Análisis político por Alfonso Lessa
La reunión que sostuvieron esta semana el presidente Tabaré Vázquez y el ex mandatario blanco Luis Alberto Lacalle, fue más que un simple encuentro protocolar: constituyó un hecho político relevante del que se pueden extraer algunas conclusiones, tanto en lo que refiere al plano local, como al de las relaciones bilaterales con Argentina.
Por una parte, remarcó lo que ya parecía claro: el diferendo con el país vecino por la instalación de las papeleras en Fray Bentos ha llegado a un punto de tensión desconocido desde el primer peronismo. La situación genera seria preocupación, tanta que el jefe de Estado uruguayo decidió buscar el apoyo explícito de otros líderes políticos.
Por otro lado, la reunión mostró una vez más que para el presidente Vázquez, Lacalle constituye un interlocutor privilegiado, con el que mantiene muy buenas relaciones a pesar de las diferencias en materia política y económica. Como contrapartida, el hecho de que Tabaré Vázquez haya elegido a Lacalle y no al presidente del Directorio blanco, Jorge Larrañaga, en el inicio de una serie de encuentros que continuaría recién entre fines de febrero y marzo, insinúa un deterioro en sus relaciones.
El encuentro, que en términos políticos sirvió tanto a Vázquez como a Lacalle, de paso demostró la vigencia del ex presidente en el escenario local. Efecto buscado o no, el gesto de Vázquez al visitar a Lacalle en su domicilio fortaleció al ex presidente tanto en la interna del Partido Nacional como dentro del propio Herrerismo, donde existen cuestionamientos y dudas respecto a su futuro y donde incluso asoman figuras desafiantes como la del senador Luis Alberto Heber.
Debe destacarse al respecto, en un hecho que no tuvo demasiada repercusión, que en un acto público celebrado en la sede de Cambadu, Vázquez calificó recientemente a Lacalle como un "gran presidente", una afirmación para nada menor si se tiene en cuenta que proviene del líder de la izquierda.
En la misma línea, el Poder Ejecutivo se ha cuidado de dejar al margen de responsabilidades en la no investigación del destino de los desaparecidos, al gobierno de Lacalle.
RELACION. En realidad las relaciones entre estos dos dirigentes conocen de una larga historia. Vázquez y Lacalle, a diferencia de otros líderes, han cuidado sus relaciones personales más allá de toda diferencia e incluso las han cultivado como instrumento político. A los dos les tocó convivir en cargos clave en un período histórico del país, cuando el Partido Nacional volvió al gobierno de la mano de Lacalle luego de más de tres décadas, al mismo tiempo que la izquierda, con Vázquez, llegaba por primera vez a la Intendencia de Montevideo. Se trataba de una experiencia inédita en la vida del país: la cohabitación de un gobierno netamente liberal a nivel nacional, con otro de izquierda en la capital, que alberga a casi la mitad de la población del país.
En ese período Lacalle y Vázquez mantuvieron siempre canales de diálogo y conversaciones muchas veces reservadas. Al repasar la historia política de los últimos quince años, es mucho más difícil encontrar un episodio de enfrentamiento duro entre Lacalle y Vázquez, que de cualquiera de los dos con el ex presidente Julio María Sanguinetti, por ejemplo.
Vázquez y Lacalle, según informaron, hablaron de las reformas que se plantea el gobierno para el año próximo y para las cuales el presidente procura acuerdos que vayan más allá de la izquierda, tanto para ampliar la base de apoyo a las mismas, como para contar con votos extrafrentistas en caso de ser necesario.
ARGENTINA. El gran tema de la reunión, sin embargo, fue la tensa situación que se vive con Argentina y que llegó en los últimos días al extremo de impedirse el libre tránsito de las personas, para evitar que atravesaran los puentes y pudieran viajar a Uruguay en el comienzo de la temporada turística.
Este hecho insólito, no sólo no mereció medidas del gobierno argentino para asegurar los derechos de quienes querían viajar hacia aquí, sino que ha contado con su claro visto bueno. Estas medidas, promovidas o alentadas por el discurso confrontativo del gobernador Busti, no deberían llamar la atención de parte de quien en algún momento llegó a deslizar amenazas del uso de violencia, al menos de parte de particulares que presuntamente no podrían ser controlados.
La gravedad de este episodio, sin embargo, se profundizó por la actitud del gobierno del presidente Kirchner avalando de hecho y no desestimulando este tipo de protestas. Todo indica que las negociaciones que se están desarrollando a diverso nivel —y que en alguna ocasión han llegado a ser muy tensas— están estancadas frente a la cerrada postura argentina, que no acepta ninguna solución que contemple el funcionamiento de las plantas.
Ante ese panorama, el presidente Vázquez ha salido a buscar el respaldo de otros líderes y comenzó por Lacalle, de quien además escuchó diversos consejos.
Vázquez, de esta manera, ha buscado reforzar el carácter nacional del tema, mucho más allá de los intereses sectoriales o partidarios. Y para ello, seguramente, ha tenido en cuenta que todos los ex presidentes han estado de algún modo involucrados en el proceso que hoy desemboca en este callejón que no parece tener salida: desde Jorge Batlle que negoció la instalación de las papeleras, a Sanguinetti y Lacalle que impulsaron la política de forestación.