crisis. La información disponible relativa a la evolución de las características de la ocupación por trimestre data del año 2003, precisamente cuando el mercado laboral mostrara los niveles más bajos. Por otra parte, la misma se presenta desagregada entre Montevideo e Interior.

Los datos de Montevideo son bien elocuentes al respecto (ver cuadro). El porcentaje de formalización fue descendente a lo largo de 2003 hasta el tercer trimestre de 2004, comenzando a crecer desde entonces. Esa evolución es muy lógica y responde al ciclo económico y al rezago que muestra el mercado laboral con relación al PIB. En momentos de crisis tiende a aumentar el empleo informal, y cuando la recuperación se consolida, se formaliza.

En el caso de Montevideo es interesante observar que la mayor calidad del empleo observada en el último año no deriva de un aumento en la cantidad de trabajadores que tienen un empleo sin restricciones, ya que estos se mantuvieron en niveles similares a lo largo del año. Son los subempleados quienes contribuyen a la mayor formalización (ver cuadro).

Por otra parte, si bien el número de trabajadores que declara no tener derecho a una jubilación disminuyó en el último año en la capital, aun es superior al registrado en 2003.

El caso del Interior es un poco distinto (ver cuadro). En general, los niveles de formalización se mantuvieron relativamente estables entre 2003 y 2004, caen en el primer semestre de 2005 y suben fuertemente en la segunda mitad del año. Al igual que en Montevideo, es el aumento de los subempleados quien explica la mayor formalización del ultimo año. Pero, a diferencia de la capital, el número de trabajadores con derecho a jubilación en 2005 fue superior al de 2003.

Relacionado con la mayor calidad del empleo está la distribución del ingreso. Según la ECH, en los últimos años ha mejorado la distribución del ingreso, entendida como el cociente entre el ingreso promedio del quintil de la población con mayores ingresos respecto al quintil que percibe las retribuciones más bajas.

A nivel del país urbano, los ingresos del quinto más rico de la población eran promedialmente 10,21 veces superiores a los del quinto más pobre en los tres primeros trimestres de 2005, nivel 4,1% inferior al registrado en igual período del año anterior. También aquí la recuperación de la economía y el accionar de los Consejos de Salarios a través de los aumentos de los salarios más bajos, fruto de los mínimos salariales por categoría, han incidido en este resultado.

De todas formas, esos niveles están por arriba de los registrados antes de que se desatara la crisis. Nuevamente el resultado difiere si se analiza por separado Montevideo y el Interior; si bien en ambos casos la distribución mejoró en el último año, en la capital todavía está por debajo de los niveles previos a la crisis, pero en el Interior está por arriba.



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