El Banco Central de Brasil responde con energía al aumento de precios

| Lula sabe que una parte muy importante de su popularidad se debe a la caída de la tasa de inflación durante su mandato presidencial

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El País

Hay una presión de la demanda muy importante, que viene manifestándose fuertemente en el proceso inflacionario de Brasil desde 2007. El arte consiste en desacelerar esa demanda, sin afectar seriamente la inversión, de modo que el PIB potencial no se vea comprometido, afirmó el economista Fabio Giambiagi, gerente de macroeconomía en el Área de Planeamiento Económico del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes). A continuación se publica un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA & MERCADO.

-¿En qué situación se encuentra Brasil para enfrentar una eventual reversión del escenario económico mundial?

-La gran diferencia con respecto a otras oportunidades es que el país ha acumulado US$ 200.000 millones de dólares en reservas, lo cual corresponde casi exactamente al valor de la deuda externa. Al dejar de ser un acreedor neto, el impacto de una crisis externa sobre la economía doméstica es muy inferior. Además, hubo una gran modificación de la composición de las exportaciones, siendo hoy mucho menos dependientes de la dinámica de la economía norteamericana. Las ventas al mercado estadounidense, que representaban un 25%-30% del total exportado, equivalen al 15%. Brasil ha hecho un gran esfuerzo por acceder e incrementar la colocación de productos en terceros mercados, con una especial concentración en Asia. Por ejemplo, las compras de China eran apenas un 2% de las exportaciones brasileñas a principios de la década, pero ahora son un 7%.

-¿Significa eso que la economía brasileña es totalmente inmune a la influencia de una crisis económica en Estados Unidos?

-Las expectativas de una recesión en ese país han ido disminuyendo en los últimos meses y, al mismo tiempo, aumenta la preocupación por la inflación mundial. Seguramente, Brasil no podría escapar a las consecuencias de una onda expansiva de precios a nivel internacional, aunque cabe el atenuante de que el Banco Central de Brasil responde con una energía mayor que otras instituciones similares ante ese problema.

-¿Cuáles son las expectativas de crecimiento económico de Brasil para 2008 y 2009?

-Se espera un crecimiento entre 4,5% y 5% para 2008 como consecuencia, por un lado, de un arrastre estadístico considerable del año pasado y, por otro, de la expansión de la inversión y del consumo interno por una mayor disponibilidad de créditos. Se supone que el apretón monetario que el Banco Central está aplicando reducirá la tasa de expansión del PIB a 4% o, tal vez, algo menos en 2009.

-¿A qué atribuye esa expansión de la inversión?

-En líneas generales, obedece a una cierta confianza respecto a la sustentabilidad del crecimiento económico, la caída de la tasa de interés y la existencia de una serie de oportunidades de negocios en diversos sectores. A medida que la mayoría de los indicadores macroeconómicos se han ido normalizando, se está produciendo una eclosión de la demanda reprimida.

Gasto exorbitante

-¿Está creciendo el tamaño del Estado más rápido que la economía brasileña?

-Brasil tiene una asignatura pendiente. El gasto primario del gobierno federal se expandió de 14% del PIB en 1991 a 22% en 2007. Cuando se observan las cuentas públicas, cada rubro tiene su justificación. Sin embargo, cuando se mira el panorama como un todo, es evidente que alguien tiene que decir "basta" en algún momento. Lamentablemente, en los medios políticos y en parte de la opinión pública prevalece una visión bastante tosca de la economía, según la cual todo es prioritario y cualquier intento de poner un poco de orden en el proceso es calificado como demostración de "insensibilidad fiscalista". Aquí se vive una paradoja: el país gasta a manos llenas, pero la imagen que tiene mucha gente es de que se practica una política económica ortodoxa feroz. Los números del gasto público están a años luz de la ortodoxia.

-¿Se podrán cumplir las metas de superávit fiscal primario dado el continuo aumento del gasto público?

-Se estima que el gasto público va a crecer un 8%-9% en términos reales este año y que baje a 4%-5% en 2009. No obstante, las metas fiscales se podrán cumplir sin problemas porque la recaudación tributaria se viene cumpliendo en muy buena forma.

-¿Se está reduciendo el endeudamiento interno del gobierno brasileño del mismo modo que lo ha hecho la deuda externa?

