MIGUEL BARDESIO | MAGDALENA HERRERA
Noelia, Karen, Teresa, Valeria, Miriam... son madres o esposas de los militares que están en el país africano. Pendientes de las noticias y del teléfono, algunas creen que su familiar no será el mismo a su regreso del Congo sangriento.
Estaba al tanto de que la situación venía bastante delicada desde semanas atrás. Pero Noelia Lemos, con 20 años, jamás imaginó que su flamante esposo (23), en misión en Goma, Congo, podría llegar a estar en medio de un tiroteo entre los bandos rebeldes y el ejército de ese país.
Sus ojos no daban crédito cuando la televisión mostraba las imágenes del domingo 26 de octubre. Enseguida, le envió un mensaje de texto a su marido -con quien se casó en marzo de este año- pero éste no respondió. La intranquilidad fue aún mayor: se mantenían en contacto a través de las letras del celular en forma diaria. ¿Por qué esta vez no contestaba?
"Demoró mucho en responder por la situación que estaba viviendo en ese momento. Pero finalmente ese día me envió otro mensaje de texto, y me dijo que estaba bien, que me quedara tranquila. Ya ni le pregunto nada, porque no habla del asunto para no ponerme nerviosa, simplemente no me contesta. Él es muy tranquilo, y de alguna manera me transmite su calma. Sé que estuvo dos semanas con diarrea por el tema del agua con cloro, adelgazó mucho. Pero ya se repuso, está bien", cuenta Noelia, a la vez que confiesa que todos los días a las ocho de la noche está sentada frente al televisor.
Otro momento crucial para ella fue cuando el lunes 26 de octubre, los civiles atacaron con piedras y palos la sede de Naciones Unidas en Goma, ciudad donde además de su esposo, se encuentran otros 600 soldados uruguayos, además de los 700 de India. Los civiles acusaban a los cascos azules de no protegerlos de las fuerzas rebeldes.
Las palabras del coronel Gaspar Barrabino, comandante del Batallón Uruguay IV en el Congo, expresaban en ese momento: "La situación es compleja y difícil de contener ya que la seguridad de la provincia se encuentra desestabilizada. Estamos en el máximo nivel de alerta: 7", (cuando ONU maneja la escala de 1 a 5). "La población civil es muy manejable. Nosotros hacemos lo posible para protegerlos, pero en situaciones como la actual se da la paradoja de que ambos bandos, gobierno y rebeldes, usan a los pobladores para que reaccionen contra nosotros".
"no será el mismo". Cuando su pareja se fue en agosto al Congo, le dejó un regalito. Hoy, ese obsequio redondea la panza de Karen Melo, embarazada de cuatro meses, y con una hija de seis años. Esa linda familia es lo que más extraña su esposo de 23 años, soldado también apostado en Goma, donde desempeña tareas en los tanques. "Me entero de casi todo por la televisión; él no me dice nada, porque como estoy esperando un hijo no quiere alterarme", cuenta la joven de 21. "Nos comunicamos a través de mensaje de texto; sólo explica cuando la cosa está más tranquila o si hay ciertos disturbios".
Pero la noticia del tiroteo le llegó de su propia pareja, quien enseguida la puso al tanto para que no temiera o se pusiera nerviosa. De todas maneras fue uno de los peores días de su vida: "Horrible".
Karen no cree que su marido sea el mismo que se fue. "No volverá igual por todo lo que está viviendo allá; esas escenas de violencia lo van a dejar marcado".
Experiencias que quedarían registradas en la retina de cualquier persona, como cuando el esposo de Karen ingresó a una casa y observó una habitación repleta de congoleses muertos, tirados, unos arriba de otros. "Eso fue lo que más le impactó", dice su mujer, quien también señala que, en caso de que su pareja decidiera ir a otra misión, ella estaría muy reticente de apoyarlo como en esta ocasión. "No vale la pena arriesgar la vida con todo lo que está sucediendo; creo que no lo apoyaría nuevamente. De todas maneras, él dijo que no iba más".
