Leonardo Haberkorn
1) El 30 de abril, en el programa Hoy por Hoy en Canal 5, en un panel sobre el estado actual del periodismo uruguayo, dije que en Zona Urbana habían robado una nota de Qué Pasa.
2) Una semana después, el 7 de mayo, en el semanario Brecha se entrevistó a dos de los conductores de Zona Urbana, Gustavo Escanlar e Ignacio Álvarez. Les preguntaron por mis dichos.
Escanlar respondió:
—Haberkorn nos mandó un mail diciendo que estaba caliente porque le habíamos "levantado" la nota de los coreanos. La verdad es que nosotros habíamos hecho una nota sobre coreanos en la radio hace ya como un año y medio: en el mismo boliche, con los mismos coreanos, y con el mismo karaoke. Si se refiere a esto como "robo", está totalmente equivocado. Los periodistas muchas veces nos sentimos "dueños" de los temas, y los temas están ahí. Si uno mira el programa Poder Ciudadano, que no lo ve nadie, muchos de los temas que aparecen allí coinciden con los informes de Zona Urbana. Obvio, ¿cómo no van a coincidir?, si los temas son los mismos.
Álvarez agregó:
—¿Por qué tener esa soberbia de afirmar que nosotros le copiamos? ¿No puede pasar que a nosotros también se nos haya ocurrido? Lo que estoy viendo, y más este año que el programa está mucho más consolidado es cómo sale la pequeñez de muchos colegas a relucir. A los que critican a Zona Urbana me gustaría preguntarles a qué atribuyen el récord histórico de rating del programa. A nosotros lo que nos molesta es la mala leche y la doble intención que nos puedan atribuir. A ésos directamente les diría que se fueran a cagar, con todas las letras. Te puede gustar el programa o no, pero si la oración empieza "lo que estamos buscando nosotros en el fondo es..." que se vayan a cagar. A lo Mujica lo digo.
3) Vayamos por partes.
Antes que nada, pido disculpas a los lectores por dedicarle espacio a este asunto, cuando hay otros tanto más importantes. Pero compréndase que la falsedad debe ser respondida.
En segundo lugar: mantengo lo que dije en Canal 5. Y lo voy a demostrar. También voy a demostrar que otros usan la mentira como una de sus herramientas de trabajo.
4) La polémica se centra en una nota que fue portada de la edición de Qué Pasa del 31 de enero sobre las whiskerías exclusivas para coreanos que hay cerca de la plaza Independencia. El reportaje fue realizado por los periodistas Gabriel Farías y Diego Pérez y llevó como título: "Prohibido para uruguayos".
El 28 de abril Zona Urbana hizo otra nota sobre el mismo tema que, por lo menos, tomó sin pedir ni citar (o sea, robó) elementos del trabajo que antes había realizado Qué Pasa.
5) Escanlar lo niega y esgrime dos argumentos. Por un lado sostiene que los temas no tienen dueño, que por lógica si un asunto es de interés para la sociedad entonces muchos medios se ocuparán de él.
En segundo lugar, sostiene que él había hecho una nota en un karaoke un año y medio antes. Como se verá más adelante, la palabra de Escanlar tiene un valor relativo, pero asumamos que esta vez dice la verdad.
6) Sobre el primer argumento de Escanlar, cabe decir que por supuesto nadie es dueño de los temas. Sería ridículo pretender que cierto asunto que uno toca en una nota nunca más sea retomado por nadie. Lo que provocó mi denuncia no fue que trataran un tema que ya había abordado Qué Pasa. Lo malo es apropiarse del trabajo ajeno, que no es lo mismo.
7) Respecto al segundo argumento de Escanlar hay que decir que eso no invalida mis dichos. Yo nunca dije que la nota sobre las whiskerías fuera la primera en la historia.
