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¿HAY DIFERENCIAS INTELECTUALES ENTRE HOMBRES Y MUJERES?
Inteligencias diversas

Con la polémica iniciada por el presidente de Harvard, se renueva el debate entre los investigadores

Por N. Angier y K. Chang de The New York Times

Cuando Lawrence H. Summers, presidente de Harvard y ex secretario del Tesoro, sugirió hace unos días que una de las causas del lento progreso de las mujeres en ciencias y matemática podría ser un conjunto de diferencias innatas entre los sexos, agregó leña al fuego en un debate que viene fermentando desde hace décadas.

Fue tal la cantidad de reacciones violentas que despertaron sus palabras que debió disculparse varias veces públicamente. Sin embargo, muchos quedaron con la duda de si tenía razón.

¿Encontró la ciencia evidencias concretas sobre disparidades relevantes en las capacidades intelectuales de ellas y ellos, o en el empuje que lleva a triunfar a toda costa, que podrían explicar la persistente inferioridad en la presencia de las mujeres en la ciencia en general, y en especial en el tercio superior de la profesión?

MUY DIFERENTES. Investigadores que han explorado el tema de las diferencias entre los sexos desde casi cada ángulo concebible dicen que, en efecto, hay una cantidad de discrepancias entre hombres y mujeres: en sus puntajes promedio en las pruebas de capacidades cuantitativas, en sus actitudes hacia la matemática y la ciencia, en la arquitectura de sus cerebros, en la forma en que metabolizan las medicaciones, incluyendo aquellas que afectan el cerebro.

Sin embargo, a pesar del deseo de encontrar respuestas definitivas y prolijas a preguntas complejas, los científicos advierten que el mero hallazgo de una diferencia en la forma no implica una diferencia en la función o la producción.

"No vamos a ninguna parte negando que hay diferencias hormonales y neurológicas", dice Virginia Valian, profesora de psicología del Hunter College, que en 1998 escribió el libro ¿Por qué tan despacio? El avance de la mujer. "El problema que tenemos como científicos es evaluar su significado en la vida diaria."

TAMAÑO. Por ejemplo, los neurocientíficos mostraron que el cerebro de la mujer es alrededor de un 10% más pequeño que el del hombre, incluso si se tiene en cuenta que su masa corporal es menor.

El problema es que a través de la historia se han citado distintas características anatómicas para respaldar hipótesis que simplemente reflejan los prejuicios sociales y culturales del momento.

Hace un siglo, el científico francés Gustav Le Bon llamaba la atención sobre el menor tamaño del cerebro femenino –más cercano, decía, al de los gorilas que el de los hombres– y afirmaba que ese rasgo indicaba en ellas "poca constancia, ausencia de pensamiento y lógica, e incapacidad de raciocinio".

Dejando de lado el tamaño, alguna evidencia sugiere que el cerebro de la mujer tiene relativamente más materia gris –compuesta por las valiosas neuronas, que, se cree, tienen a su cargo la mayor parte del pensamiento–, mientras que el cerebro del hombre contiene más materia blanca, que es el tejido que existe entre las neuronas.

BLANCO Y GRIS. Para complicar más el problema, nuevos estudios de imágenes de la Universidad de California sugieren que hombres y mujeres con el mismo cociente intelectual utilizan diferentes proporciones de materia gris y blanca cuando resuelven tests de inteligencia.

Los hombres, dicen los investigadores, parecen dedicar 6,5 veces más de su materia gris a las tareas relacionadas con la inteligencia que las mujeres, mientras que éstas dependen más de la materia blanca.

Qué quiere decir todo esto es pura conjetura. "Es la cognición lo que cuenta, no la materia física que la despliega", argumenta Nancy Kanwisher, profesora de neurociencia del Massachusetts Institute of Technology. Cuando estudian proezas cognitivas, los investigadores se impresionan por la forma similar en que chicos y chicas aprenden a dominar nuevas tareas.

Cuando medimos sus capacidades son sorprendentemente parecidos, dice Elizabeth Spelke, profesora de psicología de Harvard.

Spelke y sus colegas estudian habilidades espaciales, cuantitativas y numéricas en niños de entre cinco meses y siete años. "En esa edad, aunque siempre buscamos diferencias de género nunca las encontramos", agrega.

En la adolescencia, sin embargo, algunas diferencias comienzan a emerger, especialmente cuando se consideran pruebas estandarizadas como el SAT. Mientras los puntajes por destrezas verbales son muy similares para ellos y ellas, hace treinta años que los varones obtienen mejores puntajes en matemática.

NUMEROS. En una prueba realizada en 2003 a 250.000 jóvenes de 15 años en 41 países por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, los chicos obtuvieron puntajes moderadamente más elevados en la mitad de los países. Para los otros, no hubo diferencias significativas de género.

Las niñas japonesas, por ejemplo, estuvieron a la par de los varones en todas las disciplinas matemáticas excepto en la de incertidumbre, que mide habilidades probabilísticas, y a la vez obtuvieron mejores puntajes que los varones de todos los demás países. En Islandia, las chicas rompieron el molde y dejaron atrás a los varones por un margen significativo. Lo mismo ocurre en las competencias nacionales.

"No tenemos idea de por qué ocurre", dijo Almar Midvik Halldorsson, director del Educational Testing Institute de Islandia. Sin embargo, el doctor Summers y otros científicos han observado que mientras las capacidades son notablemente análogas entre ambos sexos, los hombres tienden a desplegarlas más.

Entre los estudiantes universitarios avanzados que tomaron el SAT de matemática en 2001, por ejemplo, los hombres que obtuvieron un puntaje de más de 700 fueron casi el doble que las mujeres, y esta discrepancia se acentuaba en los puntajes de 800.

