Son los dos únicos países del mundo en que los hijos
viven peor que sus padres y los nietos mucho peor que
sus abuelos". El juicio corresponde al Embajador de
Argentina en el Uruguay, Patiño Meyer en clara alusión
a los dos miembros del Río de la Plata. "Ni en Africa ha
sucedido eso", decía. El caos económico y el retroceso
social de la Argentina y del Uruguay son episodios de
vida colectiva que causan pavor en todos lados. Patiño
Meyer de seguro simplificó la historia internacional y su
interlocutor, el ex Ministro de Defensa Raúl Iturria,
compartió el juicio porque parecía inobjetable. Resulta
muy difícil encontrar ejemplos tan impresionantes de
deterioro en cualquier parte del mundo. En menos de
una década, en los dos casos en menos de dos años,
la situación de pobreza se adueñó de la zona y dos
lugares que durante mucho tiempo resultaron un imán
de atracción para millones de inmigrantes ahora ni
siquiera entran a ser considerados como destinos de
vida. Más bien se huye de ellos. O se entra como
disfraz para hacer una maniobra encubierta que
permita ir después a Estados Unidos o la dorada
Europa.
Lo dramático de la situación rioplatense es la
cronología. Que dos países se sumerjan sólo en dos
años es la rareza. Toynbee y Vico han insistido en los
ciclos de la historia y alertado sobre la fugacidad de
los apogeos. Se supone que los descendientes vivirán
mejor que los ascendientes pero esa es una
conclusión falaz. La nación que alcanzó la cumbre
cultural de Occidente, Grecia, terminó siendo, dos
milenios y medio después, una zona casi marginal,
turísticamente hermosísima y con un pasado
esplendoroso pero algo bárbara para los
presuntuosos dueños del consumo moderno. Se
habla de Irak por los atropellos de ahora y los fulgores
del petróleo pero se tiende a ver al Cercano Oriente
como un lugar primitivo, lleno de árabes torpes, y se
olvida que ahí empieza la verdadera historia cultural de
Occidente. ¿Quiénes eran los persas? ¿Qué les
espera ahora a los iraníes? Los españoles fueron a
determinada altura poderosos como los ingleses y en
la mitad del siglo pasado huían de un país hundido en
el hambre. Los romanos organizaron la infraestructura
de Europa con un diagrama de carreteras, puentes y
acueductos que hasta hoy impresionan pero también
en el Novecientos sus compatriotas del sur viajaban a
la ubérrima América por sólo un mendrugo. El mundo
va y viene, sube y baja aunque hay situaciones que
más bien se mantienen. Ni siquiera la II Guerra hundió
en el marasmo el esplendor de Francia ni puso en
jaque el orgullo de Gran Bretaña. Hay países que
parecen a salvo para siempre. Ahí está el caso de
Suiza, neutral en las últimas conflagraciones bélicas
mientras Europa ardía en llamas. Finlandia pudo
sobrevivir al futuro pese a ser vecino de una Rusia que
se expandía territorialmente como un pulpo. Ni la
inexpugnabilidad de sus montañas rescató al Tibet de
la voracidad de los chinos. La vida colectiva también es
azarosa y la individual una lotería. Pero cuando un país
formula políticas de estado piensa en serio y asegura
su porvenir. Por lo general.
NUEVOS TIEMPOS. Los americanos se reunieron
recién en Cuzco con la idea de seguir aumentando la
unión continental. Llevados por la voracidad y
arrastrados por la locura religiosa los españoles
diezmaron América. Pero la desunión venía de antes.
Kapúscinski habla de Africa y cuenta verdades
espeluznantes. El continente sólo existe en la costa,
por donde lo saquearon, y tierra adentro no hay ni
caminos. En Europa, en cambio, o de vuelta en el
Cercano Oriente, se vivía en medio del trajín y los
pueblos pero también las hordas iban de este a oeste
de norte a sur siempre por las mismas rutas: por eso
son políglotas. Plagada de selvas y cordilleras, sin
saber que la rueda existía y sin conocer el caballo,
América estaba sumergida en la incomunicación. Lo
que no impidió que los incas se adueñaran de la
geografía andina. Parece deletreado por un viajero
turco, pero los primeros datos que llegan a los
españoles sobre el Birú son portentosos.
Alguien le contó a Balboa, que recién había
descubierto el Mar del Sur que en el Birú las piedras
preciosas crecían en los árboles. Y una docena de
locos se lo creyó. La unión de Pizarro, un hijo natural y
de Balboa un expósito, el segundo analfabeto y
violento, el primero cauto y hermético, resulta ser una
alianza letal. Pizarro contribuye a la prisión y la muerte
de Balboa. Recién empieza sus andanzas. Ambos
viajan hacia el sur en medio de las salinas y las
fiebres palúdicas. Al grupo lo llaman los "trece de la
fama" y apenas son más. Ellos solos se apropian del
Imperio. Pizarro encierra en una habitación al Inca
Atahualpa durante un año, lo convence de que mande
matar a su medio hermano Huáscar y le pide un cuarto
de plata y otro de oro hasta la altura de un brazo
levantado para liberarlo, le roba y funde hasta el sol oro
del Templo de Sol y le hace abjurar de sus creencias.