Lo que sí es cierto, es que el artículo de Qué Pasa fue cien por ciento original. Yo no escuché el programa radial del que habla Escanlar y los periodistas que hicieron la nota tampoco. Pero tanto da. La verdad es que estos dos cronistas estuvieron semanas recorriendo la zona de estas whiskerías, entrevistando a decenas de mujeres que trabajan en ellas, a sus responsables, a sus vecinos, a los taxistas, a los empleados del casino. Fueron al puerto, a los hoteles de la zona, a la policía, a la Intendencia, a la Dirección de Migraciones, obtuvieron gran cantidad de datos propios y nuevos. Sudaron la gota gorda para hacer la nota. Y elaboraron un producto original. Nadie dijo lo contrario porque no podrían decirlo.
8) En cambio, la nota de Zona Urbana parece haber tenido como guión el anterior artículo de Qué Pasa.
Ya al presentar la nota, Ignacio Álvarez le preguntó a Escanlar: "¿No es prohibido para uruguayos?". El título del informe de Qué Pasa había sido "Prohibido para uruguayos". Es una curiosa pregunta de parte de alguien que ahora dice que no había visto la nota anterior y se rasga las vestiduras mientras clama: "¿no puede pasar que a nosotros también se nos haya ocurrido?".
9) Hay más coincidencias:
Qué Pasa:
Ese derroche es posible porque los coreanos llegan al puerto con buena plata.
Zona Urbana:
—¿Y los coreanos tienen tanta guita?
—Vienen de los barcos, traen guita.
Qué Pasa:
Young Ming Ha (es) el dueño de la whiskería exclusiva para coreanos (...) Jacinto, como le dicen al señor Ha las mozas de su local....
Zona Urbana:
El dueño del restaurante se llama Young Ming Ha, le dicen señor Ha, o señor Jacinto.
Qué Pasa:
Luego de comer, los coreanos suelen pasar alrededor de una hora diversión dentro de ese reservado....
Zona Urbana:
Primero se come, después se canta y después... la diversión.
Qué Pasa:
Una botella de whisky vale 3.000 pesos. Una cerveza 90.
Zona Urbana:
Una botella de whisky cuesta 100 dólares. Una cerveza 90 pesos.
Qué Pasa:
Desde 1980, 140 coreanos se han nacionalizado uruguayos.
Zona Urbana:
Desde 1980, 140 coreanos se hicieron ciudadanos uruguayos.
Y podríamos seguir.
10) La repetición exacta del dato de los coreanos "nacionalizados uruguayos" es interesante de analizar. A los periodistas de Qué Pasa obtener esa cifra les demandó tres semanas de idas y venidas a la Dirección de Migraciones.
Pero cometimos un error: la Dirección de Migraciones no otorga cartas de ciudadanía sino permisos de residencia. Una carta de ciudadanía transforma a quien la obtiene en un nacional uruguayo más, con derecho al voto. Un permiso de residencia sirve para vivir, para trabajar y estudiar legalmente en Uruguay, pero no para votar.
En definitiva, debimos haber escrito que, desde 1980, 140 coreanos habían obtenido la residencia uruguaya. Nos equivocamos al poner que se hicieron ciudadanos uruguayos.
Lo curioso es comprobar como Zona Urbana nos copió incluso los errores.
Y hay más. La cifra de 140 coreanos que habían obtenido la residencia fue conseguida el 15 de enero. Cuando se emitió la nota de Zona Urbana, otros dos coreanos habían obtenido la residencia uruguaya: uno en febrero, otro en abril. Lo averigüé consultando, otra vez, en Migraciones. También Zona Urbana pudo haberlo averiguado, si trabajaran un poco. Pero prefirieron brindarle a su audiencia un dato viejo, desactualizado, tomado de otro medio con error incluido, y sin citar.
11) Creo que el punto anterior es categórico y definitivo respecto al modo en que "trabaja" esta gente. Pero hay todavía otra prueba de la hipocresía y de la falta de sinceridad de Álvarez y Escanlar.
Otra complicación con que contó el informe de Qué Pasa fue la de conseguir un aviso clasificado en el que expresamente se pedía una chica para "un pub coreano".
Los dos periodistas que lo hicieron debieron leer muchas ediciones del Libro de los Clasificados de El País para hallar uno, y al final lo encontraron.
