REDACCIÓN DOMINGO
Aún sin candidatos confirmados, salvo excepciones, la carrera por ocupar el sillón presidencial ya largó a toda velocidad. Que reelección, que Astori-Mujica o Mujica o Astori, que Larrañaga, Lacalle, Vidalín con su propia encuesta, que Hierro López, Bordaberry, Abdala, Amorín Batlle. Los potenciales contrincantes se sacan chispas entre ellos, procurando el voto de los uruguayos. Ahora, ¿cómo se encuentra la sociedad hoy para enfrentar una nueva campaña electoral? ¿Qué primará a la hora de volcar el "corazoncito" hacia uno u otro postulante? ¿El país sigue tan politizado como siempre, o las nuevas generaciones han revertido el fenómeno? ¿Cuánto pesa el bolsillo en el cuarto oscuro? ¿Cuánto le costará el IRPF a Astori? ¿Y la inseguridad pública al gobierno frenteamplista? ¿Los uruguayos tienen presente a los colorados, que tan baja votación lograron en el pasado? ¿Cuál es el talón de Aquiles de la oposición blanca?
Lo que los uruguayos presenciarán en el próximo año será, quizás, una de las campañas que mayores interrogantes generará de las últimas décadas, lo que seguramente aportará una buena dosis de adrenalina, no sólo en el ámbito político sino también en la propia sociedad. "Todas las campañas tienen sus particularidades, pero comparando con la de 2004, la principal diferencia radica en la incertidumbre de quién puede ganarla", indica Juan Carlos Doyenart, director de Interconsult.
También depende del factor reelección, asegura el politólogo Oscar A. Botinelli. "Si se diluye la reelección, va a ser una de las elecciones más competitivas y atractivas de los últimos 25 años. En junio habrá unas elecciones preliminares muy interesantes si se dan las disputas Astori-Mujica por un lado, y Lacalle-Larrañaga por otro, y luego elecciones nacionales de gran incertidumbre: saber si en octubre el Frente Amplio retiene la Presidencia de la República y las mayorías parlamentarias, o por el contrario pierde las mayorías y el Partido Nacional asegura su triunfo en noviembre. En cambio, si se impulsa finalmente la candidatura Vázquez a la reelección, tendremos la campaña electoral más dura e intolerante del último cuarto de siglo, con acusaciones recíprocas de juego sucio", indica el director de Factum.
Ya no hay excusa, agrega el politólogo Doyenart. "En 2004, existía una profunda convicción, en todos los actores, que el Frente Amplio sería el ganador; hoy no es así. Por otra parte, en esta elección, a diferencia de las anteriores, todos los partidos han tenido la experiencia de gobierno, no existe uno que `no haya tenido la oportunidad`. Esto abre una etapa totalmente diferente en la historia política del país".
Existen puntos de partida significativamente diferentes, afirma el director de Grupo Radar, Alain Mizrahi. "En 2004 era bastante previsible que el Frente ganara y hasta sin necesidad de balotaje; hoy parece bastante probable que habrá una segunda vuelta. En 2004 no había competencia en el Frente Amplio y el resultado de la interna del Partido Nacional era previsible varios meses antes; hoy hay mucha más incertidumbre al respecto. En 2004 (y en elecciones anteriores), el Frente jugaba su partido desde la oposición y el Partido Colorado desde el gobierno; hoy es a la inversa y mientras tanto el Partido Nacional sigue posicionándose como la `alternativa`".
Desde una mirada sociológica, César Aguiar, director de Equipos Mori, también concuerda que será una campaña original en muchos sentidos. Lo más importante: "será de nuevo tipo, porque opondrá a un partido histórico con otro marcadamente diferente".
ANIMAL POLÍTICO. Los potenciales candidatos no tendrán que preocuparse. Si hay algo seguro es que tendrán auditorios repletos a quienes comunicar sus ideas. Uruguay permanece en su estatus de país muy politizado, indican los expertos. "Sigue siendo uno de los países más politizados en el mundo, incluso a nivel de jóvenes. A esta altura, el 54% de los uruguayos manifiesta mucho o bastante interés en política; entre los jóvenes de 17 a 26 años de edad los interesados en política son también el 54%", asegura Botinelli.
También Juan Carlos Doyenart asegura que continúa siéndolo, "en términos comparativos". Pero hace una salvedad. "Cada vez lo será menos. Es evidente la pérdida de interés de las nuevas generaciones por las cuestiones políticas, es más, existe pérdida por las causas comunes en general. Esto ocurre en el mundo, del cual nuestro país no es ajeno", afirma.