-Por el contrario, la deuda interna aumentó bastante en los últimos años, como contrapartida de la acumulación de reservas. Fue una estrategia justificable, pero costosa. Los intereses de la deuda pública -esencialmente interna y en su totalidad denominada en reales- son del orden del 6,5% del PIB, lo cual es una cifra elevada. Sería conveniente reducirla en los próximos años, aunque probablemente no pueda concretarse a corto plazo.

Apreciación del real

-A fines de abril Standard & Poor`s mejoró la calificación crediticia sobre la deuda externa soberana de Brasil, llevándola a la categoría de investment grade. ¿Qué efectos podría tener un mayor ingreso de capitales influenciados por esa nota sobre el tipo de cambio?

-No creo que tenga mucho impacto porque esa medida ya era esperada por el mercado. A corto plazo generó una presión por una mayor apreciación del real, pero a largo plazo se confundirá con otras tendencias.

-¿Es posible que el gobierno brasileño pueda detener en el mercado interno la tendencia de depreciación del dólar que viene desde fuera y que está dando la vuelta al mundo?

-Lo que puede ocurrir es que la moneda brasileña deje de apreciarse en términos reales. De ahí a que se produzca una devaluación real, hay una cierta distancia. El tipo de cambio real debería conservarse en una posición cercana a la actual durante el resto del 2008 y 2009. A partir de ahí podría empezar a deslizarse paulatinamente en la medida que el dólar se fortalezca en los mercados internacionales, las tasas de interés internas vuelvan a ceder y el déficit en cuenta corriente presione la demanda por divisas.

Inflación

-¿Cómo evalúa la experiencia brasileña de controlar la inflación a través de la fijación de una tasa de interés de referencia (Selic)?

-En líneas generales, la considero una experiencia exitosa. Brasil tiene un Banco Central con credibilidad y la inflación en promedio en los últimos años fue muy similar a la meta de 4,5% que existe desde 2005.

-¿Coincide con la decisión del Banco Central de Brasil que aumentó la tasa de interés de referencia en abril y mayo de 2008, llevándola a 12,25% anual, luego de no haber sido incrementada desde septiembre de 2005?

-La decisión fue correctísima. Había un claro proceso de aceleración inflacionaria y el Banco Central de Brasil (BCB) tenía que actuar, cosa que hizo. El objetivo es encauzar la trayectoria de la inflación en el andarivel de 4,5% a 6,5%, que es el techo de la banda, a efectos de transitar durante un período difícil sin que los precios se desborden, aceptando un aumento moderado de la inflación que sea visto como temporario y no como permanente. El BCB va a aumentar la tasa Selic en la segunda mitad de 2008 y, quizás, durante parte de 2009. Después la va a mantener constante por varios meses a la espera de que haya condiciones más favorables, básicamente un mejor comportamiento de la inflación. En la medida que el año próximo la tasa de inflación de los últimos doce meses dé muestras de una desaceleración, se podrá empezar a pensar en bajar la tasa de interés de referencia. Esa es una discusión que recién va a comenzar en el segundo semestre de 2009, dependiendo incluso de la evolución del tipo de cambio.

-¿Cuál es la meta en materia de inflación este año?

-El rango es de un piso de 2,5% a un techo de 6,5%. El BCB hará todo lo posible para respetar el límite superior, aunque existe cierto riesgo de que la inflación cierre el año ligeramente por encima del límite superior si se produce un aumento generalizado de los precios de los alimentos. La tasa de inflación no se vería afectada por la suba del petróleo este año porque el ente energético Petrobras está dispuesto a mantener los precios de los combustibles al haberse compensado los mayores costos en la refinería con una rebaja en los tributos que gravan a los derivados de los hidrocarburos.

-Si bien no podemos desconocer que el principal factor de presión sobre la inflación ha sido el fenómeno vinculado al comportamiento de los precios internacionales de los commodities, ¿hay otros factores incidiendo en el proceso inflacionario de Brasil?

-Hay una presión de la demanda muy importante, que viene manifestándose fuertemente desde 2007. El arte consiste en desacelerar esa demanda, sin afectar seriamente la inversión, de modo que el PIB potencial no se vea comprometido y así aumentar, a mediano plazo, lo que los economistas llamamos "hiato del producto". Eso significa generar espacio para crecer más adelante, pero con menos presión inflacionaria. Dentro de un par de años el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) nos dirá si el Banco Central tuvo éxito o no en ese juego de pinzas.

