Domingo 12 de diciembre de 2004 | Año 87 - Nº 29937
Internet Año 9 - Nº 3048 | Montevideo - Uruguay
Inicio
Suscriptores
Reg. de usuarios
El País Móvil
Publicidad
Correo
Mapa del sitio
 Noticias
 Producción Digital
 Especiales
 Suplementos
Agropecuario
Cultural
DS - Domingos
Di Candia
Economía y Mercado
El Escolar
El Empresario
Paula
Qué pasa
Sábado Show
 Servicios
 Participación
UNA RIQUEZA MÁS VALIOSA QUE EL PETRÓLEO
Tesoro americano

Es el mayor yacimiento del continente: la música popular, desapareció en las otras latitudes.

Miguel Carbajal

La pregunta se formuló a nivel universitario y no obtuvo una sola respuesta correcta. Y no por falta de información. En los albores, casi, del nuevo milenio estalla un tema indiscreto: cinco siglos después de la conquista, ¿en qué área específica, la despareja América, arroja logros a la altura de los que exhiben los otros continente? Más de la mitad de los estudiantes norteamericanos apuntó al bulto y eligió la economía. El botín dorado de la tecnología y las finanzas de los Estados Unidos los condujo a equívocos.

La economía no es una materia estable, como bien lo saben los especialistas y el malón que después sufre las consecuencias. La reciente confrontación entre Bush y Kerry osciló varias veces alrededor de los números. Se manejaron allí varios datos que en algunos casos parecían escapados del Uruguay y sus aledaños. Se habló de la deuda externa, de problemas en la balanza de pago, de mala distribución en los ingresos, del manejo inestable de la inflación, del aumento del desempleo. ¿Suena a conocido? Ninguna de esas amenazas desinfló el optimismo norteamericano. Aunque saben que el poderío militar es el único terreno que no le disputa nadie, y que la economía ostenta desde cráteres hasta agujeros de ozono todos piensan que el cuento de hadas no puede tener un mal final. Después de todo los chinos constituyen un cuco flamante y las nuevas generaciones ni se acuerdan del terror amarillo, que tiempo atrás realmente existió, aunque fue japonés y no chino y tuvo caracteres antes que nada belicistas.

Unas décadas atrás, cuando todavía existían resabios de la sociedad feudal, Estados Unidos era un sol y China una nube negra. Las hambrunas se repetían todos los años en Asia como un fenómeno cíclico, aglutinaban víctimas por encima del millón y de alguna manera amenazaban la estabilidad de la sociedad global.

¿Quién podía estar a salvo del caos si la gente se moría, en cifras siderales, en un planeta que parecía haber solucionado el complejo de Malthus? En ese momento, entonces, la economía era un lujo americano y una flaqueza china.

Nada dura para siempre dicen los árabes. En los tiempos siguientes la locura de las guerras, los dislates políticos, los desastres climáticos, los experimentos sociales y los errores morales hicieron del mundo un calco de China. Como el desastre económico no cruzó el océano resulta explicable que los estudiantes universitarios siguieran creyendo en el sueño americano cuando se habla de economía.

Sólo que el gran botín del nuevo continente no es la economía como opinaron en la encuesta. Y tampoco el ideario político aunque el hombre no ha hecho otra cosa que avanzar a partir de los textos de París y la Carta de Filadelfia. ¿No existen los logros continentales en esa materia, entonces? Existen, con los retrocesos de siempre, pero tampoco es ese el gran tesoro americano.

NUEVA LUJURIA. Los españoles y los portugueses, a la cabeza de la conquista, anduvieron en busca de un equivocado El Dorado. Perseguían especias y encontraron una lluvia áurea, montañas de plata, ciudades tapizadas de piedras preciosas. Pero el tesoro americano era realmente otro. Y no lo vieron. El gran aporte americano vino por el lado de la música popular. Se explica.

Aunque los indígenas fueron trasladados como animales, pasado el impacto pintoresquista y el shock religioso, primero en forma desorganizada después más sistemáticamente, trascendieron los informes sobre civilizaciones desarrolladas en diferente sentido a las monopólicas de Occidente pero muy sofisticadas y muy sabias en áreas descuidadas por Europa. ¿Valoraron los europeos realmente el aluvión cultural americano? No lo supieron ver. Y en lo que tiene que ver con la cultura musical la despreciaron. Deslumbrados por los brillos de los metales y los rumores sobre reservas crípticas y nada utilitarias, los viajeros bautizaron como "cosas de indios" el ritmo musical que bajaba de las montañas y rompía la coraza de las selvas.

