Uruguayos, del diván a la red

| Dos equipos de psicólogos nacionales atienden pacientes del exterior y del país vía Internet. Realizar un proceso entero de psicoterapia online es ahora posible, aunque la modalidad levanta polémica. Para el psicoanálisis ortodoxo, es un planteo peligroso.

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El País

GABRIELA VAZ

Muchos pacientes son emigrados que consultan a raíz del desarraigo. "Buscan códigos de expresión conocidos y por eso prefieren terapeutas rioplatenses".

En un futuro no muy lejano, la clásica caricatura del psicoanálisis con el diván como protagonista podría sufrir un cambio fundamental: ser sustituido por una computadora. El uso de Internet para realizar un seguimiento o apoyo psicológico no es nuevo, pero de un tiempo a esta parte viene tomando fuerza un fenómeno mucho más revolucionario y polémico. ¿Es posible hacer un proceso completo de psicoterapia, de principio a fin, vía web?

Por lo pronto, esa es una realidad en varias partes del mundo, también Uruguay, donde al menos dos grupos de psicólogos brindan servicios de terapia online. Básicamente, se trata de la misma dinámica que en una sesión convencional pero, en lugar de compartir el mismo espacio físico con el terapeuta, la comunicación se realiza a través de una computadora: por mail, chat o cámara web (videoconferencia).

Para los profesionales que desarrollan esta modalidad nada de esto supone limitaciones y es completamente viable obtener los mismos resultados que con una terapia convencional.

Pero diferencias hay y, una vez más, el debate está servido.

Migraciones. Uno de los factores que más ha empujado el crecimiento de la psicoterapia online es la emigración. De hecho, en el Centro Terapéutico Montevideo (www.ctmontevideo.com.uy) comenzaron a ejercer esta modalidad luego de 2002, cuando varios pacientes se fueron del país pero querían continuar el contacto con sus psicólogos. "Primero utilizábamos el mail, inmediatamente el chat y después de un tiempo incorporamos la cámara, lo que modificó notoriamente el trabajo", cuenta el psicólogo del centro Gustavo Pierri. Tras ese inicio casi casual, en 2005 desarrollaron un programa específico de terapia online. Actualmente atienden a ocho pacientes vía web (han pasado más de 30), siete residen en el extranjero y uno en el interior del país. A varios nunca los han visto en persona; llegaron al centro por la web o por otros pacientes.

Más reciente es la experiencia de Asistencia Psicológica Integral (API, www.psicologiaclinicaasistencial.es.tl), un grupo de terapeutas uruguayos que se formó en 1997 y desde hace dos años implementa la terapia virtual. Según el psicólogo Osvaldo Martínez Hermida, reciben unas 150 consultas mensuales en su página web, pero varios desisten al saber que no se trata de un procedimiento gratuito. Otros piden asesoramiento puntual y posponen el tratamiento para más adelante. Hoy el centro atiende a 14 pacientes vía Internet.

En ambos institutos se coincide en que la franja etaria disminuye un poco en esta modalidad, ya que los jóvenes están más familiarizados con las tecnologías implicadas.

En cuanto a los motivos de consulta, la emigración es un tema recurrente. En general son latinos "desarraigados de su contexto socio-cultural, sobre todo uruguayos y argentinos", cuenta Martínez. "Se los ve en la búsqueda de códigos de expresión conocidos, aspectos culturales compartidos, cuestión que los impulsa a buscar terapeutas rioplatenses".

Pero si bien ese es un mojón de la terapia online, el resto de las consultas no se debe a razones muy distintas de los evocadas en la terapia convencional: problemas de pareja, estrés, fobias, angustia, y otros.

