SAFAGA, EGIPTO - "Si fuera rico no iría a trabajar a Kuwait", resume fatalista Mahmud Keleb, llegado a Safaga con la esperanza de recibir alguna noticia sobre su tío Adelhamid Ali Helbia, uno de los mil desaparecidos y probablemente muerto en el naufragio del ferry Al Salam, el jueves.
Al igual que más de dos millones de egipcios, su tío tuvo que emigrar para garantizar la subsistencia de su esposa y de sus dos hijas que se quedaron en la aldea de Baleana.
En el puerto de Safaga, las horas transcurren ajenas a la angustia de Keleb y de varios miles de familiares de víctimas que esperan en vano noticias de los supervivientes o, al menos, sus cuerpos.
La pérdida humana llega acompañada de miseria para muchas familias que se han quedado sin recursos.
Y es que los aproximadamente 1,5 millones de egipcios que trabajan en Arabia Saudí, Kuwait o Irak inyectan casi 1.000 millones de dólares a una economía egipcia que vive gracias a estas transfusiones de fondos y depende de ellos hasta tal punto que las remesas de dinero del extranjero representan la tercera fuente de ingresos del país.
El ferry "El Salam Bocaccio 98", que se hundió el viernes con 1.400 personas a bordo, había partido de Dubah, en Arabia Saudita, y se dirigía a la ciudad egipcia de Safaga, 600 kilómetros al sur de El Cairo. Hasta ahora fueron rescatadas poco más de 300 personas.
La mayoría de los ocupantes eran mano de obra sin cualificación que se dejaban la piel en los pozos de petróleo y en el sector de la construcción.
Huían del desempleo y para ahorrar unos cuartos de sus modestos salarios preferían pagar los 45 o 63 dólares que costaba el billete de ferry. El avión quedaba fuera de sus posibilidades.
INVESTIGACION. Un oficial del buque, de bandera panameña, dijo ayer que el exceso de agua para apagar un incendio causó la inclinación fatal del ferry, mientras un ingeniero panameño llegó ayer a El Cairo para investigar las causas de la tragedia. La empresa naviera responsable por el ferry, Al Salam Maritime Transport, negó todas las acusaciones en su contra, mientras las autoridades marítimas de Panamá, país donde está registrado el buque, envió a un investigador para que elabore un informe.
La prensa egipcia, que tituló "El Titanic egipcio", acusó a la empresa propietaria de haber vuelto inestable el buque al juntar dos puentes, y denunció que el registro en Panamá se efectuó para evitar las normas internacionales de seguridad.