Fueron más lejos. Dado que los habitantes del Nuevo Mundo eran vistosos e incomprensibles les concedieron la categoría de loros. O de monos. E intentaron domesticarlos. ¿Cuál era el arma más apropiada para esos menesteres? La música, votaron por unanimidad. Y por supuesto la asociaron a la religión.

Los que llegaron más lejos fueron los jesuitas que instalaron en el corazón de las propias Misiones el embrión de una música europea digna de oírse en los recintos de las Cortes y sobre todo en los espacios de las grandes iglesias. Una música ejecutada por indígenas en instrumentos iguales, exactamente iguales, a los de Europa. El final del predominio jesuítico, en colisión con otros intereses económicos y otros pensamientos religiosos, liquidó el experimento misionero. ¿Quedó América sin música? Quedó sin la música importada, aunque la que existía era una mezcla gigante de sonidos provenientes de todas partes del mundo a través de militares, comerciantes, usureros, artistas, contrabandistas, saqueadores, experimentadores y alquimistas.

De esos entreveros salieron los actuales dueños del botín. Carlos Gardel murió en Medellín y nació por lo menos en dos lugares. Uno, tiene el tufo francés, nombre con resonancia plástica y el apoyo casi incondicional de los argentinos. El otro es oriental, de Tacuarembó y padre castrense. Uno de los dos es cierto y el otro falso. Pero el mito del tango, sin discusión, es americano. Es una leyenda que se adensa después de un tiempo distraído en que parecía haberse convertido en una antigualla sólo comparable a un relicario. A la gente le gusta pensar que fueron dos, sobre todo, los que aseguraron su supervivencia. Y piensan en Troilo y Piazzola, para disgusto de los puristas y los especialistas. La última generación habla de Bajo Fondo. Todos quieren apropiarse del botín.

El tango es una de las riquezas continentales. Y a nadie se le escapa que el jazz es el otro filón. Y que hay varios más a lo largo de una geografía donde resuenan los ecos de la música brasileña, del folklore andino, de esa nave espacial por lo llena de misterios que es Colombia donde la cumbia se mezcla con el vallenato, y el posterior despliegue caribeño de la salsa, el bolero, el merengue y la rumba. A la lista hay que incorporar el blues, la música country y las últimas modalidades que entroncan con la onda rock de la modernidad.

¿Esa articulación de sonidos se plantea realmente como el gran botín cultural de América? ¿No parece un juicio excesivo? Coriun Aharonian lo supo ver con su visión instrumentada. Las músicas populares de Europa entraron hace tiempo en la declinación por más que los flamencos agiten cada tanto la estética de sus lamentos artísticos. En los demás países no quedan un trovador, un juglar, ni siquiera un dieuse.

El pasado está en Europa, como en muchas cosas. Pero el futuro musical no se encuentra en Asia y tampoco en Africa donde el pulso negro prometía exploraciones que terminaron en el fracaso. El tesoro cultural más valioso del continente es la música popular, insisten en otras latitudes. La literatura, la plástica, desde luego que también la danza y manifestaciones de abordaje múltiple como es el cine se cultivan en muchos huertos. Los bienes económicos se arrancan de diversas tierras aunque todas resulten insuficientes. Pero el tesoro histórico del hombre de la calle empecinado en cultivar su oído junto con su espíritu falta en cuatro continentes y sólo subsiste en uno. La Unesco sabe que la música popular es un pilar del patrimonio universal. Y los economistas aprendieron las ventajas portentosas que produce su enfoque industrial. Ninguna de estas verdades grandes como cordilleras fueron tomadas en cuenta por los estudiantes norteamericanos. Hay omisiones más culpables que otras.



Asistencia al usuario: 903 1986 Redacción Impresa: 902 0115
Redacción Digital: 902 0115 int. 440 Publicidad on line: 900 2338
Publicidad impresa: 902 3061 Clasificados: 4002141 - 131
ShoppingElPais: 903 1986  
Zelmar Michelini 1287 - Piso 4, CP. 11100 , Montevideo-Uruguay
Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2008
Imprimir
Enviar nota por correo
Tamaño del texto
 Ediciones Anteriores
Todas las Ed. 14 21 28 5