César Aguiar discrepa, pero no en cuánto a la politización sino a la modificación de los intereses: "Ha cambiado, felizmente los jóvenes atenderán cada vez más a una política macrocultural del mundo global, y cada vez menos a la pequeña política de la parroquia local".
También Mizrahi es de la concepción que el país está sin dudas menos politizado que en 1985, al salir de la dictadura. "Las nuevas generaciones de votantes son menos proclives a la militancia activa y les interesa bastante menos estar informado sobre la actualidad política. De todas formas seguimos siendo un país mucho más politizado que la media".
Politizado o no, en el cuarto oscuro cada uruguayo evalúa varias cosas, y una de ellas son las monedas que tiene en el bolsillo. "Incide, sin lugar a dudas, pero no es el `bolsillo` sino la percepción del bolsillo y la percepción de cómo estaría el bolsillo si gobernaran otros", agrega Mizrahi, aclarando que lo objetivo no importa mucho, lo que pesa es la percepción en función de las expectativas. "La gente va a votar en función de cómo pensó en 2004 que iba a estar en 2009 si ganaba la Izquierda, y en función de cómo piensa va a estar en 2014 si el Frente Amplio sigue o no en el gobierno".
Lo que los especialistas indican es que de alguna manera incide, pero a veces no es definitivo de un voto. "Influir, influye; cuánto es más difícil de saber. Muchas veces se sobrevalora ese factor. En épocas de crisis pesa más que en las de bonanza. Pero entre el 90 y 94, el país vivió una buena situación económica de los hogares, sin embargo fue cuando la oposición (FA) más creció", dice Doyenart.
Son muchos los factores que influyen, indica Botinelli. "Inclusive el concepto bolsillo es muy difícil de definir: a veces incide el nivel de ingreso, otras la estabilidad laboral, la desocupación, en otros casos la estabilidad de precios o su contracara, la inflación. Pero también, las políticas sociales, la atención de la salud, la educación, la seguridad ciudadana".
¿Entonces el IRPF no perjudicará a Astori? Sí. Los politólogos concuerdan que la Reforma Tributaria es una de las acciones que generó mayor rechazo en cuanto a la captación de votos de parte de la sociedad. Además de la reforma, indica Botinelli, "en general un conjunto de acciones que fue vista por las capas medias como una agresión contra ellas".
La percepción también cuenta, agrega Doyenart. "La acción que generó más rechazo creo que fue el IRPF más allá que la mayoría no se vio perjudicada por este impuesto, pero la percepción es que sí lo fueron. A nadie le gustan los impuestos y las reformas impositivas. Siempre generan descontentos fuertes".
A la Reforma Tributaria, el director de Radar, Mizrahi, agrega la Ley de Humanización del Sistema Carcelario "porque el gobierno hizo lo contrario de lo que esperaba mucha gente: `mano dura con los chorros` (respuesta textual leída en una encuesta). Por otra parte, La Reforma generó un gran problema: dejó disconformes a las clases medias (que tienen acceso a los medios de comunicación y por lo tanto se hacen oír) y por otro lado tampoco ofreció beneficios claramente percibibles para las clases más desfavorecidas".
El sociólogo Aguiar señala otras acciones que parte de la sociedad repudió en su momento: "los momentos de aflojamiento frente al gobierno argentino (el abrazo en Santiago de Chile), las debilidades de su comunicación en los primeros momentos del tema seguridad y cárceles, inseguridades en el tema ocupaciones y la conflictividad social".
Pros. Pero no todo son contras hacia el gobierno en cuanto a la captación de votos: "La política hacia los sectores pobres e indigentes y hacia los asalariados de ingresos más bajos. En general, los consejos de salarios y un conjunto de planes sociales hacia sectores bajos, mujeres, familia, indocumentados y determinados dramas individuales de salud (vista, dentadura)", enumera Botinelli.
La política hacia sectores desfavorecidos también consigna Doyenart, aunque aclara que "es difícil encontrar una acción concreta. Una política económica sensata, que aprovechando una situación internacional favorable, logró trasladar recursos hacia sectores más desfavorecidos, es uno de los principales logros del gobierno para obtener el apoyo electoral".
Más allá de que para Mizrahi, la reforma mejor evaluada parece ser la de Salud, el experto indica que "las acciones individuales no son las que captan votos, sino la percepción que deja un conjunto de acciones, percepción que de todas formas siempre es parcial (por falta de información) y tremendamente subjetiva".
Aguiar indica que el gobierno, hasta ahora, no captó votos. "Puede haber captado algunas aprobaciones, aunque perdió otras que no necesariamente lo rechazan pero tampoco lo aprueban. Ninguna específica: en todo caso, su balance o estilo".
