Vélez dio menos de lo esperado. Y Rocha más de lo pensado. Esa es la verdad. Porque el poderoso dueño de casa venía de ganar en la altura de Quito 3 a 1 con una comodidad pasmosa, haciendo un fútbol de alto nivel y poniendo su nombre entre los grandes candidatos a pelear por el título de la Copa Libertadores de América. Y la visita, el humilde pero sacrificado equipo rochense, a duras penas había igualado en su debut ante Universitario de Perú.
Si a eso le sumamos la realidad económica y futbolística de cada plantel, nadie imaginó —al menos en lo previo— que Rocha podía ganar. Ni siquiera empatar en el propio "José Amalfitani" de los velezanos.
Pero esa resistencia del conjunto uruguayo duró poco. Demasiado poco como para poner nervioso al local. Rocha hizo lo que pudo, trató de tocar, de hacer correr la pelota pero no tuvo a nadie que la cuidara, que la protegiera, que se la quitara al rival.
Y así Vélez lo tuvo acorralado en su cancha. Sin presionarlo, sin ponerlo en aprietos porque el trabajo de la zaga se hizo sólido y salvo un par de salidas en falso del arquero Alvaro García, el conjunto velezano no inquietó el arco visitante.
Pero claro, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y se rompió. Bahhh... lo rompió Emanuel Centurión con un verdadero zapatazo de zurda desde 25 metros. Colocó la pelota en el ángulo superior derecho del arco rochense y decretó el 1 a 0. Vélez respiró más tranquilo y Rocha asimiló el golpe. No bajó los brazos pero sintió el revés porque sólo le quedaban 10 minutos al primer tiempo.
IGUAL. El panorama del segundo tiempo no varió. Fue el mismo. Vélez con el control de la pelota y del partido y Rocha haciendo lo suyo. Sin meterse atrás, sin renunciar a los contragolpes pero sin poder hacerse del balón. Pese a ello, tuvo su chance cuando Pedro Cardoso se iba solo al arco y el árbitro Ortubé pitó posición adelantada inexistente.
Los minutos fueron pasando y Vélez seguía siendo el dueño de todo pero sin lograr el golpe de gracia. Recién al promediar la media hora del segundo tiempo llegó el 2 a 0. Y fue con otro zapatazo, esta vez de tiro libre, ejecutado magistralmente por Gracián.
Ahí sí. Ya no hubo más nada que esperar. Sólo algún gol más del dueño de casa que, a esa altura, jugaba a su antojo. Rocha sintió el desgaste y el trajín al que fue sometido por el conjunto velezano. Sus hombres no respondieron y muchas de sus figuras acusaron cansancio.
EL FIN. A siete minutos del final, otro zapatazo puso el broche de oro para Vélez. Lucas Castromán le pegó fuerte y arriba desde afuera del área y marcó el 3 a 0 definitivo.
Fue la diferencia que sacó el conjunto de Liniers ante un equipo que no vino a defenderse ni a colgarse del travesaño. Vino a jugarle de igual a igual a uno de los candidatos en esta Copa 2006 y se encontró con una realidad tan cruda como dolorosa: Vélez sin jugar bien, sin hacer nada del otro mundo, estuvo tres goles arriba.
De todas formas, los cientos de hinchas rochenses se fueron conformes del estadio. Por la actitud del equipo, por la ganas y por ese juego abierto sin inhibiciones que mostró ante un favorito.
A Rocha le faltó más confianza y quizás más experiencia. Pero no pasó vergüenza.