ESTAR O NO ESTAR. Más allá de todas las bondades de la tecnología, el gran punto de conflicto que rodea a esta nueva modalidad se centra en la ausencia física del terapeuta. ¿Es realmente válido analizar, contener y comprender a un paciente a través de una pantalla de computadora? ¿Es posible que el psicólogo tome nota de elementos tan reveladores como un silencio, un cambio en el tono de voz, un gesto, una duda o un acto fallido vía Internet? Desde el psicoanálisis, la corriente madre de las terapias psicológicas (la del típico diván), es de donde surgen los mayores cuestionamientos. Consultado al respecto, el psicoanalista Luis Correa brinda algunas razones: "Una psicoterapia es una relación interpersonal. No excluyo que se puedan establecer relaciones válidas a distancia, pero realizar un proceso completo de terapia... no estoy de acuerdo. Además, no veo ninguna necesidad de que eso suceda, salvo que el paciente viva en un lugar donde no tenga a mano ningún terapeuta ca-lificado. No estoy contra el acompañamiento, seguimiento (por Internet), pero no estaríamos hablando de psicoterapia, sino de apoyo. En lo que se entiende como psicoterapia en psicoanálisis es imprescindible el contacto interpersonal".

Para Martínez, de API, donde tienen formación psicoanalítica pero (claro está) no son ortodoxos, será tarea del terapeuta compensar esa ausencia. "Mi experiencia me ha llevado a observar errores gramaticales que cambian el sentido de la palabra o sustituciones que permiten algunas interpretaciones", explica en referencia al chat. "Tanto en la escritura como en el discurso hablado aparecen lapsus, actos fallidos, que son momentos privilegiados del discurso en los cuales es posible la intervención del terapeuta".

Lo mismo opina Pierri. "Como en cualquier proceso terapéutico, depende del vínculo que se establezca con el paciente". Para él, es más fácil si se realiza hablando por cámara web que sólo chateando. "La limitación de la falta de contacto visual se ha superado. Hemos trabajado hasta en terapia de pareja y funciona perfectamente", asegura.

Aún así, los profesionales admiten que no cualquier caso puede tratarse online. "No todos los pacientes son aptos para un tratamiento de este tipo. Es necesario ser muy cuidadoso y prudente en las entrevistas iniciales, para no incorporar pacientes con riesgo de suicidio o `patologías de borde`", dice Martínez. Las adicciones, que el CTM trata en terapia presencial, y las depresiones severas son dos de los casos que quedan excluidos de la e-terapia.

"Puede ser negativo con pacientes graves"

Uno de los principales alegatos en contra de la terapia online es la falta de contacto visual del psicólogo con el paciente. Sin embargo, cuando en el psicoanálisis ortodoxo se utiliza el clásico diván la idea es precisamente que el paciente no vea al terapeuta. ¿Cuál es la diferencia entonces? Que aunque el analizado no lo vea, sabe que su psicólogo está ahí, a un giro de cabeza. "Para algunos pacientes, el hecho de estar en presencia del terapeuta pero no cara a cara los ayuda a desenvolver cosas de su vida interna. Saber que se está contenido, sostenido, acompañado por la voz y la presencia del psicólogo facilita las cosas", dice el psicoanalista Luis Correa, integrante de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (Audepp).

Para Correa, la existencia de un mediador -en este caso, la computadora- siempre implica una situación ficcional. "Alguien podría decir, y con razón, que el encuadre terapéutico es en sí mismo una situación ficcional. Lo que se genera en el consultorio no es un vínculo natural. Pero me parece que la mediación de esos recursos -en este caso cámara, teclado, pantalla- genera un distanciamiento que puede hacer ruido. Creo que este tipo de planteamiento puede ser inocuo o inútil en algunos casos, más o menos útil en otros, y decididamente negativo con pacientes graves", sentencia el psicólogo.

En la otra vereda, Osvaldo Martínez, quien realiza terapia online, asume sus desventajas -"pérdida de aspectos del lenguaje preverbal, problemas de inseguridad y privacidad propios de Internet, falta de certificación de quienes ofrecen este servicio"- pero también enumera sus beneficios: facilitar el acceso a personas imposibilitadas físicamente, tener registros completos de cada sesión, permitir al paciente decidir sobre su anonimato ("en ocasiones eso facilita la expresión de recuerdos y vivencias traumáticas"), evitar traslados o vencer inhibiciones del paciente que le impiden concurrir al consultorio.

Martínez aclara que es fundamental seguir las mismas normas que en un tratamiento convencional, como un encuadre claro, y mantener los códigos de ética.

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