Rara sensación. Cada vez que suena el teléfono en la noche, Teresa Rodríguez salta de la cama desesperada pensando en su hijo Eduardo Irazábal, de 30 años, quien cumple funciones en las pistas del aeropuerto de Bucao, a unos 15 minutos por aire de Goma. Y no es porque no tenga contacto con el soldado: diariamente gasta 45 pesos para hablarle 4 minutos al celular, y en ocasiones hasta dos y tres veces más se comunican por mensaje de texto.
"Todo esto se está viviendo con bastantes nervios dada la incertidumbre. De repente mirás la televisión y muestran una cosa, y él, a la distancia, me dice que me tranquilice, que está todo bien. Gracias a Dios él nos transmite paz", señala Teresa, desde su casa del barrio Covidur, en la ciudad de Durazno.
Al igual que Noelia, Karen y tantas otras mujeres de los cascos azules, Teresa se sienta todas las noches frente al televisor. Cuando escucha la palabra Congo, "la embarga una extraña sensación": percibe que la vida de uno de sus cuatro hijos puede llegar a estar en peligro. No contenta con las noticias, corre al teléfono y sólo la voz de Eduardo logra calmar sus nervios.
ambos lados del mostrador. Miriam Techera (29) es la esposa del teniente Robert Pimentel (31), quien se encuentra en Niamilima, muy cercano a Goma, capital sitiada por los rebeldes y donde los uruguayos quedaron por un día entre balaceras de ambos lados.
Luego el ejército gubernamental pegó la retirada, a la que se les sumaron miles de civiles. Por unos días escasearon víveres, pero luego las fuerzas de Naciones Unidas atravesaron a las lideradas por el general rebelde Laurent Nkunda, y llegaron hasta el lugar.
"Él me cuenta que está bien... claro, no está en el lugar del conflicto pero puede ir para allá o no, depende si lo necesitan", señala Miriam, quien a diferencia de otras mujeres, se encuentra en ambos lados del mostrador. Además de madre de Catherine (20 meses), también es teniente. Por ahora, Miriam ni piensa en misiones. "Quizás en diez años, cuando ella esté más grande", dice señalando a la beba.
Desde julio que no ve a su esposo, que desempeña tareas como jefe ejecutivo para Naciones Unidas, en esta segunda incursión internacional que hace en su carrera. "Está previsto que vuelva en enero", dice esperanzada, al igual que muchas otras esposas.
Porque en realidad se barajaba el regreso de muchos en marzo, pero los rumores que corren entre tanques y calles de Goma es que regresarían en los primeros días de 2009. "Él mucho no me cuenta para no preocuparme, sabemos lo que sabe todo el mundo por la tele o la radio. Yo tampoco, por ejemplo, le cuento cuando la nena está enferma para no intranquilizarlo".
Por la experiencia que tiene, la teniente Techera señala que encuentra la situación estable. Le han contado que los nativos de esa región respetan y aprecian bastante a los cascos compatriotas. No pasa lo mismo con otros ejércitos. "Sucede eso por la forma de ser del uruguayo. Allá la situación es muy distinta a la de aquí. La mujer trabaja, anda con peso en la cabeza y los niños todos colgados. El hombre no hace mucho. Pero claro, son culturas completamente distintas. Y el uruguayo ve eso y se pone a colaborar. Se hacen querer. Están para ayudar a la población; llevan a los niños de un lugar a otro, o evitan que entren en zonas peligrosas".
En la base. El marido de Valeria (27 años) se encuentra a cien kilómetros de Goma, en Bukavu, una base naval en la frontera con Ruanda. "Él me dice que está tranquilo ahí; no sé si no me quiere contar para no ponerme nerviosa".