Llegaron muy contentos a la redacción, pero resultó que el aviso estaba publicado en la base de una página, era el último, el de más abajo en una de las columnas del Gallito Luis, y eso hacía que no sirviera como ilustración: sin tener otros avisos alrededor, quedaba muy chico y perdido dentro de la página de Qué Pasa.
Pero en el departamento gráfico de El País tuvieron una idea: recortaron el aviso y lo pegaron en mitad de una columna. Ahora sí el aviso lucía como en medio de una página y servía para ilustrar la nota.
Quiere decir que el aviso que publicamos en el que se pedía una "chica para pub coreano" es verdadero, pero la página que aparece fue modificada, nunca existió como tal. Es una imagen creada en el departamento gráfico de El País. No existe salvo en una computadora de El País y en la página 7 de Qué Pasa del 31 de enero de 2004.
Pero ¡oh casualidad! la misma imagen apareció en Zona Urbana.
Quiere decir, en buen romance, que filmaron las propias páginas de Qué Pasa, sin pedir permiso, sin citar, haciendo pasar el trabajo ajeno como propio.
Si eso no es robar, ¿qué es?
12) Concluido el caso, cabe dedicar algunas líneas a los dichos fallutos, ordinarios y patoteriles, de Álvarez y Escanlar en Brecha.
Cuándo Álvarez niega todo lo que acabamos de demostrar, ¿es sincero? ¿No sabe de dónde se sacan las imágenes que manda al aire su programa? ¿Se le ocurrió hacer una nota, pero la primera pregunta que hace coincide con el título de otra nota que nunca vio?
13) Quizás Álvarez esté mareado por el rating. Supone que cualquier crítica que se le hace nace de la envidia de su condición de "estrella", como se definió en otra entrevista. Dice que encabeza el rating: al parecer es a Uruguay lo que Jorge Rial es a Argentina. Según su razonamiento, hoy no se le puede cuestionar nada ni reprochar error alguno porque uno queda automáticamente bajo la sospecha de la envidia. Es un argumento tan falaz y tan pobre que no vale la pena detenerse en él.
Por otra parte, Álvarez sabe que no lo envidio. Sabe que no me interesa estar donde él está, porque él mismo me llamó para pedirme que me sumara al plantel de Zona Urbana el año pasado. Le dije que muchas gracias, que por varias razones prefería seguir en Qué Pasa y dando clases de periodismo. Aunque quizás Zona Urbana represente cierto avance —más formal que verdadero— respecto a la nada periodística en la que estaban sumergidos los canales privados, no me interesa estar ahí. No me interesa decir "ja-pi" en la tele: tengo 40 años. No me interesa hacer que navego por el Miguelete en un bote con un solo remo. No me interesa apropiarme del trabajo ajeno. No me interesa enseñar cómo se usa una droga en el horario central de la televisión. No me interesa la "dilatación anal" de Spillman sino el crimen contra un periodista. No me interesan las cámaras ocultas como recurso permanente, menos que menos para perseguir homosexuales. Y si quisiera ser el rey del rating, buscaría trabajo en Aquí está su disco.
14) Dirijo la que posiblemente sea la revista periodística uruguaya de más lectores pero, al contrario de Álvarez, nunca esgrimiría ese dato como coartada ante cualquier crítica o error. Le adjudico a las mediciones de audiencia y a los tirajes un valor relativo: trabajé con el mismo tesón, la misma seriedad y el mismo amor por la profesión en publicaciones que leía muy poca gente. En nuestro ámbito, todos me conocen. Llevo 20 años en esto y he pasado por decenas de empresas periodísticas y editoriales. Creo en el trabajo serio, no en el sensacionalismo, la ordinariez o los golpes de efecto a los que apuestan otros. Como cualquiera, acierto y me equivoco. Pero, todos los que han trabajado conmigo pueden atestiguar que no miento, no robo, no plagio. Como estamos viendo, no todos pueden decir eso de sí mismos.
15) Es cierto que le mandé un mensaje a Escanlar. Le dirigí uno antes del programa, pidiéndole que si era necesario nos citara. No lo hizo.
