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Reclaman trabajo pero muchos ni siquiera tienen cédula
Libres, por ahora
Más de 600 reclusos salieron de prisión gracias a la Ley de Humanización Carcelaria. Muy pocos tienen empleo. Algunos juran que no volverán a delinquir. Otros dicen que mañana mismo pueden salir a robar.

César Bianchi

A Cirilo Rodríguez le habían robado por sexta vez su caballo, su herramienta de trabajo. Estaba furioso. Por eso cargó el revólver y se fue en busca del ladrón. Como no lo encontró en todo el Cerro, se fue a tomar unas copas a un bar de Santa Catalina, para ver si se le pasaba la bronca.

Horas después, ya borracho, tuvo una fuerte discusión con un parroquiano que terminó zanjándola con un disparo. Rodríguez, de 38 años, fue preso por homicidio al Comcar, a mediados de 1996.

Esa es su versión de cómo fue a parar a la cárcel.

Nueve años después, el 25 de noviembre salió del Patronato Nacional de Liberados y Encarcelados cargando una bolsa con un pequeño surtido de fideos, arroz, harina, azúcar, aceite y leche en polvo; a su lado, su esposa Claudia llevaba otra idéntica. Era la primera visita de Rodríguez al Patronato, tras haber quedado en libertad el día anterior, gracias a la ley de Humanización y Modernización del Sistema Carcelario que prevé libertades anticipadas y excepcionales.

Como Rodríguez, hasta el viernes 30 de diciembre, 601 presos fueron beneficiarios de la Ley 17.897, el 8,5% de la población carcelaria.

Hacía dos años que Rodríguez tenía permitido salir ocho horas diarias para trabajar en su "mini barraca", haciendo bloques y ladrillos en su casa para vender a clientes del barrio. Por eso, al quedar libre no tuvo que salir a buscar empleo: se dedicó a la producción de bloques.

Pero muy pocos liberados tienen un trabajo estable.

"Muy poquitos, decir 20 es mucho", dijo la psicóloga del Patronato de Liberados y Encarcelados, Claudia Di Pascua. "Recién en una segunda o tercera entrevista con nosotros, alguno nos ha expresado que consiguió alguna ‘changuita’".

La directora del Patronato, Cristina Gil, estimó que en Montevideo el 50% de los liberados ha percibido algún tipo de remuneración "menor" gracias a que ha conseguido alguna changa.

Mientras los liberados se desesperan por un empleo estable, el Patronato espera a la brevedad cerrar los convenios que comenzó a tramitar con intendencias, empresas privadas y organismos públicos a fin de conseguir puestos laborales para los nuevos liberados.

"Hay una bolsa de trabajo, y según sus aptitudes y actitudes muchos presos —no todos— van a conseguir empleo", dijo su presidente, Oscar Ravecca. De todos modos, admitió tener "grandes dificultades en ese sentido".

La vocera del Ministerio del Interior y asesora del ministro José Díaz, María Noel Rodríguez, dijo que a dos meses de haber comenzado a liberar presos seguían esperando poder concretar convenios con organismos públicos y empresas privadas para conseguir plazas para los liberados.

La ley obliga a que los organismos públicos en cada licitación establezcan en sus pliegos que las empresas ganadoras deberán destinar un 5% de su personal a liberados. UTE ya lo agregó en tres licitaciones que aún no finalizaron.

También hubo reuniones con la Intendencia de Montevideo (aportaría 70 puestos en el programa Trabajo por Uruguay, junto al Ministerio de Desarrollo Social, para poda de árboles o acondicionamiento de veredas), el Correo, Antel, OSE y otros organismos públicos. "Está todo encaminado", señaló Rodríguez a mediados de noviembre.

Pero el 30 de diciembre, a tres meses de la primera liberación, Gil lamentó que ningún beneficiado por la ley hubiera ingresado todavía como parte del 5% a licitaciones de obras públicas. Además, confirmó que aún no se habían habilitado puestos para los liberados en la Intendencia de Montevideo.

