El shock petrolero traerá cambios

| Es posible que después de un siglo el transporte pueda finalmente empezar a liberarse del duro monopolio del petróleo

A comienzos de la década de 1970, la cuadruplicación del precio del petróleo casi paraliza al mundo. El shock del embargo árabe dejó una marca profunda en muchos países: Estados Unidos sometió a sus autos a estándares de eficiencia en el consumo de combustibles; Francia abrazó la energía nuclear, aunque lamentablemente "la moda sensible a los problemas energéticos" se adelantó a su tiempo.

Treinta y cinco años después, los precios del petróleo han vuelto a cuadruplicarse, al superar los US$ 135 el barril. Pero, éste ha sido un shock petrolero en cámara lenta. Si el arma petrolera árabe se sintió como un martillazo, esta vez la producción petrolera estancada y la creciente demanda de los países emergentes han apretado al mercado como una morsa. Durante casi cinco años, un mundo en crecimiento pareció absorberlo. Recién ahora reacciona con dolor.

Recientemente, pescadores franceses atestaron el puerto de Dunquerque y camioneros británicos cortaron las rutas de acceso a Londres y Cardiff. Nicolas Sarkozy, el presidente francés, sugirió subsidiar a los más afectados y reducir los impuestos sobre el combustible; el asediado gobierno británico está siendo presionado para que evite aumentar los impuestos a los conductores. En Estados Unidos, la caída de los precios de las casas ha dejado a los consumidores llenos de resentimiento y con poco dinero disponible. El Congreso y los candidatos presidenciales han estado lanzando propuestas y exenciones impositivas temporales sobre la nafta como si fueran volantes de campaña.

Gordon Brown, el primer ministro británico, cree que se puede persuadir a los grandes productores petroleros de que vengan al rescate. Pero sólo Arabia Saudita muestra entusiasmo. En otras latitudes, la producción crece de manera agónicamente lenta. Esto causa penurias y recriminaciones. Pero también podría representar una oportunidad. El shock en cámara lenta parece irresistible, pero con el tiempo dará lugar a una reacción imparable y más positiva en cámara lenta.

REPLAY. Está claro que los altos precios del petróleo están afectando a muchas economías, especialmente en el mundo rico. Goldman Sachs estima que los consumidores están traspasando US$ 1,8 billones al año a los productores petroleros. La escalada de precios y salarios de la década de 1970 se ha evitado, pero el impacto en los ingresos es doloroso. Acorralados por el crédito escaso, la caída de los precios de los activos y los alimentos encarecidos, los hogares de los países desarrollados no están en buenas condiciones para pagar la cuenta del petróleo. La rebaja de impuestos de emergencia, aprobada en Estados Unidos este año para ayudar a la gente a soportar la falta de crédito, ha sido eliminada en seguida.

Acribillados a preguntas, los políticos han estado buscando chivos expiatorios. Encabezan la lista los especuladores que ganan a expensas de las penurias de la gente. Hay unos US$ 260.000 millones invertidos en fondos de commodities, veinte veces el nivel de 2003. Muchos piensan que todo ese dinero caliente ha elevado exageradamente la demanda de petróleo. Pero están profundamente equivocados. Tales especuladores no poseen petróleo real. Cada barril que compran en los mercados a futuro lo venden antes de que el contrato termine. Esto puede hacer subir el precio de los "barriles de papel", pero no el de la materia negra que las refinerías convierten en nafta. Es cierto que los altos precios futuros podrían llevar a alguien a acaparar petróleo, con la esperanza de que haya un precio más alto mañana. Pero los inventarios no están precisamente en sus niveles más altos en este momento y hay pocas señales de acaparamiento.

Si los especuladores no son los culpables, ¿qué hay respecto a las compañías petroleras, que no han aumentado la producción pese a las ganancias récord? Se aprovechan del mercado, dicen algunos. Pero esa acusación no soporta mucho análisis tampoco. El precio del petróleo se establece en un mercado. Que Shell, Exxon mantengan el petróleo bajo tierra a propósito, significaría dejar miles de millones de dólares de inversión languideciendo inutilizada. Otros temen que el petróleo esté tan caro porque se acaba. Pero hay pocas evidencias que soporten la doctrina de "límite pico de reservas de petróleo" en su forma extrema. El Medio Oriente aún parece contener un mar de petróleo. Aunque los nuevos descubrimientos han sido más escasos y menos accesibles que los del pasado, ahora se podrían extraer vastas cantidades de petróleo de manera rentable de arena y barro bituminosos.

La verdad es más prosaica. Encontrar y desarrollar nuevos yacimientos petroleros es un asunto costoso y que lleva mucho tiempo. Los gigantescos yacimientos descubiertos en las aguas profundas de Brasil probablemente no produzcan petróleo hasta dentro de una década o aún más. Lo que es peor, el petróleo es perverso. Cuando los precios bajan, los países ricos en petróleo reciben con los brazos abiertos a las firmas petroleras de bajos costos, alta tecnología y bien capitalizadas. Cuando los precios están altos, los países como Rusia y Venezuela las vuelven a echar. Del mismo modo, los ingenieros, las naves de prospección y los equipos que las firmas petroleras necesitan para encontrar y explotar nuevos yacimientos son costosos en este momento. Los costos de la prospección petrolera han aumentado al doble, temporariamente, precisamente porque todo el mundo quiere hacer trabajar esos recursos.

MANTENER LA ESPERANZA. El shock petrolero tardará en pasar. Algunos verdes pueden sentirse contentos por ello, viendo el petróleo a precios lo suficientemente altos como para hacer limitar las emisiones de efecto invernadero. La conservación, por cierto, aumentará. Pero todo lo que se logra con los precios elevados podría hacerse mejor con impuestos razonables a las emisiones de carbono. Además de reducir el uso del petróleo, los elevados precios han hecho rentable la explotación de las arenas bituminosas, lo que crea mucho más dióxido de carbono que el petróleo convencional. Las ganancias van a regímenes horrendos alimentados con petróleo, no a los tesoros occidentales. Y la impredecibilidad alocada de los precios amortiguará el impacto del precio caro en la conducta de la gente.

Desde esta perspectiva, los gobiernos deberían acelerar el ajuste o, al menos, dejar de demorarlo. La mitad de la gente del mundo está protegida de los precios de los combustibles por subsidios que perversamente aumentan la demanda y benefician principalmente a la gente rica. En la actualidad, países como Indonesia, Taiwan y Sri Lanka han comenzado a comprender que no pueden mantener este comportamiento. Tampoco tiene sentido bajar los impuestos a los combustibles en el mundo rico. Hay mejores maneras de devolver dinero a los votantes en dificultades.

La década de 1970 mostró cómo la demanda y la oferta, inelásticas en el corto plazo, pueden aumentar la conservación y la producción. Cuando todos los nuevos yacimientos estén produciendo, las 4x4 se hayan vendido y las calderas se hayan reemplazado, llegará el ciclo a la baja. Para entonces, el shock petrolero en cámara lenta habrá catalizado enormes cambios. Por ahora, los automovilistas no tienen sustituto para el petróleo. Pero no es ninguna coincidencia que las compañías automotrices de pronto estén acelerando sus planes de venta de híbridos eléctricos que son mucho más baratos de conducir que los autos de nafta o diésel con estos precios. Los primeros dos shocks petroleros eliminaron el petróleo de la generación eléctrica. ¡Qué bueno sería que el tercer shock terminara la tarea y comenzara a liberar al transporte del monopolio del petróleo, que ya lleva un siglo!

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar