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la democracia en medio oriente | Las elecciones iraquíes llevaron a chiitas con vínculos con Irán al gobierno | EE.UU. promueve elecciones pero ganan sus enemigos
Irak: fundamentalismo chiita y temidos vínculos con Irán
Algunos hablan de similitudes con la revolución islámica iraní; problemas para las mujeres y algunas libertades coartadas

BAGDAD

SCHEHEREZADE FARAMARZI/AP

El primer ministro de Irak rehúye estrechar la mano de la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice. Dos médicos varones son asesinados por tratar pacientes mujeres. Nueve hombres son muertos a balazos mientras estaban sentados junto al río Tigris bebiendo alcohol.

El fundamentalismo islámico que penetra la otrora sociedad secular desde la invasión estadounidense hace tres años se está intensificando. Algunos temen que Irak se parezca hoy a lo que fue Irán en la primera década de la llamada Revolución Islámica de 1979.

El creciente fundamentalismo, como también los estrechos vínculos del gobierno con Irán, han suscitado preocupaciones de una posible guerra civil entre la minoría árabe sunita, antes dominante, y la mayoría musulmana chiita, que comparte las creencias islámicas de la mayoría de los iraníes. Muchos se preguntan si el esfuerzo de Estados Unidos por crear un gobierno secular podría terminar forjando un Irak semejante a Irán.

Algunos, sin embargo, dicen que esas preocupaciones son exageradas. Destacan que los grupos minoritarios étnicos y religiosos iraquíes son más fuertes que los de Irán, lo que a su juicio impediría la formación de un estado religioso chiita.

Los pesimistas sostienen que este mismo argumento prevalecía en Irán después de la Revolución Islámica, cuando los liberales e izquierdistas supusieron erróneamente que desplazarían del poder a los clérigos chiitas en cuanto el Cha fuese derrocado.

Washington dice que sólo desea una democracia en Irak y que nunca ha intentado influir acerca de quiénes deben asumir el poder. Pero a la vez, ha favorecido claramente a candidatos seculares que consiguieron poco apoyo de los votantes, y ha instado a los musulmanes chiitas a incluir sunitas en el nuevo gobierno que debe asumir pronto.

Estados Unidos y su socio en la coalición Gran Bretaña —cuyas fuerzas patrullan el sur de Irak— también han acusado a Irán de interferir en los asuntos iraquíes e incluso de ayudar a la insurgencia.

En ningún sitio del país se siente tanto la presencia de Irán —y del creciente fundamentalismo— como en Basora y otras zonas de mayoría chiita en el sur. Los grupos islámicos respaldados por Irán empezaron a conformar sus bases de poder poco después de la caída de Saddam Hussein y ahora imponen un estricto código de conducta social.

En Basora, en las ciudades sagradas de Najaf y Karbala y otras partes en el sur, no se toleran las ideas seculares: tener allí una licorería o una tienda de videos puede ser sumamente peligroso. Se cierran clubes y restaurantes por pasar música. Las mujeres se sienten obligadas a usar el velo.

El año pasado, unos estudiantes de la Universidad de Basora que disfrutaban de un picnic en un parque y bailaban al ritmo de música pop fueron asaltados por el Ejército Mahdi, una milicia proiraní leal al clérigo radical chiita Muqtada al-Sadr.

Los rigores sociales islámicos también han alcanzado Bagdad, una ciudad mayormente cosmopolita de seis millones de habitantes, pero con bolsones controlados por chiitas.

En varios puntos de la ciudad, al igual que en el sur del país, carteles y murales con imágenes de líderes religiosos de turbante y túnica negra recuerdan que el sistema religioso chiita desempeña un papel importante en una sociedad de por sí conservadora.

Hay hospitales, puentes, calles y edificios públicos con nombres de ayatolas. Una bandera amarilla con la inscripción de un lema chiita ondea sobre un monumento que reemplazó la estatua de Saddam en la Plaza Firdous y que fue derribada el día en que se desplomó su régimen.

"Ellos han impuesto sus reglas en los dos últimos años. ¿Puede imaginarse lo que harán en dos años, cuando tenga un mandato para gobernar?", preguntó el Dr. Hasan Fatah, un médico de 30 años de edad, chiita secular. "Aplicarán la sharia (ley religiosa) aun con mayor rigor, al punto de que la gente no podrá caminar libremente por las calles".

Contó que ya no se permite a médicos varones ejercer en el hospital ginecológico de la Ciudad Sadr, un suburbio chiita de Bagdad dominado por el Ejército Mahdi de al-Sadr, que también controla el Ministerio de Salud iraquí. Fatah teme que la ten-dencia se propague a otros hos-pitales.

Una clínica en donde técnicos varones hacían exámenes ultrasónicos de embarazadas fue amenazado con el cierre. Dos médicos fueron asesinados el año pasado por tratar pacientes mujeres.

El 30 de diciembre, un grupo de pistoleros en un automóvil mató a tiros a nueve personas e hirió a 16 en la ribera del Tigris al este de Bagdad. La policía dijo que las víctimas estaban bebiendo alcohol, sugiriendo que los asesinos eran fanáticos islámicos.

Cuando Rice visitó Irak el año pasado en su primer viaje como secretaria de Estado, tendió la mano al primer ministro al-Jaafari para los fotógrafos. Al-Jaafari, que sigue las enseñanzas chiitas de que tocar la mano de una mujer es inapropiado y anti-islámico, hizo una respetuosa reverencia con la mano en el pecho. De todos modos, le estrechó la mano cuando se encontraron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Iran-Irak

Irán e Irak tienen una frontera común de casi 1.500 kilómetros y sus pueblos comparten una larga historia, con conexiones entre familias y entre los clérigos musulmanes chiitas.

Irán es predominantemente chiita, e Irak es chiita en un 60%. Los chiitas en Irak fueron oprimidos durante el régimen de Saddam Hussein, pero desde su caída han cobrado prominencia.

En las elecciones de diciembre para un nuevo parlamento, los grupos religiosos chiitas ganaron 128 de las 275 bancas en el Parlamento, mientras que una alianza de los dos mayores partidos Kurdos obtuvo 53 escaños y los dos principales grupos religiosos sunitas unos 55.

En las elecciones de hace un año para la asamblea nacional de transición, triunfaron la Alianza Unida Iraquí, de base chiita, y en particular tres partidos con vínculos de larga data con el régimen iraní: el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak, Al-Dawa, y Al-Dawa-Tanzim al-Iraq. Eso permitió que se seleccionara como primer ministro a Ibrahim al-Jaafari, líder de Al-Dawa.

El Consejo Supremo, creado en Irán en 1982 con la bendición del ayatola iraní Ruhola Jomeini, ha surgido como el más poderoso de los grupos chiitas en Irak.

Su líder, Abdul-Aziz al-Hakim, fue comandante de la milicia del grupo, la Brigada Badr, que luchó junto con Irán en la guerra contra Irak en 1980-90. Gran parte de la generación más joven de la brigada —que ahora compone una buena parte de los servicios de seguridad y militares iraquíes— nacieron en Irán y muchos hablan árabe con ligero acento persa.

El ministro del interior iraquí, Bayan Jabr, también es ex comandante de la Brigada Badr. Y el Consejo Supremo domina los comandos paramilitares de la policía, que los sunitas consideran poco más que escuadrones de la muerte.



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