Aunque la asesora ministerial dijo que "eso de que están desilusionados es absolutamente falso", lo cierto es que la paciencia de muchos liberados está llegando a su fin, y no son pocos los que amenazan con volver a delinquir.

Las psicólogas Marina Muñoz y Di Pascua, integrantes de un plantel de 30 técnicos del Patronato de Liberados, reconocieron que desde el principio fueron muchos más los que estuvieron más cerca de continuar con los delitos que de tomar la senda de las buenas costumbres.

"En las primeras semanas eran muchos más los que estaban dispuestos a delinquir y mal dispuestos para con nosotros. Ahora, cuando ya hemos mantenido varias entrevistas, algunos están dispuestos a hacer una vida normal", dijo Muñoz.

Sin embargo, los que quieren hacer "las cosas bien" no son siquiera la mitad de los liberados, reconoció Di Pascua: "siguen siendo más los otros".

Rehabilitar o reincidir

Los 601 presos que han sido liberados anticipadamente recibieron la gracia en régimen excepcional de libertad provisional.

Muchos más resultaron libres por la derogación de agravantes que prevé la ley, o por la modificación del Código Penal que obliga a la Suprema Corte de Justicia a liberar reclusos que hayan cumplido las dos terceras partes de la pena. Nadie conoce el número exacto de liberados por estos mecanismos.

En todos los casos, el Patronato tiene la obligación de "prestar asistencia a encarcelados, liberados y sus familias, en los aspectos social, moral y material", dijo Ravecca.

También debe fiscalizar el cumplimiento de las obligaciones que tienen los liberados por la ley. "El Patronato hace el control de su conducta y todo un aporte asistencial al proceso de rehabilitación. Siempre apuntando a un valor inestimable como es la disminución de los índices delictivos", añadió.

Según el titular del Patronato, la tasa de reincidencia delictiva hoy es del 53%, índice que él pretende disminuir, "apuntando a mejorar la seguridad y la tranquilidad ciudadana".

Hasta el último día del año se habían liberado 384 reclusos de Montevideo y 217 del interior, 14 nunca se presentaron en el Patronato (después de tres llamados, se dio conocimiento a la Justicia) y 17 ya habían reincidido, lo que da un porcentaje de reincidencia del 2,8%. Dos semanas antes, los reincidentes eran 9.

Ravecca cree que es un bajo guarismo de reincidencias, por tanto sostiene que el temor ciudadano reflejado en algunas encuestas y manifestado por políticos de la oposición es injustificado. "Ese temor sigue siendo fundamentado no en hechos concretos, sino en un nerviosismo de la sociedad", dijo.

Gil, directora del Patronato, agregó: "en el Parlamento se habló de que con los liberados se iba a dar un tsunami que iba a ahogar al Patronato. Y no fue así".

Opinión similar tiene la vocera del Ministerio del Interior, Rodríguez: "no se ha generado una crisis de seguridad como la que se había vaticinado. Los medios colaboraron en generar esta sensación o predicción de inseguridad, que no fue tal".

El 15 de diciembre El País informó que en los primeros diez días del mes se registraron 600 delitos contra las personas en Montevideo (208 hurtos, 185 rapiñas y 183 arrebatos), lo que significa un incremento sobre el promedio de ilícitos de entre 20 y 33% respecto a los meses anteriores.

Fuentes de la Jefatura de Policía de Montevideo atribuyeron ese auge delictivo a la falta de efectivos en los patrullajes, dado que muchos policías estuvieron afectados a eventos tales como partidos de fútbol, el recital del "Indio" Solari o la filmación de Vicio en Miami.

¡Quiero trabajo ya!

Muñoz y Di Pascua señalaron que lo que más demandan los reclusos que salieron por la ley son fuentes laborales, y en segundo lugar, vivienda y alimentación.

"Salen con un alto grado de ansiedad, y quieren conseguir un empleo con urgencia. Presionan con la amenaza de volver a delinquir si no se les da lo que piden", dijo Muñoz. "Nosotros fomentamos en ellos la autogestión de trabajo".

