Sábado 25 de junio de 2005 | Año 87 - Nº 30127
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El hombre secuestrado dos veces (I)
Aquel terrible año en el que pasó de todo

Durante 1968, la sociedad uruguaya vivió uno de los períodos más conmocionados de su historia. Las acciones del MLN eran parte de la realidad diaria.

El Presidente de UTE se asomó a una de las ventanas del edificio donde vivía en la zona de Villa Biarritz, comprobó que no hacía frío, cerró con llave, bajó por el ascensor y salió a la calle. Como siempre, estaba vestido cuidadamente, con un traje gris, pañuelito en el bolsillo superior y corbata a rayas, al tono. Muchas veces llevaba un revólver consigo, dadas las condiciones de violencia que se vivían en la ciudad, pero esa vez lo había dejado en su mesa de luz. Eran las nueve de la mañana del miércoles 7 de agosto de 1968. En la puerta ya lo estaba aguardando el auto oficial que, igual que todos los días, tenía que conducirlo a su despacho. Uno de sus secretarios, a quien el auto pasaba a buscar antes, ya estaba dentro del vehículo. Afuera, junto a la parte trasera, había un guardia que portaba una metralleta, conversando con un particular. Sin sospechar nada, Ulysses (esta es la grafía exacta) Pereira Reverbel llegó hasta el auto y se dispuso a subir por la portezuela que su secretario le había abierto desde adentro. En ese momento, sintió que el guardia lo empujaba bruscamente hacia el interior apuntándolo con la metralleta mientras la otra persona entraba en la parte delantera y encañonaba a su secretario. Criado en Artigas, Pereira Reverbel no era de los que se achicaba fácilmente, pero en un primer momento pensó que se trataba de un error.

—¡Ustedes están equivocados! —gritó— ¡Yo soy el presidente de UTE!

Antes que terminara de hablar, dos personas más que aguardaban en una camioneta, se introdujeron también en el auto. El secretario, de apellido Rey, que estaba armado, intentó resistirse. Hubo un forcejeo, sonó un disparo y se desplomó, con un agujero en el pecho. Pereira Reverbel lo tomó en sus brazos y vio que su camisa empezaba a llenarse de sangre. El de la metralleta observó el hecho y le reprochó al herido:

—¡Así que todavía estás vivo, tirá!

El auto tomó por la calle Caracé, dobló hacia la derecha por Benito Blanco, al llegar a Larrañaga torció a la derecha y luego de nuevo a la izquierda. En algún lugar de la rambla que el presidente de UTE no pudo precisar, sacaron al herido, lo dejaron en la calle y luego siguieron. El coche subió hasta Rivera, dobló en el cementerio Inglés y se detuvo frente a un Land Rover hacia donde fue trasladado el secuestrado. Lo último que Pereira Reverbel recordó fue haber escuchado una orden perentoria.

—¡Tírese en el piso, boca abajo y no vaya a mirar!

De inmediato lo cubrieron totalmente con una arpillera, le dieron una inyección intravenosa en el dorso de la mano y se durmió. Despertó en una cama turca, mirando hacia la pared. Miró su reloj: habían pasado tres horas desde el momento en que había intentado salir de su casa para ir a su oficina.

La captura por la fuerza del presidente de UTE, inauguró una nueva estrategia del MLN que hasta ese momento sólo se había limitado a robos de explosivos, armas o dinero y a acciones callejeras. Con el correr de los meses se volvería un hábito que habrían de soportar ministros, dirigentes políticos, industriales, personal técnico estadounidense, periodistas, jueces letrados y hasta algún embajador. Sin embargo en ese momento a nadie llamó demasiado la atención, porque estaba enmarcado en una explosiva situación de violencia social que, creciente y sin pausas, estaba llenando de terror la vida cotidiana de aquel año 1968. Un rápido repaso de los meses previos al secuestro de Ulysses Pereira Reverbel, permite ponerse al día con estos hechos.