Pero también fueron más los chicos que tuvieron todas las respuestas mal. Para el doctor Summers y otros, tales resultados, junto con otras curiosidades, como el mayor número de varones con desórdenes del aprendizaje, autismo y déficit de atención, sugiere que el cerebro masculino es un objeto delicado, tendiente a los extremos, tanto de la incompetencia como del genio.

Sin embargo, según Kimberlee A. Shauman, socióloga de la Universidad de California en Davis, el alto puntaje en un test de aptitud matemática es un pobre predictor de quién va a optar por una carrera científica, y más pobre aún en el caso de las mujeres.

Catherine Weinberger, economista de la Universidad de California en Santa Barbara, encontró que, por razones poco claras, entre las chicas con más puntaje sólo el 60% opta por carreras científicas. Más aún: Valian observa que las mujeres que obtienen puntajes algo menores frecuentemente son más productivas que los hombres.

PREJUICIOS. Las pruebas SAT parecen subvalorar a las mujeres y sobrevalorar a los hombres, dice.

Entre los asiáticos, si un estudiante vuelve a casa con una mala nota en matemática los padres simplemente lo empujan a estudiar más. "Esta convicción de que los logros en matemática pueden mejorarse a través de la práctica es un bien cultural enorme en la sociedad asiática", afirma el doctor Xie.

Probablemente, el debate continuará. Sandra F. Witelson, profesora de psiquiatría y neurociencias de la Universidad Mac Master, opina que tal vez algún día se encontraría que la biología juega un papel en las carreras científicas. "Hay que tener la mente abierta", afirma.

El poder de lo masculino

¿Será que los científicos son más lentos en abandonar la discriminación sexual sin fundamento? Según Megan Urry, profesor de física y astronomía de Yale, hay clara evidencia de que factores sociales y culturales todavía detienen a las mujeres en la ciencia.

Urry citó un estudio de 1983 en el que 360 personas –mitad hombres y mitad mujeres– les otorgaban un puntaje a trabajos matemáticos. En promedio los hombres les otorgaban un punto más cuando el trabajo estaba firmado "John T. McKay" que cuando era "Joan T. McKay. Había una disparidad similar, aunque algo menor, en los puntajes que atribuían las mujeres.

Un reciente experimento mostró que cuando los estudiantes de Princeton evaluaban a dos candidatos para un trabajo –uno con más educación y el otro con más experiencia– elegían al más educado el 75% de las veces. Pero cuando los candidatos eran designados como hombre o mujer y el candidato educado tenía nombre de mujer lo preferían sólo el 48% de las veces.

El disparo de la polémica

Los comentarios del presidente de Harvard sobre las "diferencias innatas" entre ambos sexos han provocado, además de una tormenta, el resurgir del antiguo debate sobre las disparidades entre el cerebro de hombres y mujeres.

En 1873, un distinguido profesor de la Universidad de Harvard dijo que las mujeres que siguieran una carrera científica sufrirían un "escape" de sangre desde el útero hacia el cerebro que les dejaría "irritables y estériles".

Summers dijo a mediados de enero, en una conferencia sobre la diversificación de la ciencia, que las habilidades innatas de las mujeres –o, en este caso, la falta de ellas– podrían explicar por qué estas no triunfan en la misma medida que los hombres en carreras como ingeniería o matemáticas. Agregó que algunas personas prefieren creer que los factores sociales y la discriminación son los motivos por los que hay menos mujeres en ciencia pero en su opinión hay argumentos, como la biología, que deben considerarse

MOLESTAS. El comentario llevó a más de una mujer a levantarse molesta de la sala de conferencias y en los días subsiguiente levantó una polvareda que, según Summers, nunca habría previsto (a pesar de que no es el primero escándalo que se desata luego de palabras polémicas del académico). Nancy Hopkins, por ejemplo, profesora de biología del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y autora de un estudio sobre discriminación sexual, fue una de las científicas que se retiró.

Denice Denton, decana del departamento de Ingeniería de la Universidad de Washington, y Catherine Didion, directora de la Red de Ingenieras y Científicas, se sumaron a las críticas contra la intervención del presidente de Harvard.

Summers intentó apagar el escándalo explicando que sus palabras habían pretendido servir más como un disparador para el debate, que como una ofensa a las mujeres. Dos días después de la conferencia dio a conocer su primera declaración sobre el tema: "Lamento que se haya producido este maletendido pero considero que traer a colación preguntas, discutir factores múltiples que puedan explicar un problema complicado, es algo importante".

Además de las voces en contra, también hubo opiniones femeninas positivas. Muchas académicas y científicas defendieron el planteo del presidente de Harvard por considerar que intentó plantear bajo otra perspectiva el persistente problema de la baja representación de mujeres en los departamento de Matemáticas, Ingeniería y Ciencias Físicas de casi todas las universidades.

"Muchas personas que no estaban de acuerdo con su planteo no se sintieron irritadas. Además el repitió una y otra vez: ‘Estoy acá para provocarlas", dijo Richard Freeman, un profesor de Economía de Harvard. En la conferencia se decidió no hacer transcripciones ni grabaciones porque el objetivo era que los participantes pudieran hablar abiertamente y sin temor de que se suscitara un malentendido público, como el que a pesar de todo finalmente, se disparó.

Finalmente Summers difundió una carta pública entre la comunidad de Harvard, en la cual sostiene: "Cometí una equivocación al haber hablado de una manera que derivó en una no intencionada señal de desánimo hacia jóvenes y mujeres talentosas. A pesar de los reportes que señalan lo contrario, yo nunca dije, y no lo creo tampoco, que las mujeres sean intelectualmente menos capaces que los hombres o que las mujeres carecen de la habilidad para triunfar en los más altos niveles de la ciencia"..



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