Di Pascua sostuvo que los medios de comunicación "tuvieron que ver" en la creación de una alta expectativa entre los liberados. "Los presos salieron creyendo que el Patronato les iba a conseguir trabajo, y no es tan así".

Los liberados deben concurrir al Patronato 24 o 48 horas después de recuperar la libertad y desde entonces asistir quincenalmente, con el fin de firmar un registro y entrevistarse con psicólogos o asistentes sociales.

Durante el comienzo de octubre los primeros liberados se presentaron, pero con una actitud hostil. "Trataron de imponer los códigos carcelarios en el Patronato. A mí me ha tocado hacerle el seguimiento a alguien que se violentó mucho, que me insultó a mí y a Ravecca. Hoy está viniendo de una forma más civilizada a las entrevistas, aunque sigue demandante", dijo Muñoz.

Di Pascua cuenta que se ha sentido intimidada. "Ven que una es mujer y piensan: ‘a esta la asusto y me da todo lo que yo le pido’".

Un día de la primera semana de liberaciones anticipadas, una decena de reclusos beneficiados por la ley que estaban en el pasillo del Patronato decidieron protestar sacándose la camiseta y los zapatos. Uno de ellos comenzó a gritar pidiendo que atendieran sus reclamos y arengó al resto. El tenso momento pasó luego de que los técnicos mantuvieron entrevistas personales con cada uno de ellos.

"Los calmamos", dijo Di Pascua. Pero no por mucho tiempo.

Juan Escobar, quien había estado preso por hurto y salió en libertad el 3 de noviembre, dos meses antes de finalizar su pena de dos años, sostuvo: "yo no quiero volver a delinquir, no está en mis planes, pero me obligan".

No es el único indignado por la falta de respuesta inmediata del Patronato.

Marcelo Mené, a quien le faltaban seis meses para cumplir una pena de cinco años por rapiña a mano armada, espera un apoyo del Patronato que aún no ha sentido: "acá me dijeron que si sale algo me pegan el grito. ¡Acá es donde nos tienen que ayudar!".

"Si no consigo trabajo... no tengo pensado volver a delinquir ahora, pero...", agregó.

Juan Manuel Vituveira también está molesto con el Patronato. "Fui tres veces en un mes y no me han facilitado nada. Una vez por mes te dan una canasta con productos, y como no tenía documentos me tramitaron la cédula. De trabajo me dijeron que si me lo puedo conseguir yo, que me lo consiga".

"Salimos a la calle y ¿qué hacemos? Nada. Fui a pedir changas por ahí y fui a la Aduana por carga y descarga de arroz, pero con antecedentes nadie te da trabajo. No sé cuánto más podré aguantar", agregó Vituveira, de barrio Casabó, quien estaba preso por hurto en Santiago Vázquez.

—¿Volvería a delinquir si en un mes más no tiene empleo?

—El tiempo lo dirá. Depende de mi mente.

Una contestación similar dio Alberto Machado, de 20 años, quien el 24 de noviembre quedó en libertad seis meses antes de cumplir su pena por hurto especialmente agravado. Dice que está trabajando con su padre en la cría de cerdos y por ahora le alcanza. "No sé si voy a volver a robar en un par de meses. En su momento se verá. Ahora con el chiquero estoy bien".

Machado no salió conforme de su primera visita al Patronato, porque vio cómo algunos presos se retiraban con canastas, que a él dice no le dieron.

Miguel Altamiranda, quien había estado preso por hurto, exclamó: "¿¡qué te van a ayudar a buscar trabajo?! A mí Ravecca me dijo: ‘si usted realmente quiere trabajar, váyase una madrugada al Mercado Modelo a levantar cajones de frutas y verduras’. Lo miré serio, le dije ‘gracias’ y me fui". A Altamiranda, de 25 años, no le gustó el consejo. "¿¡Cómo me va a decir eso?! ¡Mirá si voy a ir puesto por puesto preguntando si puedo levantar cajones!".