Como tantas otras colegas, se enteró por la pantalla chica. Inmediatamente lo llamó. "Me dijo que no lo dejaban salir al pueblo que iban a veces, que se tenían que quedar en la base. Eso fue lo único que les cambió. Él es mecánico, y está encargado de los camiones ".
El matrimonio tiene una hija, Oriana, de 9 años, que pregunta constantemente por su padre. "Los últimos meses son los peores -explica Valeria que desde enero no ve a su marido- ya queremos estar juntos. Nos comunicamos por teléfono, mensaje de texto o Internet. Le dan un chip de Ancel y funciona lo más bien. Él dice que no se iría de vuelta, aunque la primera vez dijo lo mismo. La idea es que sea la última, pero nunca se sabe".
La casita. Cada sueldo de Naciones Unidas es parte de la gran ilusión de muchas de las familias de los soldados: la casita propia.
Todas las entrevistadas, sin excepción, confesaron que soportan el largo alejamiento y la gran extrañeza por ese solo motivo. Cada dólar significa un ladrillo más. "Nosotros alquilamos y la idea es conseguir una casita o tener un respaldo para ella (la niña)", señala la teniente Techera. "La idea es brindarle a la niña algo de educación, y si uno no sale de misión es muy complicado. Con la primera misión, mi marido dijo que no iba a ir más. Pero… claro, nosotros no estábamos casados, todavía éramos novios. No teníamos a la niña. Era otra situación".
Los sufrimientos de Karen Melo, de Noelia Lemos y de Teresa Rodríguez también se mitigan en parte por esa posibilidad de tener un techo. "Queremos comenzar a hacer la casa", dice Karen. "Es la única manera de tener un techo", indica Noelia. "Eduardo es soltero, pero quiere lograr cosas. Tener su terreno, hacerse su casita, no con esta misión porque no le va a dar para todo eso, pero por lo menos ir adelantando algo, aunque vive conmigo", explica su madre Teresa.
Para Valeria también significa la posibilidad, algún día, de independizarse y no vivir más en el fondo de la casa de sus padres. "Queremos algo nuestro. La misión significa una ayuda económica; no es mucho pero ayuda a progresar un poquito. Son 880 dólares mensuales que ellos no gastan allá. Les dan una mensualidad de unos pocos dólares para las tarjetas para llamar a la famila".
A las armas. Frente a los graves enfrentamientos entre rebeldes y ejército gubernamental, ciudades y pueblos sitiados, civiles muertos, el cólera que ronda, los cascos están muy alertas, sobre todo los uruguayos que están en primera línea en Goma. Aún no debieron ir más allá de sus funciones de protección de civiles. De todas maneras, para estas misiones están previstas reglamentaciones en las que se los autoriza a usar armas para su defensa. Pero sus mujeres, desde aquí, señalan que no los ven disparando contra otra persona. "No lo veo, para nada", dice Karen. "No lo imagino enfrentándose en un conflicto bélico. Es algo que ni hablamos, porque no se pensaba entonces", indica Noelia.
"Antes de irse a la misión, mi hijo me comentó que luego se iría a otra. Pero ahora no sé, con todo lo que se encontró. Una cosa fue cuando se fue que estaba todo bien, otra es ahora", dice Teresa.
(Producción en Durazno, Víctor D. Rodríguez).
Contención y presencia del ministro Bayardi
La distancia por meses cuando el militar se encuentra en situaciones tensas, pueden acarrear un padecimiento de la familia entera. Contra esa angustia, las Fuerzas Armadas ofrecen un servicio de seguimiento y contingencia para los familiares de los militares, tanto en el Congo como en otros destinos.
El coronel Luis Sleseris, del Ejército, da los detalles: "El familiar sabe adonde dirigirse por cualquier consulta, y viceversa, la misma unidad donde revista ese personal también se comunica. Hay programas, hay estudios, hay personal capacitado técnico que se encarga de dar respuestas, tanto de la contención como de la preparación previa para que la familia, cuando ese efectivo se vaya, lo asuma de la mejor manera posible".
