Domingo 16 de mayo de 2004 | Año 86 - Nº 29729
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MOTIVO DE RUEDA ENTRE AMIGOS
Hecho para compartir

De arraigo entre los uruguayos, ningún extranjero se resiste a sabor tan particular. A muchos, el mate sirve de excusa para la reunión distendida. Otros lo prefieren como compañía en ratos de soledad.

Julia Helena Romei

El mate es una costumbre tan asentada en Uruguay como en los países vecinos.

El carácter libre e independiente de los primeros pobladores no indígenas de estas tierras favoreció su adopción de los habitantes nativos.

Ya incorporada como definitiva herencia cultural, esta bebida tradicional se define como una infusión con características muy propias. Su forma y técnica de preparación revisten un simbolismo casi ritual en el que se establece un elemento de vinculación y aproximación entre las personas. No es para sorprenderse entonces que la yerba mate esté incluida en la "canasta básica familiar" como un artículo de primera necesidad.

Si bien no se produce en el país, su consumo es porcentualmente uno de los mayores de la región.

SEÑAS PARTICULARES. La yerba mate (Ilex paraguariensis) pertenece a la familia de las Aquifoliáceas, del género Ilex. Originaria de América del Sur, abunda tanto en estado silvestre como en plantaciones cultivadas. Se trata de una planta que en la naturaleza necesita alrededor de treinta años para su desarrollo completo. Alcanza entonces hasta 16 metros de altura, formando un majestuoso árbol de tronco recto, corteza lisa y color gris ceniciento. En cambio, para la explotación racional se mantiene a una altura que oscila entre 3 y 6 metros, con un corto tronco que se ramifica y mediante podas sucesivas adquiere el aspecto de un pequeño arbusto. De estas podas dependerá luego el resultado de la cosecha, por ello es que se trata de obtener una planta de escasa altura y gran copa que permita buena luminosidad y facilite el acceso, así como la labor del cosechero.

Las hojas perduran en la planta alrededor de tres años. Semejantes a las del laurel, son alternas, coriáceas, ovales o elípticas, con bordes ligeramente dentados. En plena madurez son espesas, duras y como enceradas, de color verde intenso y corto pecíolo verdoso, a veces ligeramente rosado. La floración tiene lugar de octubre a diciembre y es de carácter racimoso. Por esa época es que se puede apreciar el desarrollo de 40 a 50 pequeñas flores blanquecinas o de color pálido verdoso en las axilas de las hojas y en la base de las ramitas. El fruto consiste en una baya de unos 7 mm. de diámetro, que madura entre enero y marzo cuando adquiere un color azul oscuro o negro violáceo, coronado por un pequeño estigma más o menos saliente.

No es de extrañar que a la yerba mate se la considere una saludable fuente de bríos y resistencia al sueño. Las primeras investigaciones analíticas se deben a Trommsdorf (1836) y Stenhouse (1843) a los que se sumaron luego otros investigadores. La planta contiene un generoso repertorio de vitaminas y una alta tasa de cafeína, sustancia estimulante del corazón y el sistema nervioso central. Su fórmula incluye además, hierro, fósforo, potasio y calcio. De ahí la sorpresa expresada por el antropólogo Juan Bautista Ambrosetti, cuando a principios de 1800 notó maravillado que enseguida de tomar unos mates "... peones y haceros se reponían como por encanto", hasta de los esfuerzos más brutales.

SUDAMERICANO DE CEPA. El área de distribución natural de la Ilex paraguariensis es muy restringida, encontrándosela en estado silvestre o en plantaciones cultivadas en la zona delimitada entre el océano Atlántico y el río Paraguay entre los 18° y 30° de latitud sur. Típica de la cuenca del Alto Paraná, Alto Uruguay y algunos afluentes del río Paraguay, los ensayos efectuados en América del Norte, África y Asia, en regiones de igual clima, han fracasado hasta el presente. Suele encontrársela entre ejemplares de Araucaria brasiliensis, pero recién alcanza a formar "manchones" y montes cerrados en las latitudes más australes.

Como planta subtropical o tropical, requiere elevadas temperaturas, mucha humedad en la tierra y el ambiente, condiciones que poseen las zonas bañadas por el Alto Paraná, con abundancia de macizos boscosos y cursos de agua copiosos como para satisfacer las exigencias de este cultivo, que necesita unos 1.500 milímetros de lluvia anuales.

La temperatura óptima para la plantación se estima entre 20° a 23º C como media anual. Sin embargo, soporta heladas ocasionales de hasta -8º C, siempre que no haya sido despojada de sus hojas.

Prospera notablemente en los suelos areno-arcillosos, ricos en ácido fosfórico, potasio y hierro, siempre y cuando las aguas no se estanquen y el suelo sea permeable, profundo y fresco. Las tierras coloradas de Misiones, cargadas de óxido de hierro, son consideradas las mejores, dado el desarrollo que la yerba mate adquiere por esa zona.

INVENTO GUARANI. El mito cuenta que Paí Reté Kuaraí (Nuestro Señor del Cuerpo Resplandeciente) creó la "caá" o planta de yerba mate en retribución a la hospitalidad demostrada por un viejo indio. Este no tuvo más que fabricar los implementos necesarios para aprovechar sus dones. Así nacieron el "caiguá", recipiente donde se preparaba el mate, y el "tacaupí", antecedente de bombilla, que era una cañita hueca rematada por un cesto tejido a modo de filtro.

Los conquistadores adoptaron el brebaje indígena con entusiasmo, mas desecharon su terminología, circunstancia que propició un verdadero caos semántico. Sucede que el español conoció la yerba mate tostada y molida, tal como se la proporcionaban los indios, pero no imaginó que provenía de un árbol. De ahí que la bautizaran "hierba del Paraguay" o simplemente, yerba. Por otra parte, para denominarla prefirieron la castellanización "mate" de la voz quechua "mati" que refería a la calabacita en que, ahuecada, se servía la infusión. Pronto la designación pasó del continente al contenido. Para colmo de confusiones, algunos naturalistas y viajeros extendieron el apelativo al árbol, que por aquellas alturas anidaba serias dudas respecto de su condición botánica. La ciencia resolvió la cuestión en 1822, al etiquetarlo Ilex paraguariensis y darle un lugar en la familia del acebo.

Largo recorrido. El proceso por el cual la yerba llega a manos del consumidor tiene su comienzo en el yerbatal, con la cuidadosa cosecha de hojas tomadas de manera mecánica o a tijera. Se efectúa preferentemente entre los meses de mayo a octubre, cuando la planta ha detenido la circulación de su savia y cuenta con un mayor porcentaje de hojas maduras. Después, los gajos quebrados viajan en camiones hasta los molinos yerbateros. El tratamiento de las hojas comprende tres pasos —el sapecado, el secado, el canchado— y debe iniciarse dentro de las 24 horas de cosechadas con el fin de evitar su fermentación, por ende su inutilización y pérdida.

El sapecado es la exposición de !as hojas a la acción directa de fuego vivo para destruir los fermentos y prevenir la oxidación de los taninos. Hay autores que atribuyen a este proceso el característico aroma de la yerba mate. Dentro de las 24 horas siguientes, la hoja se seca hasta reducir su contenido en humedad. Luego se somete al "canchado" o molienda gruesa que la fracciona en pedazos pequeños. A partir de un estacionamiento prolongado sobreviene la molienda fina que mediante sucesivas operaciones de trituración, zarandeo y mezclas, adecuan el producto al uso de cada región.

La calidad de la yerba guarda directa relación con el cuidado y la paciencia que se inviertan en todo este proceso.



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