Era la cuarta vez que estaba preso en el Comcar. Cuando se dio el diálogo, 12 días después de haber sido liberado, el joven esperaba encontrar un empleo y poder comunicarse con su ex pareja y madre de su hijo Steven de 3 años, que se fue a ejercer la prostitución a Milán.

Altamiranda estaba viviendo en una vivienda del barrio Peñarol junto a su compañero de causa Gustavo Luttringer. El 1º de noviembre ambos salieron con anticipación, gracias a la ley de cárceles.

Dos semanas después de haber conversado con Altamiranda, Luttringer ya se había convertido en uno de los reincidentes: estaba nuevamente en el Comcar. Había quedado en libertad nueve meses antes de cumplir una condena de 15 por hurto especialmente agravado, que cometió junto a Altamiranda. Pero la libertad le duró poco.

Cuando salió, fue al Patronato, y obtuvo respuestas desoladoras, dijo. "Me encontré con la realidad del Patronato: tienen lo esencial para ayudarnos, pero muchas de las cosas que les ofrecieron cuando se aprobó la ley no se las dieron, instituciones públicas que los iban a ayudar después se echaron para atrás. Ellos se quedaron con las ganas de ayudar, pero más no pueden", dijo Luttringer, otra vez en Santiago Vázquez.

Estuvo pocos días libre y dice que lo volvieron a detener por un malentendido. Cuenta que iba a llevar un currículum y en el camino tuvo una discusión con unos muchachos por una mujer (la madre de su hija María Isabel, de 8 años). Dice que salió corriendo porque ellos eran varios, pasó al lado de alguien que acababa de cometer un arrebato y fue detenido. Insiste en que él no cometió el robo, pero la víctima lo reconoció.

Robar es laburar

El "Chino" Yáñez, de 23 años, cuenta que le pasó lo mismo que a Luttringer. Fue liberado el 24 de noviembre, un año antes de terminar de cumplir una condena de seis por rapiña.

Dice él que también "justo pasaba" al lado de "unos gurises del barrio" cuando una mujer mayor acababa de ser robada. La mujer también lo reconoció. Al igual que le pasó a Altamiranda, su mujer se fue a Europa como meretriz.

Como la mayoría de los presos liberados, tiene los brazos cortados. Es un "desahogo", explicó.

Todavía no tiene trabajo, pero se tiene fe para conseguir "algo" como jardinero. Dice que no va a esperar por el Patronato, y que si se tiene que levantar más temprano, atar su bordeadora a la bicicleta y salir a recorrer Montevideo, lo hará.

Pero si el esfuerzo no es recompensado por ningún dueño de casa que quiera que le corten el césped, él —asegura— "trabajará" igual. Yáñez tiene una interpretación muy particular de lo que se considera trabajo. "Salir a robar también es un laburo, y changar también. Eso sí, si salgo a robar no voy a robar un reloj o un discman, porque me como tres años adentro. En todo caso rapiño un Abitab".

Cinco minutos antes Yáñez había dicho que "el que no consigue laburo y se queja es porque quiere. Por falta de voluntad".

Andrés Ramírez, de 28 años, en tanto, cumplía una pena de tres años por hurto en la cárcel de Canelones, pero sólo estuvo preso 22 meses. Tiene tres hijas (11, 3 y 2 años) cada una de una mujer diferente. Le dicen "El Rengo" porque debieron operarlo de una pierna por una bala que lo hirió a los 16 años. Tal como parece, no tuvo una infancia fácil.

Si suma toda sus estadías en prisión llega a nueve años. Ramírez dijo que las nuevas generaciones de delincuentes no respetan códigos: "igual le roban a la madre para comprar pasta base". En eso coincide con la psicóloga Di Pascua: la pasta base está haciendo estragos en los reclusos.

Ramírez tiene el pelo largo y la cara avejentada. Dice que ahora está trabajando como albañil "levantando unos depósitos", pero lo hace más por matar el ocio.

Cuando se le pregunta si piensa volver a robar se limita a una frase hecha: "nunca digas nunca". Ramírez tiene una postura similar a la de Yáñez. "Si pasa el tiempo y no consigo nada importante, salgo a caminar, estudio a algún tipo y cuando se vaya le agarro el auto y me lo llevo por unas horas para que otro le haga chapa y pintura, y le cambie la matrícula".

Está vestido con una remera Nike negra. Parece un detalle menor, pero no lo es. Ocho de los 12 liberados y uno de los tres reincidentes entrevistados para esta nota también lo estaban. Vestirse con prendas de la marca Nike (originales o falsas) es un santo y seña de la identidad carcelera, como lo son los tatuajes o tener cicatrices en los brazos.

Uno de los liberados que se mostró más indignado al ser entrevistado es Jorge Núñez. Era la cuarta vez que estaba preso por hurto, hasta que lo dejaron salir de la cárcel de Maldonado el 21 de octubre. De inmediato se fue a la casa de sus padres en Casabó, a vivir junto a ellos, su pareja Cinthia, de 16 años, y su hija Fiamma, de 5.

"En el Patronato no me dieron ninguna ayuda, ni para el boleto. No tengo dónde vivir", dijo. A Núñez ya le pasó que por no tener los 32 pesos para ir en ómnibus y volver, debió avisar por teléfono y esperar una nueva cita. "¡Las cosas no son como dijeron en la tele! En la televisión dijeron que iba a haber trabajo en UTE y en la Intendencia, pero es mentira. Dicen una cosa y después vas al Patronato y no hay nada".

Le indignó que la asistente social que lo atendió lo retara diciéndole: "¡cómo quiere conseguir trabajo con esos brazos cortados!".

"Fui a una obra y me anotaron, fui a Fripur y me miraron con cara fea. En el juzgado me dijeron que somos una mancha para la sociedad. ¿Cómo quieren que cambie si no me dan una oportunidad? ¿Qué quieren? ¿que salga a robar de vuelta?".

Para robar Núñez escalaba edificios.

Además, dice que dejará de ir a firmar el registro al Patronato de Liberados. Sabe que a la tercera llamada sin concurrir, lo notificarán en la Justicia y allí librarán una orden de detención. Para entonces, tiene pensado ya no estar más en su casa.

"Si no consigo trabajo, voy a volver a robar", sostuvo Núñez. "La próxima vez que vaya al Patronato les voy a decir que si no me consiguen trabajo, voy a salir a robar. ¡Y de caño!".

¿Cómo procesar a quien no existe para la ley?

Ayuda en casos concretos

La ley 17.897 establece un régimen excepcional de libertades provisionales y anticipadas que excluye a los culpables de homicidio con agravantes, lesiones gravísimas, violación y atentado violento al pudor, corrupción, rapiña agravada (uso de armas, por ejemplo) o con lesiones, copamiento y extorsión, quiebra e insolvencia fraudulenta, entre otros.

El Patronato Nacional de Liberados y Encarcelados existe desde hace 70 años. Óscar Ravecca, su presidente desde hace diez, explicó que el organismo controla la salud, alimentación (brinda canastas a los reclusos y sus familiares), ayuda en la vivienda (otorgan bloques y pórtland, por ejemplo), y educación (becas para estudios de electricidad, cocina o servicios en general).

María Noel Rodríguez, asesora del ministro del Interior, enumeró algunos ejemplos de aportes de la cartera a liberados que presentaron iniciativas concretas: se le dio 500 pesos a un recluso para poner un puesto de venta de flores, a otro 3.000 pesos para la fabricación de herraduras, a otro liberado se le brindó 500 pesos para la compra de pintura y pinceles, a otro 580 para que renueve una libreta de conducir que le permita trabajar como chofer o 1.000 pesos a otro para la compra de ropa para vender en ferias.

"Deben probar que el dinero será utilizado con esos fines. Imagínese si ese dinero, aportado por el Estado, se destinara a la compra de un arma o pasta base", dijo Rodríguez.

