HUGO ALCONADA MON | LA NACIÓN
Vito Tanzi es una figura legendaria entre los economistas. Hasta imprimió su nombre en la teoría, con "el efecto Tanzi", una de las piedras angulares de la tributación moderna. Ahora, a los 71 años, publica un libro sobre su compleja relación con la Argentina, con la que lidió durante décadas como alto funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI).
"Historia fiscal de la Argentina. De Perón al FMI" es el título del libro, que saldrá a la venta en Italia como "El experimento argentino" y que, antes, tuvo otros títulos tentativos: "Dios era argentino" o "Argentina: el problema Fiscal fue Mayormente Ignorado", donde las mayúsculas se leían "FMI". Ese fue, justamente, el centro de la alerta temprana que emitió en los noventa, cuando anduvo, como él lo recuerda, "pronosticando una tormenta cuando el cielo está azul y el sol brilla".
Tanzi marca su premisa con claridad: desde la primera presidencia de Juan Perón, la Argentina vivió ciclos fiscales de superávit artificiales y déficit estructurales que terminaron siempre desestabilizando la economía y conduciendo a una crisis. Más grave aún, dice, eso ocurre ahora. Los argentinos, afirma, "ven un nuevo país. Pero para mí es muy similar, es casi un mellizo, del país del pasado".
-¿Estamos en otro de esos "ciclos fiscales" perniciosos o cambió la dinámica para mejor desde 2002?
-No veo que los fundamentos hayan cambiado. Creo que estamos en una repetición de los tempranos noventa, cuando la economía crecía muy rápido. Lo diferente es que el Gobierno introdujo impuestos, como las retenciones a las exportaciones, que a la larga dañarán la economía. En el corto plazo, las retenciones o el impuesto al cheque no afectan gran cosa, y en el caso de las retenciones ayudan a capturar ganancias derivadas de la devaluación, pero con la inflación en el 11 o 12 por ciento y en el resto del mundo siendo mucho más baja, esa ventaja terminará diluyéndose. No quiero decir que habrá peligro mañana, pueden tener otros dos o tres años buenos, pero luego podrían otra vez tener problemas fiscales.
-¿Se da cuenta de que otra vez pronostica que lloverá mientras brilla el sol, como en los noventa?
-Bueno [sonríe], ése es el peligro. La gente te desestima porque no quiere ver lo malo a un kilómetro de distancia. Prefiere ver lo bueno que tiene delante de sus narices.
-En su libro, escribe que las retenciones "deberían ser eliminadas tan pronto como sea posible". Pero si se siguiera su consejo y se dejara apreciar el peso, el superávit fiscal desaparecería. ¿Entonces?
-El remedio es el mismo que en el pasado, es el de siempre. Si quieren gastar más, entonces la gente debe pagar más impuestos. La presión impositiva en la Argentina siempre ha estado alrededor del 20 o 21 por ciento y ahora está muy por arriba de esa cifra por las retenciones. El otro remedio es bajar el gasto público, logrando que los gobiernos nacional y provinciales gasten menos de lo que recaudan o haciendo que quienes pueden paguen por su educación y su sistema de salud.
-¿Insiste en aumentar la presión con el impuesto a las ganancias?
-Tuve esta misma discusión hace poco, en México. Allí vive el segundo hombre más rico del mundo, Carlos Slim, pero la distribución del ingreso es terrible. Allí, los ingresos no tributan. Pero para mí, respondiendo a su pregunta, es un misterio por qué en América Latina no recaudan más con un impuesto a las ganancias. Si mira a Dinamarca, verá que equivale al 20% del PIB. En Italia, donde todos dicen que se evade mucho, equivale al 15%. Pero en la Argentina es el dos o tres por ciento. Hay un largo, largo camino por delante. No se necesita aplicar ese impuesto a todos, pero si aplica una tasa razonable al 10% más rico de la población, por ejemplo, obtendría ingresos mucho más elevados. Pero en América Latina, o el tope es muy elevado, o las exenciones muy amplias, o no tributan los intereses o los dividendos, entre otros.
-En su libro también expresa preocupación por el "completo deterioro de las cuentas provinciales", aunque también es consciente del desafío político que implica una reforma de la coparticipación, pendiente desde hace treinta años. ¿Entonces?
-Más que treinta años. Es un problema sustancial de la Argentina. Lo que me preocupa al ver el gasto público argentino actual es lo mismo que en los tiempos de Raúl Alfonsín, cuando se hizo un verdadero esfuerzo por controlar el gasto federal, pero el provincial seguía en aumento. Seguirá siendo un verdadero problema hasta que lo resuelvan las fuerzas políticas. No es el único elemento que puede causarle problemas a la Argentina; también hay que enfatizar el ritmo de crecimiento, por ejemplo, pero es uno de los ejes. Estoy convencido de que la macroeconomía no ha cambiado tanto como la gente piensa. Ha habido claras mejorías, pero estructuralmente, en sus fundamentos, mejoró menos de lo que la gente cree.
-En entrevistas de 2000 y 2002 destacó que "hay que hacer las reformas cuando la economía está bien". ¿El Gobierno desaprovecha ahora la oportunidad?
-Así es. No quiero sonar muy crítico, pero hasta cierto punto este gobierno está desafiando las reglas básicas de la economía. A veces eso funciona, pero en el corto plazo. Algunas medidas del pasado están reapareciendo en la economía, como los controles de precios o las retenciones. Creo que si tuvieran más confianza en la ortodoxia económica verían que en el largo plazo siempre da resultados. En el corto plazo puede apelarse a la heterodoxia y obtener mejores resultados, por eso creo que el Gobierno las elige, pero si yo lo estuviera asesorando, le diría que comenzara a prestarles atención a los problemas fundamentales del país. Está claro que resolverlos no le aportaría beneficios inmediatos, pero le aseguro que reportaría resultados que se extenderían por un largo período.
-Controles de precios, inflación, tipo de cambio artificial, aumento del gasto provincial... ¿Qué le dice todo esto sobre los argentinos?
-Que miran las estadísticas de corto plazo y ven un nuevo país. Pero para mí es muy similar, es casi un mellizo, del país del pasado.
-¿Hay algo de su libro que quiera destacar en particular?
-Que realmente amo a la Argentina -suelo decir que tengo más amigos en Buenos Aires que en Roma-, y que destaco el potencial que tiene el país. Espero que tarde o temprano converjan hacia políticas económicas tradicionales. Los controles de precios, por ejemplo, pueden funcionar en el corto plazo, pero si creen que pueden manipular la inflación así… En los ochenta tuve muchas discusiones con el Gobierno y siempre intentaban convencerme de que la inflación venía de la carne y que si controlabas el precio del bife, todo estaría bien. Lo mismo ocurre ahora. Puedes torcer o postergar las leyes económicas, pero tarde o temprano se restablecen solas.