Viernes 27 de enero de 2006 | Año 88 - Nº 30339
Internet Año 10 - Nº 3452 | Montevideo - Uruguay
Inicio
Suscriptores
Reg. de usuarios
El País Móvil
Publicidad
Correo
Mapa del sitio
 Noticias
 Producción Digital
Anuarios
América del Sur
La semana en el país
Tiempo libre
Uruguayos
Diarios del mundo
MUVA
Empresariales Digitales
 Especiales
 Suplementos
 Servicios
 Participación
A LA INTEMPERIE
Sequía: secuelas y salidas

Por Jorge Chouy, jchouy@seragro.com.uy

Este informe sobre la sequía está escrito con el fondo del trepidar de la lluvia sobre las chapas y, fundamentalmente, sobre los campos ya saturados. Como siempre ocurre, cayó demasiada agua en pocos días: pasamos de un extremo a otro, pero las crecientes no deben hacernos olvidar lo que pasó.

Cuando empezó a llover, a mediados de este mes, ya la cosa se estaba poniendo grave, de una gravedad atemorizante, que hacía recordar a los episodios de 1988-89. No llovía bien desde hacía casi tres meses en la mayor parte del país, y los vientos y los solazos habían barrido con aguadas, pasturas y cultivos. El país se estaba transformando en un desierto salpicado de pequeñas islas verdes, cada vez más anémicas.

Al inicio de la primavera todo venía bien, pero ya en octubre, en algunas zonas, empezaron a errar las tormentas. Después, un noviembre tórrido y sin agua, seguido por un diciembre frío, ventoso y seco, con alta evapotranspiración en todo el período, delineó el inquietante cuadro de desierto.

Estrictamente no hubo sequía, según la definición de los meteorólogos, porque faltaron algunos días para que la crisis adquiriera ese linaje, pero para hombres, plantas y animales la situación no podía ser peor.

Antecedentes no lejanos

La generación de los mayores tuvo a la seca del 43, que nutrió la historiografía y la leyenda nacional con cuadros de terrible dramatismo. La generación actual vivió la experiencia de la seca, no menor, del 88-89, que provocó perjuicios devastadores en la ganadería de carne, en particular en los rodeos de cría del Norte y Centro del país.

Entonces, las medidas paliativas que se tomaron por parte del gobierno no fueron eficaces y la solidaridad entre colegas no existió en absoluto: unos ganaron mucho a costa de otros, que perdieron mucho. La situación se resolvió de la peor manera: una mortandad catastrófica de ganado, un fracaso desastroso del procreo, la liquidación con rumbo a faena o a invernada de rodeos de cría a precio vil, lo que desarticuló irreversiblemente las finanzas de numerosos establecimientos y destruyó genética valiosa.

Las consecuencias de esa crisis climático-forrajera se iban a sentir por muchos años, en la producción y en la economía. El rodeo vacuno bajó de 10,3 a 8,7 millones entre el 88 y el 90; la faena total cayó de 1,82 millones de cabezas en 1989 (volumen y precios de liquidación) a 1,26 millones en 1991. Como consecuencia, las exportaciones de carne bajaron a 135 mil toneladas en el 91.

Después de que empezó a llover, desde el otoño del 89 en adelante, y cuando en los campos sobraba el pasto, el precio de los ganados de reposición y de cría se disparó. Las clásicas intervenciones procíclicas de las instituciones financieras, financiando el repoblamiento de los campos vacíos con liberales líneas de crédito, dieron un impulso adicional a los valores del ganado, generando de paso una nueva deuda complicada en el sector, que iba a tener que pagarla con valores normales, no inflados, de su producción.

Más tarde, el providencial Plan Real brasileño y el ingreso al circuito no aftósico de la carne indujeron nuevas alzas a los valores de los ganados en la segunda parte de la década de los 90, lo que disimuló en algo esos errores.

En el 90, y hasta el 93, con mucha comida a su disposición, las vacas se preñaron en proporciones sin antecedentes y, en esos pocos años, el stock vacuno se recompuso, hasta superar nuevamente los 10 millones de cabezas.

Las gráficas que expresan indicadores de actividad ganadera, que arrancan a inicios de la década de los 90 -las que tan frecuentemente se utilizan desde esferas técnicas oficiales-, se saltean nada menos que esos fenómenos y muestran, en forma equívoca, vertiginosos crecimientos que no son más que reconstrucción del desastre en condiciones favorables de clima y de mercados.

Simultáneamente a aquellos sucesos de inicios de los 90, el stock ovino iniciaba su proceso de destrucción, a partir del derrumbe del mercado lanero mundial y del atraso cambiario vernáculo. Sus vicisitudes interactuaban con las de los vacunos, dando lugar a otra saga, cuyos detritus todavía salpican el escenario.