La vocera ministerial reconoció que a los liberados, con antecedentes, les cuesta "el doble" ingresar al mercado laboral. "Tenemos como un doble discurso a nivel social: queremos que los liberados no reincidan y zafen de la vida delictiva, pero por otro lado decimos: ‘yo no lo voy a tomar como empleado’".

El Patronato se encarga de tramitar cédula de identidad, carné de salud y asistencial a todos los liberados indocumentados. Ahí, a juicio de Rodríguez, radica una contradicción del propio sistema. "Uno se pregunta cómo se puede procesar y condenar a una persona indocumentada, que ni siquiera existe para la ley y no está inscripta en el Registro Civil".

De nuevo en el Comcar

Pocas horas de libertad

Federico Texeira cumplía una pena de dos años y nueve meses en el Comcar, pero salió con anticipación el 9 de octubre, gracias a la ley 17.897. Estuvo sólo cuatro días libre.

En esas 96 horas de libertad mantuvo una entrevista en el Patronato de Liberados y Encarcelados. "Me dijeron que iban a ayudar a mi familia, que me iban a dar surtidos, quizá algún terreno o muebles, me hablaron de futuros convenios con la Intendencia y con Tacurú".

Contó que salió de prisión con una sonrisa de oreja a oreja, porque dos semanas antes su madre le había dicho que saldría con empleo. Una empresa distribuidora de vinos, donde ella trabajaba, tenía una vacante para él.

La ilusión le duró poco, porque ni bien salió se enteró que la empresa se había fundido. "Fui a mi casa y encontré que había necesidades y problemas. Son un sinfín de cosas que si me pongo a contar, no le va a dar el casete".

El casete dio: dijo que tiene dos hermanos chicos que pasan hambre, una hermana mayor que no puede mantener a su bebé, su mujer se fue con su hija de 4 años a Buenos Aires, nunca conoció a su padre y su madre vive en una pensión, entre otras calamidades. Él mismo comió de la basura y durmió en la vereda.

"Yo quiero tener una vida normal, formar una familia y tener hijos, vivir sin que me persiga la Policía, tener un hogar donde levantarme temprano, pagar las cuentas", enumera Texeira. Todo su sueño de "vida normal" se derrumbó cuando al cuarto día de la libertad anticipada se dejó tentar por una billetera.

"La oportunidad se presentó... fue un hurto. Manoteé una billetera de un bolsillo de un tipo y salí corriendo. El hombre no me corrió, pero sí un policía, que me agarró", relató. Ahora debe cumplir los nueve meses que le faltaban completar de la pena anterior más los de este nuevo delito. En un año, supone, volverá a salir.

Texeira no se imagina la vida dentro de un año. Ni siquiera se anima a contestar si volvería a delinquir por necesidad. "No sé, se me puede presentar una oportunidad de trabajo o un viaje. Es cuestión de esperar".

Sin embargo, quien sí tiene claro que nunca más volverá a la delincuencia es Ricardo Machado, de 19 años. "El Diente", como le dicen, también está nuevamente preso. El goce de su libertad anticipada le duró menos de tres días.

Cumplía una pena de dos años hasta que salió el 3 de noviembre. La asistente social que lo visitó en la cárcel de Santiago Vázquez le dijo que le daban "una nueva oportunidad". Llegó a su casa, donde su madre y su padrastro le dieron un dinero ahorrado, su tía le dio algo más. Se compró una puerta, una ventana y un inodoro que le habían robado de su vivienda, en el barrio Conciliación.

Al otro día, su hermano de 21 años lo invitó a salir a robar, pero cuenta que él se negó. "Le dije que yo no estaba para esa, además él fuma pasta base y queda loco, y yo no fumo". Se planteó recuperar a su mujer, que está con otra pareja, y su hijo Brian, de 3 años.

Su tío le consiguió un trabajo para vender helados. Ganaba 250 pesos por día.