No bien le cambia el nombre por Juan lo mata. Media
docena de jinetes con armas de fuego se apropian de
América. Y América se regala. ¿Cómo es que nadie se
apoderó antes de ella?
MUNDO IGNORANTE. Ahora vinieron las reuniones de
Cuzco. Para la gente refinada no hay otra ciudad como
esa en todo el continente. Ni Ouro Preto, ni Cartagena
de Indias, ni el México tapizado de tesoros, ni siquiera
las alturas de Macchu Picchu, ni el Manaos escondido
como una perla en el Amazonas y ni que hablar de las
urbanizaciones modernas tipo Buenos Aires que
copian a París. Fundada por Manco Capac a 1.399
metros de altura, pensada como una fortaleza
levantada en granito y piedra el esplendor visual de
Cuzco es irrepetible. Pese a que no está en la vidriera
literaria. Vargas Llosa ha rescatado al resto del Perú:
Callao, Arequipa, Tacna, Chiclayo, Iquitos y desde
luego que Lima la novia manoseada de Jaime Bayly.
Cuzco se guarda en el secreto. Lo que no resulta difícil.
Viajar al interior de Perú, o a Ecuador, o lo mismo a
Colombia, insume el mismo tiempo que media
docena de viajes a Miami. Enviar una muestra de esos
países al Río de la Plata cuesta fortunas y ninguna de
las compañías aéreas, incluso las del Pacífico, le
hacen precios especiales a la cultura. América del Sur
está incomunicada, aislada, perdida. Todos
desconfían de todos. ¿Ud. mira con simpatía al pobre
peruano que practica ahora la filosofía de la
supervivencia que sus antepasados (los suyos)
llevaron a cabo tres generaciones atrás?
Nadie conoce a Cuzco. ¿Cuántos uruguayos la
visitaron alguna vez? ¿Cuántos saben de ella fuera de
un dato nebulosamente asociado a la arqueología
andina? Los encuestadores, tan prestos al termómetro
político, no averiguan datos de la ignorancia cultural.
¿Qué saldrá de las reuniones de Cuzco? Todo el ovillo
actual empieza con los planes del Mercosur.
¿Germinará acá la unida América del futuro, capaz de
competir, aunque sea de atrás, con el organizado
mercado europeo, el poder de Estados Unidos y el brío
invasor de China? Y ahora se anuncia que también es
competidora la India. Y se dice que Irlanda es la mejor
economía del mundo cuando un siglo atrás no tenía ni
papa. Y que Australia es un gigante. Y Nueva Zelanda
un modelo. Y que los españoles son unos señoritos
ricos cuando ayer tenían los zapatos más gastados
que los nuestros. El mundo está lleno de espejos y
gira como esas esferas que inventaron los garitos de
Chicago en la época de la Ley Seca.
Se termina o se empieza en el Mercosur pero conviene
repasar sus orígenes. Cuando a España el genovés
Colón (no, no nació en Tacuarembó) le regala el
sorpresivo presente de América le echa encima una
carga para la que no está preparada. Serán unos
señoritos ricos ahora, unos ricos, riquitos, recién
llegados, pero antes ni eso. Orgullosos señores de
Castilla y otras provincias pero incapaces de
administrar un mundo del otro lado del océano. Los
banqueros alemanes (siempre son los mismos) se
meten entre Francisco I de Francia y Carlos I de
España y se quedan con casi todo. La lista la
encabezan los Fugger. Siguen otros. La riqueza sigue
de largo mientras el hidalgo español se infla como un
globo.
Para organizar el lío se fundan los Virreinatos: el de
Nueva España, el de Perú, el suprimido y resucitado
de Nueva Granada y finalmente el del Río de la Plata,
que aparece en 1776 y es el embrión del Mercosur. El
nuevo territorio abarca la Banda Oriental, Tucumán, el
Cuyo, Paraguay y el Alto Perú. En los hechos incluye a
la Argentina, el Uruguay, Paraguay, Bolivia y Río
Grande. Son varias gobernaciones y el experimento de
Charcas. Es la cuarta parte de América del Sur, desde
Desaguadero para abajo. Alguien anotaba con acierto
que un barco que levantara el ancla en la parte
superior del Bermejo podría cargar en sus
(imaginarias) bodegas la siguiente lista de productos:
café, cascarilla, algodón, plata, cobre, granos, añil,
azúcar, tabaco, maderas de todas las clases, vinos,
ganado engordado en América y algunas cosas más.
Con eso, producido en la zona, se era dueño del
mundo. Ese es el potencial del área. ¡Somos ricos otra
vez!