Fuimos amigos, trabajamos muchos años juntos. La amistad quedó reducida a escombros luego de las ominosas circunstancias que rodearon la salida de Escanlar de Qué Pasa.
Pese a todo, todavía intercambiábamos algunos mensajes. Una buena prueba de que Álvarez se equivoca cuando achaca mi denuncia a la "pequeñez" de la envidia del éxito ajeno, es que luego del primer programa del ciclo 2004 de Zona Urbana le envié un mensaje a Escanlar felicitándolo por su muy buena entrevista a Carlos Victorica.
Pocos días antes, Escanlar me había mandado otro mensaje que decía: "A veces se extraña tu lucidez y tu implacabilidad y tu rigor sobre todo en casos de peligro, como cuando uno aparece en tele".
Si él personalmente lo dice, será que en sus nuevos jefes no encuentra lo mismo. Es que a Ignacio Álvarez se le dan fáciles las malas palabras, pero otras cosas le cuestan un poquito más.
16) Llevo casi tres años guardando este secreto, básicamente por respeto a los vestigios de lo que fue una amistad. Pero tanta mentira y doble discurso me obligan a romper un largo silencio que me autoimpuse. Viene a cuento, además, porque explica cómo operan quienes dicen practicar el periodismo pero eluden toda la carga de trabajo, sacrificio y responsabilidad que conlleva ejercer esta profesión.
Escanlar trabajó en Qué Pasa. En setiembre de 2001 le confié la realización de un informe sobre la enseñanza secundaria. Tras su publicación (Qué Pasa 70, 6 de octubre de 2001), una profesora que era muy citada en la nota, denunció que las declaraciones que Escanlar le había adjudicado en el artículo eran falsas. Escanlar dijo que tenía todo grabado y, por supuesto, yo le creí a él. Sin embargo, la mujer insistía y las grabaciones nunca aparecían. Al final, le dije a Escanlar que las grabaciones no me importaban, pero que quería saber si la mujer había dicho las frases que nosotros habíamos publicado en su nombre. Le pregunté:
—Esto que está entre comillas, ¿lo dijo?
Para mi estupor y mi dolor, Escanlar respondió:
—No.
Le pregunté si la profesora había dicho al menos algo parecido a eso. No, ni siquiera. Tras algunas otras preguntas, Escanlar confesó que había inventado los dichos que había puesto en boca de la mujer. Y no eran uno o dos, eran muchos. Casi una columna entera.
Un par de días después, tras escuchar mi opinión de que lo que había hecho era lo más horrible que podía hacer un periodista, renunció.
El 3 de noviembre de 2001 en Qué Pasa se publicó una larga carta de la profesora Martha Rügnitz detallando las frases que Escanlar le había inventado. Por supuesto, no hubo desmentidos de Escanlar ni declaraciones altisonantes como las que ahora hace en Brecha.
Se sabe que las cartas muy largas tienen pocos lectores. Por eso, muy poca gente se enteró de todo esto y yo —pese a que me sentía traicionado como editor y como amigo, y pese a que Escanlar había manchado el buen nombre de este suplemento al que le he dedicado tanto— guardé silencio hasta hoy. Él lo sabe.
A pesar del descarado robo del material de Qué Pasa que realizó Zona Urbana, no habría contado esta patética historia. Pero el cinismo y los insultos de Escanlar y Álvarez en Brecha colmaron mi capacidad de tolerar la infamia. Hay un límite para la mentira.
Ahora me importa dejar bien claro dónde están los que mienten en su trabajo, los que deshonran a la profesión. Dónde están sus socios, los que usan a los que mienten. Y dónde estamos los que nos paramos en la vereda de enfrente.
17) La discusión sobre la nota de los coreanos está terminada. La discusión sobre quién se vale de la mentira también. Queda en pie la discusión que se propuso en el programa de Canal 5, donde comenzó todo esto, respecto a qué periodismo estamos haciendo en Uruguay y qué periodismo queremos hacer. Pero se comprenderá que no voy a debatir sobre periodismo con los que mienten, con los que roban las notas o, peor todavía, las inventan.