1) En abril, el dólar saltó de 200 a 250 pesos, contra la opinión del presidente Jorge Pacheco Areco y del ministro de Hacienda César Charlone. Fue la denominada "devaluación de la infidencia". Ese mismo mes, tras una interpelación del senador Wilson Ferreira Aldunate fueron obligados a renunciar por imposición presidencial, el ministro de Trabajo Guzmán Acosta y Lara y el presidente del Banco Hipotecario Juan Guillermo Silva. Los cargos que posibilitaron ese hecho fueron: utilizar la investidura oficial para lograr fondos en beneficio de una empresa periodística en la cual uno era director y el otro administrador. No se habían disipado aún los asombros de este asunto llevado a cabo por vías oficiales, cuando antes de que finalizara ese mes, la situación se agravó con la llegada a Montevideo de la primera marcha de los cañeros de Artigas organizada por la UTAA.

2) En mayo, durante el tradicional acto del Día de los Trabajadores, se produjeron graves incidentes. La Guardia de Coraceros embistió con sus caballos contra la concentración y otras fuerzas lanzaron gases lacrimógenos sobre el estrado. El acto concluyó, disuelto por la fuerza. Los días 3, 10 y 31, tuvieron lugar muy duros enfrentamientos de estudiantes con la policía. Hubo detenidos y heridos de bala. El 11 apareció en el programa televisivo Yo y un Millón que conducía el periodista René Jolivet, el sacerdote Juan Carlos Zaffaroni, quien expresó estar dispuesto a colgar los hábitos y tomar la metralleta, porque la lucha armada revolucionaria en el país era inminente. Fue procesado, luego de intervenir el Fiscal.

3) El primer día del mes de junio ocurrieron nuevos choques, esta vez entre estudiantes de UTU y policías, que dejaron un lesionado. El 6, una concentración en la explanada de la Universidad fue reprimida por los agentes del orden: quedaron cinco estudiantes heridos de bala. Nuevas manifestaciones de repudio que tuvieron lugar el día siguiente, produjeron un saldo de 43 detenidos. El 12, un acto organizado por la FEUU y la CNT culminó con casi 300 detenidos y docenas de personas lastimadas. Veinticuatro horas después, ante los hechos aparentemente fuera de control, el Poder Ejecutivo decretó Medidas Prontas de Seguridad. Como consecuencia dos ministros pidieron la renuncia: Manuel Flores Mora y Alba Roballo. El 24, el gobierno decretó la movilización de los funcionarios bancarios, los que quedaron sometidos a la jurisdicción militar. El 28 fue decretada la Congelación de Precios y Salarios. Y el 29 resultaron detenidos 51 delegados bancarios que estaban reunidos, según la terminología policial, "en forma clandestina" los que fueron alojados en dependencias militares.

Durante esos meses desdichados de 1968, que estuvieron signados por la violencia y la rebeldía en distintos lugares del mundo, es necesario recordar tres sucesos relevantes. En mayo el estudiantado francés, molesto por los excesivos gastos en defensa y el escaso dinero otorgado a la enseñanza, decretó una huelga que luego se trasladó a otros órdenes de la actividad nacional, la cual, al finalizar en junio, se transformó en la huelga general más prolongada de la historia de Francia. En abril, además, fue asesinado el Premio Nobel de la Paz y defensor de las minorías negras Martin Luther King y el 5 de junio fue ultimado también a balazos Robert Kennedy, hermano del presidente John, Kennedy, asesinado cinco años antes. Robert era el casi seguro candidato del Partido Demócrata para las inmediatas elecciones.

En julio, la conmoción en todo el territorio nacional, consecuencia de los hechos puntuales detallados antes someramente, aumentó de tal modo, que el país pareció a punto de explotar. El 1º, el MLN hizo volar la estación emisora de radio Ariel, de donde fueron robados varios aparatos transmisores. El día 3 el gobierno declaró la guerra contra el agio y la especulación, sancionando a quienes violaban el decreto de Congelación de Precios y Salarios. Fueron cerrados dos locales de supermercados Disco, la popular casa Faggi y hasta fue castigado el club Peñarol, por subir sus cuotas sociales sin autorización. Un día después, como respuesta a un Paro General convocado por la CNT, el Ministerio de Defensa Nacional recordó a los personales del Banco Central, Banco de la República, UTE, OSE, Ancap y Dirección de Telecomunicaciones, "que estaban movilizados y bajo el estricto cumplimiento de las leyes, reglamentaciones y resoluciones que constituyen el Estatuto Militar" (y que) "el funcionario que falte seis días (144 horas) consecutivos de su trabajo sin causa justificada, comete el delito de deserción simple previsto en el Código Militar". Al día siguiente los integrantes del personal de los Bancos Central y República que faltaron durante el paro del día 2, fueron enviados a cumplir períodos de instrucción militar en cuarteles del interior.