Esa crisis pasó, como todas, y a los pocos años volvieron los veranos secos y los sobresaltos. En 2000, una seca importante, acentuada en el Sur, contribuyó mucho a gestar la crisis agropecuaria y nacional que hizo eclosión en 2001-2002. Más recientemente, en los dos veranos anteriores, se registraron déficits significativos de agua, con consecuencias perniciosas en, por lo pronto, los cultivos de verano en secano.

Hoy por hoy

Por eso, cuando el tiempo se ponía en contra, las tormentas erraban y la canícula exprimía la savia y la saliva, los productores evocaban esa historia reciente con temores fundados. Ahora la sequía está superada, pero hay perjuicios irreversibles y se presentan riesgos muy serios para el futuro inmediato.

El impacto de la seca tuvo diferentes niveles, según la producción de que se trate. Pueden observarse en el factor vegetal o en el animal.

Empezando por los animales, digamos que la falta de pasto y de agua afectó seriamente a la ganadería de carne, en especial en los campos criadores cuya producción se desarrolla sobre campos naturales.

El mayor perjuicio tiene que ver con la parte reproductiva: no hubo celo en los rodeos de cría, por lo que habrá que esperar una caída en los ya tradicionalmente bajos índices de procreo, y, en el mejor de los casos, un atraso en la parición de la próxima primavera.

Las variaciones entre años en el procreo -que llegan hasta 20 puntos porcentuales- se deben, sobre todo, a la situación climática en el momento del entore. Cada punto de procreo equivale a más de 40 mil terneros nacidos en más o en menos.

Una vaca que se preñe en la segunda mitad de enero habrá de parir a principios de noviembre: o sea que el ternero que nace se pierde dos meses de primavera en los que debería estar tomando leche en abundancia y ramoneando los pastos nuevos. La vaca madre, a su vez, tiene menos tiempo para recuperarse antes de encarar el siguiente entore.

También podrán señalarse otros efectos perniciosos, como la pérdida de estado de las categorías jóvenes, o el atraso en su desarrollo, pero cabe esperar que puedan compensarse a partir de las nuevas condiciones favorables. Tal vez la mayor virtud de la ganadería extensiva, tal como se practica en nuestro país, es la capacidad de nuestros rodeos de superar las crisis ambientales y forrajeras que periódicamente deben enfrentar.

No obstante, como la seca barre la producción de pasto de primavera -que constituye el grueso de la producción total del año-, los ganados corren los mayores riesgos en el invierno siguiente al verano seco, ya que entran con déficit en el estado corporal y no hay pasto suficiente en el campo.

La producción intensiva de carne tiene mayor relación con los sistemas lecheros.

Leche flaca

Precisamente, uno de los rubros en los que el impacto perjudicial de la seca puede observarse con mayor precisión y rapidez es el lechero. En la cuenca lechera tradicional la seca tuvo, tal vez, la mayor intensidad. Al final de un año en el que se habían alcanzado niveles récord en la remisión de leche, la lluvia se cortó abruptamente y la producción se resintió en forma grave.

Fuentes de la industria láctea informaron de una caída muy por encima de la esperada para esa época del año, en la que normalmente se secan las vacas preñadas, paridas en el otoño anterior; los rodeos en producción se reducen y el rendimiento por animal cae, por la maduración de las pasturas.

Aventurando un número: si se esperaba una remisión a plantas industrializadoras del orden de los 350 millones de litros en el trimestre diciembre 2005-febrero 2006, y la caída es del orden de 10%, esos 35 millones de litros que no se produjeron no se recuperan más. Equivalen a más de seis millones de dólares que ingresan de menos a los tambos y repercuten también en toda la cadena (transporte, industrialización, comercio).

Deben sumarse a estos perjuicios el mayor costo en la producción de leche en el que incurrieron los productores en este lapso, y en el que tienen que abordar en adelante, para compensar con compras externas la falta de fibra disponible.

Lo más grave es que no hay reservas forrajeras: las praderas no dieron corte y el poco que dieron es de mala calidad. No hay silos ni heno en toda la cuenca y los cultivos forrajeros de verano que sobreviven tienen muy poco volumen para cosechar.

En cuanto a los ovinos, no es que la seca los favorezca, pero la condición sanitaria, tan vital, mejora con el tiempo seco y, animal del desierto al fin, expresa en estas condiciones duras todas sus virtudes.

Tal vez la mayor diferencia de este tiempo con la gran sequía de fines de los 80 sea que, en aquel momento, había 30 millones de lanares (25 millones declarados y cinco millones de corderos nacidos en la primavera seca), que valían bien –la lana estaba en su pico más alto– y salvaron durante la crisis a un gran número de productores.

Ahora quedarán unos 14 millones (contando los corderos chicos), y hay un grave problema de precios y de mercados donde vender los animales.

Agricultura

Los daños en la vegetación son variados: el campo natural está arrasado, pero nuestras aguerridas pasturas nativas, a la larga, se recuperan. En cambio, las praderas han perdido muchas plantas, y enfrentan la amenaza de la gramilla y otras malezas.

El cultivo de verano más perjudicado es el maíz –del que se pensaba sembrar más de 50 mil hectáreas–, que en muchos casos, perdido por perdido, se ensiló con el escaso follaje que tenía, para salvar algo. En otros casos, directamente se les echaron las vacas. Los que quedan, van a dar una muy baja cosecha de grano, muy lejos de los 4,2 mil kilos por há del año pasado.

El sorgo resistió mejor. Aunque se espera una merma en los rendimientos, todavía habrá de dar grano, o pastoreo, en su caso.

En el caso de la soja, las siembras de primera, en su mayoría, siguen resistiendo, con daños variados. Pero las segundas planificadas sufrirán una fuerte reducción en el área de siembra –estaba previsto una siembra de 120 mil hectáreas (encuesta de diciembre, DIEA)–, pero tal vez no llegue ni a la mitad de eso. Y lo que se coseche va a rendir muy poco. Si el año pasado la segunda rindió poco, ahora rendirá menos.

Manotón o solución

Tras consultar a varios técnicos, El País Agropecuario sintetizó así un conjunto de medidas paliativas:

• Incrementar la extracción de haciendas, apretando la mano en los refugos, y reservar el poco pasto remanente para las categorías y ejemplares que lo justifiquen.

• Los que puedan, plantar algo que incremente la oferta de fibra rápidamente: moha, sorgo, avena sola o con raigrás.

• Suplementar el ganado con lo que se consiga: afrechillo de trigo o de arroz, grano molido, o, si no, paja de trigo o lo que haya. Lamentablemente, en la región entera hay déficit en la producción de granos y subproductos, así que, lo que haya disponible, va a costar más.

Semejanzas y diferencias

El escenario agropecuario 2005-2006, si bien tiene puntos de contacto con el de fines de los años 80, tiene grandes diferencias. Veamos algunas.

En contra: hay muchos menos lanares, que son buenos para la seca.

Pero, por otro lado, hay otros recursos tecnológicos, con la difusión de las técnicas de suplementación de los rodeos a campo.

Además no hay aftosa, que constituía una amenaza terrible en las crisis alimentarias de los ganados, como ocurrió en 1943. En el 89 todavía había aftosa, aunque no tuvo mayores efectos desastrosos, y fue la falta de pasto, de agua y de mercados lo que mató el ganado. Las grandes mortandades tuvieron lugar en momentos en que no había alternativas para colocar los animales en riesgo.

Ahora hay mercados para la carne destinada a manufactura, y por ende para los ganados faltones y en riesgo; hoy no tiene sentido dejar morir un animal valioso en los campos.

Estos días se recordaron los beneficios del riego para los cultivos de alto rendimiento –como el maíz–, con el que pocos productores cuentan. También escuchamos referencias a otros países –como siempre, Nueva Zelanda primero–, que han desarrollado sistemas exitosos de riego. A la vista del susto que nos pegamos, sería bueno poner el tema en la cartelera de las prioridades, porque es esencial en una estrategia de país productivo.

El futuro

Por la lluvia, los nitritos y nitratos acumulados en el suelo deberán impulsar un salto en la producción vegetal. Los campos, en tiempo de seca, se cargan de nitritos que el agua libera para las plantas como si se aplicaran toneladas de fertilizantes nitrogenados: las plantas literalmente estallan con las primeras lluvias.

Cuando esta edición esté en la calle, los valles y las lomas estarán verdeando de pastos nuevos, los tajamares y las cañadas rebozarán de aguas claras y los terneros retozarán campo afuera, descargando las energías sobrantes. Costará entender el riesgo que se corrió e, incluso, no será fácil evaluar las pérdidas sufridas.

Consecuencias negativas

• Baja parición en la próxima primavera.

• Falta de pasto en los campos para enfrentar el invierno.

• Menor producción de leche, por carencia de reservas forrajeras.

• Incremento en el costo de producción de carne y leche en los esquemas intensivos.

• Menor producción de los cultivos de verano.

Argentina

Los vecinos también sufrieron la misma sequía, que afectó gravemente a la cosecha de maíz esperada: de los 20 millones de toneladas de la campaña pasada, para la próxima, los expertos locales auguran una no mayor de 14 millones.



Asistencia al usuario: 903 1986 Redacción Impresa: 902 0115
Redacción Digital: 902 0115 int. 440 Publicidad on line: 900 2338
Publicidad impresa: 902 3061 Clasificados: 4002141 - 131
ShoppingElPais: 903 1986  
Zelmar Michelini 1287 - Piso 4, CP. 11100 , Montevideo-Uruguay
Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2009
Imprimir
Enviar nota
Tamaño de LetraAumentar el tamaño de la letraDisminuir el tamaño de la letra