MELBOURNE | EFE y AP
El suizo Roger Federer no lució la magia de sus anteriores grandes victorias, ni tampoco su mejor discurso en la entrega de trofeos, donde lloró como un niño tras recibir la copa de campeón de manos del mítico australiano Rod Laver, pero su tenis fue suficiente para ganar por segunda vez el Abierto de Australia.
Además, Federer, de 24 años, ganó el torneo de Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos el año pasado y de ganar el Abierto de Francia en mayo, el suizo sería el campeón vigente de los cuatro torneos del Grand Slam.
Por si fuera poco, se convirtió en el primer jugador después de Pete Sampras que gana tres torneos del Grand Slam en forma consecutiva. El estadounidense se adjudicó Wimbledon y el US Open en 1993, así como el Abierto de Australia en 1994.
Y el suceso sigue, porque con su cosecha de siete títulos grandes, Federer se encuentra a mitad de camino de alcanzar el récord de 14 impuesto por Sampras.
LA ULTIMA.
Federer mantuvo inmaculada su marca en el Grand Slam al superar al chipriota Marcos Baghdatis por 5-7, 7-5, 6-0 y 6-2 en dos horas y 46 minutos.
El de ayer fue el título 35 de su carrera, segundo este año tras vencer en Doha, que le supuso un cheque por 744.000 euros (unos 900.000 dólares).
El mítico Rod Laver, único ganador en dos ocasiones del Grand Slam, en 1962 y 1969, entregó el trofeo al suizo, quien apenas logró controlar sus emociones y rompió a llorar como cuando se apuntó el primero de sus tres Wimbledon.
"No sé qué decir", balbuceó tras casi un minuto de silencio, "quiero felicitar a Marcos y ojalá comprendan lo que significa esto para mí", dijo llorando, "todo sale ahora, pero quiero agradecer esto a los aficionados porque sin vosotros no hubiera sido igual, y a Rod Laver por entregarme el trofeo".
Federer fue sorprendido en los primeros sets por el chipriota Baghdatis, un jugador no preclasificado y que fue la gran revelación del torneo.
Baghdatis se llevó el set inicial y opuso tenaz resistencia en el segundo. Pero el suizo levantó su nivel en los sets siguientes y terminó imponiéndose cómodamente.
La experiencia y aplomo de Federer para sortear momentos de apuros se hizo evidente: ganó 11 games seguidos para tomar el control del partido, luego de estar 5-5 en el segundo set.