En las jornadas inmediatas, se produjeron más clausuras de comercios importantes (Casa Soler, La Grandalesa, Torino) y al mismo tiempo, los diarios proclamaban con alarmistas titulares, que las reservas de nafta alcanzaban para 72 días, ante el licenciamiento por pérdida de confianza, de gran parte del personal de la refinería de La Teja. El ministro de Industria y Comercio, Jorge Peirano Facio, habla de importarla de Argentina. Mientras tanto, el presidente Jorge Pacheco Areco visita al presidente argentino designado por los militares Juan Carlos Onganía y en la agenda de trabajo, figura la próxima construcción del puente Paysandú-Colón. A su regreso, se decreta la expulsión de cinco funcionarios de Ancap y siete de UTE, por aplicación del Código Penal Militar. Entre estos últimos, se encuentra el dirigente del Partido Comunista, Vladimir Turiansky.

A mediados de mes, un rayo de alegría en medio de tantos problemas, irrumpió en los hogares de la mano de Canal 12: el Topo Gigio, una tierna marioneta italiana creada por María Perego, que tendría un corto pero muy intenso reinado. Muchas personas recordarán su gracia, en las antípodas de la chabacanería que, igual a hoy, imperaba entonces en la televisión. Otras tendrán presentes las referencias al famoso muñeco, dichas por Pereira Reverbel luego de su liberación y que al parecer, influyeron en su segundo secuestro. Ellas serán reproducidas en la segunda parte de esta nota. De cualquier manera, ni siquiera el Topo Gigio hacía olvidar a la gente de sus tragedias de todos los días. Una estadística publicada en los diarios el día 16 de julio, establecía que el costo de la vida solamente en el mes de junio, había aumentado el 13,53%, lo cual podría llevar a una inflación anual mayor al 150%. El mismo día el diario El País publicaba una encuesta efectuada por Gallup, la única encuestadora que trabajaba entonces en el territorio nacional, según la cual la tercera parte de los jóvenes uruguayos estaba decidida a emigrar por "falta de trabajo y oportunidades para abrirse camino en la vida". Casi 40 años después. Pasadas dos generaciones, varios gobiernos de distinto signo y una dictadura militar, nadie ha encontrado una solución a esta tragedia y las motivaciones de los jóvenes siguen siendo las mismas.

Los últimos 15 días de julio de 1968, estuvieron marcados por la agitación estudiantil y la actitud de rebeldía de obreros y empleados de distintas dependencias, que fue prácticamente diaria. El 15, al final de una manifestación, 100 estudiantes de medicina fueron cercados por la policía y quedaron aislados dentro de la facultad durante 24 horas. El 16, fueron detenidos ochenta y un funcionarios de UTE los que una semana después, denunciaron torturas policiales. En dos semanas, no hubo jornada en que no se produjeran enfrentamientos callejeros entre estudiantes y personal destinado al orden público. El simple hecho de asistir a clases se había vuelto complicado y el regresar a las casas sin las marcas de un machetazo o sin tener los ojos irritados por los gases, en apenas una esperanza.

Casi terminando el mes, una noticia deportiva sacudió el ambiente alivianándolo de tensiones políticas y sociales: el árbitro Ramón Barreto denunció a la policía haber sido objeto de un intento de soborno consistente en 100.000 pesos para que en el partido entre Cerro y Nacional favoreciera al club de la villa. Interrogada la persona en cuestión admitió el hecho aunque dijo que por ser un gran amigo del árbitro, le había hecho la propuesta "solo para ponerlo a prueba, porque quería saber hasta dónde llegaba éste". Para satisfacer la curiosidad de los aficionados, ese partido que inauguró el Campeonato Uruguayo, fue ganado por Nacional uno a cero con gol de Celio y Barreto arbitró sin fallas. Otros jugadores que alternaban en el equipo ganador: Domínguez, Ancheta, Cococho Álvarez, Ubiña, Ica, Mujica, Domingo Pérez, Prieto, el Pepe Sasía y Cascarilla Morales. No era sencillo ganarle a semejante equipo.