Pero también la oposición logró lo suyo en cuanto a la adhesión. "La más redituable - según Doyenart- pasa por el tema de la inseguridad, talón de Aquiles del gobierno. No encuentro acción concreta que pueda haber hecho perder votos a la oposición, pero su principal problema puede estar en no convencer que votarlos no supone regresar al viejo escenario blanco-colorado del cual mucha gente escapó".
Para Botinelli, "la forma en que jugó en relación a la reforma tributaria" fue la acción de la oposición que captó más votos. Ante esa interrogante, Alain Mizrahi también aclara que la gente no elige racionalmente por una acción o inacción sino por la percepción de un conjunto. "Pero los partidos Nacional y Colorado parecen estar obteniendo créditos por su férrea oposición al IRPF sobre las jubilaciones en particular, y por su insistencia en la seguridad pública".
Programas y debates. ¿Es mito? No. Son escasísimas las personas que se hacen de los programas. ¿Los leen? "Muy poco", responde Aguiar. "Nunca oí que alguien dijera `leí el programa del Partido X`. Debo deducir que nadie los lee", agrega Mizrahi y también Doyenart cree que son pocos e, incluso, en estos que sí los leen, influye poco. "Pero si un partido no tiene programa escrito se vería mal", aclara.
"Si por programa se entiende un libro de 500 páginas, no lo leen ni los votantes, ni los analistas, ni los periodistas, ni los propios candidatos. Si por programa se entiende el conjunto de ideas y valores de un partido, que suponen una visión de la sociedad, de la gente y del mundo, todos los electores comprenden perfectamente cuál es el programa de cada partido y de cada sector", resume Botinelli.
¿Debatir o no? "Inciden poco en términos cuantitativos, pero puede ser decisivo en una elección reñida. Influyen sobre el sector más duro de indecisos, algo así como sobre el 1 o 2% de los votantes", agrega el director de Factum.
Lamenta que se haya perdido esa costumbre, confiesa Doyenart, aunque no los cree tan decisivos. "De todas maneras aportan al conocimiento de ideas y capacidades de los candidatos".
¿Quiénes miran los debates?, se pregunta Alain Mizrahi. "Las personas más informadas, o sea las que generalmente ya tienen su voto decidido. Se sigue hablando hoy acerca de si el famoso debate entre Vázquez y Sanguinetti en 1994 inclinó la balanza hacia el candidato colorado. Creo que muy poco".
"Inciden", dice Aguiar. "¿Cuánto?, hay que verlo caso a caso."
¿El pasado condena?
-¿Cuánto cree que influye en la gente el pasado de los candidatos?
-Aguiar: Influye un poco, pero no siempre en el sentido fácilmente predicho. Por ejemplo: no creo que a Mujica lo perjudique mucho haber participado en acciones guerrilleras, ni a Bordaberry ser hijo de su padre. Más bien creo que los ayuda la percepción de su autenticidad y su valentía.
-Botinelli: Todo lo que es, hace y comunica un candidato es valorado por el electorado. La selección de un candidato es un ejercicio de identificación entre un votante y un votado, un juego profundo de empatía entre uno y otro.
-Doyenart: Muchas veces se piensa que la gente decide (su voto) en base a lo visto u oído en las campañas electorales, sin embargo no es así. La campaña influye, pero también la trayectoria de los partidos y candidatos. La gente va conformando una idea sobre ellos, que llegada la campaña podrá afirmarse o incluso cambiar, pero esa imagen previa existe y pesa.
-Mizrahi: Creo que poco y en un núcleo muy reducido de personas muy informadas. Más de la tercera parte de los que votarán el año que viene no estaban en edad de votar o ni siquiera habían nacido al salir de la dictadura y poco les importa si José Mujica fue tupamaro o si Pedro Bordaberry es hijo de Juan María Bordaberry.
-¿Y su apariencia y vida privada?
-A: Sí, en todos lados del mundo.
-B: Se pregunta mucho por los candidatos. Sin embargo, más del 80% de los uruguayos define su voto primero por partidos.
-D: La apariencia es parte de la imagen que trasmite un candidato y dada la exposición estará siempre presente.
-M: En Uruguay la vida privada de los candidatos no se toca en las campañas y parece importarle muy poco a la gente. La apariencia sí influye. Creo que ha incidido a favor de Tabaré Vázquez (como "hombre de túnica blanca") y de Mujica (no se viste ni habla como un político "tradicional").
Las cifras
33% Porcentaje de electores que no estaban en edad de votar o ni siquiera habían nacido cuando la dictadura, según Radar.
80% Porcentaje del electorado que define su voto primero por los partidos y luego por candidatos, según Factum.
54% Porcentaje de los uruguayos que manifiesta sentir "mucho" o "bastante" interés en política, según Factum.