-¿Qué posibilidades existen de que el gobierno acepte tener una inflación algo más alta para acelerar el crecimiento de la economía?

-Ese tema podría plantearse en caso de registrarse una inflación muy baja. Por ahora, el Banco Central va a continuar teniendo todo el apoyo del Presidente para abatir la tasa anual del Índice de Precios del Consumidor. Lula sabe que una parte muy importante de su popularidad se debe a la caída de la inflación durante su gobierno.

Agenda de reformas

-¿Qué proyectos deberían incluirse en una agenda de reformas para que Brasil pueda presentarse ante la comunidad financiera como una economía con un mayor grado de madurez?

-La agenda tradicional incluye dos puntos básicos. Uno es una reforma tributaria que apunte a establecer un sistema más racional. Si bien el esquema impositivo actual recauda mucho, provoca perjuicios innecesarios a las empresas. El otro punto es una reforma del sistema de seguridad social, que ponga fin al actual régimen previsional extremadamente generoso. Es increíble que el pago de jubilaciones se haya convertido en un tema crítico dado que Brasil tiene una población muy joven.

-¿Podría alguna de esas reformas aprobarse en lo que resta del mandato presidencial de Lula?

-La reforma previsional no está en la agenda del gobierno. En cambio, hay un proyecto de reforma tributaria a consideración del Congreso. Sin embargo, son escasas las posibilidades de que se avance mucho en su estudio por la falta de consenso de los partidos de coalición gubernamental para definir su redacción final y porque Lula no se ha involucrado mayormente en ese proyecto.

-¿No tiene Brasil otros problemas económicos pendientes?

-Hay también una nueva agenda de temas que no son necesariamente nuevos. Entre ellos, se destaca el destino a darse a los futuros recursos de los yacimientos de petróleo. El problema consiste en determinar si Brasil va a tratar de parecerse a Noruega que invierte los fondos provenientes del petróleo para objetivos de largo plazo, o de convertirse en una suerte de Arabia Saudita o a imitar a Nigeria que despilfarra los ingresos generados por las exportaciones del crudo. Otro tema de relevancia es el dilema que se plantea entre la sustentabilidad ambiental y la producción de alimentos, cuyo debate ha tomado carácter internacional porque cada vez más inversores se sienten atraídos por los recursos de la Amazonia.

Seria restricción para el crecimiento debido a limitaciones energéticas

-¿Qué retos deberá enfrentar el presidente Lula en sus últimos dos años y medio de gobierno?

-El desafío principal será administrar el agravamiento de los problemas ligados al aumento de la tasa de inflación y al resurgimiento de los déficit en cuenta corriente en la balanza de pagos. Si bien Brasil registró el mayor déficit histórico en el primer cuatrimestre de 2008, no es adecuado tomar las cifras de un período tan corto y pronosticar un récord para todo el año. De todos modos, se puede esperar una caída pronunciada del superávit comercial y un aumento de las remesas de dividendos al exterior en virtud de la combinación de un tipo de cambio apreciado, que favorece el incremento de los montos girados, y la intensificación de la inversión extranjera en años recientes, lo cual siempre genera remesas al exterior.

-¿Cuál sería el panorama económico si el gobierno brasileño consiguiera controlar el deterioro de la tasa de inflación y del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos?

-Brasil seguiría creciendo a un ritmo todavía razonable, aunque menor. Por consiguiente, el Presidente podría llegar a las elecciones en condiciones de actuar como un elector importante, lo cual es fundamental para lo que muchos entienden que constituye su proyecto político: volver al gobierno en las elecciones de 2014.

-¿Por qué la economía de Brasil no puede lograr tasas de crecimiento tan altas como las que hoy registra China?

-No se puede pensar que la economía brasileña alcance un crecimiento del 10% o más porque es un país de ingresos medianos. Hace ya treinta o cuarenta años, Brasil vivió una situación similar a la que hoy experimenta China como resultado de aumentos enormes de la productividad ligados a cambios migratorios, procesos de urbanización y el pasaje de una renta per cápita ínfima a una de niveles razonables.