El mes de agosto no solamente no alivió las tensiones sociales, sino que las agravó considerablemente. Apenas comenzado, tuvo lugar un paro general en el cual no participaron los gremios que estaban militarizados. Ese mismo día se anunció que en los bancos oficiales había 44 destituidos, lo cual produjo al día siguiente un abandono masivo de tareas del resto del personal. En las jornadas inmediatas, casi sin interrupción, tuvieron lugar nuevos enfrentamientos callejeros. En ese clima, el día siete los asombros llegaron a un extremo nunca alcanzado: por primera vez, un hombre público uruguayo eran secuestrado por las fuerzas terroristas invocando razones políticas.

Es precisamente en este punto que se retoma el relato inicial. Y lo más exacto es repetir el testimonio del propio secuestrado en su libro Un secuestro por dentro (edición de autor, 1999). "Cuando me desperté estaba acostado sobre una cama turca, mirando hacia la pared. En la semiconciencia del despertar, durante los primeros momentos, no recordé nada; extrañando la situación traté de ubicarme. Cuando me di vuelta en la cama un escalofrío corrió por todo mi cuerpo: en la habitación estaban dos encapuchados, uno sentado con una metralleta en la mano dirigida hacia mí, pero sin apuntarme. El otro caminaba, también armado pero sin metralleta y en ese momento estaba frente a los pies de mi cama. Entonces empecé a recordar y comprender".

Pereira Reverbel preguntó por el estado de su secretario Rey, que había sido herido en el pecho y abandonado en la calle. Lo tranquilizaron —la bala había atravesado el cuerpo sin tocar órganos vitales— y le dijeron que en la tarde le traerían los diarios para que él mismo lo confirmara. "Observé detenidamente la habitación y las cosas que contenía, que por cierto eran muy pocas: mi cama; en el suelo, cerca de la piecera, la arpillera con que me habían tapado; la silla en que estaba sentado uno de los que me vigilaba y una mesita en una esquina, sobre la que había una pequeña radio a transistores, pero con una pila grande colocada al lado. Mi cama estaba en un ángulo, con la cabecera contra una pared y un costado sobre la otra.Quedaba en diagonal con el ángulo en que estaba la mesita. La abertura de entrada y salida era sin puerta, con una cortina que la cubría totalmente y un cartón en la parte superior, de manera que una persona tenía que inclinarse para pasar. La pared frente a la cabecera de la cama, estaba toda forrada de papel de embalar. El mismo tipo de papel tapaba lo que debían ser dos ventanas en las otras dos paredes, pues entraban rayos de sol durante el día a través suyo. (...) Bastante pasado el mediodía, me dieron un plato de comida: un churrasco picado, de carne dura, de segunda y una cuchara en lugar de un tenedor. Apenas comí tres o cuatro pedazos pese a que era abundante. (...) Los guardias eran dos y de dos hombres cada una. Se turnaban puntualmente cada dos horas. Cuando entró su turno, el que me había hablado me dijo: "No le pude traer los diarios que le prometí, porque no los pude conseguir, se habían agotado. Se ve que la noticia de su secuestro los agotó enseguida. Pero no se preocupe que estará informado de todo, pues la radio funcionará permanentemente. Así fue. Habitualmente estaba sintonizada en la emisora oficial, pero cinco minutos antes de los informativos, la cambiaban para alguna otra —generalmente la misma— que me tenía al tanto de todas las noticias, aunque los primeros días, los informativos estaban dedicados casi exclusivamente a mi situación. Cuando tuve deseos de orinar, les pregunté si podía ir al baño. Me contestaron que no, pero me indicaron que debajo de la cama había una escupidera a esos efectos. Durante todos los días que duró el secuestro, jamás me dejaron solo. Cuando entraba una guardia, uno recibía la metralleta y después salía la que estaba de turno".

Próxima semana, segunda nota.



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