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Protestas islamicas | Los disturbios llegaron a Irak, donde se lanzaron bombas a la Embajada de Austria | La revuelta incitaría a los extremistas musulmanes y anti-islámicos
Una chispa que encendió un fuego global

THE ECONOMIST

De una pequeña chispa pueden surgir grandes fuegos, como lo demuestra la creciente muestra global de disconformidad por la publicación de una docena de caricaturas. Cinco meses después de que el diario más vendido de Dinamarca, Jyllands-Posten, publicó sus dibujos del profeta Mahoma en varias poses —supuestamente para provocar un debate sensato sobre la autocensura y la intolerancia religiosa—, la respuesta de muchos musulmanes en Europa, Medio Oriente y Asia es alarmantemente feroz.

El fin de semana, manifestantes incendiaron el consulado danés en Beirut, la capital libanesa, y turbas atacaron la Embajada de Dinamarca en Damasco, la capital siria. Antes, había sido atacada la Embajada danesa en la capital de Indonesia, Yakarta. Ayer, las protestas surgieron en India, Tailandia, Indonesia y en todas partes y bombas de alquitrán fueron lanzadas en la Embajada austríaca en Irak. Hubo seis muertos: cuatro en Afganistán, uno en Somalia y uno en el Líbano.

Las viñetas del Jyllands-Posten eran material pesado, pero no era más ofensivo que las caricaturas antisemitas que se ven en la prensa árabe. Una mostraba a Mahoma con un turbante que asemejaba a una bomba, en otra se lo veía diciendo que el paraíso se estaba quedando sin vírgenes para los terroristas suicidas. El diario, al principio, insistió en que no era ninguna ofensa y se negó a disculparse. Pero la presión continuó y los editores se excusaron por cualquier molestia, mientras defendían su derecho a publicar las caricaturas. El primer ministro de Dinamarca, Andrés Fogh Rasmussen, señaló que no era responsable por lo que publica un diario independiente, a pesar de que expresó su "dolor" personal por que los musulmanes hayan percibido los dibujos como "una difamación del profeta Mahoma y el Islam como religión".

Las semidisculpas danesas no ayudaron a calmar la furia. Los disturbios ganaron los territorios palestinos y otras regiones de Medio Oriente donde las muchedumbres clamaban ‘Guerra a Dinamarca, muerte a Dinamarca", mientras incendiaban una bandera danesa, que está diseñada a partir de la cruz cristiana. Otros le agregaron combustible al fuego. Una revista cristiana noruega ya había publicado las caricaturas en enero. La semana pasada —y la moda continúa—las publicaron revistas o diarios en Francia, Alemania, Jordania y al menos una docena más de países, afirmando que el derecho a la libertad de expresión está por encima de cualquier ofensa religiosa.

La respuesta fue frenética. Varios periodistas y dibujantes recibieron amenazas de bomba y de muerte. Varios editores que se atrevieron a publicar los dibujos fueron despedidos. Las demostraciones callejeras cada vez son más y no parece que se vayan a detener. En Londres, donde hasta ayer, ningún medio había publicado los caricaturas, algunos musulmanes enojados aseguraron que aquellos que insultan a Mahoma deben ser "castigados y ejecutados". La reacción ha sido aún mas tumultuosa que la provocada por Los versos satánicos, la novela de Salman Rushdie publicada en 1989 y que generó quemas públicas de libros y una fatwa, una orden religiosa, llamando al asesinato del escritor. La semana pasada, líderes religiosos de países árabes llamaron para un "día de ira" en el mundo musulmán.

Dos factores hacen que el entuerto sea difícil de resolver. Algunos manifestantes islámicos y sus gobiernos no distinguen entre la libertad de expresión de los individuos en Occidente, de la acción de los gobiernos occidentales, creyendo que los primeros son responsables por los primeros. Segundo, muchos musulmanes consideran que ésta es el último ejemplo de una extendida campaña occidental anti-islámica. El viernes, un vocero de la cancillería de Indonesia dijo que la disputa "involucra a todo el mundo islámico" y denunció una ola de "islamofobia". El gobierno de Irán también habló en esos términos. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, también mostró su alarma y llamó a la calma.

El miedo es que la ola alimente a los elementos extremistas, sean musulmanes o anti-islámicos, que propagan la idea de un choque de civilizaciones entre credos rivales, o entre creyentes y seculares. En años recientes, varios artistas y periodistas en democracias liberales provocaron la ira de los creyentes, particularmente musulmanes. En agosto, una estación de radio de Conpenhague perdió su licencia después que presentador convocara al exterminio de los inmigrantes musulmanes. En Italia, Oriana Fallaci, lanzó diatribas contra el Islam. En noviembre de 2004, Theo Van Gogh, un cineasta holandés y abierto crítico del Islam fue asesinado por un extremista musulmán. Su asesinato fue recibido con pesar, pero nada se acercó a la tormenta internacional que surgió de los dibujos de Mahoma. Los editores de Jyllands-Posten, no tenían idea de lo que estaban iniciando.



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