La Bendición de Malinche

JULIO PREVE FOLLE

La preocupación renovada del MGAP por la nacionalidad de los propietarios de la tierra, me ha recordado una fantástica canción que sigo disfrutando del poeta mexicano Gabino Palomares, que aquí cantaban de modo extraordinario Los Zucará, que es todo un símbolo de la América Latina indigenista, tercermundista, anti española: "la Maldición de Malinche". Por mucho tiempo la cantó la izquierda uruguaya, recordando el "saqueo" de los extranjeros a lo largo del tiempo. Hoy todo parece estar cambiando.

LA MALINCHE. Cuando Hernán Cortés llegó a México, la conquista de los aztecas que eran poderosos guerreros muy numerosos, fue posible gracias a la ayuda de los tlaxcaltecas, a su vez sometidos por aquéllos. Malinche era la hija de un cacique mexicano entregada a Cortés como esclava, que hablaba la lengua nahuatl de los aztecas, y la maya. Entre los españoles había un sacerdote que había vivido algunos años con un pueblo de lengua maya; la Malinche traducía de la lengua azteca a la maya y luego el sacerdote traducía del maya al español que ella aprendía rápidamente. La colaboración de la Malinche con los conquistadores de su pueblo, dio lugar a una leyenda conocida como La Maldición de Malinche, popularizada en aquella canción que recoge su supuesta traición. Para la izquierda vernácula de la teoría de la dependencia, sus versos fueron emblemáticos. Copio algunos: …Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados……y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado… Sólo el valor de unos cuántos les opuso resistencia … cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado. En ese error entregamos la grandeza del pasado y en ese error nos quedamos trescientos años esclavos. Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura nuestro pan, nuestro dinero. Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio… Hoy en pleno siglo XX nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa y los llamamos amigos. ¡Oh, Maldición de Malinche! ¡Enfermedad del presente! ¡Cuándo dejarás mi tierra! ¡Cuándo harás libre a mi gente!

La maldición no es pues la traición de aquella pobre mujer que dio un hijo a Cortés, sino la persistencia en seguir abriendo la puerta a los rubios para que nos den espejitos a cambio de oro, en la enfermedad del siglo XX……

LOS RUBIOS DE HOY. Cómo viene cambiando todo. La parte más centrada del gobierno propone un TLC con Estados Unidos -los rubios- y el Presidente de la República se sacaba fotos hace pocos días con López Mena, Eurnekian, Macri y empresarios chinos. Frente a esos episodios y simultáneamente, al MGAP le preocupa la nacionalidad de los dueños de la tierra, al punto que logró prohibir con ese propósito su propiedad por parte de sociedades anónimas. Pero le preocupa también la nacionalidad de las empresas lácteas (evitar la extranjerización, dice la de ley de lechería) y también de las empresas forestales. El MGAP está pues en un lío porque la verdad es que en los últimos tiempos, pero con marcada intensidad en esta administración, buena parte de la agroindustria y miles de hectáreas de tierra han pasado a manos extranjeras.

¿Qué tenemos hoy en materia de nacionalidad? En un vistazo muy general podemos apreciar: ventas de los más importantes frigoríficos a argentinos, brasileños o americanos; curtiembres y molinos harineros grandes en manos de argentinos e italianos; fábricas de papel, empresas de forestación, plantas de celulosa, todo en manos de españoles, americanos, finlandeses y brasileños. Buena parte del área de soja y hasta de la papa en manos de argentinos; mucha tierra en el norte en manos de brasileños, propietarios a la vez de la mayoría de las represas para riego y de los molinos arroceros. Varias empresas lácteas en manos de mexicanos y argentinos, y próximamente de americanos y brasileños. Empresas textiles en manos de venezolanos. Y fuera del sector agropecuario: casi todos los bancos son extranjeros; los edificios del este, argentinos; la distribución de combustible, el gas, la fabricación de alambres, brasileña; grandes empresas de construcción, de software, de pesca y de transporte son extranjeras y hasta indias, por citar una nación lejana, clave en las zonas francas. Las semillas, la maquinaria agrícola, los agroquímicos, la tecnología que traen, en buena medida son foráneos. Y en cuanto a lo que consumimos, los zapatos son en general brasileños o chinos; la ropa también; los electrodomésticos, los muebles, los cables, los teléfonos, las computadoras, los cuadernos, la yerba, el termo, los autos, todo proviene del exterior. Finalmente, hasta Peñarol ha cedido parte de su propiedad a un fondo de inversión manejado por un holandés con dinero internacional.

En el enfoque del MGAP quizás todo esto sería como para enloquecerse. Es la propia Maldición de Malinche llevada hasta el paroxismo precisamente durante esta administración.

LA NUEVA MALDICIÓN. Creo que la nueva maldición sobrevendrá, para aquellos que cantaban a lo extranjero como "enfermedad del presente, cuándo dejarás mi tierra", cuando tengan que explicar que el éxito económico y probablemente también el suceso político que pudieran haber alcanzado, derivaron de esta fuerte extranjerización de todos los medios de producción, incluida la tierra, en su propiedad o en su explotación. Es muy fuerte, lo reconozco.

No obstante y como he señalado otras veces, esta corriente de inversiones externas supone un desafío a otro nacionalismo, que no consiste en hacer todo con recursos nacionales y consumir todo de origen uruguayo. Precisamente el nacionalismo de puertas abiertas a todo lo extranjero que me gusta profesar, apuesta a que cada vez sea mayor la calidad de nuestro recurso humano y de nuestras instituciones, para que aquellos que vienen por aquí decidan quedarse y agrandar sus vínculos económicos y de otra índole con nuestro país. Que lo vean como una tierra para trabajar, para vivir y para morir, como lo fue para nuestros antepasados: un Uruguay de reglas respetadas, de valores humanos difundidos y defendidos, de políticas estables, de instituciones confiables. Por eso defiende mucho más su país, es más nacionalista diría, el que lucha por evitar leyes que destruyan contratos o que ensucien relaciones laborales, o que difundan un relativismo total en las relaciones humanas, que aquél que tolera todo esto y luego hace gárgaras con la nacionalidad de los titulares de ésta o aquélla actividad.

No es por tanto la nacionalidad de los titulares de cualquier actividad lo que importa; éste es un punto de partida, no de llegada. Es una oportunidad para ensanchar el país y proporcionar muchas oportunidades de trabajo, si sabemos conservar valores y no fierros o galpones.

Y la tierra no es un caso muy diferente. Esperemos el proyecto de ley del MGAP, y mientras tanto aportemos todos para operar en el sentido de convertir tanta llegada de extranjeros en una oportunidad para hacer de esta bendita tierra, hoy como ayer como anteayer, tierra de promisión.

Ocurrirá en este caso, que la llegada de rubios o morochos, yanquis, indios o chinos, da igual, se convertirá en la "Bendición de Malinche", que imagino como un intercambio enriquecedor de negocios, culturas, bienes, instituciones, reglas, hasta alcanzar todos los campos que sea capaz de transitar el sueño humano.

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