Todo pintaba muy bien. Pero al tercer día llegó a su casa y, según su relato, un grupo de hombres lo esperaban para preguntarle por su hermano, que los había robado. Él le dijo que no sabía dónde podía estar, entonces le advirtieron que si su hermano no aparecía, lo iban a denunciar como ladrón a él.

"No lo mandé en cana a mi hermano por códigos. Me la banqué piola", dice.

Estima que a mediados de 2007 podrá volver a quedar libre.

"Si a la salida no tengo chances de volver a vender helados, hago lo que sea. Pero de corazón, de lo más profundo de mi corazón, te aseguro que no vuelvo a delinquir. De última salgo a golpear puertas y voy pidiendo una papa, un morrón, y así voy comiendo".

Liberados y Plan de Emergencia

"Difícil que el chancho chifle"

La directora del Patronato de Liberados y Encarcelados, Cristina Gil, dijo que "la mayoría" de los liberados que tienen cédula de identidad y que concurrieron al Banco de Previsión Social o al Ministerio de Desarrollo Social, están inscriptos en el Plan de Emergencia.

Marcelo Mené quedó en libertad el 18 de noviembre. Sostuvo que le dijeron que para estar inscripto en el Plan de Emergencia debía esperar hasta enero, porque las solicitudes estaban "demoradas".

Jorge Marcelo Nuñez hace dos meses que está libre. El Patronato le gestionó su cédula pero la perdió, y debe tramitarla nuevamente. Dice que en el Patronato nunca le hablaron del Plan de Emergencia, aunque él tampoco preguntó. Su amigo y ex compañero de causa, Juan Manuel Vituveira, tampoco está inscripto en el Panes.

Juan Escobar, quien salió el 3 de noviembre, sigue haciendo limpiezas en una fábrica. En el Patronato le dijeron que puede aspirar a la cuota del Panes, pero no fue a inscribirse.

A Ángelo Pérez también le dijeron en el Patronato que estaba en condiciones de aspirar al Plan de Emergencia. Como Escobar, tampoco había ido a iniciar los trámites cuando fue consultado a fines de diciembre. "En estos días voy a ir".

La directora del Patronato dijo que si ellos mismos, por desidia, no se han preocupado por ser contemplados por el Plan de Emergencia, el Patronato nada puede hacer. "Es responsabilidad de ellos".

"Si no les da ni para ir al BPS o al Mides... difícil que el chancho chifle".

Tres en 15

Única opción: trabajar

Ángelo Pérez, de 24 años, quedó libre cuatro meses antes de cumplir su pena de 30 meses por hurto especialmente agravado. Salió el 21 de noviembre y desde entonces no quiere saber "más nada con estar preso". Hoy trabaja en un taller de motos con su hermano. "En la calle me vienen a provocar porque saben que yo era Chucky, pero ahora sólo quiero trabajar y estar con mis hijos", dijo.

Otro liberado que está seguro de no volver a tomar el mal camino es Jorge Barreto, de 22 años, quien estaba preso en el Comcar por rapiña y hurto. "Si el Patronato me consigue algo, mejor, pero no me voy a quedar sentado esperando que me den trabajo. Ya hablé con mis hermanos y algo puede pintar en la construcción. Si no sale, me levantaré más temprano para buscar trabajo, pero no volveré a delinquir", sostuvo.

Argumento similar dio Juan Pablo Flores, de 21 años, quien estuvo preso por hurto especialmente agravado y salió nueve meses antes de cumplir su pena. Ayuda a su padre a hacer changas en la construcción y trabaja como barrendero en el Movimiento Tacurú. Antes de obtener ese empleo, llenó un formulario en un supermercado y habló con un amigo para cargar cajones en Coca-Cola.

"¿Robar? Nunca más, lo mío es trabajar. Yo robaba para alimentar a mi hijo de dos años", asegura. Actualmente su madre no permite que se acerque a él. "Lo veo de lejos, en el barrio, pero él no sabe que soy su padre".

De los 15 liberados entrevistados para este informe, pocos presentaron las firmes intenciones de Pérez, Barreto y Flores de dedicarse exclusivamente al trabajo.



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