Casi ocho de cada diez uruguayos (77%) cree que "sin partidos políticos no puede haber democracia". Adicionalmente, 62% dice simpatizar con alguno de los partidos uruguayos: 29% se manifiesta como un simpatizante partidario "fuerte", mientras que 33% se dice simpatizante "a secas".
Estos resultados muestran que, en un continente en el que los partidos políticos se han debilitado fuertemente en las últimas décadas, el sistema de partidos uruguayo en su conjunto todavía muestra indicadores de buena salud: los partidos son valorados como necesarios para la democracia, y parecen ser capaces de generar vínculos de identificación más o menos firmes con sus electores.
Partidos políticos y democracia. Una de las discusiones más relevantes de la actualidad académica latinoamericana tiene que ver precisamente con el rol de los partidos políticos. El colapso de varios sistemas de partidos y la desconfianza creciente que los electores manifiestan hacia los partidos en la mayoría de los países del continente hacen que su rol esté en plena discusión. ¿Son los partidos políticos la mejor forma de canalizar, articular y representar los intereses de los ciudadanos?. Y, ¿son los partidos políticos realmente necesarios para la democracia?
En este marco, la última edición de Latinobarómetro consultó a los ciudadanos de todo el continente su opinión sobre esta última cuestión. Los resultados alcanzados en promedio no fueron demasiado alentadores: poco más de la mitad de los latinoamericanos (54%) considera a los partidos como elementos indispensables del funcionamiento democrático. De hecho, en varios países (Ecuador, Bolivia, Brasil, Panamá, Paraguay y Colombia), los porcentajes de acuerdo con la frase planteada no alcanzan a la mitad del electorado.
Los uruguayos, por el contrario, continuamos manteniendo los mayores niveles de valoración respecto al rol que juegan los partidos para el adecuado funcionamiento democrático. 77% de los uruguayos cree que sin partidos la democracia no puede funcionar.
Esto no significa, por cierto, que no existan críticas sobre la forma en que los partidos funcionan. De hecho, estudios anteriores de Equipos MORI han mostrado insatisfacciones de diversa índole respecto al funcionamiento partidario. Sin embargo, las eventuales desconformidades sobre el desempeño de los partidos no han derivado, como sí ocurrió en otros países, en una pérdida de su valoración como elementos indispensables para la democracia.
Por otra parte, los partidos uruguayos también parecen ser capaces de desarrollar vínculos de adhesión con sus electores, que trascienden los tiempos electorales. Es lo que se denomina una "identificación partidaria".
Simpatizantes e independientes. Consultados por Equipos MORI por sus sentimientos respecto a los partidos, la mayoría de los uruguayos se manifestó simpatizante de algún partido político. Las respuestas dividen a los entrevistados en tres segmentos de peso bastante similar: un 29% dijo sentirse "simpatizante fuerte" de algún partido, un 33% es menos entusiasta y se definió como "simpatizante a secas", mientras que 30% se autoproclamó "sin simpatías definidas". El restante 8% no contesta a la pregunta.
En total, sumando las dos primeras categorías, el grupo de "simpatizantes" representa al 62% de los uruguayos, mientras que el grupo de los "independientes" (tercera categoría) es del 30%.
Estos dos grandes grupos (simpatizantes e independientes)se han mostrado relativamente estables en las últimas décadas, aunque en el último quinquenio se vieron algunas oscilaciones preocupantes. Más concretamente, durante la crisis de 2002 la distancia de los uruguayos respecto a los partidos aumentó, y las filas de los "independientes" se engrosaron hasta alcanzar un entorno de 40%. Aunque posteriormente las cosas parecen haber retornado a los carriles habituales, es posible que los acontecimientos de ese período hayan generado en algunos segmentos de uruguayos heridas que, aunque aparentemente cicatrizadas, puedan estar latentes.
Pero exceptuando esta preocupación, si se lo mira desde la óptica de los indicadores de opinión pública, el sistema de partidos uruguayos continúa mostrando síntomas de buena salud.
¿A quién votan los independientes?
Las personas que se identifican con un partido político por lo general (aunque no siempre) votan al partido con que se identifican. A veces (como puede haberle ocurrido en parte al PC en 2004) un candidato poco atractivo, comportamientos reprobables de sus principales líderes, o un mal desempeño de gobierno, pueden llevar a algunas personas identificadas con un partido a votar a otro. Pero estas son las excepciones. Normalmente las personas votan de acuerdo a sus identificaciones.
Algo más variable es el voto de los "independientes", segmento que es habitual centro de las campañas electorales. ¿A quién votaron los "independientes" en octubre de 2004?: 37% votó al FA, 31% votó al PN, 12% al PC, y 2% al PI. La izquierda fue mayoría relativa, aunque su captación en este segmento fue menor que en el conjunto del electorado.
El lector sagaz habrá notado que la suma de los votos a partidos está lejos de sumar 100. Es que, entre los independientes, la opción de votar en blanco o anulado fue significativa (8%), así como también la cantidad de personas que no votaron (10%), algunos porque eran menores y no estaban habilitados, y otros por pura opción y convicción.
La tarea de los partidos políticos, en este período interelectoral, es por un lado intentar solidificar las identificaciones de sus "simpatizantes" y, paralelamente, ir generando las condiciones más favorables para poder lograr en campaña una participación significativa entre los "independientes". La carrera hacia 2009 está en marcha.