ALICIA HABER
Uruguay perdió a uno de sus más destacados plásticos. Nelson Ramos, quien falleció ayer en plena etapa creativa, tuvo una larga y fructífera trayectoria como creador y como docente. Ramos, nacido en la ciudad de Dolores el 19 de diciembre de 1932, transitó por diversos senderos expresivos.
En su legado tienen un gran papel los valores táctiles. El color, muy ascético y despojado, nunca fue sustantivo en su planteo visual. Ramos consiguió crear una obra sobria, refinada y elegante. Orden, espontaneidad y geometría conviven en su producción así como un maridaje entre etapas abstractas y figurativas en las que siempre fueron muy notables sus condiciones de dibujante.
Se singularizó por plasmar variadas formas. Deja al patrimonio nacional, obra geométrica dinámica, dibujos con manchas y signos y con figuración expresionista. En algunas de sus series figurativas rondan los ecos de la muerte, el aliento ominoso y el "memento mori" (recuerda que vas a morir), sumado a lo grotesco y lo brutal en algunos casos. También mentó la historia en series de figuración más evidente. La obra abstracta es más serena e inclusive deja series figurativas con cierto humor en dibujo y objetos de madera. En etapas clave de su trayectoria, tanto en pintura sobre tela y sobre papeles así como en objetos con maderas, definió un constructivismo orgánico que tiende a subrayar la identidad uruguaya a través del uso de materiales "pobres", de la dignificación de la manualidad y de la valoración del proceso de construcción de la obra.
A partir de 1967 creó toda una serie relevante que está reflejada en una pintura de caballete en la que se destaca la definición de una línea vertical.
También construyó ambientes, que llevaron sus conceptos al espacio y a lo objetual, con esa línea vertical atravesando estructuras volumétricas. El objeto cotidiano es, en estos casos, usado como soporte. En la década del 70, alrededor de 1976 y sobre todo entre 1978 y 1980, Ramos, interesado en el espacio, empezó a explorar la ruptura del plano dentro del cuadro creando estructuras abstractas con papeles. Sin definirse como escultor, lo atrajo desde entonces la tridimensionalidad. Desde 1982 construyó cajas que se destacan como una de las propuestas más significativas de su importante trayectoria. Empleando papeles diversos, hilos, maderas y cañas de pequeños tamaños, a los que manipula como un orfebre, elaboró esos cuadros-relieves. Pandorgas, Claraboyas y Tarascas (1982-1988) está conformada por obras fundamentales y es un gran aporte al arte nacional. Más explícito se tornó en otra serie construida entre 1989 y 1992 en la que hizo una reflexión sobre el discutido "encuentro de dos mundos" que lo llevó a explorar otra iconografía en la serie La voz de los vencidos. Los acontecimientos luctuosos que acompañaron a la conquista, y que se evocan a los 500 años de la llegada de Colón, fueron el detonador fermental de esta obra.
En 1993 retornó a la creación de cajas abstractas y desde 2004 creó una serie muy original en papel de enorme potencial táctil y con sugerencias espaciales muy relevantes.
Ramos fue un artista reconocido, muy premiado, y tuvo una serie de éxitos relevantes. Como docente fue constante y creó un centro de artes visuales del que emergieron figuras importantes pero que sobre todas las cosas era un hogar receptivo para una cantidad de personas que poseen amor por el arte y que desde ya están llorando su ausencia.