El coronel explica que este servicio no se brinda de modo centralizado, sino que en cada repartición militar se cuenta con él para tener así una red de respuesta que sea cercana a los familiares. "Imagínese en una unidad del interior, ese familiar que está ahí, no podríamos centralizarlo", ejemplifica.
Con respecto a la información acerca de cada efectivo en misión o la situación general, el camino es el mismo. Cada unidad la maneja "para compartirla con la familia".
Obviamente, la pregunta más común de los familiares es la fecha de regreso. Algo imposible de contestar a ciencia cierta desde Uruguay. "Dependemos de Naciones Unidas; ellos coordinan los vuelos y las fechas. Nosotros estimamos y sugerimos, pero la fecha la marca la ONU", dice Sleseris.
Otra preocupación son los pagos. Ha ocurrido que se atrasan por demoras en la llegada de los fondos de parte de Naciones Unidas. "Es normal; el que sale de misión sabe que recibirá el pago con un poco de atraso".
De los familiares consultados para este informe, ninguno solicitó el servicio de contención, ni de la repartición militar se han comunicado con ellos.
Mañana parten hacia el Congo el ministro José Bayardi, acompañado de varios militares de alto rango, entre ellos el Comandante en Jefe Jorge Rosales, en un avión de carga Hércules. Llevarán material de repuesto para algunos vehículos militares, y municiones para los cascos azules.
¿Por qué van a parar al Congo?
El conflicto en la República Democrática del Congo (ex Zaire) tiene un cariz étnico pero también económico.
El actual enfrentamiento estalla cuando el líder rebelde Laurent Nkunda, de la etnia tutsi, resuelve levantarse en armas contra el gobierno congoleño y la tribu hutu. Nkunda inició su ofensiva en el Este del país, frontera con Ruanda, y donde se encuentra Goma, actualmente rodeada.
El Ejército congoleño defendió en principio sus posiciones, pero luego se retiró parcialmente. Por el otro bando, hay sospechas de que Nkunda recibe financiación del gobierno vecino de Ruanda, controlado por los tutsi. Ruanda negó las acusaciones, aunque ese país ha invadido Congo dos veces.
Ahora rige un alto al fuego, pero con rupturas esporádicas de las que ambos bandos se acusan.
Varios analistas señalan que el Este del Congo es una región clave por su riqueza mineral, razón principal de la disputa. La zona es rica en oro y "coltán", un mineral empleado para la fabricación de celulares.
La misión de Naciones Unidas (Monuc) cuenta con 17.000 efectivos: es el mayor ejército bajo bandera de ONU en el mundo. Su función es el mantenimiento de la paz y sólo entraría en combate en la necesidad de defender a la población civil. Nkunda amenaza a la Monuc y dijo que entrará a Goma "cuando quiera".
En los primeros días de la ofensiva rebelde tutsi, la población congoleña reprochó a la Monuc que no los defendió. Apedrearon la sede en Goma.
Los militares uruguayos suman 1.100 y hay 600 en la Goma rodeada. Uruguay participa desde el comienzo de la Monuc en 1999. Los efectivos se inscriben para la misión y reciben entre 880 y 1.000 dólares mensuales.
Las cifras
600 Cantidad de militares uruguayos en misión de paz en Goma, el centro del conflicto. Hay otros 700 cascos azules de la India.
100.000 Personas se han visto desplazadas de Goma y alrededores luego del levantamiento rebelde contra el Ejército congoleño.
1.100 Total de efectivos de Uruguay apostados en el Congo. La mayoría viajó en enero o julio, y tiene previsto el regreso en dos meses.
600 Cantidad de cascos azules de ONU en el Congo; en este momento, se trata de la mayor fuerza de paz desplegada en el mundo.
880 Dólares es la paga mensual para los militares uruguayos de menor rango en el Congo. Además, reciben un viático.