Por otra parte, existe una seria restricción física para un mayor crecimiento económico. Si el nivel de actividad crece con mucha fuerza, va a chocar contra el escollo que representan las limitaciones del país en materia energética. Los yacimientos petrolíferos recientemente hallados se encuentran a 5.000 o 10.000 metros de profundidad y recién comenzarán a convertirse en recursos efectivos a partir del 2015. No se podrá contar con sus aportes para los dos años y medio que le restan a la actual administración. Además, los volúmenes de combustible producidos a base de etanol no han sido significativos hasta ahora en proporción a las necesidades de la economía brasileña.

Lo importante es que el crecimiento moderado de los últimos años pueda consolidarse entre 4.5% y 5% sin que se revierta la tendencia. Teniendo en cuenta que la tasa de incremento demográfico de Brasil es de 1% anual, el actual ritmo de expansión económica no cambia mayormente la situación del país en los próximos dos o tres años, pero los resultados podrían ser notables si se creciera sostenidamente durante dos décadas.

Se consideran los nombres de dos mujeres para la candidatura del PT

-Visto la alta popularidad de Lula, ¿no existe la tentación en el Partido de los Trabajadores (PT) de promover una reforma constitucional que permita al Presidente postularse para un tercer mandato?

-Lula no es Chávez. Hasta ahora siempre dio muestras de respetar el juego democrático. Además, el Congreso sería un obstáculo probablemente insuperable para modificar la Constitución. Mi impresión es que el proyecto del Presidente es retirarse con una popularidad alta e intentar regresar cuatro años después.

-¿Hay figuras de prestigio en la cúpula del PT que pueden aspirar a ser candidatos presidenciales con posibilidades de éxito, ?

-Se consideran dos nombres públicamente. Uno es el de la ministra de la Casa Civil, Dilma Roussef, cuya nominación fue lanzada por el propio presidente Lula. Si bien al comienzo su cargo fue eminentemente político, ella le imprimió un estilo más ejecutivo, similar al que tuvo durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Por tanto, la ministra Roussef hoy tiene bajo su mando la ejecución de las obras del programa gubernamental de inversiones, lo cual le confiere un poder de mucho peso.

El otro nombre que suena es el de la ex alcalde de San Pablo, Marta Suplicy, que tiene una mayor trayectoria política. Este año se va a postular para el mismo cargo en la elección municipal paulista y, en caso de ganar, renunciaría dos años después para lanzarse a la nominación como candidata presidencial del PT.

-¿Qué partido podría competir con fuerza a una candidatura presidencial del PT en las elecciones de 2010?

-Sin duda es el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Cuenta con dos figuras políticas fuertes: el gobernador del estado de San Pablo, José Serra, que ya fue candidato presidencial en las elecciones de 2002, y el gobernador de Minas Gerais, Aesio Neves. Serra está mejor posicionado con un 30%-35% de apoyo en las encuestas de intención de voto, mientras que Neves sólo cuenta con el respaldo de un 10%-15%.

-¿Qué propuestas económicas innovadoras puede esperarse de los partidos de la oposición, especialmente del PSDB, durante la próxima campaña electoral?

-El debate ya está planteado. Es seguro que si el candidato es José Serra, va a proponer un tipo de cambio más débil y una menor tasa de interés. Esa es la política que siempre ha defendido y que puso en práctica cuando fue ministro de Fernando Henrique.

-¿Es previsible que un nuevo gobierno efectúe cambios en las políticas sociales?

-La gente tiene una opinión muy positiva del programa Bolsa Familia implementado por el gobierno de Lula. Sin embargo, es razonable pensar que el próximo presidente va a tratar de hacer algunos retoques a las políticas sociales de modo que sean más eficaces, aunque manteniendo la continuidad de los planes actuales. Ya hay un debate incipiente respecto a la adopción de mecanismos de "puerta de salida" del sistema para que las personas no queden dependientes indefinidamente de la asistencia pública; pero todavía nadie tiene claro cómo alcanzar una solución efectiva.

Ficha técnica

Fabio Giambiagi, 46 años, es licenciado y magíster en econo- mía de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Actualmente ocupa el cargo de gerente de macroeconomía en el Área de Planeamiento Económico del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) de Brasil. Con anterioridad se desempeñó como economista en el Instituto de Pesquisa Eco- nómica Aplicada (IPEA) con sede en Río de Janeiro. Tiene una vasta trayectoria como docente y es autor de múltiples publicaciones.

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